La
Orden del Císter
Origen
e Historia de la Orden de Císter
A
lo largo de la historia de las religiones (no sólo en la
cristiana) ha habido numerosos y sucesivos intentos de volver a
los orígenes de los movimientos espirituales, una vez que
éstos se habían relajado y alejado de sus principios.
Una
de estas reacciones de vuelta al purismo anterior se empieza a gestar
a finales del siglo XI en Francia, coincidiendo con la etapa de
máxima opulencia y ostentación de los monasterios
cluniacenses. Si Cluny había adoptado la Regla de San Benito
que incluía la pobreza como precepto, el caso es que sus
monasterios eran, en ocasiones, verdaderos palacios repletos de
lujos y los abades, señores feudales con la máxima
relevancia en la política mundana.
Algunos
hombres de la Iglesia consideraban que los cluniacenses habían
"degenerado" los preceptos benedictinos y que era necesaria
una vuelta al rigor de los primeros tiempos.
Será
en la región de Borgoña, en el año 1089, cuando
uno de estos mayores reformadores, Roberto, se retiró con
sus seguidores para hacer vida monacal a un lugar aislado llamado
Citeaux (Císter), que cederá posteriormente su nombre
a la orden.
El
sucesor de Roberto sería Alberico que obtuvo la protección
papal. El tercer abad fue san Esteban Harding que continuó
la obra emprendida años antes dotando al Císter de
una regla propia llamada la Carta Charitatis que enuncia
su propósito de volver a los orígenes de austeridad
de la primitiva Orden Benedictina.
Pero
no sería hasta la aparición en escena de la figura
de San Bernardo cuando el Císter comienza su imparable desarrollo
durante el siglo XII.
La
fuerte personalidad de San Bernardo de Claraval, impulsor de la
Orden del Císter
Sin
duda, Bernardo de Claraval fue una de las primeras personalidades
de la Europa del siglo XII y principal protagonista en el desarrollo
de la Orden del Císter en toda Europa.
Bernardo
nació en la familia noble y acomodada de los Fontaine en
1091 y fue educado, junto a sus siete hermanos, en el más
amplio nivel cultural de que se disponía en el momento.
A
edad temprana ingresó en la citada abadía de Cîteaux
en tiempos de san Esteban Harding. Su fuerte personalidad llevó
al abad Esteban a encargarle la fundación del Monasterio
de Claraval (Clairvaux).
A
lo largo de su intensa vida fue capaz de llevar la Orden del Císter
a su máxima expansión, con un total de 343 monasterios
fundados en toda Europa.
Bernardo
debió ser un hombre carismático de alternante estado
humor, desde amable a iracundo. Se sintió muy atosigado por
las tentaciones mundanas por lo que solía hacer grandes penitencias
que, incluso, llegaron a mermar su salud física.
Es
posible que esta actitud influyera en su preocupación por
la disciplina, austeridad, oración y simplicidad que impulsará
en Claraval y resto de sus fundaciones.

La
brillante oratoria de Bernardo fue una de los principales instrumentos
empleados al lo largo de su vida para alcanzar sus objetivos. Le
llamaban "El Doctor boca de miel" (doctor melifluo).
Su
defensa a la legitimidad de Inocencio II en su conflicto con Anacleto
II le valió importantes privilegios de Roma que aumentaron
con la elección como Papa de Eugenio III, antiguo monje cisterciense.
Bernardo
luchó contra las tendencias laicistas de su tiempo y predicó
la segunda Cruzada (1146), reconociendo a la Orden del Temple como
realización del ideal del monje-soldado. En el campo religioso
impulsó la devoción mariana.
Bernardo
murió en 1153 y fue canonizado en 1174.
Como
consecuencia de la imparable actividad de San Bernardo, los monjes
cistercienses relevaron a los cluniacenses en la influencia sobre
la sociedad y la Iglesia del siglo XII,
ocupando sus más altos cargos y dignidades y ejerciendo su
influencia sobre el poder civil.
Los
monasterios del Císter
Los monasterios del Císter se situaban en zonas yermas o
inhóspitas pero con abundancia de agua. Normalmente el sitio
elegido era un lugar boscoso y aislado por montañas.
Eran
los propios monjes o laicos que trabajaban para ellos quienes roturaban
y cultivaban estas tierras.

