Declarado Patrimonio de la Humanidad
por la Unesco, y Conjunto Monumental de Europa, el casco antiguo
de Cáceres es uno de los mejor conservados del mundo.

Enclavada en el centro de la comunidad
de Extremadura, la ciudad fue fundada por los romanos, aunque
su verdadera impronta la adquirió durante la Edad Media
y el siglo XVI. De esta época son la mayoría de
los edificios del centro histórico. Paseando por sus sinuosas
calles podemos encontrarnos rincones de extraordinaria belleza.
En esta guía sobre el conjunto monumental
de Cáceres hemos elegido describir casi una veintena de
lugares y monumentos, pero el viajero comprobará que en
Cáceres hay mucho más que ver, incluyendo palacios,
iglesias y rincones pintorescos donde parece haberse parado el
tiempo.

Plaza Mayor
La Plaza Mayor es la entrada al conjunto monumental.
Este espacio se encuentra rodeado por edificios de tres alturas,
la mayoría con soportales en su interior y encalados de
blanco. En la actualidad es peatonal, y a su alrededor se articula
el centro neurálgico de la ciudad. Se delimita en el lado
oriental por un lienzo de la muralla, la Torre de Bujaco, la ermita
de la Paz, el arco de la Estrella, la Torre de los Púlpitos,
la Torre del Horno y la Torre de la Hierba. Al norte y al oeste
se encuentra la parte moderna de la ciudad; en el costado meridional
puede verse el Ayuntamiento, el Foro de los Balbos, y la calle
Pintores, una de las principales arterias de la urbe.

El
Foro de los Balbos es un espacio adosado a la muralla, en donde
se levantó la puerta de la ciudad romana. A mediados del
siglo XVI se construyó aquí el Casa Consistorial,
que se arruinó tres centurias más tarde, construyéndose,
al lado, el edificio actual, edificado en 1869. En la actualidad
puede verse en este lugar una reproducción de la estatua
de Ceres o el Genio Andrógino, cuyo original -expuesto
en el Museo de Cáceres- se colocó en el siglo XIX
en la parte superior de la Torre de Bujaco. En las últimas
excavaciones arqueológicas que se han realizado en esta
zona, en el año 2011, se localizó en el subsuelo
los restos del aljibe del Ayuntamiento, realizado en época
moderna, así como algunas salas de un antiguo mercado,
construido en la década de los 30 y derruido en los 70
del siglo XX.
La plaza es de origen medieval. Desde el principio
fue una gran explanada, de planta rectangular, que tenía
por objetivo dotar de mayor amplitud el espacio público
que se reservaba a la celebración de ferias y mercados,
que anteriormente se habían organizado en el entorno de
la iglesia de Santa María, un lugar menos diáfano
y que se había quedado pequeño.
En el siglo XVI se construyó el primitivo
edificio del Ayuntamiento y una ermita renacentista en el solar
que hoy ocupa la ermita de la Paz, construcción del XVIII
situada a los pies de la Torre de Bujaco. En este momento la plaza
ya se encontraba rodeada de soportales en los bajos de algunos
edificios. A lo largo de toda la Edad Moderna se convirtió
en lugar de celebración de corridas de toros y juegos de
cañas, y a la vez se mantuvo como espacio de mercado y
de reunión.

El Arco de la Estrella o la Puerta Nueva
El Arco de la Estrella es el principal acceso al
conjunto monumental desde la Plaza Mayor y la parte nueva de la
ciudad. En el siglo XV la muralla de Cáceres ya había
perdido en gran parte su primigenia función defensiva,
motivo por el que se abrió este arco monumental, que permitía
el paso de carruajes, sustituyendo a un acceso de tamaño
más reducido. Por este motivo por el que se denominó
la Puerta Nueva. Se encuentra a mitad de camino de la Plaza Mayor
y la plaza de Santa María, junto a la Torre de Bujaco.

Su configuración actual responde a la reforma
que se emprendió en 1726, ejecutada por Manuel de Lara
Churriguera y financiada por Bernardino de Carvajal Monctezuma.
Éste habitaba en el palacio contiguo a la Torre de Bujaco,
y la configuración medieval de la puerta no permitía
que los carruajes girasen con holgura hacia su residencia. Por
ello ordenó destruir la estructura, y construir una nueva
en esviaje, lo que, además de facilitar el paso de los
coches, dota al espacio de mayor amplitud.

