Guía del Monasterio cisterciense de Santa
María la Real de Fitero, Navarra
Introducción
El
monasterio de Santa María la Real de Fitero, enclavado
en la Ribera tudelana a orillas del río Alhama y a 105
kilómetros de Pamplona, constituye uno de los monumentos
más paradigmáticos del monacato medieval cisterciense
en la Península Ibérica.
Fue fundado en 1140, aunque la iglesia actual
se construyó desde 1185 hasta 1247 en que fue concluida.
De este monasterio es muy destacable su gran
iglesia, con algunas importantes obras de arte mueble, el claustro
de dos pisos gótico y renacentista, la preciosa sala capitular
románica y el restaurado refectorio.

Historia del monasterio
Los orígenes del Monasterio de Fitero
están ineludiblemente ligados a la inestabilidad de la
frontera entre los reinos de Castilla, Navarra y Aragón,
así como a la voluntad de la monarquía castellana
por afianzar su presencia en este territorio estratégico,
conquistado a los musulmanes en 1119 por Alfonso I el Batallador.
El proceso fundacional del monasterio presenta
un recorrido geográfico complejo y ha suscitado intenso
debate historiográfico. En octubre de 1140, Alfonso VII
rey de León y Castilla concedió la villa de Niencebas
a la iglesia de Santa María de Yerga, cuya comunidad gobernaba
Durando.
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La corona navarra, presidida por García
Ramírez, trató de amparar esta fundación
donando en 1145 los lugares de La Oliva y Veruela al abad Raimundo.
Posteriormente, en 1147, el papa Eugenio III tomó bajo
su protección directa el monasterio y su patrimonio.
La filiación original del monasterio
a la Orden del Císter plantea dos grandes hipótesis.
Por un lado, se sostiene que Durando, de origen ultrapirenaico,
vinculó el cenobio directamente a Scala Dei (Gascuña)
y, a través de ella, a la abadía de Morimond, lo
que convertiría a Fitero en la primera fundación
cisterciense de Castilla. Por otro lado, tesis más recientes
argumentan que la donación original se otorgó directamente
a Scala Dei, y que los monjes fundadores llegaron ya bajo la estricta
regla cisterciense liderados por Raimundo, siendo los documentos
referidos a Yerga posibles manipulaciones posteriores para legitimar
propiedades.

Independientemente del origen exacto, es un
hecho que hacia el año 1152 la comunidad se trasladó
definitivamente a Fitero, abandonando Niencebas para asegurar
recursos hídricos vitales para sus molinos y consolidar
la frontera del río Alhama. El abad Raimundo fue el artífice
de la consolidación patrimonial en este periodo y protagonizó
un episodio trascendental: la fundación de la orden militar
de Calatrava en 1158, confirmada por el papa Alejandro III en
1164.

El carácter de zona disputada persiguió
al monasterio durante siglos. Tras administraciones extranjeras,
como la tutela directa de Scala Dei en 1332, el conflicto sobre
la soberanía territorial de Fitero tuvo que ser resuelto
por arbitraje papal. En 1373, el legado pontificio Guido de Bolonia
dictaminó finalmente que el monasterio pertenecía
a los términos de Tudela y Corella y, en consecuencia,
al reino de Navarra.
Historia de la iglesia
Cronológicamente, la edificación
se divide en dos fases. La primera arrancó en torno a 1180,
impulsada por los propios recursos del monasterio, durante la
cual se erigió la cabecera y el perímetro de la
girola. Las obras se paralizaron a finales del siglo XII debido
a crisis económicas y conflictos disciplinarios internos.

La segunda etapa constructiva inició
a principios del siglo XIII y culminó hacia mediados de
la misma centuria. En esta fase se abordaron las naves centrales,
donde el diseño arquitectónico sufrió una
drástica simplificación: se suprimieron las columnas
acodilladas de los pilares en favor de pilastras lisas sin capiteles
decorados, probablemente como medida de ahorro y celeridad.
El templo fue consagrado gracias al empuje
del arzobispo toledano Rodrigo Jiménez de Rada, expidiéndose
una bula papal de indulgencias en mayo de 1247.
Arquitectura de la iglesia
Llama la atención las grandes proporciones
de la iglesia abacial despojada de concesiones superfluas al ornato,
pero no de una monumental arquitectura.

El inicio de su construcción a finales
del siglo XII se realizó con formas netamente románicas,
pero a medida que la fábrica se demoraba en finalizar incorpora
elementos como los arcos apuntados y las bóvedas de crucería.
Como veremos seguidamente, el dilatado proceso constructivo de
esta colosal obra revela evidentes problemas técnicos y
alteraciones de proyecto sobre la marcha, como el abovedamiento
de las naves y el transepto con unas crucerías que no estaban
previstas.

