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Monasterio de Sant Pere de Casserres

Introducción

En el término municipal de Masías de Roda (comarca de Osona), en una península formada por un pronunciado meandro del río Ter, se levanta el monasterio de Sant Pere de Casserres. Declarado Monumento Nacional en el año 1931, es una de las joyas más emblemáticas del románico catalán. El edificio, que se encuentra situado en un entorno natural de gran belleza, constituye el único monasterio fundado por la orden de San Benito en esta comarca.

Monasterio de Sant Pere de Casserres

La fundación del monasterio

En el siglo XI estos territorios se encontraban bajo el dominio de los vizcondes de Osona, a los que se debe la fundación del monasterio. Consta que en el año 1006 la vizcondesa Ermetruit decidió fundar un monasterio que sirviera como un cenobio familiar, y con este fin pidió al conde de Barcelona Ramón Borrell (972-1017) la cesión de las tierras. No tenemos datos del momento en el que comenzaron las obras, y tampoco se ha conservado el acta de consagración, pero parece que fue en torno al año 1053.

Casserres es un amplio complejo monástico

El monasterio fue levantado en un terreno en donde había un castillo, o quizás tan sólo una torre atalaya, documentado desde el año 898, y que debía de encontrarse rodeado por una muralla, cuyos restos aún pueden verse a escasos kilómetros del monasterio. Esta torre debía tener una doble función defensiva, y de control del territorio, pues el lugar se encuentra en el camino hacia Francia, que atravesaba el interior de Cataluña.

Necrópolis al pie de uno de los ábsides

Las excavaciones arqueológicas realizadas hace unos años descubrieron una importante necrópolis, datada en los siglos IX y X, lo que evidencia que antes de que se levantase el monasterio, este lugar ya era un importante núcleo de población. Este castillo también debía de tener una pequeña iglesia prerrománica, consagrada a San Pedro, que en la época en la que se levantó el monasterio se encontraba arruinada.

Pisaje que rodeal el monasterio

En el año 1079 el vizconde de Osona Ramón Folc I (?-1086), su mujer Ermessenda y su hermano Folc donaron el monasterio al abad Hugo de Cluny (1024-1109). Esta anexión hay que entenderla dentro del contexto de la reforma gregoriana, que había sido propugnada por esta Orden, y que en esta época comenzaba a difundirse por los territorios catalanes. De esta forma, el monasterio de Sant Pere de Casserres se convierte en el centro de las propiedades que Cluny tenía en Cataluña, entre las que también se incluían los monasterios de Sant Pere de Clarà (Maresme) y de Sant Ponç de Corbera (Llobregat). Más allá de esto, no parece que esta anexión suponga grandes cambios en el monasterio.

San Pere de Casserres: claustro

De manera paulatina, a lo largo del siglo XI el monasterio fue aumentando sus propiedades a través de donaciones, y se convirtió en un lugar de gran riqueza y esplendor, que llegaría a su punto de máximo esplendor en el siglo XII.

La decadencia de Sant Pere de Casserres: siglos XIII-XX

Sin embargo, los siglos de la baja Edad Media son el inicio de la decadencia de Sant Pere de Casserres, que comenzará un periodo de abandono y pobreza, llegando a alcanzar en el siglo XV una comunidad formada tan sólo por seis. No parece que en el siglo XVI esta situación cambiase, pues hay noticias de que en el año 1511 el prior Guillem Caçador ordenó realizar algunas obras con carácter urgente para evitar la ruina definitiva de algunas partes del claustro. Esta situación llevó a que Felipe II (1556-1598) en el año 1573 ordena la anexión del monasterio al colegio de los Jesuitas de Belén, en Barcelona, que lo poseyeron explotándolo como una simple granja, hasta que la orden fue expulsada de España en el año 1767 por Carlos III (1759-1788).

Locutorio original que luego fue convertido en bodega

En ese momento, el Estado se hizo cargo del monasterio, y en el año 1773 lo puso a la venta mediante subasta pública. Fue adquirido por Salvador March i Bellver, quien en 1801 lo volvió a vender, a otra familia particular, que ha sido la titular del mismo hasta el año 1991. Ese año fue adquirido por el Consejo Comarcal de Osona, actual propietario del monasterio.

