Guía del Monasterio de Sant Miquel de
Cuixà (Saint-Michel-de-Cuxa)
Introducción
La
abadía benedictina de Sant Miquel de Cuixà
(Saint-Michel-de-Cuxa en francés) se ubica a los pies del
Pico Canigó, en la Comuna de Codalet en el departamento
francés de los Pirineos Orientales, en la región
histórica del Roussillon, perteneciente a Occitania.
Se trata de uno de los monumentos medievales
con mayor historia y arte del sureste francés gracias a
la cripta, la iglesia, su elevada torre lombarda y su precioso
claustro. En el monasterio de Sant Miquel de Cuixà,
los valores arquitectónicos y escultóricos son de
primer orden.

El origen de este cenobio hay que buscarlo
en el año 840 d.C. cuando un grupo de monjes benedictinos
fundó un monasterio en Eixelada, en un desfiladero del
Tet, cerca de la actual Olette. Sin embargo, casi cuarenta años
después fue destruido completamente por una inundación.
Los monjes que sobrevivieron a la catástrofe se trasladaron
a Cuixà como asentamiento definitivo.
A mediados del siglo X se van a construir sucesivamente
dos iglesia prerrománicas, siendo la resultante la mayor
de este periodo que se conserva en Francia.

A comienzos del siglo XI, el famoso noble y
religioso de nombre Oliba fue elegido abad de Ripoll y Cuixà,
posteriormente convirtiéndose en el obispo de Vic. El abad
Oliba impulsó numerosas obras de construcción en
la iglesia de Sant Miquel de Cuixà: dos torres-campanario
sobre los brazos del transepto, un cuerpo occidental constituido
por dos iglesias superpuestas: la de la Virgen del Pesebre y encima
la de la Trinidad y la ampliación de la cabecera.
En el siglo XII, el abad Grégoire construyó
una tribuna de formas semejantes a la famosa de Serrabone, que
fue desmantelada en el siglo XVI, pero de la que quedan algunos
fragmentos en el claustro. También se edificó el
soberbio claustro románico, elaborado con 63 columnas de
mármol.

Aunque durante el resto de la Edad Media, Sant
Miquel de Cuixà va a ser un poderoso monasterio con grandes
propiedades en toda la región, va a comenzar una crisis
religiosa al ser dirigida por abades de otros monasterios y, peor
aún, por abades comendatarios. El monasterio cae en atonía
especialmente a partir del siglo XVI cuando la vida monacal se
va relajando progresivamente.

Va a ser en este siglo XVI cuando la gran tribuna
de los pies de la iglesia, que debió ser espectacular,
va a desmontarse y algunos de sus relieves aprovechados en algunos
puntos de la abadía.

En 1791, durante la Revolución Francesa,
fueron suprimidas las órdenes religiosas. Con la exclaustración
de los monjes, la abadía fue vendida, comenzando la ruina
progresiva. Uno de los campanarios, el septentrional se desplomó.
El techo de la iglesia se cayó y comenzaron a desmantelarse
todas las piezas del conjunto abacial que estuvieran construidas
con mármol, incluyendo parte del claustro que fue a parar
al Museo de los Claustros de Nuevas York.

En 1919, Sant Miquel de Cuixà volvió
a ser abadía. Fernando Trulles la compró y realojó
en ella a los monjes cistercienses de Fontfroide hasta que en
1965 fueron reemplazados por los de Montserrat.
Su restauración a lo largo del siglo
XX fue un verdadero renacimiento: la iglesia recuperó su
cubrición; se descubrió la Cripta de la Virgen del
Pessebre y más tarde también se descubrieron los
restos de la iglesia de la Trinidad. Más de la mitad del
claustro fue reconstruido con los capiteles encontrados, etc.

Arquitectura
La iglesia del siglo X
La mayor parte de la iglesia prerrománica
del siglo X (construida entre 956 y 974 por los abades Pons y
Garin) es la que ha llegado hasta nosotros.

Se trataba de una larga iglesia con planta
de cruz latina, de tres naves, siendo más larga la central
que las laterales. Al transepto señalado en planta se abría
un ábside rectangular en el centro y dos absidiolos semicirculares
en cada brazo. El absidiolo del extremo septentrional se ha perdido.

Esta inmensa construcción originalmente
no estaba abovedada, teniendo cubierta de madera.

La importante ampliación del Abad Oliba
en el siglo XI
El abad Oliba realizó en la primera
mitad del siglo XI una importante ampliación de la iglesia
del Monasterio de Sant Miquel de Cuixà. Se creo una especia
de girola alrededor del ábside rectangular central del
siglo X, añadiendo tres absidiolos hacia oriente. La consecuencia
es que la cabecera adquirió una planta muy compleja y extraña,
llegando a tener siete ábsides. También se añadieron
las bóvedas de las naves laterales.

