Monasterio
de Santa María de la Gloria de Casbas, Huesca
Introducción
El monasterio de Santa María de la Gloria
se sitúa en la localidad de Casbas de Huesca, un pequeño
pueblo que se encuentra a unos 30 km. de la capital. En el año
2004 la pequeña comunidad monástica que lo habitaba,
conformada por tres monjas, decidió cerrarlo, porque debido
a su avanzada edad no podían hacerse cargo de su mantenimiento.
La Congregación de Madres Bernardas del Císter
decidió ponerlo a la venta, y el proceso se culminó
tres años más tarde, siendo su propietario, desde
entonces, la Fundación Progea, dedicada al sector inmobiliario,
que lo adquirió con la intención de rehabilitarlo,
y explotarlo a nivel turístico. En la actualidad el edificio
puede visitarse concertando una cita previa.
El
edificio fue declarado Monumento Histórico-Artístico
en el año 1979, y, en el año 2004, antes de que se
pusiera a la venta, se declaró Bien de Interés Cultural,
con el objetivo de protegerlo.
Historia
La fundación del monasterio de Casbas se remonta
al siglo XII. En esa época la localidad pertenecía
a los condes de Pallars Jussà. Oria de Pallars, esposa de
Arnau Mir, lo fundó en el año 1173, gracias a la complicidad
de Esteban de San Martín, obispo de Huesca, que anteriormente
había sido abad de Poblet. No está claro que el objetivo
de esta fundación.

Se ha apuntado que Oria de Pallars quería fundar
aquí un panteón para su familia, al estilo del panteón
de los condes de Barcelona en Ripoll, pero en realidad no hay ningún
documento que pruebe esto. Lo cierto es que tanto ella como su hijo
y su nieta se enterraron aquí.

A partir del año 1178 Oria de Pallars, condesa
abadesa del monasterio, tuvo jurisdicción sobre la villa
de Casba. El rey Alfonso II de Aragón (1164-1196) concedió
a este monasterio muchos privilegios, con los que multiplicaron
su área de influencia en los territorios comprendidas entre
Hoya de Huesca y Somontano de Barbastro.

En el año 1196 el Papa Celestino III (1191-1198)
tomó el monasterio bajo su protección desvinculándolo
de la diócesis de Huesca y consintiendo que se rigiese por
la regla cisterciense de San Benito. En 1208 se consagró
la iglesia, cuya construcción ya debía estar terminada,
o muy avanzada. Al año siguiente pasó a depender de
la abadía cisterciense de Morimond (Alto Marne, Francia).

Parece que la época de máximo esplendor
del monasterio fue en los siglos XVI y XVII, cuando fue objeto de
numerosas ampliaciones, aunque su configuración actual responde
fundamentalmente a las reformas del siglo XVIII. Con la desamortización
se perdieron la mayoría de sus bienes, aunque no se llegó
a expulsar a la comunidad monástica, que permaneció
viviendo en el monasterio, cada vez más mermada, hasta principios
del siglo XXI.
Patio mayor

Se accede al recinto monástico por medio de
un pasillo abovedado con medio cañón por encima del
cual se encuentra la torre del homenaje, que es uno de los restos
que se conservan del antiguo recinto amurallado.

Ésta se comunica con un patio que es uno de
los dos espacios en torno a los que se articulan todos los edificios
monásticos. En él se puede ver, la fachada de la iglesia,
con una interesante portada románica, y un palacio abacial
del siglo XVIII, y, enfrente, la fuente, el antiguo lavadero, algunos
restos de las murallas, y el huerto.

Patio menor
Desde el patio mayor se puede acceder, mediante un
pasillo que discurre bajo el palacio abacial, a otro patio de unas
dimensiones más reducidas situado al oeste de la iglesia.
En torno a este espacio se encuentra la entrada principal al recinto
monástico propiamente dicho, la antigua hospedería
y las diferentes estancias de servicio, como la portería,
el locutorio, las casas de los capellanes y del confesor, y la enfermería.