Interior
La iglesia tiene planta de cruz latina con
tres amplias naves de seis tramos, largo transepto acusado en
planta y cabecera con girola y capillas radiales. Su estructura
se relaciona con Claraval II y Pontigny. Además, se abren
dos capillas ábsides semicirculares en cada brazo del crucero.
La particularidad más sobresaliente
reside en su cabecera monumental, concebida con una girola con
cinco tramos trapezoidales que se abren a sendos absidiolos de
planta semicircular.
En origen, también había otras
dos capillas semicirculares ubicadas en cada brazo del transepto,
si bien las meridionales han desaparecido por transformaciones
posteriores.
Esta ambiciosa disposición permitía
contar con un total de ocho capillas (siete periféricas
más la capilla principal) con sus respectivos altares para
poder celebrar un mayor número de misas.
Esta cabecera con girola y capillas radiales
emula la de la abadía francesa de Claraval II y entronca
con grandes fábricas monásticas hispanas contemporáneas
como Moreruela, Veruela, Gradefes, Oseira, Melón y Poblet.

La cabecera es lo más bello del interior.
El arquitecto original aplicó en las capillas radiales
métodos constructivos puramente románicos, con arcos
triunfales y ventanales de medio punto, cerrándolas con
bóvedas de cuarto de esfera.

La única pequeña salvedad corresponde
a la capilla radial central, que es de mayores dimensiones que
sus compañeras, y tiene nervios meridianos de refuerzo
sobre dos columnas adosadas a su hemiciclo.

Los tramos abovedados de la mencionada girola
presentan crucería románica con grandes arcos cruceros
baquetonados, (realmente son bóvedas de arista con dichas
aristas embellecidas por decorativos arcos).
En la capilla mayor, ya hay arcos apuntados
que gravitan sobre grandes fustes cilíndricos. Este espacio,
de gran monumentalidad es apenas visible por encontrarse adosado
el retablo mayor.

Las naves son extremadamente austeras. Los
arcos formeros son todavía de medio punto y de moderada
altura. Caen sobre con pilares y pilastras encapiteladas (añadidas
éstas posteriormente) que reciben los nervios de las bóvedas
de crucería y los anchos arcos perpiaños.
El mayor testimonio de las rectificaciones
estructurales se observa en los abovedamientos principales de
las citadas naves y del transepto. El sistema de soportes fue
concebido originalmente para recibir bóvedas de cañón
con arcos fajones.

Durante el alzado, el proyecto viró
hacia el empleo de bóvedas de crucería simple (cuatripartitas).
Esta adaptación obligó a soluciones poco ortodoxas
(aunque extraordinariamente frecuentes en la arquitectura medieval
española). Como ya quedó dicho, en la nave central
se añadieron forzadas ménsulas tipo capitel liso
a los laterales de las responsiones para recibir la caída
de los nervios diagonales.

Por su parte, en el transepto se incrustaron
capiteles lisos que emergen de ménsulas tipo "cul
de lamp", para apear los arcos cruceros.

La iluminación proviene de los grandes
vanos de medio punto abiertos en el claristorio de la nave central
por encima del nivel de abovedamiento de las naves laterales.
Son del tipo muy habitual en las iglesias cistercienses: gran
derrame y aristas vivas, sin molduras ni columnillas.
Hay que añadir que las bóvedas de los
dos tramos más occidentales de la nave central son de época
posterior el resto, puesto que son de crucería estrellada.

En cuanto a las naves laterales, también se
hubo de añadir los capiteles torcidos para poderlas abovedar
con crucería simple.

Capilla de la Virgen de la Barda
Se sitúa en la nave del Evangelio de
la iglesia abacial, contigua al brazo del transepto. Su fábrica
actual es de estilo barroco y fue construida entre los años
1732 y 1736, ocupando el lugar y el espacio de una antigua capilla
del siglo XVII. Fue edificada con el propósito de servir
como panteón funerario para el abad Plácido del
Corral y Guzmán, una de las figuras al frente del monasterio
durante la centuria anterior.

En el retablo de esta capilla encontramos la
imagen de la Virgen de la Barda, que en origen tenía la
advocación de la Virgen de los Remedios. Es una talla gótica
datada a finales del siglo XIII, la cual ha logrado conservar
parte de su policromía original hasta nuestros días.
Sarcófago gótico
En la cabecera de la iglesia del Monasterio
de Fitero se conserva un buen sarcófago gótico del
siglo XIV perteneciente -según algunos autores- al abad
fray García de Cervera. Se encuentra en la zona del presbiterio
de la iglesia abacial. En la lauda encontramos la efigie yacente
del abad revestido con ornamentos litúrgicos de pontifical,
con la cabeza reposando sobre almohadones y portando el báculo.

