Biografía
de Isabel la Católica
Isabel
la Católica, uno de los personajes más controvertidos
de la historia de España
Isabel
la Católica es uno de los personajes más importantes
de la historia de España. Su biografía y legado han
sido muy controvertidos según la tendencia o ideología
de los historiadores que han analizado su trayectoria.
Para algunos, Isabel de
Castilla fue una mujer santa, plena de virtudes políticas
y humanas. Para otros, una persona sin escrúpulos.
La azarosa historia de su
infancia y juventud hasta que es proclamada reina de Castilla y
León ha llenado ríos de tinta y es una fase enormemente
interesante por sus intrigas palaciegas.
Isabel vivió una
época en que la Edad Media, ya decadente y en crisis desde
el siglo XIV, tocaba a su fin y se hacía latente un nuevo
orden político y social que será el Renacimiento donde
los monarcas atesorarán un gran poder en contraste con la
debilidad de los siglos bajomedievales.
En efecto, una e las cosas
que Isabel aprendió desde niña fueron las intrigas
e influencias de los nobles en la política española.
Ello motivó uno de sus grandes retos: sojuzgar a la levantisca
nobleza castellana y reafirmar el prestigio de la corona.
Casó con Fernando
de Aragón y durante su reinado nacieron instituciones como
la Santa Inquisición y la Santa Hermandad.

Los hechos más notables
de su reinado fueron la conquista del reino de Granada, el descubrimiento
de América, la expulsión de los judíos y la
anexión del reino de Navarra (ya muerta la reina).
Biografía
de Isabel I de Castilla
La
azarosa llegada al trono de Castilla
Isabel l de Castilla
-La Católica- (Madrigal de las Altas Torres 1451- Medina
del Campo 1504) reina de Castilla entre 1474 y 1504, fue la primogénita
de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal.

Sin embargo no lo era para
su padre quien casado en primeras nupcias con María de Aragón,
había tenido a Enrique, futuro Enrique IV, quien ocuparía
el trono antes de que lo hiciese Isabel, quien no estaba destinada
a ocuparlo ya que tenía por delante a éste y a su
otro hermano, el más querido, Alfonso.
Por ello Isabel creció
sin mayores preocupaciones en Arévalo junto a su madre y
su selecta corte, portugueses todos y su hermano pequeño.
Su padre ya había fallecido. Estos primeros años son
descritos por los cronistas como felices, lejos de las intrigas
palaciegas y los rumores que rodeaban a Enrique IV- hermanastro
de Isabel y Alfonso- sobre quien recaía la acusación
de cornudo.
Ello
debido a que su esposa, Juana de Portugal, quedó embarazada
cuando era conocido por todos la impotencia del Rey. Así
se decía, por tanto, que Juana, la niña nacida, era
de Beltrán de la Cueva, conde de Ledesma, mayordomo y valido
del rey. Precisamente por eso el sobrenombre que se asignó
a la pequeña Juana fue La Beltraneja. No
pareció que los rumores afectasen a Enrique quien la nombra
Princesa de Asturias y por tanto heredera al trono de Castilla.
A la muerte de su hermano
Alfonso, tal vez envenenado, como se rumoreó, Isabel, de
tan solo dieciséis años, se declara heredera al trono
de Castilla como sucesora de su hermano y por delante de Juana la
Beltraneja, retando abierta y conscientemente a Enrique IV quien,
como decimos, tenía el puesto reservado a su hija.
Tras
una pequeña reflexión y viendo cómo crecían
las fuerzas contrarias, Isabel decide emprender un camino de entendimiento
con el Rey que concluyó con Los Acuerdos de Guisando el 14
de agosto de 1468. En ellos se acordó que Isabel sería
la única heredera al trono a cambio de no traicionar a su
hermanastro, renunciando a ser reina antes de que éste muriese.
Además sería él mismo el que decidiese con
quien casarla.
En este punto Isabel se
teme lo peor: era el punto central de la trampa que la quería
tender ya que pretendía casarla con Alfonso V de Portugal.
Si ésto ocurría, por mucho que fuese heredera, pasaría
a ser reina de Portugal y por tanto quedaría lejos de Castilla
donde reinaría Juana por medio de otro matrimonio, esta vez
con el hijo de Alfonso V, unión que les daría a los
jóvenes las coronas de Portugal y Castilla.
Isabel, no estando de acuerdo
con éste último punto, comenzó negociaciones
secretas con el reino de Aragón para contraer matrimonio
con Fernando, hijo y heredero de Juan II, de la misma edad que la
propia Isabel.

Los dos jóvenes se
casan en secreto en octubre de 1469 gracias a una falsa bula papal
conseguida por el arzobispo Carrillo, amigo íntimo de la
Reina, que les permitió unirse a pesar de su relación
de primos. Con esta unión Isabel incumple su pacto con Enrique
quien declara nulos los acuerdos de Guisando y por tanto declara
a su hija Juana la heredera al trono.
Esta es la situación
cuando muere Enrique IV en 1474 sin haber hecho testamento. Isabel,
atendiendo al pacto firmado hace años, se declara reina de
Castilla. La guerra civil daba comienzo y es que tanto La Beltraneja
como Alfonso V de Portugal no estaban dispuestos a perder tan fácilmente
el trono.

