Ermita
de San Miguel de Sacramenia, Segovia
Introducción
El
recorrido por el norte de la provincia de Segovia nos lleva a territorios
típicamente castellanos, con cerros calizos, valles y cortados,
que crean una orografía irregular y útil para el asentamiento
de pobladores, por su fácil defensa. Quizá este hecho
explica su dilatada y épica historia.
Algunos
restos arqueológicos demuestran el asentamiento de celtíberos,
romanos, visigodos y árabes en estas tierras. La organización
política y social cristiana no comienza, sin embargo, hasta
la reconquista castellana de Gonzalo Fernández en el 923,
aunque efímeramente volvió a manos sarracenas, cuando
Almanzor tomó el castillo de Fuentidueña en el 983.
Con
el avance de la reconquista, Fuentidueña va a alcanzar una
destacada importancia política durante el reinado de Alfonso
VII, y sobre todo Alfonso VIII, que visitó reiteradamente
la villa. Fuentidueña se erige, entonces, en poderosa cabeza
de Comunidad de Villa y Tierra, con dominio sobre un amplio territorio
circundante. La prosperidad de la segunda mitad del siglo XII y
comienzos del XIII fue decayendo rápidamente durante las
últimas décadas de esa centuria. Ya en tiempos de
Alfonso X la despoblación era acusada, como consecuencia
de la emigración de gentes hacia la recién conquistada
Andalucía.

Fruto
de este siglo de esplendor y de su rápida decadencia, han
quedado numerosos templos o restos románicos, muchos de ellos
de primera calidad, constituyendo una de las rutas románicas
más notables de Castilla.

Y
todo ello, a pesar de que la incuria de décadas pasadas se
cebó especialmente en esta comarca, que vio arrancar y volar
a Estados Unidos dos de sus mejores primores: el ábside de
San Martín de Fuentidueña, y algunas nobles dependencias
del monasterio de Sacramenia.
Sacramenia
Como
Fuentidueña, Sacramenia es una población de antiguo
origen y dilatada historia, con notable riqueza en restos románicos.
La ermita de San Miguel, las cabeceras de San Martín y Santa
Marina, la ermita de Cárdaba, de origen prerrománico,
y el monasterio cisterciense de Santa María, nos hablan de
su esplendor en los siglos románicos.

Ermita
de San Miguel de Sacramenia
La
ermita de San Miguel de Sacramenia constituye una lamentable excepción
en relación a la eficaz labor restauradora de nuestras Administraciones.
No ha importado que desde 1983 fuera elevada a la condición
de Monumento Histórico Artístico, ya que su estado
actual hace temer por su supervivencia, lo que supondría
una pérdida artística y paisajística incalculable,
pues la ermita, dormida en lo alto del cerro que protege por el
norte la vieja población de Sacramenia, genera una de las
estampas más sugerentes de la provincia.
Para
acceder a ella hay que subir por una pista no asfaltada que se toma
desde la carretera que conduce a Laguna de Contreras, a la altura
del cementerio, y en las afueras de la población.

Perviven
parte de los muros, una preciosa portada en el carcomido muro meridional
y la magnífica cabecera, aunque todo con graves deterioros.

La
relación entre San Miguel de Sacramenia y San Vicente de
Fuentesoto es clara en lo arquitectónico, con articulaciones
idénticas de la cabecera (la puerta de San Vicente no se
conserva), y en lo escultórico. Sin embargo, no cabe duda
que la talla de Sacramenia es más tosca, coincidiendo fundamentalmente
en los capiteles de motivos vegetales esquematizados. Aquí
ya no se rastrean los signos inequívocos del taller de Fuentidueña,
sino que la escultura cae en manos artesanales.

Ello
no es menoscabo para valorar adecuadamente esta evocadora construcción
que necesita urgentemente una restauración.
Exteriormente,
la cabecera es de traza sencilla e incluso tosca y no permite adivinar
el lujo de su interior. Sólo presenta dos columnas adosadas
con tres rudos ventanales en los paños que aquéllas
articulan.

La
portada es un precioso ejemplar de cinco arquivoltas cuyas dovelas
están desajustadas y a punto de desmoronarse. También
han desaparecido varios fustes. De las cuatro columnas quedan tres
capiteles con cesto vegetal simulando helechos, como algunos de
Fuentesoto, un ave con alas abiertas y una pareja de cuadrúpedos
afrontados.

