Catedral
de Burgo de Osma
La
catedral de Burgo de Osma nace tras la restauración de la diócesis
de Osma por Pedro de Bourges (San Pedro de Osma) a comienzos del siglo
XII. Es durante las siguientes décadas cuando se iría
edificando un templo de tres naves, triple ábside y transepto.
Este edificio ocuparía el solar del antiguo monasterio benedictino
de San Miguel.

Esta
catedral románica de Burgo de Osma debió estar muy relacionada,
al menos en lo que a escultura se refiere, con la iglesia y dependencias
(claustro, sala capitular, etc.) del burgalés Monasterio de
Santo Domingo de Silos.

Sin
embargo, esta catedral románica apenas duró en pie unas
pocas décadas, pues fue derribada alrededor del año
1232 por el obispo Juan Díez, año en que se empezó
a levantar la actual gótica. Posiblemente, las nuevas fábricas
góticas que se estaban levantando en Toledo, León y
Burgos provocaron la necesidad de igualarse en importancia con ellas.

El
claustro seguiría la misma suerte a comienzos del siglo XVI
siendo reemplazado por uno de estilo gótico decadente, con
grandes arcos apuntados con tracerías.

Del
conjunto catedralicio románico se conservan las arquerías
de comunicación entre la sala capitular y el claustro, con
una colección de arquivoltas y capiteles silenses de lo mejor
del románico español. También quedan algunas
puertas y restos menores en las pandas del claustro gótico
citado.
La
iglesia gótica
La
iglesia gótica iniciada en el siglo XIII tenía estructura
de presbiterio poligonal de siete lados rodeado de dos parejas de
absidiolos semicirculares alineados, de forma similar al Monasterio
de las Huelgas. Esta cabecera fue alterada en el siglo XVIII al abrirse
una girola alrededor de la capilla central.
Luego
se abrió un saliente crucero y tres naves de desigual anchura
y altura. Por encima de los arcos formeros apuntados no se estableció
triforio sino directamente el claristorio, constituido por ventanales
bíforos no demasiado amplios.

Las
bóvedas son de crucería sencilla y los arcos formeros
y perpiaños se apoyan en pilares cilíndricos con semicolumnas
adosadas.
La
portada meridional es soberbia, con grandes arcos apuntados con esculturas
en el sentido de las mismas y también estatuas entre las columnas.

La
gran torre de la esquina noroeste es barroca y recuerda las famosas
y no muy lejanas torres barrocas riojanas.
En
definitiva, la catedral de Burgo de Osma no se deshace de cierto carácter
cisterciense. Es una arquitectura que todavía no alcanza el
clasicismo gótico que llega de Francia en este mismo siglo.
La
Sala Capitular
La
Sala Capitular actual es un espacio rectangular de dos naves separadas
por una fila de columnas.
Es
el resultado de las transformaciones sufridas por la románica
a mitad del siglo XVI. Afortunadamente, para sujetar las nuevas bóvedas
de crucería se dispusieron de cuatro columnas monolíticas
con capiteles del claustro desechado. Tres de ellos son vegetales
y el restante muestra en sus caras el episodio de la Matanza de los
Inocentes. En él se ve el estilo de Silos y la iconografía
de Santo Domingo de Soria.
Más
escondidos están los capiteles sobre ménsulas de los
muros que desbordan fantasía en sus esculturas. Aquí
podemos ver arpías, cabezas monstruosas, basiliscos, dragones,
acantos, etc.

La
comunicación de esta sala con el claustro era la habitual:
un vano de entrada flanqueado por dos ventanales. Los segundos se
han conservado afortunadamente, la puerta no pues fue convertida en
ventana y luego cegado en el siglo XX.

Pero
este microcosmos de la escultura de las arquerías de la sala
capitular nos demuestra lo que debió ser todo el claustro,
al estilo de lo que son las pandas del segundo taller que trabajó
en el Claustro de Santo Domingo de Silos.

Las
esculturas
de las arquivoltas, todas soberbias, muestran el bestiario silense
en sus habituales escorzos y combates: arpías, dragones, grifos,
centauros, monos, aves y otros animales con una preciosa calidad y
finura de cincel. Además de la calidad plástica mostrada
es admirable la fantasía iconográfica que derrocha.
Por ejemplo, si nos fijamos bien, en una de las arquivoltas hay una
oveja amamantando "amorosamente" nada menos que a un pequeño
dragón.
Los
capiteles de los parteluces abandonan la temática profana y
se centran en los episodios más importantes del Nuevo Testamento.

Uno
de los citados capiteles muestra en sus cuatro lados
las escenas del Ciclo de la Natividad: Anunciación, Visitación,
Nacimiento, Anuncio a los pastores y Adoración de los Magos.
El
otro gran capitel muestra las escenas de la Pasión: Entrada
de Jesús en Jerusalén, Lavatorio de los pies y la Última
Cena.

Hay
controversia sobre la datación de esta magnífica obra
descrita, pero no debe diferir demasiado de las fechas barajadas para
dos de las pandas del claustro bajo de Silos, por lo que podemos movernos
en un arco de dos décadas entre 1150 y 1170.
Al
margen de este soberbio conjunto, quedan algunas puertas en los muros
de las pandas. Una de ellas da accesos a una de las salas del museo
por donde se accede actualmente a la sala capitular. Sus capiteles
muestras grifos y dragones de buen factura aunque de otra mano menos
cualificada que la que trabajaron en las arcadas anteriores.

De
esta seo soriana hay que citar por último, el soberbio sepulcro
de San Pedro de Osma, en la citada sala capitular y el Beato de Burgo
de Osma que se conserva en la catedral.
Sepulcro
de Pedro de Osma
El
sepulcro policromado de San Pedro de Osma ocupa el centro de la sala
capitular. Es obra realizada entre 1257 y 1285 en un estilo a caballo
entre lo románico y lo gótico.
La
lauda tiene esculpido al obispo en posición yacente. Los costados
del sepulcro muestras escenas de su vida, especialmente los milagros
que se le atribuyen, como La curación del clérigo endemoniado de Estella.
El ciclo hagiográfico finaliza con la representación
de su muerte en presencia del obispo de Palencia.

Beato
de Burgo de Osma
El Beato de Burgo
de Osma data de 1086 y se considera el primer beato plenamente románico
por su avanzada fecha de creación y porque sus ilustraciones
participan de la estética románica que se difunde por
toda Europa por aquellos años.
El artista iluminador
-un tal Martino- es clasicista, de una estética occidental
y contemporánea. Posee relación con los beatos del Escorial
y con el de San Millán. El color es fulgurante, con fondos
intensos, rojos, amarillos o verdes.
Sin duda, la ilustración
que ha hecho famoso a este Beato de Burgo de Osma es el mapamundi.

Conserva 166 folios
con 71 miniaturas y aunque se guarda en la catedral de Burgo de Osma,
el origen del códice se cree que debió ser el de algún
monasterio leonés.
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