El arco atraviesa la muralla, como puede verse en
el almenado que la recorre en todo su perímetro. En la
parte superior, en el exterior, se encuentra el escudo de la ciudad,
mientras que en el interior puede verse una talla de Nuestra Señora
de la Estrella que se colocó en un templete de estética
barroca sobre la parte superior de la puerta, bajo el escudo de
la familia de los Carvajal, y junto a un pequeño farol
con forma de estrella, dando lugar, desde entonces, a la denominación
con la que se conoce en la actualidad.

Se trata de un lugar simbólico en la historia
de la ciudad. Aquí Isabel la Católica juró,
en 1477, defender los fueros, privilegios y libertades que había
otorgado Alfonso IX a la ciudad tras la conquista (1229), juramento
que también realizó dos años más tarde
Fernando de Aragón en este mismo arco.

La Torre de Bujaco
Este edificio se sitúa junto al Arco de la
Estrella, y es el más peculiar de la Plaza Mayor de Cáceres.
Se trata de una torre albarrana de origen hispanomusulmán,
edificada en el siglo XII reutilizando en los ángulos sillares
romanos, con los muros de mampostería. Como es habitual
en este tipo de edificaciones, a lo largo de los años se
fueron realizando diferentes añadidos y reformas, pero
en su estructura original debía ser parecida a la cercana
Torre de la Hierba.

Es un edificio sobrio, de carácter defensivo,
de planta cuadrangular y una altura de unos 25 metros. Toda la
parte superior se remata por un almenado con dos matacanes laterales
sostenido por canes, y uno frontal, añadido en el siglo
XVIII. Bajo los mismos se disponen ventanas saeteras. Asomándose
a la Plaza Mayor se encuentra el Balcón de los Fueros,
que se añadió en el siglo XVI, y que conforma una
estructura que funciona a modo de tribuna, sostenida sobre cuatro
ménsulas. En el pretil de este balcón puede verse
el escudo de la familia de los Rivera, que financió su
construcción, rodeado por una guirnalda de flores. Su función
pudo ser elevar los pendones de la villa al paso de los reyes,
y se cree que también era aquí donde éstos
juraban defender los fueros.
La torre se bautizó con el nombre de Bujaco
en el siglo XX, anteriormente era conocida como Torre Nueva, por
su proximidad a la puerta homónima, o la Torre del Reloj,
pues hasta el siglo XVIII se encontraba en el lateral el reloj
de la Casa Consistorial. No hay certeza del origen de la denominación
actual, aunque se ha relacionado con una derivación del
nombre de Abú-Ya'qub, el califa almohade que ordenó
remodelar la torre tras conquistar la ciudad en 1173.

El edificio estuvo a punto de destruirse en el siglo
XVIII, para reutilizar los materiales en otras construcciones,
como la iglesia de San Francisco Javier. Por suerte, este proyecto
nunca se llevó a término. En 1820 se construyó
un templete con el que se remató el edificio, que albergaba
en su interior una estatua del Genio Andrógino, también
conocido como la diosa Ceres. Quizás el nombre de Bujaco
derive del término "buhaco", que hace alusión
a un muñeco de paja y trapo con el que se pudo identificar
la estatua que remataba la torre. En 1962 se eliminó este
añadido, y se realizó una profunda restauración
del conjunto, trasladándose la estatua al Ayuntamiento
y, de ahí, al Museo de Cáceres. En la actualidad,
el edificio alberga en su interior el Centro de interpretación
de las Tres Culturas. Desde la parte superior puede contemplarse
una hermosa vista de la Plaza Mayor y el conjunto monumental.
Concatedral de Cáceres
Aunque la
Concatedral de Cáceres fue originalmente un edificio tardorrománico
del siglo XIII (quedan algunos mínimos restos como los
canecillos de sus portadas), el templo que ha llegado a nuestros
días es casi completamente gótico con partes renacentistas
al haberse reformado profundamente durante los siglos XV y XVI.