En la cara frontal o visible de la caja encontramos
una arquería gótica con un cortejo fúnebre
formado por monjes que portan incensarios, cruces procesionales
y otros objetos. Tras su restauración, se ha recuperado
parte de la policromía original.

Exterior
Cabecera
Al exterior hay dos elementos que sobresalen
especialmente. Por un lado, la grandiosa cabecera donde se aprecia
el semicilindro de la capilla principal y las capillas de la girola
y del brazo norte del transepto, todos ellos están reforzados
por sobrios contrafuertes y poseen vanos de iluminación
de medio punto. Son abundantes las marcas de cantero.

Afortunadamente tras ella hay una especie de
plaza que permite su contemplación con magnífica
perspectiva.
Fachada occidental
Por otro lado, la fachada occidental es enormemente
sobria y resulta aparentemente pequeña. Sólo se
presenta al ojo del observador los muros de cierre de las tres
naves separados por contrafuertes, careciendo de torres en las
esquinas (fachada armónica) como era preceptivo en el Císter.
Encima de la portada principal, de la que nos ocuparemos enseguida,
sólo queda un óculo de modestas dimensiones.

La portada occidental es sobria, pero de gran
elegancia, con cuatro amplísimas arquivoltas de medio punto
donde se combinan boceles y escocias.

Las columnas son tres pares más dos
dobles columnas geminadas adosadas a las jambas interiores, siendo
un modo que no es habitual. Varios de los capiteles -que se hallan
lastimosamente maltratados- son de temática vegetal, pero
hay dos con aves y quizás uno pudo contener figuras humanas.

Claustro
El entorno claustral de Fitero constituye el
núcleo residencial de la comunidad y preserva la topografía
fundamental exigida por el modelo benedictino, pese a severas
modificaciones acometidas en la Edad Moderna.

La comunicación entre la iglesia y las
galerías del claustro se realiza a través de la
llamada Puerta de los Monjes, dotada de dos arquivoltas románicas
de medio punto y un crismón.

Las galerías actuales del claustro bajo
se comunican con el patio central mediante vanos de arcos muy
apuntados sin tracerías. Por su parte, las cubiertas de
estas cuatro pandas son bóvedas de crucería estrellada
en sustitución de las arcaicas cubiertas de madera, fueron
ejecutadas en plena época renacentista. En estas obras,
dirigidas en parte por el maestro Baltasar de Arrás y sufragadas
por los abades Martín de Egüés I y II durante
la segunda mitad del siglo XVI, se acometió la renovación
monumental del espacio central.

El piso superior o sobreclaustro se finiquitó
ya a inicios del siglo XVII, hacia 1613. Es de gran severidad
clasicista, con arcos de medio punto separados por pilastras.
Sala Capitular
La estancia monástica de mayor pureza
medieval es la Sala Capitular románica, dispuesta excepcionalmente
anexa a la iglesia debido a la inserción de una pequeña
sacristía entre la girola y el transepto sur. El acceso
es el habitual en los monasterios benedictinos y de otras órdenes
monásticas: una puerta central con arquivoltas y columnas,
flanqueada por dos grandes ventanales de similar factura.

Tiene planta cuadrada articulada en nueve tramos
recubiertos por esbeltas bóvedas de crucería románica
con nervios de triple baquetón.

El peso recae sobre cuatro exentas columnas
centrales cuyas proporciones le otorgan gran ligereza visual.
La decoración escultórica de
sus capiteles es muy sobria y ejecutada a bajorrelieve, desplegando
palmetas y otros motivos geométricos de gran esquematismo.
Estos motivos indican que intervinieron los mismos canteros que
trabajaron en las columnas de la girola de la iglesia.

Otras dependencias
El resto de las pandas claustrales ha llegado
a nosotros muy adulterado. El antiguo refectorio, originalmente
dotado de bóvedas de madera sobre arcos diafragma apuntados
ha sido objeto de una restauración reciente. De este comedor
quedan los muros perimetrales, con ventanales en los lados más
largos y el arranque de dichos arcos diafragma.

Por su parte, la antigua cocina medieval -hoy
residencia privada bajo el nombre de Palacio del Conde Tizón-
aún conserva su planta cuadrada y recios arranques de bóvedas
de crucería apoyadas en ménsulas.