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Camino del Cid en Teruel




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Las imágenes no firmadas proceden de fuentes de dominio público y se usan bajo licencia Creative Commons ShareAlike: Puente de Calamocha (autor: Dv.uzzi), Iglesia de Calamocha (autor: Ecelan), El Poyo del Cid (autor: Luckor), Monreal del Campo (autor: Jezhotwells), Monforte de Moyuela (autor: CHV), Sierra de Albarracín (autor: Manuel Matas), Cella (autor Jezhotwells)

El Camino del Cid en Teruel

Introducción a la Guía monumental del Camino del Cid en Teruel

La de Teruel es una de las provincias que más kilómetros abarca del total de la ruta cidiana ya que, según reza el poema épico, tanto el caballero castellano como sus huestes surcaron gran parte del actual suelo turolense comenzando por el norte provincial, continuando por los territorios más occidentales para, tras atravesar la capital, emprender camino hacia Levante al encuentro del Mediterráneo.

Superadas las tierras zaragozanas de Calatayud y Daroca y siempre a la vera del Jiloca, el Camino del Cid penetra en Teruel a la altura de San Martín del Río, desde donde, tras describir un arco en dirección oeste atravesando localidades como Calamocha, Caminreal o Monreal del Campo, abandona la provincia para adentrarse en Guadalajara y dirigirse a Molina de Aragón, plaza en la que el de Vivar siempre fue bien recibido por su fiel amigo Abengalbón.

Durante esta primera etapa en territorio turolense y a la altura de Luco de Jiloca, el Camino del Cid recrea en el conocido como "Anillo de Montalbán" las correrías de las tropas cidianas por la actual comarca de las Cuencas Mineras, cuyo colofón es la monumental villa montalbina, donde se ubicaba una de las sedes con que contó la Encomienda Mayor de Santiago en la Península Ibérica.

Castillo de Mora de Rubielos

Abandonada Guadalajara, la ruta ingresa de nuevo en Teruel por las gélidas tierras de la histórica Albarracín, cuya sierra atraviesa el Camino al encuentro de la hoy capital provincial; bastión desde el cual Rodrigo de Vivar, tras reagrupar sus tropas, inició su asalto a definitivo hacia el Mediterráneo.

Durante este último tramo turolense, la ruta recorre las elevadas parameras del Gúdar - Javalambre atravesando las bellísimas poblaciones hermanas de Mora de Rubielos y Rubielos de Mora.

Antes de ingresar en Castellón camino de las localidades de Caudiel y Jérica, el Camino del Cid parece que se resiste a abandonar la preciosa provincia de Teruel y emprende rumbo norte para recorrer el llamado Anillo del Maestrazgo, cuyo punto culminante es la castellonense plaza de Onda pero que, en sus primeros kilómetros, atraviesa varias enclaves del Maestrazgo turolense de interés como Linares de Mora y Nogueruelas.

Los últimos coletazos del Camino del Cid en suelo de Teruel lo constituyen los enclaves de La Iglesuela, Cantavieja y Mirambel, atravesados por el conocido como "Anillo de Morella", un itinerario que parte de La Iglesuela al encuentro de la emblemática fortaleza de Olocau del Rey y de la inexpugnable plaza Morella, ambas ya en la provincia de La Plana.

A la vera del Jiloca

Apenas penetrado en la provincia de Teruel desde el Campo de Daroca zaragozano, el Camino del Cid atraviesa las localidades de San Martín del Río, Báguena y Burbáguena, las tres reconocibles desde la lejanía merced a las esbeltas siluetas de las torres mudéjares de sus respectivas iglesias. Siempre con la compañía inseparable del río Jiloca, la vía pasa junto a la población de Luco, punto de partida del llamado Anillo de Montalbán, en el que más adelante nos detendremos.

Calamocha

Pese a no aparecer expresamente mencionada en el Poema, la localidad de Calamocha, hoy importante cabecera comarcal, se presenta como el primer hito de entidad de la ruta cidiana por suelo turolense. Perteneciente a la Taifa de Albarracín en tiempos del Campeador, Calamocha fue el escenario elegido por el Cid y por su ejército de 7000 hombres para acampar durante la primavera del año 1088, circunstancia que propició que el pequeño reino gobernado por Ibn Marwan, pasase durante unos años a tributar a Alfonso VI.