Durante la primera mitad del siglo XX el recinto fue ocupado como una explotación agrícola. Se tiene constancia de que en la década de los 50 el marido de la propietaria, el arquitecto Camil Pallàs, realizó unas obras de restauración para evitar el derrumbe definitivo de algunas partes de la iglesia, lo que nos indica su estado de abandono y la preocupación de sus propietarios por la conservación del patrimonio.

El recinto monástico de Sant Pere de Casserres

El recinto monástico de Sant Pere de Casserres está compuesto por un pequeño claustro rectangular, con las dependencias anexas, la monumental iglesia que ocupa la mayor parte del recinto, dos edificios independientes, y un pequeño cementerio situado en un lateral del templo.

La iglesia

La iglesia destaca por sus espectaculares dimensiones. Es un edificio de planta basilical, con tres naves, la central más ancha y alta. Resulta singular porque, debido a la orografía del terreno sobre el que se asienta, es más ancho que largo. El edificio destaca por su sobriedad, tanto en el interior como en el exterior.

Exterior del ábside principal. Sant Pere de Casserres

En su fachada principal no hay ningún elemento decorativo que rompa la monotonía del muro. El acceso se realiza por medio de un vano adintelado con una viga de madera, sobre el cual se sitúa un pequeño frontón, pero sin ningún tipo de ornamentación. En los tres ábsides que se sitúan en el lado opuesto, se puede ver las características bandas lombardas y los arquillos ciegos, que no se ven en la fachada, y que en realidad no tienen una función decorativa, sino funcional, pues contribuyen a repartir las presiones de los muros.

El edificio constituye un buen ejemplo de la denominada arquitectura lombarda-catalana, introducida en Cataluña por el abad Oliba (971-1046), y caracterizada por el uso de sillarejo y los edificios abovedados. Esta arquitectura parte de las técnicas constructivas que se desarrollaron en Lombardía y que diferentes maestros y canteros trajeron a Cataluña a lo largo del siglo XI.

Interior de la iglesia

Una vez dentro, el edificio llama la atención por el espacio diáfano y por su tamaño. Las naves están cubiertas por bóvedas de cañón con arcos fajones, y se encuentran separadas entre sí por medio de grandes pilares cruciformes, comunicados por medio de arcos de medio punto. Las tres naves desembocan en otros tantos ábsides semicirculares, cada uno de los cuales tenía un altar, de los que tan sólo se conserva el del ábside central, aunque en los laterales todavía se puede ver su base. El ábside central se separa de la nave por medio de un presbiterio.

Ábside

Es un edificio oscuro, pues el enorme peso de la bóveda no permite demasiadas aberturas. Las ventanas se encuentran situadas en la fachada sur y en la parte superior de los tres ábsides. Seguramente toda la iglesia estuviese decorada con pinturas al fresco aunque tan sólo se han conservado algunos restos procedentes de su cabecera, que en la actualidad se conservan en una colección particular. Los fragmentos conservados representan motivos decorativos basados en elementos geométricos, vegetales y figurativos, que se han fechado a principios del siglo XIII.

Interior de la iglesia: románico lombardo

La iglesia tiene otras dos puertas de acceso, una situada en la nave sur, que la comunica con el cementerio, y otra en el norte, que da paso al claustro.

La torre campanario, el claustro y las estancias anexas

El claustro y todas las estancias que hay a su alrededor se levantan sobre una antigua necrópolis, datada en los siglos IX y X, y que evidencia que antes de la construcción del edificio románico éste ya era un importante núcleo de población.

Arcos y columnas del claustro de Sant Pere de Casserres

Entre el claustro y la iglesia se levanta la torre campanario, anexa a esta última. Esta construcción es de planta cuadrada, con dos pisos. El inferior funciona a modo de vestíbulo, con accesos desde sus cuatro paredes; mientras que el superior, donde se situaban las campanas, tiene dos vanos con arcos de medio punto en cada uno de sus muros.

Torre campanario

El claustro es una de las partes del monasterio que más ha sufrido los avatares de la historia. El terremoto que tuvo lugar en el año 1427 lo dejó prácticamente arruinado y por este motivo, lo que se puede ver en la actualidad responde a la reforma que se realizó en el periodo gótico y, sobre todo a diferentes campañas de restauración emprendidas en el siglo XX que configuran un espacio mixto, en donde se muestra una reconstrucción de parte del claustro románico y parte de la obra tal como fue rehecha tras el seísmo.