Los muros
del templo son de perfecta sillería dorada. El exterior
es de una gran sobriedad. Sólo la torre renacentistas y
las portadas ofrecen elementos ornamentales.

Sin embargo,
cuando cruzamos el umbral de su entrada, la austeridad desaparece
y ante nuestros ojos se abre un edificio muchísimo más
rico. Consta de tres amplias naves, siendo la central de mayor
altura. La separación entre dichas naves se materializa
mediante pilares con columnas adosadas que soportan las bóvedas
tardogóticas de crucería estrellada. Además
cuenta con numerosas capillas.

Palacio Episcopal
Se trata de un edificio construido a finales del
siglo XVI, financiado por el obispo Pedro García de Galarza.
El exterior es sobrio, siendo las portadas los elementos que presentan
un mayor interés. La que se abre a la plaza de Santa María,
se estructura en torno a un gran arco de medio punto, enmarcado
por dos hileras de sillares almohadillados, y enmarcado por dos
columnas elevadas sobre plintos. En las enjutas pueden verse dos
medallones, con una figura masculina y otra femenina, y en el
friso superior, se lee el nombre del promotor, cuyo escudo se
sitúa en la parte central del segundo piso. Las tres ventanas
del piso superior se enmarcan asimismo con una hilera de sillares
almohadillados.

Tiene otras dos portadas, situadas en la parte trasera
y en un lateral, esta última, procedente del desaparecido
seminario de San Pedro, del siglo XVII.
Palacio de Carvajal
Este palacio monumental se encuentra ubicado junto
a la Catedral. Es un edificio de dos alturas, construido a caballo
entre los siglos XV y XVI, y que combina elementos tardogóticos,
con otros propios del gusto moderno. La portada está formada
por un gran arco de medio punto enmarcado por una hilada de dovelas
de gran desarrollo y, sobre la misma, el escudo los Carvajal.
Destaca el balcón en esquina, que es un elemento característico
de la arquitectura civil de la zona. Junto al edificio hay una
torre de planta circular que en origen pudo tratarse de una construcción
árabe.

El interior se estructura en torno a un patio de
planta rectangular, con arquerías sobre columnas en sus
cuatro costados.

Palacio de los condes de Adanero
El edificio fue mandado construir por la familia
de los Ovando en el siglo XVI, pero recibe este nombre debido
a la unión de éstos con los Ulloa, cuyos herederos
son los condes de Adanero, a quienes pertenece en la actualidad.
Es una construcción de dos pisos, realizada con mampostería,
y reforzada con hiladas de cantería en las esquinas.

La fachada principal es doble, formando un ángulo
recto. Destaca la portada, realizada e el siglo XVII. Se estructura
en torno a un vano adintelado, enmarcado por grandes sillares
almohadillados que siguen la estética manierista, y flanqueado
por dos columnas de orden toscano. Sobre los vanos de las ventanas
del piso superior pueden verse los escudos nobiliarios de los
Ovando y los Ulloa, que nos hablan del linaje de las familias
que financiaron la construcción. Las diferentes estancias
del interior se articulan en torno a un patio, como es habitual
en este tipo de edificios.
Casa Mudéjar
Se trata de un edificio que se realizó en
el siglo XIV, aunque en la siguiente centuria sufrió importantes
modificaciones. Es una construcción sencilla, de dos alturas,
la inferior realizada con mampostería y el piso superior
con ladrillo. La portada es un sencillo vano adintelado. Sobre
el mismo hay una ventana bífora, con dos arquillos de herradura
y por encima una franja de ladrillos en zig-zag. En el lateral
también pueden verse ladrillos colocados en esquinilla,
y unos sencillos vanos con arcos apuntados de pequeño tamaño.
Aunque se conoce como casa mudéjar, en realidad
no hay forma de saber si fueron mudéjares los artífices
que la ejecutaron, ya que no podemos guiarnos tan sólo
por el material y la decoración utilizada.
Palacio de los Golfines de Abajo
Es un palacio-fortaleza, una tipología arquitectónica
muy abundante en toda la zona de Extremadura. La leyenda narra
que fue construido por Alfonso Pérez Golfín, un
bandolero del siglo XIII, para vivir aquí con su amada,
por la cual decidió enderezar su vida. Los documentos sin
embargo muestran un origen un poco distinto. Un personaje homónimo
que vivió en Cáceres contrajo matrimonio en 1267
con doña María Gómez Tello. Fruto de esta
unión nació Pero Alonso Golfín, que llegó
a ser camarero de Isabel la Católica y consiguió
un mayorazgo para su hijo, Sancho Pérez Golfín,
que lo integró al de su padre. Vinculado a éste
se encontraba el solar de este palacio, que por entonces estaba
ocupado por construcciones más humildes. En torno a 1510
Pero Alonso Golfín mandó destruirlas para edificar
el palacio, y en la década de las 30, la obra fue continuada
por su hijo y su mujer, Isabel Coello. Se desconoce el nombre
del arquitecto, algunos autores han apuntado el nombre de Pedro
de Ibarra, documentado en la catedral de Coria.

