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Los textos de "CASTILLOS MUSULMANES" son propiedad de © Arteguias.com. Las imágenes no firmadas se usan bajo licencia Creative Commons Attribution ShareAlike: Alcazaba de Almería (autor: ANE), Antequera (autor: Jebulon), Badajoz (Autor: Takashi kurita), Picassent (autor: Tadeo), Jerez de la Frontera (Marbregal)

Castillos de Musulmanes en Al-Andalus y el norte de África

Tipología de fortificaciones musulmanas en la Edad Media: partes y funciones

Introducción

Las fortificaciones medievales musulmanas presentaban diversas formas, envergaduras y nivel de complejidad, en función de la misión que desempeñasen y del lugar en el que se situaran. Así, además de alcazabas y alcázares urbanos, los musulmanes de Al-Andalus y el Magreb levantaron otras muchas construcciones de carácter militar y de menores dimensiones como castillos, torres o atalayas.

Castillo musulmán de Baños de la Encina desde la lejanía

Alcazabas urbanas

El término alcazaba deriva del árabe clásico qasaba. Con él se designaba al recinto fortificado situado dentro de una medina o ciudad para refugio de una guarnición o de los gobernantes de la plaza. Eran, por tanto, fortalezas urbanas.

La imponente alcazaba musulmana de Almería

Como fortaleza, la alcazaba era un recinto amurallado de gran extensión, defendido por torres cilíndricas o cuadradas, puertas de codo, torres albarranas y barbacanas. Su carácter fortificado era básico pues actuaba como último refugio de la población en caso de asedio.

Además de sus fines militares, la alcazaba o ciudadela tenía también funciones políticas y administrativas, actuando a modo de residencia del poder político. Era, por ello, una pequeña ciudad autosuficiente en la que, además de aljibes, silos, baños, viviendas para las tropas, jardines y demás espacios abiertos, estaba el palacio del califa o de los gobernadores de la plaza.

Alcazaba de Antequera

La mayoría de las alcazabas desempeñaron también un papel espiritual y religioso puesto que albergaban mezquitas.

Las alcazabas podían contar con un único recinto amurallado, caso de Mérida; de dos recintos concéntricos, como en Málaga, Calatrava la Vieja, Calatayud, Ibiza o Arjona; o de tres recintos, como en la alcazaba de Almería.

Alcazaba de Málaga

Sabika o Alhambra cuya existencia, como fortaleza, se remonta al siglo IX, con reformas prenazaríes entre los XI y XII. Su aspecto actual se debe, con la excepción del palacio renacentista de Carlos V, a las obras llevadas a cabo entre los siglos XIII y XIV por los nazaríes. En aquella fastuosa mezcla de palacios, jardines y torres cuadradas y enormes, son éstas últimas las que, junto con las altas murallas, dejan ver la función de fortaleza militar que tenía La Alhambra.

Alcazaba de la Alhambra de Granada

Dignas de destacar son las alcazabas de Mérida, Tarifa, Badajoz o la de Málaga que constituye un importante ejemplo de arquitectura militar islámica en la época de taifas. En el conjunto de alcazaba y palacio de Málaga, las partes más antiguas son del siglo XI y llevan torres rectangulares de poco saliente y bastantes próximas entre sí. Posteriormente se le fueron añadiendo otras torres más monumentales, algunas de las cuales sirven de puertas.

Alcazaba de Badajoz

Alcázares

La palabra "alcázar" proviene del árabe al-qasr, que significa "castillo" y que, a su vez, procede del latín castrum. El qasr o alcázar era un palacio o residencia aristocrática fortificada.
En la Península Ibérica, la presencia de qasr ha quedado reflejada en la toponimia: Aznalcázar, Álcazar do Sal, Alcázar de San Juan o los numerosos pueblos llamados Alcocer.

Palacio de la Aljafería. Actual sede de las Cortes de Aragón

La Aljafería de Zaragoza, que constituye el primer gran alcázar hispanoárabe en la península, fue levantado en el siglo XI por Abu Cha´far ben Sulayman al-Muqtadir (1041-1081), príncipe de la dinastía de los Banu Hud. Es un gran recinto de planta rectangular, defendido por dieciséis torres cilíndricas presididas por la monumental torre del Trovador, del siglo X y de planta rectangular. En el interior se sucedían los patios y los pabellones fastuosamente decorados.

Entrada fortificada a los Reales Alcázares de Sevilla

Los almohades fueron los artífices del alcázar de Sevilla. La arquitectura militar de ese período se caracterizó por la construcción con argamasa, la presencia de barbacanas o antemuros, de torres albarranas, puertas en recodo y corachas.