Puente romano de Calamocha

En la actualidad Calamocha, gracias a su estratégica situación, es una importante población carretereña y de servicios, una vocación, sin duda, heredada desde la más remota antigüedad ya que, en tiempos del Imperio Romano, su casco urbano era también atravesado por la importante calzada que unía las urbes de Córdoba y Cesaragusta, algo perfectamente contrastable por la existencia aún de un modesto puente romano de un solo ojo dentro de su término municipal.

Iglesia de Santa María la Mayor de Calamocha

La iglesia parroquial, dedicada a Santa María la Mayor, es un imponente edificio del siglo XVII en el que destaca tanto su preciosa portada clasicista como la potente torre campanario, coronada por un bello chapitel mudéjar..

El Poyo del Cid

Abandonada Calamocha, la siguiente población al encuentro de la ruta es El Poyo del Cid, cuya toponimia deja bien a las claras la importancia del lugar en el contexto cidiano ya que, según los investigadores, fue en esta localidad donde el de Vivar estableció su fortaleza desde la cual, además de dominar el valle del río Martín y garantizarse el cobro de parias de las cercanas plazas de Daroca y Molina de Aragón, sirvió de bastión imprescindible para la victoria del Cid en la Batalla de Tévar, donde las huestes castellanas derrotaron a la Taifa de Lérida comandada por Al Mundir, e hicieron prisionero a su aliado Berenguer Ramón II, Conde de Barcelona.

Monumento al Cid Campeador en El Poyo del Cid

En uno de los cerros que jalonan el pequeño casco urbano de El Poyo, concretamente el denominado de San Esteban, se conservan además de diversos vestigios celtíberos y romanos, los restos de lo que pudo ser el legendario campamento fortificado castellano.

Monreal del Campo

Muy cerca de la cabecera del Jiloca, Monreal del Campo es la última plaza relevante del Camino del Cid durante esta primera etapa turolense antes de ingresar en Guadalajara en dirección Molina de Aragón.

Monreal del Campo, iglesia de la Natividad

Monreal aparece citada en el Cantar en dos ocasiones; una primera como referencia para situar la vecina localidad de El Poyo del Cid, y posteriormente cuando Rodrigo de Vivar, en su empresa de reclutar hombres de cara a acometer la definitiva conquista de Valencia, pasa de nuevo por Monreal; si bien es cierto que entonces, más que probablemente, Monreal no era sino una simple fortaleza junto a la cual, años después de la muerte del Cid, Alfonso el Batallador fundó un primer núcleo poblacional estable.

El principal reclamo artístico de Monreal del Campo es el esbeltísimo campanario de la iglesia parroquial de la Natividad, erigida sobre una pequeña elevación en la cual se emplazaría esa primera fortaleza en torno a la que iría creciendo la población allá por el siglo XII.

Castillo de Peracense, cerca del Camino del Cid

No lejos de Monreal del Campo y casi en el límite con Guadalajara encontramos el espectacular castillo de Peracense, sin duda, uno de los más fotogénicos y mejor conservados de la provincia.

El Anillo de Montalbán

Se conoce como "Anillo de Montalbán" al itinerario circular que rememora las aventuras de Rodrigo de Vivar por distintas localidades del norte de Teruel con el fin de abastecerse de recursos con los que mantener a su cada vez más numerosa tropa.

La mayor parte del recorrido del anillo discurre por las comarcas del Jiloca y de las Cuencas Mineras, iniciándose la ruta a la altura de Luco para, después de alcanzar Montalbán, regresar a la vía principal por el valle del río Martín hasta Calamocha.

Panorámica de Bádenas

Los primeros kilómetros del itinerario se adentran, a través de solitarios y desolados páramos, en escenarios de enorme belleza, atravesando pequeñas poblaciones como Lechago, Cuencabuena, Ferreruela de Huerva, Cucalón, Bádenas o Loscos, en algunas de las cuales, es posible contemplar aún elementos arquitectónicos de interés como campanarios mudéjares y torreones defensivos medievales.

Monforte de Moyuela

A los pies del cerro en que se asentaba su castillo, hoy reducido a escasos vestigios, la modesta población de Monforte de Moyuela ha suscitado entre los especialistas diferentes teorías en cuanto a su auténtica alusión o no en el Cantar.