La fachada principal se articula en torno a dos torres
asimétricas. La situada en el costado septentrional tiene
planta cuadrangular, que sobresale respecto al muro, con dos cuerpos
de desigual tamaño, separados por una imposta. En la parte
superior se puede ver el escudo nobiliario de los Golfines, sobre
un rótulo en el que se lee "esta es la casa de los
Golfines". La otra torre, situada en el lado contrario, tiene
mayor altura. En la parte superior se abren dos arcos carpaneles
en cada frente. El elemento más destacado es el conjunto
de dos matacanes que dotan al edificio de un carácter defensivo,
sostenido por canes volados.

Entre ambas torres se encuentra el cuerpo central
de la fachada, con un vano de medio punto que constituye el acceso
principal, sobre el que pueden verse, en las enjutas, los escudos
de los Golfines y el de los Coello. Sobre la puerta hay una ventana
rectangular y rematando toda la calle, otra ventana geminada,
bajo la cuál se encuentra el escudo de los Reyes Católicos
y el de la familia de los Golfines. El conjunto de las dos ventanas
y la puerta se enmarca por un alfiz con decoración vegetal,
que se quiebra en altura. La torre situada al norte y el cuerpo
central se rematan por una crestería formada por grifos
alados afrontados.

El interior se encuentra muy transformado. Recientemente
se ha habilitado como museo, en el que pueden admirarse, además
de las diferentes habitaciones del edificio, una interesante colección
de obras de arte pertenecientes a los descendientes de la familia.
Se accede al mismo por medio de un zaguán con bóveda
de crucería, que da paso al patio, en torno al cual se
articulan todas las estancias. Éste tiene dos alturas y
una forma cuadrangular. En las cuatro pandas se abren galerías
con arcos escarzanos. El espacio más llamativo es la antigua
sala de armas, que conserva un artesanado con policromía
de elementos vegetales.
Casa de Ovando
Este palacio fue realizado en la primera mitad del
siglo XVI, bajo el patronazgo de esta importante familia. La construcción
se levantó sobre otra anterior del siglo XV, de la que
todavía se conservan algunos restos de la torre original,
que fue mandada desmochar por Isabel la Católica en 1480.
Es un edificio de dos alturas. La portada principal se articula
en torno a un arco de medio punto flanqueado por tres arquivoltas,
y enmarcado por sendas pilastras levantadas sobre plintos, con
capiteles de orden toscano. En las enjutas, representados en dos
medallones, pueden verse las efigies de Hernando de Ovando y su
mujer, Mencía de Ulloa.

En la parte superior, por encima de la portada, hay
un escudo nobiliario de grandes dimensiones. Sobre el mismo, hay
un esgrafiado con un águila bajo una corona, emblema de
Leonor de Ovando y Vera, que realizó una importante reforma
en el palacio en el siglo XVIII y quiso dejar, de esta forma,
su huella en la historia del edificio.
Torre de los Sande
Es una construcción bajomedieval adosada al
palacio de los Saavedra. Tras la conquista de la villa por las
tropas de Alfonso IX, el rey otorgó a Pedro Fernández
Saavedra la tenencia de la villa, siendo el primer alcaide de
su alcázar. No obstante, pero éste era un hombre
de guerra, y decidió seguir defendiendo los intereses de
la Corona, declinando estas mercedes en su hijo, Fernán
Pérez de Saavedra. Fue él quien construyó
la casa que se encuentra junto a la torre, si bien el edificio
se reconstruyó en el siglo XVI. La torre fue propiedad
de los Sande. A principios del XV Álvaro de Sande contrajo
matrimonio en segundas nupcias con Teresa Álvarez de Ulloa.
De allí nacieron entre otros, Juan de Sande, segundo señor
de Valhondo, que se casó con Teresa Álvarez de Ulloa.
Fueron éstos quienes financiaron la construcción
de una capilla en la iglesia de San Mateo, así como la
casa de los Saavedra y la reconstrucción de esta torre,
como símbolo de su poder.

