Monasterio
de Santa María de Monfero, A Coruña
Historia
del Monasterio
El Monasterio de Santa
María de Monfero fue uno de los más poderosos de
toda Galicia. Su origen
es altomedieval, de tiempos del rey Bermudo II, aunque será
en el siglo XII cuando volverá a reconstruirse y a acogerse
a la regla cisterciense. En 1147, durante el reinado de Alfonso VII,
verdadero auspiciador y promotor de la Orden del Císter en
España, se inicia la construcción de la iglesia románica,
de la que quedan sólo algunos restos menores, lamentablemente.

Durante la Plana Edad Media
el Monasterio de Monfero adquiere la máxima prosperidad cayendo
en la generalizada crisis bajomedieval que se cierne sobre Europa,
en este caso por las disputas entre los monjes cistercienses y las
pretensiones con diversas familias nobles de la época. En 1506
pasa a depender de la Congregación de Castilla, iniciándose
una nueva etapa de auge que propiciará la reconstrucción
de las dependencias a partir del siglo XVII.
El siglo XIX será,
como en la mayoría de los casos, el siglo de la decadencia,
exclaustración y ruina del monasterio, y de esta guisa ha llegado
hasta nosotros, aunque se han acometidos algunas restauraciones parciales.
La
iglesia del Monasterio de Monfero
La iglesia es un enorme templo
barroco construido entre 1622 y 1656, reemplazando al románico
del siglo XII. Sus dimensiones son más que considerables, tendiendo
una longitud de más de sesenta metros.
Su planta es de cruz latina,
con crucero y cabecera rectangular, existiendo una cúpula con
pechinas sobre el crucero. Los abovedamientos se basan en el medio
cañón con casetones, que apoyan en pilastras de capiteles
compuestos.
Exteriormente, Lo que llama
especialmente la atención es la llamativa fachada principal,
que muestra una sencillez de líneas muy peculiar a la par que
un colosalismo en sus elementos. Todo ello se consigue mediante la
disposición completamente plana del muro (en contra de lo que
sucede en muchos templos barroco donde se alternan tramos cóncavos
y convexos para otorgar mayor dinamismo y juegos de claroscuros).

El carácter ascensional
y colosal de la fachada se consigue mediante cuatro enormes columnas
más dos pilastras de orden compuesto. El juego de luces y animación
de la fachada se alcanza mediante la original combinación en
ajedrezado mediante la alternancia de placas cuadradas de granito
(gris) y pizarra (negro) que contrastan por sus distintos colores.
Sólo se llegó
a construir una de las dos torres que estaban proyectadas.
En el interior de la iglesia
(altar mayor y crucero) hay una serie de sepulcros monumentales góticos
de gran expresividad, pertenecientes a distintos miembros de la familia
Andrade. Los de más calidad son los de Nuño Freire de
Andrade y su hijo Pedro. En ellos, las estatuas yacentes de los personajes
aparecen vestidas como caballeros medievales armados, acompañados
de ángeles y perros (símbolo de fidelidad)
En los costados de estos sepulcros
y bajo arquería corrida de arcos apuntados sobre columnas aparece
repetido el escudo nobiliario de la familia.