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Iglesia
románica de Santa Eulalia de Abamia (Asturias)
Introducción
La iglesia de
Santa Eulalia de Abamia, conocida también como de Velamio,
se ubica en pleno corazón del Oriente Asturiano, muy cerca
de Cangas de Onís -a cuyo concejo pertenece- y del histórico
enclave de Covadonga, germen de la Reconquista Cristiana de España.

Concretamente
el templo se sitúa en una de las laderas que vierten al fértil
valle del río Güeña a la altura de la pequeña
localidad de Corao, a cuya población, así como a varias
más del entorno, prestó servicio como parroquia hasta
la erección, en fechas recientes, de un nuevo templo mucho
más capaz, moderno y accesible en el mismo centro del caserío.
El principal
atractivo del vetusto templo de Santa Eulalia de Abamia, más
allá de la belleza paisajística de su entorno y del
eminente valor artístico de la propia construcción,
radica, como a continuación detallaremos, en su dilatadísimo
devenir histórico, el cual, queda además aderezado
con una profunda carga simbólica por ser, según la
tradición y ciertas crónicas, testigo privilegiado
del origen de la Monarquía Asturiana tras el triunfo Cristiano
en la Batalla de Covadonga, con la que se iniciaría el larguísimo
proceso de Reconquista de la Península Ibérica.
En el año
1962 fue declarada Monumento Histórico-Artístico,
un reconocimiento que no serviría para evitar, o al menos
paliar, el progresivo deterioro del templo como consecuencia de
su abandono. Muy recientemente y tras años de reclamaciones,
ha sido sometida a unas profundas -y no exentas de polémica-
obras de restauración.
Una
aproximación histórica
La iglesia de
Santa Eulalia de Abamia se asienta sobre un solar en el que, además
de un dolmen hoy lamentablemente perdido, han ido apareciendo a
lo largo de los siglos varias estelas de origen romano-vadiniense;
una costumbre la de cristianizar lugares de culto pagano para nada
extraña en el territorio ya que, sin ir más lejos,
en la propia ermita de Santa Cruz de Cangas de Onís, cuyos
orígenes se remontan también a los albores de la Monarquía
Asturiana, aún puede verse in situ la estructura dolménica
sobre la que fue erigida la construcción.

La propia dedicación
del templo a la santa emeritense Eulalia, de gran devoción
para los monarcas del aún germinal Reino de Asturias, da
buena cuenta de los antiquísimos orígenes del templo,
una antigüedad que podría igualmente constatarse por
la existencia en el entorno de varios tejos de aspecto centenario,
los cuales, sobre todo durante los siglos prerrománicos,
aparecen en repetidas ocasiones indisolublemente asociados a fundaciones
religiosas.
La Crónica
Albeldense menciona la existencia, ya en el año 737, de una
comunidad monástica regida por la regla benedictina de nombre
"Abelania", en cuyos pagos se refugiaría, durante
los primeros años del siglo IX, el Rey Alfonso II huyendo
de una revuelta nobiliaria en la corte ovetense. Para algunos especialistas,
este "Abelania" sería la primera mención
documental de Santa Eulalia de Abamia, sin embargo, otros estudiosos
coinciden en identificar dicho topónimo con la actual localidad
de Ablaña, muy cerca de Mieres.

