Pelayos del
Arrollo -como así denominan al río Viejo que vierte
sus aguas al Pirón- es una pequeña aldea cuya cercanía
a la importante N-110 no ha evitado su progresiva despoblación
hasta no tener más de veinte familias residentes.

Su
templo parroquial de San Vicente, Monumento Histórico Artístico
nacional (16-01-1981), está situado en uno de los extremos
de la pequeña aldea, hacia el noreste.

La iglesia de
San Vicente de Pelayos del Arroyo aparece externamente como una
construcción muy modesta, sin demasiado interés aparente,
mientras que su interior aporta elementos destacables. Construida
con modesto calicanto, presenta una sola nave, con cabecera semicircular,
espadaña y linterna de acceso a la misma, además de
porche cerrado al lado sur.

Exteriormente
el ábside de calicanto sólo se engalana con un ventanal
sencillo. Más interesante es la colección de expresivos
canecillos, conservados en la nave y la cabecera.

De toda esta
colección de sugerentes esculturas, destacan los del muro
septentrional, perfectamente conservados, donde aparecen bustos
humanos, aves zancudas, ciervos y demonios.

El que más
llama la atención por su expresividad casi cómica
es, sin duda, el que muestra a un extraño demoniejo, con
ropa corta, los brazos en jarras y una cabeza de pelo alborotado
o llameante, grandes orejas picudas y rostro simiesco.

Para acceder
al interior se ha de atravesar la puerta del porche cerrado. Esta
construcción vino a sustituir la anterior galería
porticada de la que aún queda el arranque de la misma. Tras
ella aparece la bonita y bien conservada portada de acceso a la
iglesia con tres arquivoltas.

Escultóricamente
presenta parecidos primores vegetales a Tenzuela, Torreiglesias,
La Higuera, etc. Flores con formas de estrella, de ocho pétalos,
inscritas en círculos, flores de aros, rosáceas, y
un pavo tallado en idéntica posición que en la puerta
de la iglesia La Higuera, son los motivos de las arquivoltas.

Aunque la relación
de esta ornamentación con la de las otras iglesias del Pirón
ya mencionadas no deja lugar a la duda, se aprecia en Pelayos una
evolución tendente a geometrizar el naturalismo vegetal de
los templos citados. El pavo de la arquivolta inferior imita más
esquemáticamente el modelo de la puerta de La Higuera.

Todo ello parece
indicar que en la evolución que cada taller va sufriendo
en su dispersión geográfica y temporal, la construcción
de Pelayos es uno de sus últimos eslabones.
Los capiteles de esta portada muestran esfinges y arpías.

En el interior,
el arco triunfal es apuntado y abre paso a un tramo recto con dos
arcos ciegos sobre tres pares de columnas, bóveda de cañón
apuntado y ábside oculto por retablo, cubierto con bóveda
de horno.

Los capiteles
vuelven al repertorio animalístico, aunque sobresale uno
de ellos en que una pareja de arpías soportan sobre sus espaldas
dos dragones demoniacos, entre follaje silense. Como excepción,
un capitel muestra una escena caballeresca de un guerrero emprendiendo
la marcha ante dos mujeres, y otros personajes.

En el muro meridional
se han descubierto frescos románicos sobre la vida de San
Vicente y escenas de caza, como un centauro disparando flechas a
un ciervo.
En uno de los
rincones del templo se conserva la correspondiente pila bautismal
románica en forma de cáliz. Es de importantes dimensiones
y su copa está decorada con globulosos gallones y una cenefa
superior sogueada
