Catedral
de Ávila

Como
ocurre en otras ciudades de intensa historia medieval, la catedral
de Ávila que hoy admiramos debió edificarse sobre el
solar de otros templos más antiguos.
Parece
que debió existir una modesta iglesia mozárabe dedicada
a San Salvador anterior a la llegada de los repobladores y probablemente
erigida en tiempos de Fernán González.
Sobre ella,
y coincidiendo con la definitiva repoblación de los últimos
años del siglo XI, Raimundo de Borgoña mandó
levantar una catedral al estilo románico de la época,
que sería de tres naves, rematadas en tres ábsides y
acusado crucero; e imaginamos que no debió diferir mucho en
aspecto, al menos en la cabecera, de San Vicente o San Pedro. La Leyenda
de Ávila cita como autor a Álvar García que la
inició en 1091 y estaría terminada de forma provisional
en 1107.
La existencia
de este templo parece probarse por la donación que Alfonso
VII hace en 1130 y Alfonso VIII en 1142, así como las bulas
otorgadas a la catedral por Inocencio II en 1139.
La
obra debió parecer pequeña sólo unas décadas
después, pues en la segunda mitad del siglo XII, en tiempos
de Alfonso VIII se decidió derribarla para edificar una gran
catedral de mayor prestancia, con una arquitectura más vanguardista
imitando otros templos franceses que se habían iniciado en
la Île-de France, como Saint Denis y Vezelay.
Parece que
pudo ser un tal Maestro Fruchel, enigmático personaje de probable
origen francés que pudo traer a Ávila las primeras formas
góticas borgoñonas, quien se encargó de las obras
a partir de 1172 y que a su muerte en 1192 vería casi finalizada
la compleja cabecera llevada a cabo principalmente con piedra “arenisca
sangrante” por su impactante veteado rojo férrico sobre fondo
blanco, procedente del Valle de Amblés.
Las obras
de la girola se desarrollarían entre 1170 y 1180, y se sabe
que en 1181 se procedió al enterramiento del Obispo Don Sancho
en la capilla central de la girola.
A partir de esta fecha otros maestros continuarían y modificarían
el plan de las obras, ya en estilo gótico y con piedra berroqueña.
Lo extraordinariamente controvertido de la datación y progreso
del edificio y el escaso acuerdo entre sus estudiosos, hace que no
nos extendamos más en su cronología.
La
catedral de Ávila tiene tres
naves de cuatro tramos, amplio crucero y cabecera formada por capilla
mayor, girola de doble nave y capillas radiales. Realmente el único
elemento que se puede considerar románico, aunque en una fase
muy tardía, ya protogótica, es la cabecera y parte de
los muros orientales del crucero. El desarrollo de las naves hasta
los pies, su abovedamiento y las torres -una inacabada- son de concepción
ya del primer gótico.
La cabecera
está constituida por un ábside interior formado por
un semidecágono y dos tramos más paralelos y rectos.
Alrededor corre una girola de dos naves de desigual anchura y, por
último el cerramiento exterior de la cabecera es circular coincidiendo
con el cimorro, pero lleva nueve capillas circulares inscritas.

Quizá
lo iniciado primeramente fueron las cinco capillas centrales exteriores,
embutidas en el muro del cimorro, que tiene bóvedas de ojivas
concurrentes sobre la clave del arco de ingreso. Lo más importante
de estos arcos, es que en los capiteles de su estructura columnaria,
junto a temas vegetales, aparecen escenas historiadas de magnífica
calidad, de las que destacamos el capitel con dos grandes leones que
parecen desprenderse de la columna y otro, que representa las muertes
del rico Epulón y el pobre Lázaro, todo de exquisita
labra.
Estas
capillas tuvieron ventanas alargadas cegadas en el siglo XIV.
Más tarde se realizaría el ábside
poligonal con tres cuerpos superpuestos, de una gran altura y esbeltez.
El primero formado por arcos apuntados y abocinados hacia la girola.
En el intermedio, aparece en cada cara del semidecágono un
bellísimo y largo ventanal bíforo de arquivoltas de
medio punto con mainel central y capiteles vegetales.
En el piso
superior cada muro lleva un nuevo ventanal de arquivoltas semicirculares
sobre columnas también de capiteles vegetales de fina labra
como corresponden con la época tardía de su construcción.
El abovedamiento de la parte poligonal lo forman nervios coincidentes
en una clave común, mientras que los tramos rectos lo hacen
con crucería sexpartita. Esta sistema de abovedamiento, según
Martínez Frías, es una solución de origen anglonormando.

En una tercera
etapa, quizás finalizada en 1181, se dispusieron las columnas
de granito y capitel campaniforme que dividen en dos naves la girola
y su correspondiente abovedamiento ojival.
Sobre esta
girola se intento edificar una tribuna superior con bóveda
de cañón, pero fue sustituida por arbotantes exteriores
de granito, convirtiendo los vanos de la primitiva tribuna en ventanales
exteriores.
En
los muros más orientales del crucero de la catedral, aunque
se pueden comprobar diversos cambios de planes por el tipo de material
–granito- y por su alzado, hay también muros románicos
con parejas de ventanales ajimezados, como los vistos en el segundo
cuerpo del ábside interior.
Ya a finales
del siglo XII se terminarían los muros del crucero, los de
las naves y los arcos de comunicación entre éstas, con
soportes cruciformes y semicolumnas en cada cara. En los siglos XIIII
y XIV se abovedaría el crucero y las naves.
La catedral de Ávila fue declarada Monumento Histórico
Artístico el 31 de octubre de 1914.
Con
todo ello, la catedral de Ávila, que no es demasiado ponderada
por los estudiosos de arte, se acerca a los cánones de desmaterialización
de los muros y verticalidad del genuino gótico francés.
¡Qué lastima que las vidrieras sean anodinamente incoloras!
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