Se trata de una construcción esbelta y de
una altura considerable, aunque en sus inicios debió ser
todavía mayor. Para evitar las luchas entre las diferentes
familias de la ciudad, y quizás pensando también
en una conspiración en contra de la Corona, Isabel la Católica
ordenó en un edicto de 1476 que casi todas las torres fueran
desmochadas, anulando sus funciones militares, y reducir su altura
a la de los tejados de la casa. Es muy probable que en sus inicios
esta construcción tuviese una o dos alturas más,
y estuviese rodeada por almenas en los cuatro costados, como se
evidencia por el tejado, que se encuentra justo encima, sin ningún
elemento intermedio.

Tiene planta cuadrangular y está construida
con gruesos sillares de cantería. Los elementos más
destacados son la ventana bífora con arcos de herradura
enmarcada por un alfiz y el matacán en el ángulo
superior, sostenido por nueve modillones de rollos. A diferentes
alturas también pueden verse otros vanos más sencillos,
con arcos de medio punto. El interior se encuentra muy reformado,
y en la actualidad es ocupado por un restaurante.
Museo de Cáceres
El Museo de Cáceres, situado en el interior
del Palacio de los Veletas, divide sus salas en tres secciones:
Arqueología, Etnografía y Bellas Artes. Se trata
de un palacio de finales del siglo XV que sigue la estética
del Quinientos, aunque se reconstruyó en el siglo XVIII.
El Museo propone un recorrido que comienza en el paleolítico
y termina en las vanguardias históricas del siglo XX, completándose
con la visita al aljibe andalusí, situado en los sótanos
del edificio, y las exposiciones temporales, que tienen reservada
una sala en las caballerizas.

En el vestíbulo de entrada se encuentra la
estatua del Genio Andrógino que durante un tiempo presidió
la Plaza Mayor desde lo alto de la Torre de Bujaco. Es una estatua
romana realizada en mármol, hacia el siglo I d.C., aunque
seguramente en el siglo XVIII, cuando se realizó el pedestal
para colocarla en la torre, se retallaron algunas partes.

Desde la recepción se accede a las tres primeras
salas, donde se exponen vestigios arqueológicos relacionados
con la prehistoria y los primeros pobladores de la provincia.
Las salas cuatro y cinco están dedicadas al
pasado romano de la ciudad. Una de las piezas más destacada
es el arco cuadrifronte que procede de la ciudad de Caparra, que
probablemente se encontraba en su entrada principal. Entre los
objetos de menor tamaño sobresale un quemaperfumes cerámico
con una representación de Serapis, dios de la curación.
Ya en la sala siguiente, puede verse el impresionante Mosaico
de las Tres Mujeres. En el mismo espacio se expone un torso masculino
de bronce sobredorado, procedente de una estatua ecuestre, así
como otra estatua femenina realizada en mármol.

El recorrido continúa por la alta edad media,
mostrando los vestigios que los visigodos dejaron a su paso por
estas tierras. Aquí pueden verse fíbulas en forma
de águila, broches de correas y cinturones, jarros de cerámica
y algunas monedas, procedentes fundamentalmente de la necrópolis
de Zarza de Granadilla y de la Jarilla.

Uno de los elementos más destacados del Museo
es su colección de inscripciones epigráficas, que
ocupan las dos últimas salas de la sección de Arqueología.
Se trata de inscripciones funerarias, monumentales, votivas y
honorarias. Su intención siempre era honrar la memoria
de determinados individuos, o dedicar a una deidad un determinado
objeto.