Fueron cinco
años de enfrentamientos con los partidarios de Juana y Portugal,
que terminan con la victoria de Isabel y Fernando quienes, estando
cerca del triunfo, firman la concordia de Segovia, determinado el
vínculo a sus reinos así como sus funciones. Será
la paz de Alcaçovas, firmada en septiembre de 1479 con Portugal,
la que vino a terminar con la guerra. Isabel sería la reina
de Castilla.
En el mismo año,
1479, muere Juan II de Aragón por lo que Fernando se convierte
en rey de Aragón, Sicilia, Cataluña, Valencia, Baleares
y Cerdeña.
Los
acontecimientos de su reinado
Siendo soberana, Isabel
crea la Inquisición, expulsa a los judíos, apoya a
Colón, un marinero que promete nuevas tierras, reconquista
Granada y une Castilla, un territorio extensísimo donde tradicionalmente
los nobles habían ostentado un poder que chocaba frontalmente
con el real. Ella consigue que dichos señores le rindan pleitesía
y se arrodillen ante ella.

Estos son los hechos más
importantes de casi treinta años de reinado en los que gobernó
con mano de hierro. Un ejemplo de ello es la determinación
que demostró a la hora de firmar las penas y castigos impuestos
por los tribunales de la Inquisición, institución
pontificia fundada en España en 1478 con el fin de acabar
con toda forma de herejía y vigilar estrechamente a los conversos,
judíos primero y musulmanes después, coincidiendo
con la expulsión de aquellos que en ninguno de los dos casos
renunció a su religión.

Son dos hechos, la expulsión
de los judíos en Castilla y Aragón mediante un real
decreto en 1492 y la de los musulmanes, consecuencia de la Guerra
de Granada, enfrentamiento bélico que acabó con ocho
siglos de presencia musulmana en España -fue considerada
en ese momento la última de las cruzadas, la última
victoria del cristianismo- la que les valió a los Reyes el
sobrenombre de Católicos. Pero es además, la parte
más negativa, negra, del reinado de estos dos reyes. La buena:
el descubrimiento de América y la conquista de las Canarias,
territorios que fueron asignados oficialmente a España en
el Tratado de Tordesillas, documento firmado con Portugal que dividía
el nuevo mundo en dos, asignando a cada uno una zona de influencia.
Comenzaba a forjarse el Imperio español. A la Historia le
brindaba una fecha capaz de anunciar una nueva época, la
Moderna.

La
dimensión humana de Isabel
En el ámbito privado,
Isabel fue madre de cinco hijos: Isabel, reina de Portugal; Juan,
muerto antes de suceder a sus padres; Juana, reina de Castilla a
la muerte de su madre. Fue apodada La loca; María, esposa
del viudo de su hermana Isabel y por tanto reina de Portugal; Catalina,
reina de Inglaterra por su matrimonio con Enrique VIII quien la
repudia, dando lugar a la importante escisión de la religión
católica.
Como puede observase, empero
haber dado a luz a tantos hijos y de aparentemente haber conseguido
buenos lugares para ellos, su existencia fue desgraciada, navegando
entre la muerte y la locura. A pesar de que la reina había
diseñado los matrimonios de sus hijos como una perfecta cadena
en la que cada eslabón, es decir cada hijo, era parte de
una estudiada política exterior que siempre intentaba frenar
a Francia, el otro gran reino europeo, por una u otra causa, el
intento fracasó, entre otras cosas porque el marido de su
hija Juana, Felipe el Hermoso, pactó con los franceses.

En cuanto a
su tiempo, Isabel fue una mujer educada en un exquisito ambiente,
fue preparada en diversas materias, era además piadosa, inteligente,
introvertida pero determinativa. Llegó a juntar una biblioteca
que aún hoy nos puede llamar la atención, muestra
de su profunda preocupación con el Conocimiento y el Saber.
Así lo trasladó a su hijo, de quien tuvo especial
cuidado en su educación, y a sus hijas, a las que educó
por encima de lo que entonces era normal para las mujeres.
En cuanto a las artes, durante
su vida y las décadas posteriores se desarrolla el gótico
flamígero en Castilla (Gótico Isabelino) y se propicia
la entrada del Renacimiento de una forma austera pero rica en matices.

Los últimos
años de la Reina fueron tristes, fueron años en los
que, con la muerte de sus hijos varones, vio como la dinastía
Trastámara, a la que pertenecía, se extinguía.
Estaba también cansada, preocupada por todo lo que había
conseguido en esos años. A partir de entonces y de forma
casi inocente, será la casa de Austria quien reine en España.
Pero Isabel no lo verá. Murió el 26 de noviembre de
1504 en Medina del Campo, asolada por la pena.

En su testamento nombra
a su hija Juana sucesora pero poco después de la muerte de
su madre fue encerrada y declarada loca. El reino pasa a manos de
su padre, Fernando y más tarde a su marido Felipe, el Hermoso.
Poco después, el reino, esta vez unido con Aragón,
lo hará a manos de Carlos I, hijo de Juana y Felipe, nieto
de los Reyes Católicos. Fue él quien por fin trajo
la estabilidad y la unidad a las tierras de Isabel y Fernando, tal
como su abuela, la tan querida Católica, había deseado.
(Coautora
del texto del artículo/colaboradora de ARTEGUIAS:
Ana Molina Reguilón