Revilla
de Santullán, Palencia. Iglesia de San Cornelio y San Cipriano
Introducción
En
el corazón de la Montaña Palentina, la pequeña
población de Revilla de Santullán se sitúa en
el extremo nororiental de la provincia de Palencia, en un agradable
valle de eminente vocación minera que, en paralelo al río
Rubagón, desciende desde las elevadas cumbres de la Cordillera
Cántabrica hacia la amplia llanada en la que se asienta Aguilar
de Campoó, localidad de la que apenas dista quince kilómetros
y a la que siempre ha estado íntimamente ligada Revilla.
Revilla
de Santullán, que en la actualidad apenas cuenta con unos 25
habitantes censados, pertenece al ayuntamiento de Barruelo de Santullán,
villa capital del valle de la que apenas le separan dos kilómetros.
Apuntes
históricos
Pese
a hallarse a tan sólo 7 kilómetros de la histórica
población de Brañosera, cuyo fuero se remonta nada menos
que al año 824, no es hasta el siglo XIII cuando encontramos
las primeras menciones documentales contrastadas de Revilla de Santullán,
siempre íntimamente ligadas al cercano monasterio premostratense
de Santa María la Real de Aguilar de Campoó.
Aún
así, es de suponer que la pequeña aldea de Revilla,
otrora conocida como Santa María de la Nava, existiese ya durante
el último tercio de la duodécima centuria, fechas en
las que presumiblemente comenzase la construcción de su iglesia
parroquial. Durante la Baja Edad Media, Revilla de Santullán,
como el resto de poblaciones del valle, perteneció a la importante
Merindad de Aguilar de Campoó, la cual se extendía por
territorios palentinos, cántabros e incluso burgaleses.
Exterior
del templo
En
el mismo centro del pequeño casco urbano de Revilla, la Iglesia
de los santos Cornelio y Cirpiano se presenta al exterior como una
modesta construcción rural que, a simple vista, para nada hace
sospechar la riqueza iconográfica y decorativa que oculta entre
sus muros.
Consta
el edificio de una única nave que remata, tras un breve tramo
recto presbiterial, en un ábside semicircular canónicamente
orientado. El cuerpo principal, cubierto en origen presumiblemente
con bóveda de cañón o cañón apuntado,
vio como en una reforma acometida durante el siglo XIX fue sustituida
por un abovedamiento rebajado, conservándose tan sólo
las cubiertas originales en el tramo recto presbiterial y casquete
absidal.

Durante
el siglo XVI fueron añadidos a la fábrica primitiva
una sacristía y el pórtico sur, quedando así
distorsionada la planimetría original.
Al
exterior, llama la atención la noble sillería con que
fueron levantados los muros perimetrales y de la cabecera, la cual,
queda articulada en tres paños separados por austeros contrafuertes
en talud decreciente sin alcanzar la altura de la cornisa. En el paño
central abre un vano de medio punto abocinado cuyas arquivoltas descansan
sobre finas columnillas rematadas en capiteles en los que se identifican
aves entre zarcillos y leones afrontados.

En
el costado meridional de la cabecera y casi oculta por la adición
del pórtico posterior, abre una segunda ventana de menores
proporciones cuyos capiteles rematan en sencillos entramados vegetales.
El
hastial de poniente culmina en la prototípica espadaña
palentina de remate triangular abierta en dos huecos de campanas mediante
arcos de medio punto sobre columnillas y capiteles decorados con esquemáticos
crochets.

Se
conserva igualmente una interesante colección de canecillos
dispuestos a lo largo de las cornisas de la nave, del ábside
y del tejaroz que cobijaba la portada antes de la erección
del pórtico renacentista. En ellos, son reconocibles además
de las recurrentes composiciones geométricas, distintos personajes
como músicos, guerreros, danzantes, figuras femeninas ataviadas
a la manera de la época -alguna embarazada-, mascarones, monstruos,
etcétera.
Interior
Al
interior del templo la decoración se reduce a los capiteles
del arco triunfal, para los cuales el tema elegido fue el de Daniel;
representándose en el capitel del lado del evangelio al profeta
en actitud orante entre dos leones; y al ángel protector enviado
por Dios en su equivalente del costado de la epístola.
La
cubierta de la nave, presumiblemente de cañón apuntado,
fue reemplazada por otras de factura moderna durante el siglo XIX,
conservándose tan sólo en cuanto a bóvedas originales
se refiere la del tramo recto presbiterial en cañón
apuntado; y la del hemiciclo absidial, rematada en cuarto de esfera.
De
fecha contemporánea a la erección del pórtico
sur y del cuerpo de la sacristía, es el coro alto dispuesto
a los pies de la nave.