Continuamos nuestra visita por la sección
de Bellas Artes, que cuenta con dos espacios diferenciados, dedicados
el primero a los siglos XIV - XIX y el segundo al siglo XX. Entre
las piezas medievales, una de las más antiguas es un curioso
cuño, para estampillar un motivo decorativo sobre tinajas
cuando el barro se encontraba aun fresco. Fue una técnica
que se desarrolló sobre todo durante el periodo almohade.
Destaca asimismo una cruz procesional de bronce con
esmaltes, realizada a principios del siglo XIV y procedente de
la parroquia de San Martín de Trebejo. También hay
que llamar la atención sobre un Crucificado tallado en
madera policromada, realizado en la segunda mitad del siglo XIV,
que podría proceder de la escuela burgalesa. La visita
se completa con otras piezas escultóricas y pictóricas
de estética renacentista y barroca, entre las que sobresale
el Jesús Salvador de El Greco, que originariamente formaba
parte de uno de los numerosos apostolados que realizó el
pintor.
Aljibe hispanomusulmán
En el interior del palacio de las Veletas se encuentra
el aljibe andalusí. Es el único testimonio que se
conserva del antiguo alcázar almohade, localizado en este
lugar y, junto al trazado de las murallas, el único resto
del pasado hispanomusulmán de la ciudad.

El aljibe es uno de los mayores y mejor conservados
de toda la península Ibérica. No se tiene certeza
de la época en la que se construyó, aunque se sitúa
entre los siglos X y XI, es decir, en época califal. Es
posible que en su origen no tuviese la función de depósito
de agua, pues los estudios más recientes afirman que la
cubierta no es la original, y además han encontrado restos
de decoración en los arcos. Es posible que en el siglo
XII, en época almohade, se adaptase para convertirlo en
un aljibe, que protegería a la población en caso
de asedio, y también serviría para abastecerla,
dado que ninguno de los afluentes del Tajo y el Guadiana que rodean
la ciudad tiene el caudal suficiente. En realidad este es el motivo
por el que se ha conservado tan bien, dado que siguió siendo
utilizado durante muchos siglos y, en la actualidad, continúa
recogiendo el agua de lluvia a través del patio del palacio.
No es el único depósito que se encuentra en el conjunto
monumental, aunque sí el más antiguo. Tras la conquista
de la villa, el alcázar debió ser destruido para
borrar cualquier resto del pasado hispanomusulmán. En el
siglo XV Enrique IV otorgó una merced a Diego Gómez
de Torres y Alfón de Torres para que edificase en este
solar su casa, con la condición de mantener la utilidad
pública del aljibe para la población, edificio que
posteriormente se reconstruirá dando lugar al palacio actual.
Se mantuvieron varios accesos desde el exterior, que permitían
a la población entrar directamente al aljibe. Todavía
pueden verse, aunque se encuentran cegados. Uno de ellos se encuentra
en el costado meridional, en el Callejón del Gallo, y el
otro, seguramente anterior, se encuentra en uno de los muros de
la escalera que permite acceder en la actualidad al depósito.

El aljibe es una estructura de planta cuadrangular
excavada directamente en la roca, con muros de mampostería
y mortero, materiales que impermeabilizan el depósito.
Se encuentra dividido por cuatro arcadas de herradura que configuran
cinco naves, cubiertas con bóveda de cañón
peraltada. En las bóvedas hay diferentes oquedades que
facilitan el paso del agua y la ventilación del recinto.
Los arcos se sustentan sobre columnas con basas y fustes irregulares,
sobre los que se apoyan capiteles labrados de forma tosca, seguramente
reutilizados de obras anteriores. El pilar que se encuentra en
el centro es de sección cuadrada, tal vez sea un ara de
época visigoda o romana. La luz de los arcos y la anchura
de las naves también es desigual, y el suelo se encuentra
un poco inclinado, lo que facilita el vaciado del depósito.

