Castillo
de Peracense, Teruel
Introducción

Se sitúa el castillo de Peracense
en el extremo occidental de la provincia de Teruel, a medio centenar
de kilómetros de la capital y muy cerca de los límites
provinciales de Cuenca.

A
caballo entre las localidades de Peracense y Rodenas en plena Comarca
del Jiloca, el castillo se yergue a unos 1400 metros de altitud,
al amparo del Pico San Ginés y aprovechando los afloramientos
rocosos naturales que en esta zona ofrece la escarpada Sierra Menera.

Mencionado en crónicas medievales
con el ilustrativo topónimo de Petra Solez, debido a lo estratégico
de su emplazamiento es de suponer que, sobre restos celtíberos
y romanos pudo erigirse una primera atalaya islámica entre
los siglos X y XI.

Tas la reconquista cristiana y la posterior
extensión del Fuero de Daroca (1142), pasaría a tenencia
aragonesa, siendo entre finales del siglo XIII y principios del
XIV reconstruido y potentemente fortificado hasta su estado actual
como bastión defensivo de frontera entre Castilla y Aragón.


En total, el recinto fortificado del castillo
de Peracense ocupa una extensión de unos 4000 metros cuadrados,
habiendo sido levantado con un tipo de sillar cuya tonalidad llega
incluso a mimetizarse con el soberbio paisaje que lo circunda y
que, en un alarde de ingenio constructivo, aprovecha las propias
particularidades del terreno para hacer de él una fortaleza prácticamente
inexpugnable.

Totalmente inaccesible por sus costados
norte y este debido al escarpe rocoso sobre el que se asienta, los
tres cinturones amurallados concéntricos que componen la
fortaleza se despliegan por sus sectores sur y oeste, todos ellos
de gran grosor, dotados de saeteras y recorridos por paseos de rondas
almenados.

El recinto exterior queda abrazado por
un potente murallón de forma casi triangular rematado en
ángulo recto y reforzado por tres torreones. De gran amplitud,
este gran espacio interior se destinaría, además de
para albergar las caballerizas (hoy reconstruidas), para acoger
y proteger a la población del entorno en tiempos de contiendas
bélicas.

A través de un arco apuntado se
accede al recinto intermedio, flanqueado a su derecha por un torreón
de guardia con escalera abovedada que permite el paso al andito
del lienzo de separación entre el recinto bajo y el intermedio.

Este recinto intermedio cumpliría
las funciones de patio de armas, acogiendo en origen las habitaciones
de la guarnición, cocinas, capilla, mazmorras etcétera.
En la actualidad, estas antiguas estancias rehabilitadas situadas
al abrigo de la mencionada torre, acogen un pequeño museo.

En el extremo sur del recinto y sirviendo
de refuerzo para la protección de uno de los pocos flancos
expuestos de la fortaleza se yergue la Torre Atalaya (también
llamada Torre del Hospital).

Hacia el este del espacio hay una zona
de enterramientos con restos de una capilla aparecida hace relativamente
poco tiempo.

Muy próximo se sitúa el
aljibe principal de la fortificación, de planta rectangular,
muros de mampostería de considerable grosor, cuatro metros
de profundidad y capaz de almacenar 60.000 litros de agua que en
origen quedaban protegidos por una cubierta a dos aguas hoy desaparecida
y de la que solo han llegado a nuestros días tres arcos apuntados
a modo de fajones.


Por último, el recinto más
interior se yergue sobre un vertical afloramiento rocoso al costado
norte del complejo, siendo accesible a través de una escalera
tallada sobre la propia roca que daría paso a un puente levadizo
que, a su vez, comunicaba mediante un vano apuntado al espacio principal.

Determina este recinto alto la que tradicionalmente
ha sido denominada "Torre del Homenaje" pero que, en realidad,
es una falsa torre al tratarse de un enorme muro de dos metros y
medio de espesor y 14 de altura que ejerce de lienzo-pantalla defensivo
de todo el espacio superior.

Desde él, puede accederse mediante
escaleras a la propia terraza de la defensa o al conjunto de salones
y estancias particulares del alcaide o señor del castillo
(Sala Mayor), abovedadas mediante soluciones de cañón
apuntado.

En la parte más elevada del recinto
alto, además de un pequeño polvorín y una mazmorra,
fueron proyectados otros dos aljibes para la recogida de aguas.


En resumen, el castillo de Peracense,
pese a ser un gran desconocido para el público general, es
una de las fortalezas defensivas bajomedievales más interesantes
no solo de Aragón, sino de toda la Península Ibérica.

Tras años de abandono y olvido,
en 1987 fueron iniciadas en sus ruinas obras de restauración
y consolidación que, tras prolongarse los trabajos nada menos
que 13 años, han permitido su puesta en valor gracias a la
cual, en la actualidad es perfectamente visitable.