Capiteles del claustro

En realidad, del primitivo claustro del siglo XI tan sólo han sobrevivido cinco capiteles, en muy mal estado de conservación, que se exponen en la colección permanente del Museo Episcopal de Vic. Presentan una decoración basada en elementos geométricos y vegetales, como las hojas de acanto. Por ellos se ha podido deducir que seguramente el claustro original estuviese formado por columnas redondas que, al parecer, también se situaban en los ángulos.

En este museo también puede verse dos sepulcros de piedra, uno de ellos fechado en el siglo XII y el otro en el siglo XIII. Este último presenta una mayor riqueza decorativa, y en él se puede ver el escudo de los Tavertet, una de las familias que estuvo vinculada con el monasterio.

Antiguo refectorio

Las dimensiones del claustro son más reducidas, en comparación con la iglesia. Alrededor de las cuatro pandas se disponen diferentes salas rectangulares, todas con cubierta abovedada, y con puertas de acceso hacia las galerías. Aquí se situaban las diferentes estancias de los monjes. Aunque su identificación en la actualidad es complicada, sin duda eran las salas destinadas al refectorio, la cocina, el dormitorio, la sala capitular y las estancias del abad.

En el centro del claustro se encontraba una cisterna, que hoy está cubierto por el pavimento. Originalmente, las cuatro pandas del claustro debían de estar cubiertas con simples arcadas y vigas de madera, que no han llegado hasta nuestros días.

Capitel

El hospital, la hospedería y las porquerizas

Además del conjunto formado por la iglesia, el claustro y sus dependencias anexas, el monasterio de Sant Pere de Casserres tiene otros dos edificios independientes, situados al sur de la iglesia. Se trata de un edificio que quizás pudo tener la doble función de hospital y de hospedería; y otro que estaba destinado a las porquerizas.

Hospital

El primero de ellos, destinado a la botica, la enfermería y el albergue, tiene dos alturas y dos entradas independientes situadas a distinto nivel, con arcos de medio punto. A la superior se accede por medio de una pequeña escalera de piedra. Presenta una planta rectangular, bóveda de cañón en los dos pisos, y cubierta a dos aguas en el exterior. Como la iglesia, carece de cualquier elemento decorativo en sus muros, aparte de las ventanas, que son pequeñas y estrechas debido al gran peso de la bóveda.

El otro edificio, destinado casi con seguridad a guardar las gallinas, los cerdos y las cabras, se sitúa cerca del hospital, al norte de la iglesia. Es una construcción de planta cuadrada, muy rudimentaria, realizada en sillarejo. Seguramente los caballos y los burros tuvieran una cuadra, situada en otro edificio que no ha llegado hasta nosotros, que quizás se encontraba cerca de la puerta de acceso al recinto, situada al suroeste.

Las restauraciones y la adaptación museística

Cuando el recinto fue adquirido por el Consejo Comarcal de Osona se realizaron excavaciones arqueológicas, se acometieron las obras de limpieza y restauración (1991 y 1998) y se entregaron los cinco capiteles originales del claustro, así como los sepulcros y los objetos litúrgicos encontrados al Museo Episcopal de Vic.

Cabecera de la iglesia después de su restauración

Posteriormente, se realizó una intervención para convertir el lugar en un espacio museístico, y así, se ha creado una sala de proyecciones audiovisuales en uno de los pisos del hospital, y en las diferentes estancias del claustro se ha realizado una ambientación con muebles y diferentes utensilios para recrear la vida monástica.

A pesar de que a lo largo de la Historia Sant Pere de Casserres ha sufrido momentos de dejadez y auténtica ruina, en la actualidad es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura monástica altomedieval península. Esto se debe a que la configuración inicial del siglo XI no ha sido alterada ni ha sufrido grandes transformaciones, a pesar de que hay partes, como el claustro, que han tenido que ser completamente restauradas.

(Autor del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
Víctor López Lorente)

 

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Última actualización de "MONASTERIO DE SANT PERE DE CASSERRES" en mayo de 2014

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