Iglesia de San Mateo
Es un edificio del siglo XVI que se construyó
en el solar de una antigua mezquita que fue posteriormente reconvertida
en un templo católico. Se trata de una construcción
tardogótica, que en el exterior muestra un aspecto un tanto
sobrio. El elemento más llamativo es la portada renacentista,
estructurada en torno a un arco carpanel enmarcado por dos columnas
elevadas mediante plintos. En las enjutas, en sendos medallones,
pueden verse los bustos de san Pedro y san Pablo. Sobre el arco
se extiende un friso, con decoración vegetal y la efigie
de san Mateo en el centro. Sobre el mismo, en los extremos, dos
figuras de ángeles.

El interior presenta una nave única y cabecera
recta. Se cubre con bóveda de terceletes, dividida en tres
tramos. Destaca el altar mayor, de enormes proporciones, realizado
en madera de pino sin policromar. Entre las capillas, la más
interesante es la de los Sande, que fue ejecutada bajo la dirección
de Rodrigo Gil de Hontañón a mediados del siglo
XVI, y que en la actualidad se usa como sacristía.

Torre de las Cigüeñas
Esta torre, también conocida como el palacio
de los Cáceres Ovando, se sitúa en la parte más
alta del conjunto monumental, en donde se encontraba el antiguo
alcázar almohade. Se realizó en la segunda mitad
del siglo XV con mampostería y sillares de piedra en los
ángulos.

El elemento más destacado es la torre por
la que se conoce al edificio, que fue la única de toda
la ciudad que no se desmochó tras la orden de la reina
Católica en 1480. La portada está estructurada en
torno a un sencillo arco de medio punto adovelado hasta el suelo.
Sobre el mismo, una ventana flanqueada por los escudos nobiliarios
de la familia que habitó el edificio y, ambos lados, otros
dos vanos con pequeños arcos de herradura.

En la actualidad pertenece al Ministerio de Defensa,
pero es visitable su patio interior, en torno al que se articulan
el resto de estancias. Tanto la fachada como el interior se encuentran
muy modificados, debido a las diversas vicisitudes que el edificio
ha sufrido a lo largo de su historia.
Convento de San Pablo
Este convento esta situado en la plaza de San Mateo,
frente a la iglesia homónima. Es una construcción
de finales del siglo XV. El edificio precedió a una ermita
custodiada por una pequeña comunidad de monjas que ya existía
en 1448, pero no fue hasta 1492 cuando se convirtió en
el convento de grandes dimensiones que podemos contemplar en la
actualidad. En esta época las monjas pasaron a vivir en
clausura. Desde la época de los Reyes Católicos
y durante todo el siglo XVI y XVII la comunidad se interesó
por ampliar sus propiedades, mediante la absorción de las
casas y los solares cercanos, configurando un terreno de grandes
dimensiones en la parte más elevada de la ciudad histórica,
lo que se traduce en una falta de cohesión entre los diferentes
espacios.

No parece que la entrada actual fuese el acceso primitivo,
sino que este habría de localizarse en un vano tapiado
que se encuentra en la parte trasera, junto al palacio de las
Veletas, muy cerca del aljibe hispanomusulmán.
Es un edificio de formas sencillas, que adopta las
características de la arquitectura tardogótica castellana,
aunque el interior se reformó en el siglo XVII. Está
construido con gruesos sillares de piedra y con mampostería.
En el exterior el elemento más destacado es la portada
que permite el acceso a la iglesia, estructurada en torno a un
arco apuntado, rodeado por una arquivolta y enmarcado por un alfiz,
sin apenas decoración. Sobre la misma se levantó,
en el siglo XVIII, una espadaña de formas neoclásicas,
que alberga en su interior dos campanas.
La iglesia es la única parte del edificio
que pueden visitarse dado que en su interior continúa viviendo
una comunidad religiosa. Se trata de un templo de nave única
cubierta con una bóveda de cañón con lunetos
dividida en tres tramos -fruto de la reforma que se realizó
en el barroco-, y bóveda de crucería estrellada
en la cabecera. El altar está presidido por un monumental
retablo de madera sin policromar, ejecutado en 1733 por Luis González,
un ensamblador de Salamanca deudor de Joaquín de Churriguera.
Uno de los elementos más destacados del interior
es la capilla de San José, financiada por la familia de
los Aldana. Es un espacio de planta cuadrangular cubierto con
bóveda de terceletes, en donde puede admirarse el sepulcro
de Álvaro de Aldana, realizado en el año 1493, que
reposa junto a otros familiares, algunos de cuyos miembros fueron
religiosas del cenobio.
Junto a la iglesia se abre un pequeño claustro
de planta rectangular, con arcadas carpaneles en el nivel inferior
y de medio punto rebajados en el superior. Al igual que el exterior
del edificio, predominan las formas sobrias, sin ninguna decoración.
Iglesia de San Francisco Javier y el Colegio
de San Ignacio
La iglesia barroca de San Francisco Javier, y el
colegio anexo de los Jesuitas, se localizan en el centro del conjunto
monumental, entre las parroquias de Santa María y San Mateo.
Fue fundado en 1698 por Francisco de Vargas y Figueroa, aunque
debido a la oposición de otras órdenes religiosas
asentadas en la ciudad, y del propio cabildo de Coria, su construcción
se retrasará unos años, debiendo situarse ya en
el segundo cuarto del siglo XVIII. Las obras se terminaron en
1756, pero los jesuitas apenas ocuparon sus nuevas dependencias
durante once años, dado que en 1767 Carlos III ordenó
su expulsión del país.