Monforte de Moyuela

La razón ante dicha discrepancia encuentra su explicación en el verso 940, donde son citadas las ciudades de Huesca y Monzón pero que, para algunos estudiosos, bajo la justificación de hipotéticos errores de copista, bien podrían evocar a las plazas turolenses de Monforte de Moyuela y Huesa del Común, muy próximas entre sí y no lejos de Montalbán.

El hoy venido a menos Monforte, conserva como elemento patrimonial más destacado el aludido castillo que corona el cerro bajo el que se asienta el caserío, un castillo que, muy probablemente, existiría ya en tiempos del de Vivar pero del que, en la actualidad, se conservan unos pocos restos.

Placa conmemorativa con versos del Cantar en Monforte de Moyuela

Huesa del Común

Mencionada esta vez si de manera inequívoca, la localidad de Huesa del Común (Ossa en el medievo) formaría parte junto a la propia Montalbán de la nómina de poblaciones atacadas por el Cid desde su campamento de Alucant (Olocau del Rey).

Pese a su escasa entidad demográfica, en la actualidad Huesa del Común constituye una agradabilísima sorpresa para quien lo visita al ubicarse en un paraje de enorme belleza marcado por el cañón que traza el río Aguasvivas a su paso por la localidad, la cual, ha sabido conservar un casco urbano de claro sabor medieval en el que destacan varios de sus edificios, algunos portales de su desaparecido cinturón amurallado y, sobre todo, el agudísimo perfil de la torre mudéjar de la iglesia de San Miguel.

Dominando la población y vertiginosamente levantado sobre un escarpe rocoso, son aún apreciables los restos del Castillo de Peñaflor, de origen islámico pero remodelado tras la reconquista cristiana entre los siglos XII y XIII.

Montalbán

La preciosa villa de Montalbán, unánimemente reconocida como una de las más espectaculares de la provincia de Teruel, fue otra de las plazas atacados por el Cid desde su refugio de Alucant, como narra el Cantar a partir del verso 951.

Sin embargo, la verdadera relevancia histórica de la villa montalbina se debe al asentamiento en su castillo de una de las sedes de la Encomienda Mayor de Santiago, un castillo que, al igual que su monasterio anejo, fue lamentablemente destruido en el siglo XIX durante la I Guerra Carlista, conservándose en la actualidad escasísimos vestigios.

La monumental iglesia de Santiago de Montalbán

Sí que ha llegado a nuestros días, convertida además en el verdadero icono de la localidad, la fastuosa iglesia de Santiago de Montalbán, magnífico exponente del mudéjar aragonés. La fábrica, levantada entre los siglos XIII y XIV combinando el uso de la piedra y del ladrillo, llama la atención por su enorme volumen, evocando incluso la apariencia de fortaleza merced a los contrafuertes que articulan los lienzos murales, entre los cuales, al interior, fueron habilitadas pequeñas capillas jalonando la anchísima nave principal.

Iglesia mudéjar de Montalbán. Provincia de Teruel

Después de abandonar Montalbán, en anillo cidiano continua paralelo al río Martín atravesando entre otras las localidades de Martín del Río, Vivel, Torrecilla del Rebollar, Godos, Barrachina y Navarrete del Río; incorporándose al vial principal a la altura de Calamocha.

La Taifa de Albarracín

Tras una breve incursión por tierras de Guadalajara, el Camino del Cid ingresa de nuevo en Teruel para recorrer los elevados territorios serranos en torno a Albarracín, población que, en tiempos del Cid, albergaba la corte taifa de la dinastía bereber de los Banu Razín.

Orihuela del Tremedal

Pese a no aparecer referenciada en el Cantar anónimo, por su situación, la preciosa localidad de Orihuela del Tremedal debió constituir un paso obligado para las huestes cidianas cuando, conquistada Valencia, el de Vivar envió a varios de sus más fieles escuderos en busca de Doña Jimena y sus hijas, quienes bajo la protección de Alvar Fáñez, se encontraban refugiados en la plaza soriana de Medinaceli.

Enclavada en un paraje de singularísima belleza paisajística al pie de los Montes Universales, Orihuela del Tremedal constituye un pequeño museo al aire libre en el que sus intrincadas calles, jalonadas por edificios de preciosas balconadas y personalísimas rejas, conducen a la monumental parroquia e San Millán de la Cogolla: un edificio dieciochesco de proporciones casi catedralicias declarado, junto al resto de la población, Conjunto Histórico Artístico en 1972.