De
factura románica es la pila bautismal dispuesta a los pies
de la nave, decorada a base de baquetones verticales entre los cuales,
aparecen representadas pares de rosetas cuatripétalas inscritas
en círculos.
La
portada
En
el muro sur y pasando totalmente desapercibida por quedar oculta tras
el citado pórtico añadido en época renacentista,
abre la portada principal original, sin duda, una de las piezas más
valiosas, sorprendentes, refinadas e interesantes del románico
palentino.
Ha
sido precisamente ese pórtico tardío el que ha permitido
que, a día de hoy, el soberbio repertorio escultórico
en ella desplegado se conserve prácticamente intacto, hasta
el punto de que su genuino brillo podría incluso dar la sensación
de ser fruto de una excesiva restauración que no es tal.
Se presenta la portada ligeramente adelantada respecto al muro, quedando
protegida antes de la erección del pórtico mediante
un pequeño tejaroz sostenido por canecillos. Consta de un vano
apuntado a partir del cual se suceden seis arquivoltas molduradas
con boceles, medias cañas y fórmulas zigzagueantes;
siendo la más interesante la segunda, en la cual, a lo largo
de su rosca y en posición radial, fue representada una Última
Cena en la que Cristo aparece en la dovela clave flanqueado a cada
uno de sus lados por seis apóstoles individualizados bajo arquillos
sobre columnas entorchadas y enjutas arquitectónicas.
En
cada uno de los extremos de la mencionada arquivolta aparecen, bajo
arcos rebajados de mayor amplitud que el resto, dos curiosas figuras:
a la izquierda, un personaje de larga melena leyendo un libro que
ha venido siendo identificado como un profeta; y a la derecha, el
que ha sido reconocido como artífice de la obra ya que, además
de representarse a sí mismo tallando inspirándose en
lo que parece ser un libro de modelos, aparece sobre él una
inscripción en la que puede leerse "Michaelis me fecit".

Además
de la propia riqueza tanto temática como formal del conjunto,
el hecho de que el propio artífice se haya autorretratado sobre
su obra hacen de esta portada una pieza excepcional, ya que si escasas
son en el románico las obras firmadas, mucho más lo
son las que el propio autor aparece representado junto a su creación.
Pese
a que por méritos propios ha sido la efigie de Michaelis quien
ha acaparado y concentrado el interés de éste templo,
no puede ser desdeñada la enorme calidad de los capiteles que
rematan las columnas de la portada, unos capiteles donde el barroquismo
tardorrománico alcanza su máxima expresión en
cuanto al realismo, sofisticación y acabado de sus figuras.

A
la izquierda del vano de ingreso según el punto de vista del
espectador, son reconocibles del exterior al interior las siguientes
escenas: grifos dentro de un entramado vegetal, Sansón enfrentándose
al león, un sagitario y varios seres fantásticos como
dragones y arpías encapuchadas.
Al lado opuesto de la puerta, continua el programa iconográfico
con una bellísima interpretación de la "Visitatio
Sepulchri" en el capitel más interno. Tras él,
dos composiciones vegetales de enorme refinamiento anteceden dos escenografías
en las que un joven somete un dragón, y un felino trata de
zafarse del ataque de un reptil y otro dragón, rematándose
el conjunto con una nueva cesta vegetal de sabor cisterciense.

La
portada de la iglesia de Revilla de Santullán, sin que exista
ningún documento que nos aporte más pistas sobre su
datación, ha venido siendo contextualizada por distintos estudiosos
en los últimos años del siglo XII o las primeras décadas
del XIII, combinándose en ella el recargamiento propio del
tardorrománico junto con repertorios propios del no lejano
monasterio de San Andrés de Arroyo que tanto influirían
en el románico del norte de Palencia.

Alrededores
La
pequeña localidad de Revilla de Santullán se encuadra
dentro del territorio que, por la enorme densidad de construcciones
románicas conservadas, ha venido siendo denominado País
Románico.
Por
ello, es ingente el número de pequeñas iglesias románicas
que es posible encontrar en los alrededores de Revilla de Santullán:
en el propio Valle de Santullán, Bustillo, Nava, Porquera o
Villabellaco conservan pequeños templos rurales altomedievales.
El propio Barruelo, aunque reconstruida, esconde en su parroquia restos
de una primitiva construcción contemporánea a la de
Revilla.

Al
norte, la histórica población de Brañosera, como
su vecina Salcedillo, han sabido preservar sus humildes iglesias parroquiales;
mientras que al sur, camino de Aguilar, Cillamayor, Matalbaniega,
Corvio o Villavega de Aguilar son poblaciones cuyos templos parroquiales
merecen una visita.
Desde la propia Aguilar de Campoó, las opciones se multiplican,
pudiendo admirarse edificaciones románicas en la gran mayoría
de localidades que la rodean y que, desde el Medievo, formaron parte
de su antigua merindad.
(Autor
del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
|
Otros
libros destacados del mes
|
|
|
|
|
|
|