El arquitecto al que se encargó el edificio
fue Pedro Sánchez Lobato, que ideó un conjunto característico
del barroco, con dos fachadas situadas en ángulo con portadas
realzadas. La de la iglesia esta rodeada por dos torres con chapiteles,
encaladas de blanco desde sus orígenes, lo que singulariza
la construcción dentro del conjunto monumental de la ciudad.

Entre las mismas se encuentra una portada flanqueada
por columnas corintias con un arco de medio punto, sobre el que
se levanta un segundo cuerpo, de nuevo enmarcado por columnas
corintias y rematado con un frontón roto, bajo el cuál
se encuentra una imagen de san Francisco Javier y el escudo de
Castilla y León bajo la Corona Real. En el tercer cuerpo
un sencillo vano contribuye a iluminar el interior.

La fachada del colegio sigue un esquema muy similar,
aunque es menos monumental, y tan sólo consta de dos alturas.
El primer cuerpo está formado por el vano de acceso, flanqueado
por columnas pareadas de orden corintio, sobre el que se asienta
una ventana con balcón, rodeada asimismo de columnas, y
bajo el mismo escudo de Castilla y León con la Corona.
Para dotar de monumentalidad al espacio, el arquitecto ideó
una escalera que realza el edificio y a la vez consigue salvar
el desnivel.

En el interior podemos observar un templo característico
de la Compañía de Jesús, cuyo modelo fue
establecido por Il Gesú de Roma. Tiene planta de cruz latina,
una nave única, y capillas laterales comunicadas entre
sí. Se cubre con bóvedas de cañón
con lunetos y cúpula de media naranja en el crucero.

Destaca el retablo central, con un lienzo de San
Francisco Javier. Aunque ha estado cerrada al público durante
muchos años, en la actualidad es visitable, pero ya no
se realizan oficios religiosos. En la cripta puede verse el Centro
de Divulgación de la Semana Santa de Cáceres, en
donde se explican los pasos y las cofradías de esta importante
festividad.
Iglesia de Santiago
La iglesia actual comenzó a construirse en
el siglo XIV, si bien parece que el edificio se edificó
sobre uno anterior, documentado desde el siglo XII.

En el exterior del edificio destacan los gruesos
contrafuertes que contrarrestan los empujes de la bóveda
que cubren el interior.
Tiene dos portadas de acceso que se abren en los
muros norte y sur, en la parte de los pies del templo. Se trata
de estructuras góticas, formadas por un arco apuntado enmarcado
por arquivoltas, y sin decoración figurada.

El interior tiene una nave única, cubierta
con bóveda sexpartita. A los pies se levanta un coro en
alto. Destaca la capilla mayor, construida a partir de la segunda
mitad del siglo XVI bajo las trazas de Rodrigo Gil de Hontañón.
El retablo mayor es obra del famoso escultor castellano Alonso
Berruguete, que recibió el encargo el 24 de noviembre de
1557.
(Autor del texto del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
Víctor López Lorente)