Castillos rurales: qal´a y hisn

Según las crónicas árabes, el territorio situado lejos de las grandes aglomeraciones urbanas estaba dominado por alquerías, torres y castillos. Los musulmanes utilizaron los términos hisn o qal´a -en plural husun y qila, respectivamente- para hacer referencia a esos castillos y fortalezas dispersos en el medio rural, cualesquiera que fuera su tamaño.

El término más utilizado fue hisn, recinto fortificado cuya principal función era dar protección al campesinado y su ganado en tiempos de guerra, así como el control y la vigilancia de los caminos.

Estas fortalezas-refugios alcanzaron amplísima difusión. Generalmente estaban desprovistos de edificios, si se exceptúan los aljibes que aseguraban el aprovisionamiento de agua. A diferencia de lo que pasaba en las alcazabas y alcázares, son escasos los castillos árabes reseñados por las crónicas árabes que contaban con mezquita.

Pero los husun no sólo serían castillos situados en una posición elevada, sino que actuarían como cabeza de un territorio más o menos extenso, controlando y defendiendo los espacios agrícolas irrigados, e incluso actuando como fiscalizador de los recursos del Estado.

En la toponimia peninsular ha quedado reflejado el término hisn en los pueblos con los prefijos az, iz, haz e hiz: Aznalcázar, Aznalcollar, Iznalloz, Haznalfarache, Hiznate, etc.

Castillo de Albacete: Alcalá del JúcarQal'a era otro tipo de fortificación no urbana situada en una posición estratégica para dominar caminos y valles de ríos de mucho tránsito. Para Pavón Maldonado, fueron en su mayor parte fortalezas estatales regidas por gobernadores, aunque también podían estar en manos de ciertos linajes árabes y bereberes, como fue el caso de Alcalá de los Gazules o Alcalá la Real.

Sus características exactas resultan desconocidas pero su presencia ha dado origen a numerosos topónimos que comienzan con "alcalá" y "alcolea". El prefijo Calat también responde a la antigua existencia de un castillo árabe: Calatayud, Calatrava, Calatorao, Calatañazor, Calatalifa.

Pronto, alrededor de muchas de estas fortalezas de origen rural se fue asentando población civil permanente, lo que supuso la formación de arrabales. Con el transcurso del tiempo llegaron a constituir poblaciones importantes calificadas a veces por los cronistas árabes como medinas. En determinados casos, tras la reconquista, la población evacuada dio paso a población cristiana que se mantuvo en el lugar hasta generar poblaciones importantes que han llegado hasta nuestros días (Alcalá de Guadaira, Alcalá la Real, Calatrava, Calatayud, Alcalá de Henares, Calatalifa). en otros casos, perdida su importancia militar y viaria la fortaleza se abandonó pasando a la nómina de despoblados.

Atalayas

Además de castillos, el espacio rural islámico estuvo jalonado por numerosas atalayas o torres de observación y de defensa. El vocablo "atalaya" deriva del árabe tali'a, no obstante, estas torres de vigilancia recibieron también otros nombres como maharis, bury o calahorras.

Se localizaban generalmente en puntos elevados que les permitiesen controlar visualmente el espacio. Dentro del sistema castral, sus funciones eran custodiar un nudo de comunicaciones importante y servir de avanzadilla y punto de vigilancia de los movimientos de ejércitos enemigos ante posibles cabalgadas y razias, mediante el envío y la recepción de señales visuales o acústicas.

Las atalayas se comunicaban visualmente

Las torres de observación del terreno se convirtieron en elementos imprescindibles en la Península Ibérica medieval, dentro del contexto de continuos movimientos de los ejércitos cristianos y musulmanes durante la Reconquista.

Se trataba de estructuras exentas y aisladas en el campo o en las inmediaciones de las ciudades, realizadas en mampostería, normalmente cilíndricas y prácticamente inhabitables por su escaso diámetro. A veces podían estar rodeadas de una pequeña muralla. Algunas de estas atalayas se convirtieron con el paso del tiempo en centros de pequeñas poblaciones, recibiendo añadidos que las convirtieron en auténticos castillos.

Torre Espioca de Picasent

Destaca la Torre Espioca de Picasent (Valencia) que, construida en el siglo XI, formaba parte del sistema defensivo de la huerta de Valencia y protegía los accesos de la ciudad. Otro ejemplo de torre vigía es la Torre de Abraham (Ciudad Real), situada en el camino que unía Toledo y Córdoba.

Rábidas o ribats

La rábida o ribat era una fortaleza militar y religiosa musulmana edificada en la frontera con los reinos cristianos. Se trataba de monasterios fortificados en los que se concentraban temporal o permanentemente monjes o morabitos para hacer oración y entrenarse en el deber sagrado islámico de yihad o guerra santa.

