Biografía
de Ramiro II el Monje, Rey de Aragón
Introducción
al contexto histórico del reinado de Ramiro II en Aragón
Ramiro II el Monje fue un
importante monarca del Reino de Aragón en un momento trascendental
de su historia y que logró capear una importante crisis interna
que pudo llevar al joven y vital estado aragonés a su dispersión
o desaparición.

No es poco
habitual que tras el gobierno de un estadista de máxima personalidad
e influencia le suceda un periodo de grave inestabilidad. Éste
es el caso de lo que aconteció tras la muerte de Alfonso
I el Batallador, rey que logró una expansión territorial
espectacular durante su reinado llevando a Aragón a ser la
verdadera punta de lanza de la reconquista cristiana durante aquellos
años.
Pero
la muerte del Batallador y su inexplicable testamento, dejando el
reino a los órdenes militares, creo el desconcierto entre
la nobleza que tuvo que impelir a su hermano Ramiro el Monje a ocupar
el trono.
Ramiro tuvo
que vencer en numerosos retos:
-
Las iniciales
revueltas nobiliarias
-
La articulación
política y militar de un nuevo reino que se había
ganado por las armas durante el gobierno de su antecesor
-
Una economía
en estado de crisis
-
Su sucesión,
pues como miembro del clero, no estaba casado ni tenía
descendencia
Biografía
de Ramiro II El Monje
Tercer hijo de Alfonso I,
el Batallador, en 1093, con la edad de siete u ocho años,
es llevado al monasterio de Saint Pons de Thomières, en Narbona,
en donde sería abad Frotardo, legado papal e impulsor de
las reformas gregorianas en Aragón.
La carrera religiosa de
Ramiro no sólo respondía a la necesidad de otorgar
al príncipe unas rentas y un cargo de categoría, sino
que el que ha pasado a la historia con el sobrenombre de el Monje,
se convertirá en un auténtico agente del rey mediante
el que asegurar los resortes del poder alfonsino. Así, casado
con Urraca de Castilla y León, Alfonso I se apresurará
a poner al frente del importante monasterio de San Facundo y San
Primitivo de Sahagún a su hermano Ramiro, dado el prestigio,
la riqueza y el importante papel que jugaba en el reino castellano-leonés,
llegando a convertirse, precisamente, en el más temible adversario
del aragonés. Posteriormente, cuando las tensiones con Roma
se acentúen, Ramiro pasará a convertirse en obispo
de Roda-Barbastro - tras la muerte de Guillermo, titular del mismo,
en la batalla de Fraga, ocurrida en el verano de 1134 -.
Se ha apuntado que Alfonso
I, designando a su hermano como obispo de esta sede, quiso asegurarse
que las disposiciones contempladas en su testamento con respecto
a la donación del reino a las órdenes militares, se
cumplía, aunque quizás estemos también ante
un intento de control de la jerarquía eclesiástica
con el objeto de consolidar la autoridad regia.
Sin embargo, la muerte del
Batallador fue más bien inesperada y repentina, por lo que
se podía abrir un grave período de inestabilidad que
podía conducir, incluso, a la virtual desaparición
del reino de Aragón: Buena parte de las conquistas realizadas
por Alfonso I se perdieron a manos de los almorávides, mientras
que Navarra reaparecía como reino por la proclamación
de García Ramírez como rey de la misma. Aunque, por
el pacto de Vadoluengo, el navarro, áun quedando al frente
del Reino de Navarra, debía reconocer la soberanía
de Ramiro II, el Restaurador del reino de Pamplona, acabó
proclamándose vasallo de Alfonso VII de Castilla. La ocupación
de Zaragoza por las tropas del castellano - los castellanos percibían
tributos de la misma desde los tiempos de Fernando I y alegaban
que el Batallador había conquistado Zaragoza como rey consorte
de Castilla -, el desmoronamiento del Reino y la donación
realizada por el Batallador a las Órdenes militares, determinarían
a los nobles aragoneses a proclamar y asegurar la posición
del nuevo monarca cuya posición, a tenor de la confusa titulación
recogida por los diplomas, parece consolidada inicialmente.
De hecho, todavía
en el verano de 1135, la contestación a Ramiro como rey de
Aragón, debía ser importante, dado que se documenta
la desposesión de hasta once nobles de las tenencias que
tenían en concesión, lo que podría ser indicio
de que dichos nobles habrían protagonizado algún grave
incidente que precisaba de un duro y ejemlar castigo. Es probable
que, teniendo en cuenta la separación de Navarra y la incapacidad
del aragonés por recuperar dicho territorio y otras plazas
de las que el navarro se apoderará o que Alfonso VII tuvo
Zaragoza en su poder entre diciembre de 1134 y septiembre de 1135,
cediéndola después al rey de Navarra, que la retuvo
hasta agosto de 1136, dichos nobles se sometieran a uno u otro monarca.
De hecho, en ese año
de 1135, se documenta la rebeldía de Arnal de Alascún,
que llega a negar la entrada del monarca en Uncastillo. La situación
era tan grave que, a finales de año lo encontramos refugiado
en Besalú, bajo la soberanía del conde de Barcelona,
Ramón Berenguer IV.
Acosado por navarros y castellanos,
Ramiro II vio en el conde de Barcelona un potencial aliado, a pesar
de ser vasallo y aliado de Alfonso VII. Y es que, los monarcas aragoneses
ya habían dado muestras de su interés por alcanzar
el litoral mediterráneo -campañas en Tortosa, Salou,
Oropesa- y más en un momento en el que, con la independencia
de Navarra, la costa atlántica se cerraba. Por su parte,
la rivalidad catalano-aragonesa y las ansias expansionistas del
Batallador, que habían llevado al barcelonés a aliarse
y declararse vasallo de Alfonso de Castilla, comenzaba ahora a neutralizarse.
Barcelona estaba, además, comenzando a desarrollar una cada
vez más intensa actividad comercial, que precisaba de materias
primas que exportar: una más estrecha vinculación
con el Reino de Aragón podía resultar, pues, sumamente
rentable.

Unido a Inés de Poitiers,
Ramiro II tendría de ella a Petronila, cuyo destino estuvo
siempre sujeto a los cambiantes contextos diplomáticos: para
1136, el enlace más atractivo resultaba el catalán,
por lo que, prometido a la heredera aragonesa, a partir de 1137,
Ramón Berenguer IV se convertirá en 'príncipe
de los aragoneses' - el matrimonio no se celebrará hasta
1150 -, dando lugar, en la persona de su hijo, al nacimiento de
la Corona de Aragón.
Asegurada la sucesión
y la estabilidad en el reino, Ramiro se separará de Inés
de Poitiers, para volver a su vida religiosa, ejerciendo quizás
el ministerio sacerdotal, después de todos estos avatares,
en San Pedro el Viejo de Huesca.
Por su parte, las Órdenes
Militares, cuyas expectativas habrían quedado frustradas
con la proclamación de Ramiro, el Monje como rey de Aragón,
optaron por renunciar a aquellas tenencias y territorios que, en
virtud al testamento de Alfonso I, le correspondían: En 1134
renuncia el Hospital, en 1141 el Santo Sepulcro y en 1143 el Temple.