Además del edificio del Ayuntamiento, de época renacentista; merece ser reseñado en las proximidades de Orihuela el santuario de la Virgen del Tremedal, de gran devoción en la zona y cuya imagen titular, del siglo XIII, es una de las manifestaciones más valiosas de la imaginería religiosa medieval turolense.

Sierra de Albarracín

Bronchales

Explícitamente mencionada en el Cantar como lugar en el que pernoctaron las mesnadas cidianas en su travesía hacia Medinaceli; los más de 1500 metros de altitud a los que se ubica hacen de Bronchales una de las poblaciones más elevadas de la Península Ibérica, recibiendo popularmente el apelativo de "Balcón de España".

Pese a no contar con monumentos de relevancia, Bronchales representa un paraíso para sus visitantes ya que su casco urbano resulta un punto de partida ideal para recorrer preciosas rutas senderistas por paisajes de indescriptible belleza.

Albarracín

Rebasadas las pequeñas localidades de Noguera, Tramacastilla y Torres, cuya iglesia se supone construida sobre una antigua mezquita musulmana, el Camino del Cid llega a la ciudad de Albarracín, por méritos propios, uno de los puntos álgidos de la ruta cidiana por tierras turolenses.

En tiempos del Cid, Albarracín albergó la corte taifa de los Banu Razin, constituyendo una plaza de paso obligado por parte del Campeador y que, hacia el año 1088, se convertiría, gracias a la empresa de Rodrigo de Vivar, en tributaria del rey Alfonso VI.

Vista general de la Catedral de Albarracín, Teruel

La actual Albarracín, declarada Conjunto Histórico Artístico e incluso postulante a ser designada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se asienta en las escarpadas laderas que descienden hacia el río Guadalaviar, escondiendo entre sus estrechas callejas de traza medieval monumentos de enorme interés.

En primer lugar, merece ser destacado el cinturón amurallado que, a lo largo de su historia, ha protegido la ciudad de sus numerosos invasores, una muralla que, debido a los continuos avatares sufridos, ha sido reformada en distintas ocasiones entre los siglos X y XIII. De las puertas con que contaría en origen, han llegado a nuestros días dos de ellas: concretamente las llamadas Puerta del Agua y Puerta de Molina, ambas dotadas de torreones defensivos.

Murallas de Albarracín

Destacando por encima de los tejados del pequeño núcleo, la Catedral de Albarracín remontaría sus orígenes a finales del siglo XII o principios del XIII, fechas en que la ciudad caería por fin de manera definitiva en manos cristianas e iniciaría su repoblación. De esta primera fábrica, construida con total seguridad en estilos románico y mudéjar, apenas han quedado vestigios ya que, durante la decimosexta centuria, sería objeto de una profunda remodelación que afectaría a nave, cabecera, torre y claustro.

Cabecera y torre de la catedral de AlbarracínDefinida por algunos autores como "la catedral más pobre de España", de lo que sí puede presumir es de albergar uno de los archivos de música gregoriana más importantes de España.

Además de la propia seo, cuenta Albarracín con varios templos parroquiales de interés. En primer lugar, el dedicado a Santiago es un edificio clasicista aún con reminiscencias estilísticas góticas; mientras que el de Santa María, quizás el más antiguo de la ciudad y posiblemente heredero de un primer lugar de culto erigido por los mozárabes, presenta en la actualidad trazas góticas como resultado de una reconstrucción acometida en el siglo XVI tras ser pasto de las llamas.

En cuanto a patrimonio civil se refiere, Albarracín constituye todo un muestrario de palacetes y casas señoriales levantadas por la entonces poderosa nobleza local, destacando además del palacio episcopal, el magnífico ayuntamiento; un edificio soportalado y rematado por el escudo de la ciudad que preside la pintoresca y fotogénica plaza mayor.

Cella

La población de Cella representa el punto final de la conocida como "Ruta de las Tres Taifas" y, por lo tanto, el arranque de la definitiva ofesniva de las tropas cidianas hacia Valencia ya que, como versa el Poema, fue el lugar elegido por Rodrigo para reagrupar sus mesnadas antes de reemprender la marcha rumbo a Valencia.

