
Crespos.
Iglesia de la Inmaculada Concepción
Crespos
es un pueblecito minúsculo rodeado de un verdor impresionante.
En medio de la aldea y sobre una ligera cuestecita podemos ver la
iglesia de la Inmaculada Concepción, fechada en la primera
mitad del siglo XII.

Se trata
de un templo pequeño, de líneas compactas, austero
en su aspecto externo. El ábside tiene contrafuertes y una
ventana cegada, además de dos impostas ajedrezadas, que también
veremos en San Miguel de Cornezuelo.
La puerta
está en el muro meridional. El arimez en que se abre sirvió
de base para la construcción de una espadaña evidentemente
muy posterior (siglo XVIII). Las arquivoltas tienen perfiles y decoraciones
geométricas, mientras que los capiteles son vegetales unos
y zoomorfos otros (pareja de leones y águila con las alas
abiertas).

Los canecillos
son rudos pero de gran impacto visual. Uno de ellos muestra a un
hombre onanista, otro una liebre y quizás el más interesante
es el de un animal que parece engullir la cabeza de un personaje.

El interior
muestra una mejor y cuidad articulación, gracias a las arquerías
ciegas sobre columnas del hemiciclo y muros presbiteriales.
San
Miguel de Cornezuelo. Iglesia de San Miguel Arcángel
La iglesia
de San Miguel de Cornezuelo es la joya románica del
Valle de Manzanedo. Su ubicación a unos cientos de metros
del núcleo de la población y comunicada por una estrecha
carreterita exige preguntar por ella pues es bien fácil perderse.
Es
posible que esta iglesia perteneciera a algún monasterio
y su construcción, dadas las relaciones estilísticas
con Crespos, deba fijarse -pero no con certeza- entre 1130 y 1150.
La
iglesia de San Miguel de Cornezuelo es, probablemente, la más
importante de todo el Valle de Manzanedo. La de Crespos es más
modesta y parece subsidiaria de aquella.
Vuelve a
mostrarse una buena obra de sillería con similares hechuras
que la de Crespos, pero con la particularidad de tener la puerta
en el hastial occidental y que, a pesar de lo que pueda suponerse,
no es lo habitual en nuestro románico, ni específicamente
en el románico rural burgalés.
Tiene esta
puerta un tímpano formado por varias piedras ensambladas.
La parte baja del mismo lleva un árbol con frutos -quizás
el 'Árbol de la Vida'- y encima, a la izquierda, una cruz
patada. A la derecha se esculpió en bajorrelieve una escena
donde un hombre armado con espada es atacado por un cuadrúpedo,
seguramente un león.

La talla
es muy ruda y confirma la limitada pericia de quienes trabajaron
en estas iglesia de del Valle de Manzanedo, más proclives
a la cantería que a la escultura.
El ábside,
además de los contrafuertes, tiene una ventana con arquivolta
y columnillas con animales esculpidos.

Los canecillos
del ábside son interesantes por los motivos y la forma de
cincelarlos. El escultor utilizó los volúmenes de
forma nítida pero sin detalles ni texturas, empleando un
lenguaje rudo pero efectivo en su expresionismo. Entre ellos hay
músicos, mujeres exhibicionistas, gatos (¿o quizá
leones?), aves, un hombre con barril, etc.
De nuevo,
el interior de la cabecera muestra una muy buena y elegante articulación,
gracias al ventanal del hemiciclo, las impostas taqueadas y especialmente
por la arquería mural.
Ailanes.
Iglesia de la Inmaculada Concepción
La iglesia
de San Cristóbal de Ailanes parece derivar de las
formas de su vecina de Crespos, aunque parece más ruda.
Se encuentra
hundida bastante con relación al terreno que la rodea, lo
que le hace perder verticalidad. Lo más destacable, como
en todo el grupo del románico de Valle de Manzanedo, es su
ábside semicircular de sillería y dos cenefas que
lo rodean.

También,
hay que citar la espadaña románica de los pies y una
pequeña portada.
Hay una nutrida
colección de canecillos, labrados por una mano no demasiado
fina en el modelado de las figuras. Aparecen bustos humanos, cabezas
y animales de cuerpo entero, etc.
San
Martín del Rojo. Iglesia de San Martín
La iglesia
de San Martín del Rojo es un pequeño templo, sencillo
desde el punto de vista arquitectónico. Canecillos y algún
que otro capitel inciden en la temática de los músicos
y bailarinas.
Hay que fijarse
en el pórtico que antecede a la puerta original de la iglesia,
pues sus capiteles son románicos y proceden de otro despoblado.

La puerta
propiamente dicha tiene arquivoltas de medio punto. Lo más
significativo es la arquivolta exterior que lleva una serie de personajes
encadenados a lo largo de la misma y un demonio que se supone les
lleva al infierno.
Románico
en el Valle de Valdebezana
El Valle
de Valdebezana está algo más al norte que el de Manzanedo
y tiene como una de las referencias más importantes el famoso
Embalse de Arija (del Ebro).

En esta zona también
encontraremos, en muy pocos kilómetros, varios templos románicos
rurales como San Vicente de Villamezán, Virtus
(con precioso castillo), Bezana, Montoto, Soncillo,
etc.
San
Vicente de Villamezán y Virtus
La iglesias
de estas dos poblaciones del Valle de Villamezán distan menos
de 10 kilómetros.

No es extraño,
entonces, que parezcan haber sido construidas por el mismo taller
en las primeras décadas del siglo XIII.
Ambas
debieron ser templos de una nave y ábside semicircular sin
columnas exteriores y un pequeño ventanal en el centro. También
ambos tienen su respectiva espadaña a los pies.
Las dos han
sufrido alteraciones y adiciones, pero ha perdurado lo necesario
para evaluarlas como templos pequeños y tardíos, sin
apenas concesiones escultóricas. Si bien su encanto subyace
en su perfecta adecuación con un paisaje bello paisaje verde
y montañoso.

Montoto
La
iglesia parroquial de Montoto es un nuevo ejemplo de la sencillez
del románico rural del Valle de Valdebezana, donde el encanto
hay que buscarlo en la armonía con que se integran estas
pequeñas construcciones con el entorno boscoso y montañosos
donde se asientan.
La puerta
se encuentra cobijada bajo un porche moderno y es el como de la
sencillez: un solo arco apuntado con rudo guardapolvos.
La cabecera
está mejor trabajada y presenta las características
comunes ya vistas en la mayoría del románico popular
de esta zona: ábside de sillería de tambor y anchos
contrafuertes.
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