La
razón básica de esta ubicación era obtener
el necesario aislamiento del mundo laico.
Esta
gran cualidad colonizadora y "civilizadora" de los cistercienses
será especialmente útil en el solar hispano del siglo
XII y comienzos del XIII, en el contexto de la secular pugna entre
cristianos y musulmanes.
Hay
que tener en cuenta que más allá de los hechos de
armas, la verdadera "victoria" y presión sobre
el rival musulmán se llevaba a cabo mediante la repoblación
de amplios territorios yermos. En ese empeño trabajaron pertinazmente
los reyes cristianos durante los primeros siglos de la reconquista.
Esta
tarea de repoblación se desarrollaba en zonas no muy alejadas
del enemigo y contaba con el riesgo de acabar con la propia vida
de los repobladores.
Por
eso, Alfonso VII y Alfonso VIII emplearon a los sacrificados monjes
blancos del Císter como avanzadilla durante décadas
ocupando espacios de difícil defensa.
Como
hecho ilustrativo, la histórica Orden de Calatrava nació
a partir de unos pocos monjes cistercienses que fueron los únicos
que se arriesgaron en defender la fortaleza de Calatrava la Vieja
ante la amenaza de los almohades que había, incluso, amedrentado
a los caballeros templarios que decidieron abandonarla.
En
esta misma línea, las órdenes militares españolas,
vanguardia de su cruzada contra los almohades, se acogieron a la
regla cisterciense.
La
principal razón del mal estado -incluso la ruina avanzada-
en que se encuentran bastantes conjuntos monásticos cistercienses
es, precisamente, su alejada ubicación de núcleos
urbanos. Tras la desamortización de Mendizábal del
siglo XIX estos monasterios quedaron abandonados o acabaron en manos
particulares que rara vez pudieron o quisieron mantenerlos.

Arte
y arquitectura cisterciense
Hasta
algunos años, la arquitectura cisterciense se consideraba
un estilo propiamente dicho, que estaría a caballo y como
eslabón de transición entre el románico y el
gótico. En
esta línea, se le ha adjudicado, en ocasiones, el nombre
de arquitectura protogótica.
Hoy
no se acepta que el gótico nazca como una mera evolución
o desarrollo del románico, sino que la arquitectura gótica
nace como un salto de mentalidad y de léxico arquitectónico.
Por tanto, no se puede considerar a los edificios cistercienses
como un eslabón de esta cadena.
La
mayoría de los edificios cistercienses son básicamente
románicos, pero incorporan, en bastantes casos y como novedad,
la bóveda de crucería sencilla y también frecuentemente
el arco apuntado.

Es
cierto, que desde un purismo románico estricto, el cambio
del arco de medio punto por el apuntado y la bóveda de cañón
por la ojival, traiciona ciertos principios. Pero lo que no se puede
considerar tampoco es que forme parte de la arquitectura gótica
pues sus conceptos en la creación de espacios interiores
son bien distintos.
La
arquitectura cisterciense es conocida por su sobriedad ornamental.
Desde la "borrachera de sobriedad" exigida por San Bernardo,
los capiteles, canecillos y otros espacios de las iglesias y dependencias
monásticas cistercienses se ven sólo animados por
motivos vegetales o geométricos.
Pero
no hay que confundir austeridad con rudeza, ya que cuando aparecen
estos motivos geométricos y vegetales son de gran calidad
plástica y se ve tras ellos a grandes artistas.
A
diferencia de iglesias parroquiales o monásticas de Cluny,
las iglesias del Císter se pintaban de blanco, no empleándose
pinturas murales figuradas y las ventanas sólo podían
tener cristales blancos. Ello daba a la iglesia una gran luminosidad
(a pesar de que en el templo cisterciense no disponía de
grandes ventanales ni se tendió a la desmaterialización
del muro, como en el gótico)
Pero
no hay que perder de referencia que esta austeridad ornamental deliberada
estaba pensada como medida para aislar al monje en su meditación
y la oración, para que no pudiera distraerse con pinturas,
esculturas, ni vidrieras cromáticas. No se puede considerar
como un medio de ahorro, ya que el monasterio cisterciense fue costosísimo
de levantar. No se escatimaba en ambición monumental pues
sus construcciones solían tener dimensiones catedralicias,
estaban completamente abovedadas y se edificaban con perfecta sillería.
Por ejemplo, en la España cristiana del siglo XII, salvo
algunas pocas catedrales, los edificios de mayor porte, sin duda,
fueron los conjuntos monásticos del Císter.
Dependencias
de la abadía cisterciense
Las abadías
cistercienses respondían a un vasto programa constructivo
que comprendía instalaciones tan diversas como la hospedería,
la enfermería, el molino, la fragua, el palomar, la granja,
los talleres y todo aquello que prestara servicio a una comunidad
autosuficiente.

Obviamente,
el núcleo monacal propiamente dicho lo componían las
dependencias residenciales y la iglesia. Formaban todas ellas lo
que denominaban el cuadrado monástico cuyo eje o centro era
el claustro con sus cuatro pandas.
Por tanto, como
en los monasterios cluniacenses, el claustro es el centro y núcleo
de la vida monástica. Los claustros cistercienses tenían
sus pandas abiertas por arcos sobre esbeltas y elegantes columnas
pareadas y con capiteles de exquisita labra. De hecho, la austeridad
y contundencia de la arquitectura cisterciense se torna fina y delicada
en le claustros y otras dependencias que se organizan alrededor,
especialmente las salas capitulares.

Estas dependencias
que se organizan alrededor del claustro son:
Panda del
mandatum. Es la adosada a la iglesia y que corre paralela a
ella.