El
interior del ábside, maltrecho pero espléndido, presenta
idéntica articulación que la ermita de Fuentesoto.
Como rasgos más importantes diremos que tiene arco triunfal
de medio punto sobre columnas, arquerías en los muros presbiteriales,
y ventanales moldurados que son rodeados por arcos de mayor diámetro
que apoyan sobre columnas.

La
decoración, como ya se indicó, es ruda aunque expresiva.
En el arco triunfal se representan a un hombre sujetando por los
cuernos a un toro y a Sansón desquijarando al león.
En otros capiteles se muestra a un cuadrúpedo devorando a
un hombre, caballos y decoración vegetal.


Otras
iglesias de Sacramenia

Al
lado de una recoleta plaza, en la ladera del pueblo, la iglesia
parroquial de San Martín conserva un ábside
de estructura clásica aunque de ruda ejecución. Tiene
dos columnas, que al estar el ábside recrecido, han perdido
los capiteles. También tiene un ventanal en cada calle, de
arquivolta sobre columnillas con pequeños capiteles de irreconocible
talla. En el interior solo conserva el arco triunfal de medio punto,
sobre columnas dobles con capiteles rudos y desfigurados. Un retablo
cubre el ábside dejándose ver los muros del presbiterio
con tres arcos ciegos de arista viva sobre toscas columnas de capiteles
simples.

A
sólo unas decenas de metros hacia oriente se levanta el templo
de Santa Marina, también restaurado a comienzos de
la década de los noventa por la Consejería de Fomento
de la Junta de Castilla y dirigida por los arquitectos Luengo Merino
y Barranco Guijarro.

Se
conserva la cabecera de época románica, de piedra
sillería, pero lisa en exceso. Ni columnas, contrafuertes
ni impostas articulan el hemiciclo. Tan solo se abre un pequeño
ventanal de arco doblado de medio punto trasdosado por un guardapolvos
ajedrezado.
A
escasa distancia de la población de Sacramenia, al lado derecho
de la carretera que conduce a Pecharromán nos topamos con
la llamada Ermita de Cárdaba, que en origen fue la
iglesia de una pequeña comunidad de monjes del siglo X. Se
sabe que para el año 937 este cenobio ya existía pues
es donado por el Conde de Castilla Fernán González
al Monasterio de San Pedro de Arlanza. Actualmente, presenta nave
de aparejo prerrománico y cubierta con bóveda de cañón,
unida a la cabecera con presbiterio recto y ábside semicircular,
cubiertos con bóveda de cañón y horno respectivamente.

También
en las afueras de Sacramenia por una pista que lleva al llamado
"Coto de San Bernardo" encontramos la iglesia del desaparecido
monasterio cisterciense de Santa María la Real. Es
un gran edificio de tres naves con imponente fachada cabecera y
fachada occidental.

Rutas
desde Sacramenia
Sacramenia
se encuentra en el norte de la provincia de Segovia y a pocos kilómetros
de conjuntos monumentales tan interesantes con Fuentidueña,
Sepúlveda, Cuéllar o Peñafiel (Valladolid).

De
las citadas, la más cercana, a sólo 7 kilómetros,
está la villa medieval de Fuentidueña, donde destacan
su puente románico, su muralla y las iglesias románicas
de Santa María y San Miguel, además de otras ruinas
como la expoliada iglesia de San Martín.
Algo
más alejadas, aunque accesible en coche en poco tiempo están
las villas segovianas de Cuéllar y Sepúlveda. La primera
es la joya del mudéjar segoviano con numerosas iglesias y
palacios de este estilo, además de su flamante castillo.

Por su parte, la castiza Sepúlveda es un regalo para la vista
por sus cuatro costados, tanto el entramado de calles en cuesta,
su famosa plaza o las numerosas iglesias románicas que atesora.
Más
información del Románico
y Mudéjar en Cuéllar 

Más
información del Románico
en Sepúlveda 
Desde
Sacramenia a Peñafiel (Valladolid) hay menos de una veintena
de kilómetros en dirección al noroeste. Cuéllar
es otra de las grandes joyas monumentales de la Comunidad de Castilla
y León. Sus edificios monumentales son la iglesia mudéjar
de San Pablo y su castillo, sin olvidar su famosa Plaza del Coso.