Además, fueron erigidos dos soberbios
campanarios lombardos sobre los extremos de cada brazo del transepto
que cerraron los absidiolos exteriores.
Una de las intervenciones más importantes
mandadas realizar por el Abad Oliba fue la construcción
de varios cuerpos a poniente de la iglesia prerrománica:
la Capilla de la Virgen del Pesebre con un ábside y un
gran pilar redondo en medio. Esta capilla tiene otras a los lados,
dedicadas a los arcángeles Rafael y Gabriel.
Sobre la capilla de la Virgen del Pesebre y
separada de la iglesia por un atrio se hallaba la capilla de la
Trinidad, de la que sólo se conserva su base.
La iglesia en su estado actual
Las tres naves prerrománicas se separan
mediante rudos y bajos arcos de herradura sobre pilares sin ningún
tipo de decoración, ni siquiera impostas. Los muros son
gruesos y realizados con mampostería, lo que unido a la
falta de ornamentación genera una enorme sensación
de pesadez.

Los citados arcos ultrasemicirculares originales
se aprecian mejor en la zona de la iglesia cercana al transepto,
puesto que el resto fueron ampliados en el siglo XVI durante la
modernización de la iglesia. Los arcos de herradura son
un elemento propio de la arquitectura prerrománica especialmente
hispana y muy empleada por los talleres constructivos de la arquitectura
hispano-visigoda.

Los tramos de la cabecera fueron cubiertos
con bóveda de crucería en el siglo XIV tras un incendio,
mientras que la cubierta de madera de la nave central sobre arcos
diafragma son una reconstrucción de 1950.

El campanario del brazo meridional del transepto
-el único que ha sobrevivido- es un notable ejemplar del
románico lombardo del siglo XI.

Está formado por de cuatro pisos decorados
con arquillos y lesenas lombardas mientras que sus vanos son diferentes
a lo largo de la altura. Los dos pisos inferiores llevan dos sencillas
ventanas en cada cara. Los cuerpos superiores cuentan con los
más típicos ajimeces lombardos con mainel de columna
con capitel de zapata. Encima, en cada cara se practicaron vanos
circulares.
Cripta
La cripta, construida por orden del Abad Oliba
en el siglo XI se adosó a los pies del templo prerrománico.
El centro de esta estancia es espectacular.
Nos referimos a la Rotonda de la Virgen del Pesebre. Es un espacio
circular entorno a un pilar central cilíndrico de siete
metros de circunferencia que se eleva alrededor a una bóveda
anular de medio cañón.

Alrededor de la cripta de la Virgen del Pessebre
se encuentran espacios abovedados de la misma época, situados
bajo el atrio que separaba la iglesia superior, dedicada a la
Trinidad, destruida, y la gran iglesia prerrománica de
Saint-Michel.

Claustro
El claustro original del monasterio de Sant
Miquel de Cuixà era cuadrado, de grandes dimensiones
y, como era preceptivo, alrededor se adosaban las diferencias
estancias para la vida monacal: sala capitular, dormitorio, refectorio,
etc. De todas estas dependencias del cuadrado monástico
queda muy poco tras la Revolución Francesa.

Como ya indicamos anteriormente, gran parte
del claustro fue vendido e instalado en Nueva York. Lo que vemos
in situ es una reconstrucción contemporánea -entre
1949 y 1955- realizada con los capiteles que quedaban en Prades
y en casas particulares de este claustro que por fortuna no fueron
vendidos, junto con otras columnas que no pertenecen al claustro
sino a la tribuna románica del interior de la iglesia.
Por tanto, sus elementos individuales no guardan en absoluto su
ubicación ni orden original.

En cuanto a los aspectos estilísticos
e iconográficos de la escultura de los capiteles, hay que
decir que son de una gran calidad. Tallados en fino mármol
rosado destacan por sus composiciones simétricas bajo volutas.
Los temas tratados son plantas virtuosamente esculpidas (algunos
tallados a bisel se asemejan a capiteles mozárabes) y,
animales del bestiario.

Por las fechas de construcción, durante
el segundo cuarto del siglo XII, en el periodo del Románico
Internacional Pleno, los animales representados son aves, grifos
y, sobre todo, leones en diversas actitudes y posturas (incluyendo
interacciones con seres humanos). También hay hombres cuyos
pies han sido sustituidos por garras de león. No existen
representaciones historiadas de pasajes bíblicos, por lo
que su esencia es el simbolismo manifestado por el propio bestiario.

La puerta que comunica la iglesia con este
claustro tiene elementos procedentes de la tribuna desaparecida,
como por ejemplo el propio arco y en las enjutas hay dos relieves
de un Tetramorfos (San Marcos y San Lucas) y dos ángeles
serafines.