Alude también el Cantar a Cella como "la del Canal", refiriéndose, sin ningún género de dudas, al acueducto que acometía la traída de aguas desde las elevaciones de la Sierra de Albarracín hacia la llanada en que se asienta Cella.

Pozo artesiano de Cella

Del acueducto, aún en uso en los siglos medievales, no se han conservado apenas vestigios, sin embargo, en el casco urbano de la propia localidad y constituyendo la principal seña de identidad de la misma, ha subsistido la conocida como "Fuente de Cella", el mayor pozo artesiano europeo y que aún hoy, a través de tres canales, abastece de agua a varias poblaciones cercanas

La ciudad de Teruel

Podría sorprender encontrar la ciudad de Teruel referenciada tan de puntillas en el Cantar del Mío Cid, una circunstancia sin embargo perfectamente justificable en la medida de que, durante la segunda mitad del siglo XI, Teruel no sería sino un simple bastión fortificado en el cual el Rodrigo de Vivar podría cobrarse unas pocas parias. Tendría de pasar prácticamente un siglo para que, concretamente en el año 1171, el Rey Alfonso II otorgase a la actual capital turolense la categoría de villa e iniciase su repoblación con el fin de consolidar la frontera suroriental del reino.

Torre mudéjar de la iglesia de San Pedro, Teruel

Si hay algo que define a la tan bella como desconocida ciudad de Teruel en la actualidad es, sin duda, el inigualable patrimonio mudéjar atesorado en varias de sus iglesias, las cuales, en fecha reciente, fueron merecidamente reconocidas por la Unesco designándolas Patrimonio de la Humanidad.

Catedral de Teruel

Las más antiguas de cuantas torres mudéjares se conservan hoy en Teruel son la de la iglesia de San Pedro y la de la Catedral de Santa María de Mediavilla, construcciones prácticamente idénticas concebidas a base de superposición de estancias (distinguiéndose así de los alminares islámicos) y en las que, además, debido a su temprana erección a mediados del siglo XIII, acusan aún los últimos coletazos de la estética románica.

Campanario mudéjar de San Martín. TeruelUna paso más avanzado dentro del mudéjar turolense lo representarían las también casi gemelas torres de los templos de San Martín y del Salvador, donde la influencia de los repertorios ornamentales musulmanes es mucho más latente y barroquista, como puede apreciarse en las combinaciones de arcos entrecruzados, en los juegos geométricos a través de la colocación del material, o en la proliferación de elementos cerámicos vidriados policromados.

A la conquista de Valencia

Abandonada Teruel, donde Rodrigo de Vivar aprovecharía para reorganizar sus huestes una vez cobradas las pertinentes parias, comienza el asalto definitivo del Mediterráneo, debiendo para ello superar primero las últimas estribaciones del Sistema Ibérico a través de la comarca hoy denominada de Gúdar - Javalambre.

Torre de la muralla de Rubielos de Mora

De este modo, las primeras poblaciones que salen al encuentro del Camino del Cid son las originalmente amuralladas Valbona y La Puebla de Valverde, atravesando a continuación las hermanas y monumentales plazas de Mora de Rubielos y Rubielos de Mora que, una vez rebasadas, apenas separan unos pocos kilómetros de la frontera con la vecina provincia de Castellón y las tierras del Alto Palancia.

Mora de Rubielos

Surgida al amparo de su antiquísima fortaleza musulmana, la localidad de Mora de Rubielos, por su eterna condición de bastión fronterizo, fue siempre desde su reconquista cristiana objeto de numerosos conflictos motivados por los anhelos expansionistas y territoriales de las coronas de Castilla y Aragón.

Pese a ese tumultuoso pasado, Mora de Rubielos ha sabido conservar un magnífico patrimonio arquitectónico que, por méritos propios, ha hecho de ella uno de los mayores reclamos turísticos tanto de la propia comarca como de toda la provincia turolense.

Castillo de Mora de Rubielos

Además del propio casco urbano, constituido por pintorescas plazuelas y callejas accesibles a través de las puertas conservadas de su primitiva muralla; llama la atención el potentísimo volumen de su castillo-palacio, construcción heredera de una primitiva fortaleza musulmana que, en época gótica, fue desprendiéndose de su carácter exclusivamente defensivo para ser adaptado a una nueva funcionalidad residencial, siendo habilitados elegantes ventanales sustituyendo a las saeteras, y erigiéndose un armónico patio definido por galerías de arcos apuntados.