De este modo,
para encontrar la primera referencia contrastada al templo que nos
ocupa hay que recurrir a la Crónica Sebastianense o de Alfonso
III, en la cual, con todo lujo de detalles, se habla de Santa Eulalia
de Velanio como lugar de enterramiento del Rey Pelayo y de su esposa
Gaudiosa:
"Pelagius
post nonum decimum regni sui annum completum, propria morte decessit
et sepultus cum uxore sua Gaudiosa Regina territorio Cangas in Ecclesia
Sanctae Eulaliae de Velanio fuit. Era DCCLXXV"
Lo que vendría
a decir: "Pelayo, tras diecinueve años de reinado, falleció
de muerte natural y fue enterrado junto con su esposa la reina Gaudiosa
en el territorio de Cangas, en la iglesia de Santa Eulalia de Velanio.
Año 775" (que equivaldría al 737 de nuestra era).
En
efecto, en el interior del propio templo pueden aún advertirse,
estratégicamente emplazados uno frente a otro a cada uno
de los costados de la nave, los sepulcros del matrimonio regio,
sepulcros que, si bien hoy se encuentran vacíos y parecen
de factura posterior, son varios los cronistas a lo largo de los
siglos que pudieron dar fe de su existencia.
En la actualidad,
y no sin cierto halo de misterio en forma de diversos interrogantes
planteados por numerosos historiadores dudando de su autenticidad,
los restos mortales del primer monarca asturiano y su familia reposan
y pueden contemplarse en la Santa Cueva de Covadonga, simbólico
emplazamiento al que serían trasladados por mandato expreso
del Rey Alfonso X el Sabio.
Así pues,
dando por buenas todas estas fuentes, es más que factible
que los orígenes de Santa Eulalia de Abamia se remontasen
a los tiempos de Pelayo, quién, según reza la tradición,
fundaría expresamente una primera comunidad monástica
cuya iglesia, tras su muerte, cumpliría también la
función de panteón familiar.

Más allá
de la Cronica Sebastianense, volvemos a encontrar una cita explícita
a Santa Eulalia de Abamia en el año 929, con motivo de una
extensa donación a la iglesia de San Salvador de Oviedo en
la que, entre otras muchas heredades, aparece inequívocamente
mencionada esta parroquia canguesa:
"Ecclesiam
Sancte Eulalie de Vedammio (
) in Territorio Kangas (
)
per fauze de transcollo per flumine Onna (Güeña)
"
Rebasado el
año 1000, y durante toda la Edad Media, se van sucediendo
las menciones a Abamia como parroquia activa del territorio de Cangas
de Onís hasta que, a finales del siglo XVI, encontramos la
fuente de información más completa sobre el templo
de mano del cronista de Felipe II Ambrosio de Morales, quién
nos brinda un detalladísimo estudio del templo.
Más de
mil años después de que, supuestamente, el Rey Pelayo
eligiese Abamia como panteón familiar, esta pequeña
parroquia rural vuelve a gozar de cierta relevancia en el siglo
XIX al ser enterrado en su pequeño cementerio anejo el polifacético
Roberto Frassinelli, conocido como "el Alemán de Corao"
y uno de los más notables estudiosos de la historiografía
y del arte medieval asturiano, a quien, además de una ingente
obra pictórica, coleccionista, arqueológica y naturalista,
debemos el neorrománico diseño de la Real Basílica
de Santa María de Covadonga materializado por Federico Aparici
i Soriano.
La
iglesia de Santa Eulalia de Abamia
Pese a su dilatadísimo
bagaje histórico anteriormente detallado, la actual iglesia
de Santa Eulalia de Abamia se presenta ante el visitante como una
modesta construcción de tipo rural y de cronología
bastante imprecisa ya que, pese a que en su estructura se aprecian
reminiscencias planimétricas prerrománicas, la mayor
parte de la construcción actual parece revelar una factura
bajomedieval en la que se mantienen ciertos rasgos románicos
inerciales, circunstancia muy frecuente en la arquitectura religiosa
de esta área de la Montaña Oriental Asturiana, tan
aislada y al margen de influjos exteriores durante siglos.

El templo, levantado
en su mayoría a base de mampostería -en origen revocada-
consta de una amplia y diáfana nave de tres tramos abovedados
y delimitados por soportes fajones que, al exterior, vienen a coincidir
con los contrafuertes que, en número de tres a cada flanco,
articulan los paramentos externos.
Dicha nave,
a través de un arco triunfal apuntado sobre pilares y sin
que medie crucero, abre a una cabecera de planta cuadrangular cubierta
con bóveda de crucería y ligeramente sobreelevada
respecto al pavimento del cuerpo principal del templo.
Al exterior,
exceptuando las dos portadas en las que a continuación nos
detendremos, la decoración escultórica es escasa,
limitándose a una sencilla cornisa de canecillos geométricos
entre los que se distingue alguno figurado aislado; y al ventanal
del muro del testero que ilumina la cabecera, el cual consta de
un arco de medio punto abocinado que abraza un doble vano geminado
apuntado y coronado por una roseta hexapétala inscrita en
un círculo, elemento decorativo muy recurrente en repertorios
prerrománicos.