Solían ser edificios de planta cuadrada, con torres circulares en las esquinas y semicirculares en el centro de los paños del muro, a excepción de la que se localiza en la puerta de acceso que acostumbraba a ser rectangular. El interior suele estar organizado en una o dos plantas alrededor de un gran patio central porticado al que se abrían las habitaciones o celdas de los monjes-soldados que habitaban el ribat.

El carácter ascético o religioso de estas fortificaciones explica la existencia de mezquitas u oratorios en ellas.

Cerca del Puerto de Santa María estaba la Rabitat Ruta (Rota), ribat que según Idrisi era muy concurrido por peregrinos musulmanes. Otros ribats almohades en la península fueron los del castillo de la Puente de la Isla de San Fernando y el ribat-castillo de San Marcos del Puerto de Santa María.

Murallas, torres albarranas y corachas

Las ciudades del mundo islámico basaban su defensa en la presencia de un recinto murado flanqueado por torres y puertas en codo, y apoyado por torres exentas o albarranas que se unían a la muralla mediante una coracha.

Se puede observar cierta evolución en los recintos amurallados musulmanes. Hasta los siglos IX y X presentaban torres entendidas a modo de refuerzos o contrafuertes de las propias murallas. Se caracterizaban por tener exiguas dimensiones y por ser macizas hasta el nivel del adarve, presentándose sus terrazas como mera expansión de aquel. Ejemplos de este tipo de torre contrafuerte de pequeñas dimensiones son las de la alcazaba de Mérida, las de la Zuda de Olite o las torrecillas de la muralla de Sfax (Túnez).

De las torres-contrafuertes se pasó a torres-baluarte provistas de habitaciones abovedadas que permitían defender la ciudad y servir, a su vez, de acuartelamiento o almacén de pertrechos militares, ya que en lugar de ser macizas tenían habitaciones en su interior. Este tipo de muros se imponen a partir de la época almohade y se pueden ver en Rabat, Salé, en la torre de la Vela de la Alhambra o en la alcazaba de Fuengirola.

Otro tipo de murallas fueron las de cremallera, llamadas así porque dibujan en planta sucesivos ángulos o recodos que sustituyen a las torres. De este tipo son las murallas almohades de la alcazaba de los Udaia en Rabat, la muralla almohade de Sevilla, entre la puerta de Jerez y la Torre del Oro, las de los castillos de Alhama de Murcia, Aspe o la coracha que unía la alcazaba de Málaga con el castillo de Gibralfaro.

Murallas de Albarracín

Muy pocas de las torres de las murallas musulmanas tenían planta circular. La más común fue la planta cuadrada o rectangular, con preferencia por las poligonales en los ángulos murarios o en el encuentro de dos lienzos perpendiculares entre sí. Un ejemplo de estas últimas son las dos torres octogonales, denominadas "Redonda" y "Desmochada", de la muralla almohade de Cáceres.

Normalmente las murallas presentaban, a la altura del adarve, un parapeto coronado por merlones y, en su cara interior, otro parapeto de muro más bajo a modo de quitamiedos.

Las torres albarranas eran torres exteriores, destacadas de la muralla y unidas a ellas mediante un muro puente o mediante un pasadizo abovedado. Se prodigaron a partir del siglo XII, lo mismo en las cercas urbanas que en las de castillos o fortalezas rurales, y se ubicaban en los lugares más vulnerables como los ángulos de las cercas o las cercanías de puertas o poternas.

Torre albarrana de Jerz de la Frontera

Eran verdaderos baluartes, superiores en tamaño y resistencia a las torres normales de la muralla principal. Desde ellas se podía castigar o rechazar al enemigo, de ahí el afán de éste por derribar los puentes o pasadizos abovedados que las relacionaban con la muralla maestra.

Existían torres albarranas de planta rectangular como la torre de los Abades de Toledo o las torres del castillo de Escalona; de planta cuadrangular como la torre de Bujaco de Cáceres; o de planta poligonal como la torre de Espantaperros de la alcazaba de Badajoz, la torre "desmochada" de Cáceres, la llamada de Don Juan del castillo de Tarifa o la torre del Oro de Sevilla.

Torre de Espantaperros de la alcazaba de Badajoz

El muro o espolón que unía la cerca con la torre albarrana se denominaba "coracha", término derivado del árabe qawraya. Cabe mencionar las corachas de las alcazabas de Badajoz, Málaga y Granada, la situada junto al puente de San Martín de Toledo, o la del castillo de Alcalá de Guadaira. A veces se trataba de una galería subterránea que permitía comunicar la fortaleza principal con una torre o fortaleza inferior situada normalmente junto a las aguas de un río, a un pozo o al mar, lo que aseguraba, en caso de asedio, el agua y las comunicaciones a los sitiados.

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* Última actualización de "INTRODUCCIÓN A LOS CASTILLOS MUSULMANES DE AL-ANDALUS" en febrero de 2013

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