Ermita de Puilampa, Sádaba, Zaragoza
Introducción
histórica
Perteneciente al término municipal de Sádaba
-una de las Cinco Villas que dan nombre a esta histórica
comarca del extremo norte de la provincia de Zaragoza- el Monasterio
de Puilampa (o Puylampa), del que tan solo ha llegado a nuestros
días la iglesia, se sitúa aproximadamente a tres kilómetros
al sur del casco urbano, siendo accesible a través de irregulares
pistas agropecuarias y de concentración parcelaria que parten
de la carretera que une las localidades de Sádaba y Pinsoro.

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Erigido sobre una modesta pero dominante elevación
junto al cauce del río Riguel y a escasa distancia de los
restos del monasterio femenino de la Virgen del Cambrón,
el cenobio hospitalario de Puilampa, tal y como nos revela su topónimo
"Podium Lampadii" (antorcha en posición elevada),
fue concebido además de como faro de referencia visual, como
un complejo asistencial para viajeros y peregrinos que a través
de las Cinco Villas se dirigían a Santiago para unirse al
principal ramal aragonés.

Las referencias documentales sobre Puilampa son escasas
e incluso algunas de ellas ajenas al monasterio propiamente dicho,
constando el lugar como repoblado desde 1132 a instancias del Rey
Alfonso el Batallador muy pocos años después de la
construcción de la primitiva fortaleza defensiva de la vecina
villa de Sádaba por iniciativa del mismo monarca.

En 1151 consta que el hábitat de Puilampa fue
cedido por Ramón Berenguer IV al monasterio de Santa Cristina
de Somport con el fin de que sus canónigos estableciesen
allí una casa o establecimiento de carácter hospitalario
y asistencial para la atención y descanso de viajeros.

Sin embargo, la mejor pista sobre la datación
del cenobio de Puilampa nos lo da el propio monumento, ya que al
interior, concretamente en los muros norte y oste, se conservan
sendas inscripciones en las que puede leerse "ERA MCCXXVIIII"
(1181), que bien podría tratarse de la fecha de su consagración.

Ya al exterior, concretamente en una de las columnas
del lado noroeste del templo, una segunda inscripción -casi
un graffiti- realizada en honor al sacerdote "Gil Gastón
de Podi Lampa" por parte probablemente de dos discípulos
peregrinos a los que atendería nos remite al año de
1222, fecha en la que el complejo hospitalario ya funcionaría
a pleno rendimiento.

En cualquier caso, la iglesia llegada a nuestros días
bien podría ser obra del último cuarto del siglo XII,
habiéndose mantenido casi intacta incluso tras la Desamortización
de Mendizábal, suerte muy distinta a la que corrió
el vecino Monasterio de Cambrón tras caer ambos en manos
privadas.

En la actualidad y tras su restauración, la
iglesia de Puilampa constituye una de las construcciones más
armónicas y fotogénicas del románico aragonés
gracias tanto a su ubicación en un entorno campestre libre
de cualquier obstáculo visual, como a haber llegado a nuestros
días sin prácticamente modificaciones ni aditamentos,
resultando su contemplación casi propia de una postal.

Interior

La iglesia, levantada en sillería notablemente
escuadrada, presenta una única nave de dos tramos separados
entre sí por un arco fajón de medio punto que descansa
sobre columnas pareadas y rematadas en capiteles esculpidos con
sencillas formas geométricas.

Cada uno de los dos tramos de la nave se cubre con
bóveda de arista reforzada por nervios pareados que, tras
cruzarse en la clave, apean en columnillas adosadas a las anteriores
formando pequeños haces que vienen a coincidir con los grupos
de columnas a modo de contrafuertes que articulan los muros laterales
al exterior.

A continuación, un sencillo arco triunfal da
paso a la cabecera semicircular, ligerísimamente elevada
respecto al piso de la nave y abovedada en cuarto de esfera reforzada
por dos potentes nervaduras de triple bocel convergentes en la clave
y que se proyectan hasta las columnas que dividen en tres paños
el tambor absidial.

Exterior
Al exterior, además de su portada y el ábside,
lo primero que llama la atención es la articulación
de los muros laterales a base de haces de columnas a modo de contrafuertes
coincidentes con los soportes fajones del interior. Idéntico
recurso se repite tanto en los ángulos occidentales de la
fábrica como en la transición de la nave a la cabecera.