Conserva Santa
Eulalia de Abamia dos portadas medievales de interés: una
a los pies compuesta por una única arquivolta apuntada decorada
con perlones y rematada con una sencilla cabecita humana a la altura
de la clave, y otra mucho más rica abierta al costado meridional
del templo, enmarcada entre dos potentes contrafuertes y practicada
en un cuerpo ligeramente sobresaliente para el cual, frente a la
mampostería que caracteriza el paramento exterior del conjunto
del templo, fue empleado un tipo de sillar mucho más elaborado
y escuadrado.

Consta esta
portada sur de tres arquivoltas molduradas y apuntadas que descansan
sobre dos pares de columnas acodilladas de basas prismáticas
anilladas que, a su vez, se elevan sobre un marcado podium corrido.
La
decoración escultórica de la portada se concentra
en el guardapolvo -también apuntado- que enmarca la triple
arquivolta, sobre el cual y en posición longitudinal, fueron
labrados un dragón, varios sarcófagos abiertos del
que salen las figuras de resucitados, dos cuadrúpedos en
posición enfrentada, así como un curiosísimo
repertorio de tormentos infernales entre los que destaca una ingenua
representación de un hombre siendo ajusticiado en un caldero
hirviente.
Se completa
el repertorio ornamental de esta portada con los capiteles-imposta
que coronan las columnas de las que parten las arquivoltas, sobre
los cuales pueden reconocerse sendos bustos antropomorfos de cuyas
bocas brotan hojas, varios cuadrúpedos algo desgastados,
y una representación en la que un monstruo arrastra del cabello
a una figura femenina que parece llevar sus manos hacia su pecho,
una más que factible alusión al pecado de la lujuria.

Esta última
escena, basándose en cierto modo en la tradición popular,
ha sido también interpretada como el castigo al Obispo Opas,
quien en la Batalla del Guadalete abandonó al Rey Rodrigo
para unirse al bando musulmán, favoreciendo de este modo
la dramática derrota de las tropas cristianas que traería
como consecuencia el fin el Reino Visigodo en España.

En el interior
del templo, amén de las formas vegetales que ornan las impostas
sobre las que reposa el arco triunfal de ingreso a la cabecera,
la decoración es escasa. Muy deterioradas se encuentran las
pinturas murales del ábside, pudiendo aún así
adivinarse distintas escenas alusivas a la vida de Cristo de carácter
muy popular pero que, pese a su arcaísmo, es más que
posible que su factura rebase el umbral de la Edad Media y deba
encuadrarse ya en el siglo XVI.
A cada uno de
los lados del último tramo de la nave se conservan, bajo
sendos arcosolios, los supuestos sepulcros del Rey Pelayo y de su
esposa Gaudiosa, si bien es cierto que, en ningún caso, se
trataría de los enterramientos originales. Algo más
antiguo parece el del monarca, de forma trapezoidal y con una espada
labrada; sin embargo, la lauda de su esposa, en la que puede leerse
la inscripción "Heic iacet Rª Gaudiosa ux or R
Pelagii", parece de factura relativamente reciente.
A finales del
siglo XVIII o incluso a principios del XIX le fue añadido
al templo la estancia que, a modo de sacristía, distorsiona
el aspecto original del muro sur; debiéndose más que
probablemente a esta misma reforma la erección de la espadaña
que corona el imafronte occidental del edificio.

Aunque desaparecido
en la actualidad, se sabe, gracias a los restos de anclajes aún
apreciables en el muro exterior, que contaba Santa Eulalia de Abamia,
al igual que una gran mayoría de templos asturianos de origen
medieval, con un pórtico corrido que abrazaba la estructura
del templo resguardando a los feligreses de las inclemencias meteorológicas.
Así pues,
a modo de conclusión, puede afirmarse que el templo de Santa
Eulalia de Abamía sería uno más de los numerosísimos
templos de impreciso origen medieval que jalonan la geografía
asturiana de no ser por la profundísima carga simbólica
que le ha conferido, por parte de la historiografía medieval
del arte, la posibilidad de haber sido el lugar de enterramiento
original del Rey Pelayo y su esposa Gaudiosa.
(Autor
del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
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