En el costado que se encuentra frente al pasillo de
entrada hay un pórtico, con columnas de piedras, zapatas,
y vigas de madera. Un gran portón con arco apuntado comunica
el patio menor con el vestíbulo del monasterio, por donde
se accede al claustro.

La portada de la iglesia
Volviendo al patio mayor, el visitante se encuentra
con la portada de la iglesia, que sobresale ligeramente del muro.

Se trata de una estructura sencilla, compuesta por
un gran arco de medio punto abocinado, con once arquivoltas decoradas
con formas geométricas, puntas de diamante vaciadas, baquetones,
y el característico ajedrezado de Jaca, entre otros elementos.

En el tímpano hay un relieve de un crismón
trinitario, con lo símbolos apocalípticos y un Agnus
Dei con la cruz en el centro.

Las arquivoltas se sostenían por medio de tres
columnas a cada lado de la puerta, de las cuáles no se ha
conservado ninguna, que sustentaban a su vez, cada una, un grupo
de nueve capiteles labrados en el mismo bloque de piedra, algunos
de los cuáles sí se han conservado. Éstos son
de sencilla labra, y no presentan decoración.

La iglesia
La iglesia es la parte más antigua de todo el
conjunto, aunque durante el siglo XVII sufrió profundas transformaciones.
Desde el exterior se ve a simple vista la ampliación de la
nave y el transepto, cuya altura aumentó de forma considerable
con una estructura de ladrillo, que sobresale por encima de la sillería
original.

La cabecera está compuesta por un triple ábside
semicircular, el central más ancho y alto. En cada ábside
se abre en el centro una pequeña ventana estrecha en forma
de arco de medio punto, con dos arquivoltas, y dos columnas con
sus correspondientes basas y capiteles.

Éstos tienen sencillas formas vegetales o geométricas,
a excepción del que se encuentra en uno de los laterales
de la ventana del ábside central, que es historiado. En él
están representados cuatro hombres, en dos grupos de dos
personas, que se sujetan la nuca y se enlazan las manos, como si
estuvieran luchando.
En este mismo ábside central, por encima del
vano, se observa un cambio de material muy brusco. Mientras que
los dos ábsides laterales y la parte inferior del central
son de sillería, bien encuadrados, la parte superior se vuelve
tosca y peor labrada, lo que evidencia un parón en la obra,
y una continuidad unos años después, quizás
con unas condiciones económicas menos favorables.

La iglesia tiene una planta de cruz latina. En el interior
tiene una sola nave, que remata en la cabecera triple, cuyos ábsides
desembocan en un amplio transepto.

Las reformas que se acometieron en el siglo XVII transformaron
el interior por completo. Tal y como se presenta en la actualidad
la nave se encuentra cubierta por una bóveda de medio cañón,
y se divide en tres tramos por medio de dos arcos fajones.

En el crucero hay un cimborrio cubierto con una cúpula
de ocho paños, cuya transición desde el cuadrado se
realiza por medio de pechinas en donde se encuentran los escudos
de cuatro abadesas. Esta cúpula parece que fue levantada
entre 1609 y 1615, siendo abadesa Jerónima de Azlor.

Uno de los escasos elementos de la iglesia medieval
original son los capiteles que se encuentran sobre las columnillas,
a ambos lados de las ventanas de los ábsides.

En los dos laterales, éstos tienen formas geométricas,
mientras que los cuatro que enmarcan el vano central son historiados,
y tienen formas muy sencillas, pero de gran virtuosismo, que representan
figuras humanas o animales.

De izquierda a derecha, en el primero de ellos se puede
ver a un hombre sujetando unos pájaros por el cuello; a continuación
se ven dos grifos, con una formas muy geométricas; el tercero
representa a dos leones de cuyas bocas surge un hombre, que se sitúa
en el ángulo del capitel, y, sobre ellos, dos animales cuya
identificación resulta difícil; y por último,
dos monjes que sujetan a una especie de monstruo.