Este modelo, para nada ajeno al románico de
las propias Cinco Villas o del Alto Aragón (recordemos por
ejemplo la iglesia de Santiago de Agüero como ejemplo más
reconocible) adquiere en Puilampa su más alto grado de elegancia,
armonía y esbeltez.

El ábside
Como al interior, el ábside queda articulado
al exterior en tres paños separados entre sí por haces
de tres columnas -más gruesas las centrales- que se proyectan
hasta la propia altura de la cornisa rematando en capiteles vegetales.

En el centro de cada paño abre su consabido
ventanal en arcos de medio punto trasdosados por guardapolvos decorados
por una muy personal moldura de lazos en forma de ochos que se repite
en los cimacios y que, tras abrazar las citadas columnas, se proyectan
horizontalmente por todo el perímetro absidial y los muros
laterales del templo.

Las puertas
Los ingresos a la iglesia de Puilampa
son dos. Existe una pequeña puerta en el muro sur carente
de decoración alguna y que muy posiblemente comunicaría
con estancias desaparecidas.

Pero el acceso principal a la iglesia
de Puilampa se aborda a través del muro occidental, en el
que, ligeramente resaltada, se dibuja una portada de seis arquivoltas
de medio punto abocinadas que descansan sobre columnas acodilladas
rematadas en capiteles vegetales de gusto cisterciense.

En la chambrana o guardapolvo que abraza la portada
encontramos de nuevo esa decoración de lazos en forma de
ocho que ya veíamos en los cimacios de los ventanales cabeceros
y que tienen su continuidad en la moldura horizontal que recorre
los muros laterales.

De las seis roscas, cuatro de ellas se presentan animadas
mediante diferentes modelos de doble y triple diente de sierra,
en algunos casos incluso complementados con pequeños brotes
vegetales. La rosca interna sin embargo presenta el típico
esquema de bocel, pudiéndose apreciar en él una inscripción
en la que se lee "BERNARDUS ME FECIT".

La principal seña de identidad de la iglesia
de Puilampa es sin lugar a dudas su tímpano, en el cual,
preside la composición un precioso crismón trinitario
inscrito en un disco orlado en zigzag y sostenido por tres esquemáticos
brotes vegetales. Además del sol y la luna, flanquean el
crismón sendos arbolitos de cuyas ramas penden una serie
de piñas.

En la base del tímpano se conserva una última
inscripción en la que dice "PORTA PER HANC CELI FIT
PER VIA QUOQUE FEDELI", que vendría a significar algo
así como "Por esta puerta el Cielo se abre a cualquier
fiel" poniendo de relevancia y confirmando ese valor simbólico
que en el románico significaba atravesar ese umbral de la
puerta del templo.

En definitiva, pese a su espectacularidad y fotogenia,
el Monasterio de Puilampa puede considerarse el gran desconocido
del románico de las Cinco Villas. Quizás su emplazamiento
algo aislado y dificultoso en accesos y su carácter privado,
retrae a muchos visitantes, sin embargo, vale la pena el esfuerzo
de acercarse hasta él y contemplar una de las construcciones
más armónicas y bellas del románico aragonés.

Lugares a visitar desde Sádaba y Puilampa
La enorme densidad histórica y monumental de
las Cinco Villas permite que, desde Sádaba, a cuyo término
municipal pertenece la ermita del antiguo Monasterio de Puilampa,
puedan realizarse interesantes rutas con el románico como
protagonista: así, a apenas diez kilómetros hacia
el sur se encuentra la iglesia de San Miguel de Biota, con los personalísimos
tímpanos atribuibles al Maestro de Agüero.

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en Cinco Villas (Zaragoza) 
Hacia el este, pasando por la aldea fortificada de
Layana, se llega en menos de diez minutos a la maravillosa villa
de Uncastillo, de cuyo rico pasado medieval han llegado a nuestros
días nada menos que cuatro iglesias románicas conservadas
en su integridad (más otras dos en estado ruinoso).

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Zaragoza 
En cambio, tomando dirección hacia el
norte es posible visitar la poco conocida iglesia también
románica de Castiliscar y, unos pocos kilómetros más
adelante: Sos del Rey Católico, quizás la villa más
conocida y visitada de esta maravillosa comarca.

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del Rey Católico, Zaragoza 
(Autor del texto del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