Portada de la iglesia gótica de Mora de Rubielos. Teruel

También monumental es la ex colegiata de Santa María, edificio gótico de una única nave abierta a una cabecera tripartita de planta poligonal en el que, como elemento más reseñable, destaca su portada meridional, definida por nada menos que nueve arquivoltas apuntadas sobre finas pilastras rematadas en capiteles decorados a base de mascarones y entramados vegetales de gran naturalismo.

Rubielos de Mora

Tantas veces confundida toponímicamente con su vecina Mora de Rubielos, la localidad de Rubielos de Mora representa una de las etapas fundamentales del Camino del Cid a su paso por territorio turolense ya que, su propio casco urbano, constituye la puerta de acceso para abordar el espectacular e histórico Anillo del Maestrazgo, que a continuación trataremos.

Interior del Ayuntamiento

Como en la mayoría de poblaciones del entorno, el principal atractivo de Rubielos de Mora radica en el magnífico estado de conservación de su trama urbana, cuyo recorrido regala al visitante con un sinfín de sorpresas en forma de sobrias viviendas nobiliarias, elegantes portales de sabor medieval y bucólicas plazuelas.

En el terreno de lo artístico, Rubielos sobresale además de por su descomunal colegiata de Santa María, por las puertas fortificadas conservadas de la antigua muralla que protegía el perímetro urbano, siendo de destacar las denominadas de San Antonio y de El Carmen

El Anillo del Maestrazgo

En Rubielos de Mora se encuentra el punto de partida del segundo de los tres anillos que complementan el Camino del Cid en tierras de Teruel: el llamado Anillo del Maestrazgo.

El Maestrazgo turolense

El Anillo del Maestrazgo es un itinerario que, tras recorrer en primera instancia varios kilómetros por suelo turolense surcando las poblaciones de Nogueruelas, Linares de Mora y Mosqueruela; ingresa en Castellón a través de Villafranca del Cid para, kilómetros más adelante, alcanzar su punto culminante en Onda, importante plaza fuerte que, pese a no existir obviamente constancia documental, la tradición ha atribuido su conquista al Cid Campeador.

Linares de Mora

Enclavada a nada menos que 1300 metros sobre el nivel del mar, la pintoresca población de Linares de Mora, como tantas otras de la comarca Gúdar - Javalambre, presenta el doble atractivo de atesorar en su término un riquísimo patrimonio tanto natural como artístico.

Castillo de Linares de Mora, Teruel

Reconquistada en el siglo XII por Alfonso I, conserva Linares de ésta época los encumbrados y prácticamente inaccesibles restos de su castillo roquero, el cual, gracias a su elevado emplazamiento, se hace visible desde varios kilómetros de distancia.

También interesante pese a su anodina apariencia exterior es la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, edificio barroco de tres naves que presenta la particularidad de presentar un campanario exento al resto de la fábrica

Mosqueruela

A mayor altitud aún que su vecino Linares, la también amurallada Mosqueruela, declarada Conjunto Histórico Artístico en 1982, debe su apogeo a la empresa repobladora de Jaime I, quien la distinguió con el título de villa.

Portal de San Roque. Muralla de Mosqueruela

De su pasado medieval, conserva Mosqueruela varios lienzos de su primitiva muralla, en origen de planta poligonal y cuyo perímetro abrazaba la práctica totalidad del núcleo.

Su puerta de San Roque, habilitada bajo una esbelta torre defensiva antiguamente fortificada, es la principal seña de identidad de la población, que cuenta además con una hermosa iglesia bajo la advocación de la Asunción de Nuestra Señora, cuya portada principal, de cronología tardogótica, es una de las más interesantes de la provincia.

