Iglesia
de Santa María de Melque, San Martín de Montalbán
(Toledo)
La iglesia de
Melque se encuentra en el término municipal de San Martín
de Montalbán, enfrente de su castillo, en pleno corazón
de la provincia de Toledo.

Como en el caso
de la extremeña basílica de Santa Lucía del Trampal
(Cáceres) su aislamiento en el medio rural ha posibilitado
su conservación. Lamentablemente esto no es lo habitual pues
los innumerables templos altomedievales que a buen seguro existieron
en las principales ciudades y que han desaparecido tras siglos de
guerras, destrucciones y reconstrucciones.
Y
es que si algo tiene las construcciones visigodas es su reciedumbre.
Los muros de ésta y otras iglesias de la época, siguiendo
la tradición de la arquitectura tardorromana, están
construidos con grandes sillares pétreos colocados a hueso
(sin argamasa) de gran consistencia.
Por ello, salvo
por acción destructiva directa del hombre, pueden llegar a
nuestros días en aceptable estado, a pesar de los más
de trece siglos que nos separan de su construcción. Quizás
sea por este motivo que la iglesia de Santa María de Melque
es la mejor conservada de todas las visigodas de la Península
Ibérica.

Ha existido alrededor
de este templo una larga polémica sobre su datación
y estilo.
Para algunos expertos
es una construcción propia de la arquitectura visigótica
de los siglos VII y VIII. Para otros, habría que retrasar su
creación al siglo IX y por tanto habría que adscribirla
al mundo mozárabe.
Esta última
teoría no se sostiene demasiado, ya que los musulmanes, aunque
permitieron el culto cristiano a los mozárabes, establecieron
la prohibición de construir nuevos templos en su territorio.
Por ello, y a
pesar de que sus orígenes siguen siendo inciertos, parece que
la teoría más consensuada es que la de Melque fue la
iglesia de un monasterio visigodo construido probablemente a comienzos
del siglo VIII y en fecha muy cercana a la ocupación musulmana.

Durante una primera
etapa de dominio árabe, seguiría existiendo una comunidad
de monjes cristianos ocupando el monasterio, pero en un momento sin
determinar, el cenobio sería abandonado y los árabes
lo acondicionaría como poblado y la iglesia como fortaleza.
Al menos esto es lo que parece deducirse de la existencia, todavía
hoy, del arranque de una torre que se construyó sobre el primitivo
cimborrio allá por los siglos IX o X. Es posible que la construcción
de esta torre-fortaleza coincidiese con la edificación del
vecino castillo de San Martín de Montalbán.
Entre los siglos
XI y XII estas tierras fueron reconquistadas y se sabe que Alfonso
VIII donó este poblado junto al castillo a la Orden del Temple.
Tras su supresión en 1309 la propiedad del lugar pasa de manos
en mano de distintos nobles.
El poblado prácticamente
llegó a desaparecer en el siglo XIX tras la desamortización
de Mendizábal y el cese del culto en la iglesia. Santa María
de Melque no salió de su olvido hasta que personajes ilustres
como el conde de Cedillo o Manuel Gómez Moreno comenzaron su
divulgación, para ya en los años sesenta del pasado
siglo comenzar un largo proceso de restauración, que no sólo
ha permitido la salvación de tan insigne monumento sino que
lo ha habilitado para una muy agradable visita. A ello no es ajeno
su bonito y acogedor centro de interpretación que explica las
características del edificio y el contexto histórico
en que nació. Este centro se ha instalado en algunas de las
viviendas del poblado agrícola que había junto al templo.
Uno de los aspectos
de interés de esta construcción es la existencia de
restos de edificaciones coetáneas al templo en su periferia,
lo que denota que la iglesia se encontraba en el interior de un patio
cuadrado rodeado por edificios perimetrales que serían el resto
de las dependencias monásticas. Hay que recordar que el tipo
de estructura que estamos acostumbrados a ver en los monasterios,
cuyas dependencias se sitúan alrededor de un claustro, siendo
la iglesia uno de los edificios que cierran este espacio, procede
del mundo carolingio y se universaliza ya en tiempos del románico.
Sin embargo, los monasterios visigodos no tenían esa morfología.
La iglesia de
Melque tiene planta de cruz latina cuyo cuerpo de la iglesia está
unida a una cabecera triabsidal. De estos tres ábsides, todos
de planta cuadrada, sólo quedan dos, puesto que el de la Epifanía
ha desaparecido.

Tiene esta iglesia
una serie de particularidades como es el redondeo a abocelamiento
de las esquinas de lo muros exteriores. En este mismo sentido, los
pilares que soportan los arcos del interior también están
redondeados con la intención de imitar columnas.
Por otro lado,
también son interesantes las decoraciones de estuco que se
conservan en algunos arcos interiores.
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