Monasterio
de Santa Cruz de la Zarza (Ribas de Campos, Palencia)
Conservado en
precario estado dentro de una finca particular, los orígenes
del Monasterio premostratense de Santa Cruz de la Zarza (Ribas de
Campos, provincia de Pelencia) se remontarían a 1176, fecha
en que unos monjes procedentes del homónimo vallisoletano de
Retuerta, se asentarían en el lugar constituyendo una comunidad
estable.
La
iglesia
Del primitivo
conjunto eclesial, de planta de cruz latina, solo han llegado a nuestros
días el crucero y la triple cabecera de la iglesia: conformada
ésta por un ábside poligonal precedido de tramo recto
y articulado al exterior por finas pilastras angulares dispuestas
entre cada una de sus cinco ventanas apuntadas; mas dos absidiolas
laterales de planta cuadrangular rematadas en sendos vanos también
apuntados.

En una reforma
acometida entre los siglos XV y XVI, se reedificaría la nave
central y se proyectarían dos laterales, de las cuales, sólo
la septentrional fue concluida en sus dos tramos, aprovechándose
el espacio destinado a la nave sur para levantar una torre. Tanto
en los capiteles de las ventanas exteriores, como en los que rematan
los soportes interiores, quedó patente la influencia cisterciense,
llegada, muy probablemente, desde el no muy lejano monasterio de San
Andrés de Arroyo.
La
Sala Capitular
La sala capitular
de Santa Cruz de la Zarza, accesible a través de un pequeño
pasaje abovedado bajo la torre, constituye el único elemento
conservado del conjunto de dependencias con que, sin duda, contaría
el cenobio. Precedida de una habitación rectangular utilizada
como sacristía, queda estructurada en nueve tramos a partir
de cuatro columnas centrales de cuyos capiteles, se proyectan los
nervios que, tras reforzar las bovedillas de crucería, van
a descansar sobre pares de columnas adosadas a los muros. El lienzo
occidental de la estancia, concebido para comunicar con un claustro
hoy desaparecido, abre mediante un arco doblado de medio punto flanqueado
por otros dos laterales que, a su vez, enmarcan dos vanos gemelos,
también de medio punto, sustentados por pares de columnas.

Los capiteles
despliegan en sus frentes desde entramados vegetales, a veces en convivencia
con animales reales o fantásticos, hasta escenografías
narrativas entre las que cabe destacar el duelo ecuestre entre dos
jinetes, un buen pastor de inspiración clásica, o la
lucha entre un guerrero y un dragón.