Portada gótica de la iglesia

El Anillo de Morella

Los últimos reductos de la ruta por tierras turolenses discurren por la comarca del Maestrazgo, donde el Camino del Cid traza un último anillo histórico al encuentro de dos importantes plazas dentro de los contextos cidianos: la monumental e inexpugnable Morella primero, y Olocau del Rey después, donde según muchos estudiosos y en disputa con la zaragozana Gallocanta, se encontraba la mítica Alucant, punto en el que Rodrigo de Vivar establecería una de sus principales fortalezas

Pese a que tanto Morella como Olocau se encuentran dentro de los límites geográficos castellonenses, los primeros kilómetros del Anillo de Morella recorren tierras de Teruel, encontrándose sus puntos tanto de partida como de llegada en la bucólica Pobla de Bellestar o Sant Miquel de Pobla, un curioso hábitat fronterizo entre Teruel y Castellón que cuenta con los restos de un torreón defensivo, así como con un precioso puente medieval que permite salvar las aguas del río Truchas.

La iglesuela del Cid

Muy cerca del límite provincial de Castellón, el pequeño pueblo de La Iglesuela del Cid, declarado Conjunto Histórico Artístico en 1982, es otra de las numerosas sorpresas monumentales que nos regala la preciosa Comarca del Maestrazgo.

La Iglesuela del Cid, monumental plaza en el Camino del Cid en Teruel

Pese a que no está documentado el paso del Campeador por la Iglesuela, son varias las leyendas que relacionan la presencia del héroe castellano por estos pagos, de ahí no sólo el propio topónimo de la población, sino que incluso existe una pequeña ermita en su término bajo la advocación de la Virgen del Cid.

Del conjunto urbano y ya desde la lejanía se adivinan las verticales siluetas de los dos monumentos más señeros de La Iglesuela: la Torre de los Nublos, único resto conservado de una antigua fortaleza templaria; y la iglesia parroquial de la Purificación, obra renacentista levantada sobre una anterior medieval de la que aún se conservan algunos vestigios.

Ayuntamiento o Casa Consistorial de Iglesuela del Cid, Teruel

Completan el conjunto monumental iglesuelano, además del edificio del Ayuntamiento, un notable ramillete de inmuebles de corte palaciego dispersos por el casco urbano, siendo de destacar la Casa Matutano, la Casa de Agramunt, la Casa Guijarro y la de Los Aliaga.

Cantavieja

Situada sobre un vertiginoso escarpe rocoso esculpido por el río homónimo y que dotaba a la población de una inmejorable defensa natural, Cantavieja quedaría bajo poder cristiano hacia los años finales del siglo XII, estableciéndose en la villa una importante encomienda templaria bajo cuyo dominio quedarían buena parte de las poblaciones circundantes.

Cantavieja, Teruel

Cuenta Cantavieja con un encantador casco urbano de claro sabor medieval formado por estrechas callejuelas y pintorescas plazas de entre las que cabría destacar la conocida como de Cristo Rey, cuyo perímetro queda dibujado por arquerías que cobijan un corredor soportalado cubierto con bóvedas de crucería.

Puerta gótica de la iglesia de San Miguel

Presume además Cantavieja de poseer dos hermosas iglesias: la de La Asunción, de origen medieval pero profundamente reformada en el siglo XVII y que conserva en su hastial occidental una portadita de estética tardorrománica; y la de San Miguel, situada en un extremo del caserío y que cuenta con una elegante portada gótica además de con curiosas celosías.

Mirambel

La pequeña y cada vez más turística población de Mirambel es la última y agradabilísima sorpresa que depara el Camino del Cid por tierras de Teruel, localidad cuyo encanto y genuina autenticidad ha servido incluso de escenario para reconocidas obras cinematográficas.

Vinculada a la Orden del Temple primero, y a la del Hospital después, conserva Mirambel buena parte del perímetro amurallado que protegía el núcleo, el cual, encuentra su punto culminante en la espectacular Puerta de las Monjas, sin duda, la estampa más fotografiada de la villa.

Puerta de las Monjas, de Mirambel, teruel

Completan la nómina monumental de Mirambel la Casa del Concello, recio edificio porticado de tipología aragonesa; y la altiva parroquia de Santa Margarita, datada en el siglo XVII pero considerablemente reformada debido a los desperfectos provocados en ella durante las Guerras Carlistas, uno de cuyos frentes más devastadores tuvieron como escenario estas tierras.

Superada Cantavieja, pocos kilómetros separan de Olocau del Rey, mítica plaza cidiana perteneciente ya a la provincia de Castellón.

(Autor del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)

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Última actualización de "CAMINO DEL CID EN TERUEL" en marzo de 2011

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