Las sepulturas de la fundadora y sus familiares se
encontraban originalmente en el muro del Evangelio, pero cuando
se acometió la gran reforma del siglo XVII sus restos se
colocaron en unas urnas sobre las columnas del presbiterio.
En el tercer tramo de la nave se encuentra el coro
alto, que es una magnifica pieza de arte mueble realizada entre
1515 y 1520 por el mazonero zaragozano Juan Bierto.

El claustro
Aunque lo habitual es que el claustro se sitúe
junto al lado de la Epístola, esto es, al norte, en Casbas
ocurre lo contrario, se encuentra junto al lado del Evangelio.

Su construcción se acometió entre los
siglos XIV y XV, siguiendo la estética del gótico,
aunque en la actualidad se encuentra muy desfigurado, debido a las
numerosas intervenciones que ha recibido. Consta de cuatro pandas
que bordean todo su perímetro, abiertas mediante arcos lobulados
de piedra que se sostienen sobre pilares de sección octogonal.
Originalmente tan sólo contaba con un piso, pero en el siglo
XVIII se añadió una segunda altura, con un cuerpo
de ladrillo, lo que obligó a reforzar la estructura original
de piedra con pilastras de ladrillo, que enmascaran en gran parte
la estructura gótica.
Las dependencias monásticas

En al crujía este del claustro se encuentra
la sala capitular, cuya configuración inicial se encuentra
muy modificada. La sala se cubre con una bóveda de medio
cañón, aunque en la actualidad se ha dividido en dos
alturas, y en el piso inferior se han creado diferentes estancias
que fueron usadas como sacristía. En este mismo piso pueden
verse dos laudas sepulcrales de dos abadesas.

Junto a la sala capitular se sitúa la biblioteca,
que es una habitación de planta rectangular con arcos diafragma,
sobre la cual se encontraban los dormitorios de las monjas.
En el costado norte del claustro se encuentra el refectorio,
que es una gran sala de planta rectangular, cubierta con vigas de
madera y pequeñas bovedillas de yeso.
En la crujía occidental se encuentra el
antiguo vestíbulo del monasterio. Se trata de un espacio
rectangular, con dos arcos diafragma, y un arco de acceso que comunica
con el patio menor.
Bienes muebles
La mayoría de las piezas de arte mueble del
monasterio desaparecieron con la desamortización del siglo
XIX y, las que lograron sobrevivir, se destruyeron durante la Guerra
Civil española. A pesar de todo se han conservado algunas
pinturas cuyo interés merece ser señalado.
Además de la sillería del coro realizado
por Juan Bierto en el primer tercio del siglo XVI, en el altar mayor
de la iglesia pueden verse dos interesantes tablas, también
del siglo XVI, una de las cuáles representa a San Bernardo
de Claraval, y la otra una Virgen con el Niño.
Pero sin duda la pieza más importante de las
conservadas es la conocida como "tabla de Santa Úrsula",
que se conserva en la actualidad en el Museo Nacional de Arte de
Cataluña (MNAC). Se trata de un frontal de altar que se atribuye
al conocido como Segundo Maestro de Bierge, y que fue realizado
en torno al año 1300. En ella puede verse una representación
de Santa Úrsula en la parte central, rodeada de doce escenas
de su vida.
Ermita de Nuestra Señora de Bascués
en Casbas de Huesca
La visita al monasterio de Santa María de la
Gloria de Casbas nos da la oportunidad de acercarnos a ver la ermita
de Nuestra Señora de Bascués, que se encuentra
a pocos kilómetros junto a la carretera.

El mayor encanto que nos ofrece la ermita es su localización
en medio del campo, sin ningún molesto edificio que impida
su contemplación, además del glamour propio de los
templos rurales.

Se trata de un bien conservado templo de una nave de
sillería engarzada a una cabecera de ábside semicilíndrico
sin tramo presbiterial.

En el muro meridional se encuentra la puerta, muy sencilla,
rematada por un crismón trinitario que se dispuso girado.

El interior es completamente abovedado. La nave se
cubre con bóveda de medio cañón.
(Autor del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
Víctor López Lorente)