La Capilla de San Pedro de Balsemão (Capela de São
Pedro de Balsemão en portugués) está situada
en el margen del pequeño río Balsemão, en
un entorno rural de las proximidades de la ciudad de Lamego, en
la región del Douro (norte de Portugal).
San Pedro de Balsemão constituye uno de los
ejemplos más antiguos y significativos de arquitectura
cristiana altomedieval en la Península Ibérica,
puesto que suele datarse dentro del periodo hispanovisigodo, con
posibles orígenes incluso anteriores.

Breve historia
Desde el punto de vista arqueológico y arquitectónico,
se cree que edificio actual fue erigido en el siglo VII d.C.,
en plena dominación visigoda (Reino Hispanovisigodo de
Toledo), aunque se han identificado elementos anteriores, de época
romana y paleocristiana, integrados en la estructura. Entre estos,
destacan fragmentos de columnas, capiteles reutilizados y otros
elementos decorativos de tradición clásica, lo que
indica la existencia de una ocupación continuada del lugar
desde tiempos romanos tardíos.
Algunos investigadores sostienen que la capilla se
levantó sobre los restos de una villa romana o de un primitivo
lugar de culto paleocristiano, lo que refuerza la hipótesis
de una cristianización de espacios paganos en la transición
del Imperio Romano al Reino visigodo.

Sin embargo, para otros autores, la Capilla de San
Pedro de Balsemão no sería de época visigoda
sino de los siglos IX o X d.C. durante la expansión de
los reinos de Asturias y luego de León, dentro del prerrománico
mozárabe o de repoblación, si bien, la arquitectura
de la capilla conserva aún características propias
del arte visigodo, como los arcos de herradura, la sobriedad ornamental
y la utilización de sillares bien escuadrados.

También se identifican elementos decorativos
con influencia suevo-visigoda en algunos capiteles y basas reutilizadas.

El uso de técnicas constructivas y motivos
escultóricos propios del repertorio altomedieval ibérico
permite situar esta construcción dentro del reducido grupo
de templos visigodos conservados en la Península Ibérica,
junto con ejemplos no muy distantes como San Pedro de la Nave
o Santa Comba de Bande, si bien su estructura basilical la relaciona
especialmente con San Juan de Baños.
A lo largo de los siglos, la capilla fue objeto de
intervenciones arquitectónicas posteriores, especialmente
durante la Edad Media y el período barroco, lo que alteró
parcialmente su estructura original.
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En los siglos XVII y XVIII, sufrió profundas
transformaciones que resultaron en su reconstrucción e
integración en la casa solariega del siglo XVII de los
Vizcondes de Balsemão, dándole su aspecto actual.
Por eso, el aspecto exterior no deja traslucir lo que encontramos
en su interior.
En el siglo XX, tras varias campañas de restauración
arqueológica, se intentó recuperar y poner en valor
la estructura primitiva, eliminando añadidos más
recientes y consolidando los elementos visigodos visibles.
La capilla de San Pedro de Balsemão ha sabido
conservar su núcleo primitivo suficientemente claro como
para ser considerada una de las más importantes construcciones
altomedievales de Portugal. Este importante monumento ha sido
objeto de diversos estudios arqueológicos desde el siglo
XX, y actualmente está clasificada como Monumento Nacional.
Arquitectura
La capilla presenta una planta rectangular bastante
sencilla, compuesta por un cuerpo de tres naves que conduce a
una capilla mayor o ábside rectangular bastante más
estrecho, lo cual es una característica distintiva de la
arquitectura visigoda.

La construcción está realizada principalmente
en granito local, trabajado en grandes sillares bien escuadrados
y dispuestos en hiladas regulares, una técnica habitual
en la arquitectura tardoantigua y visigoda. La calidad de la sillería,
junto con el uso de materiales de acarreo, indica tanto un conocimiento
técnico heredado de la tradición romana como una
práctica económica común en la Alta Edad
Media.

Exterior
El aspecto exterior de este monumento no es especialmente
atractivo como consecuencia de las reformas del siglo XVII de
sus fachadas exteriores. Compuesta por dos volúmenes cúbicos,
escalonados con cubiertas diferenciadas, se accede a la iglesia
a través de puertas laterales flanqueadas por montantes
y amplias escaleras.

En la fachada norte, la puerta está enmarcada
por tres escudos de armas de los mayorazgos, coronados por un
pequeño campanario.
Una inscripción colocada en el exterior recuerda
la renovación realizada por el morgado Luis Pinto de Sousa
Coutinho y su esposa, quienes promovieron la reconstrucción
de la iglesia en 1643.
En los muros también hay inscripciones con
diversos epígrafes funerarios, romanos y un término
augusto del emperador Claudio, fechados en el año 43 de
nuestra era. Estos elementos, así como un altar votivo
y otras piezas que se conservan en el interior del templo, no
sólo revelan la reutilización de materiales romanos
sino que expresan la preocupación y el gusto que sin duda
tuvo la reforma del siglo XVII por conservar y exponer elementos
tan antiguos y prestigiosos.

Interior
La estructura interior de la Capilla de San Pedro
de Balsemão es basilical, con tres naves separadas por
arcos formeros de medio punto que se apoyan en columnas exentas
con capiteles que imitan lo corintio grecorromano. Capiteles toscanos
y uno jónico con volutas sirven como basas. Una rápida
ojeada a estas columnas deja claro que algunos capiteles tienen
como base un menor diámetro que los fustes.

La transición entre la nave y el ábside
se realiza a través de un arco triunfal de herradura, que
constituye uno de los elementos más representativos de
su arquitectura original visigoda.

Además, de este arco triunfal hay que fijarse
en el enorme desarrollo de las impostas que sirven de intermediación
entre las columnas y el arco propiamente dicho. Son bloques muy
alargados decorados con decoración apenas incisa de círculos
y rosetas y sogueados principalmente. Por su parte, los salmeres
cumplen con uno de los requisitos clásicos de la arquitectura
hispanovisigoda: dispone de intradós curvo ultrasemicircular
pero el extradós cae recto verticalmente.

Algo similar sucede con las largas impostas de los
arcos de los extremos orientales y occidentales.

Bienes de arte mueble
De excepcional valor histórico y artístico,
el templo contiene dos piezas del siglo XIV dignas de mención:
una escultura de Nuestra Señora de la Ó tallada
en piedra de ançã y la tumba del obispo de Oporto,
D. Afonso Pires, esculpida en granito.

Imagen de Nuestra Señora de la O
En efecto, sobre el altar, en el lado del Evangelio,
se encuentra una imagen, atribuida al siglo XIV, con la misma
tipología de las comúnmente llamadas "Nuestra
Señora de la O" o "Virgen de la Expectación"
(María embarazada), un objeto encargado por el obispo Afonso
pires específicamente para su colocación en el mismo
altar donde aún se conserva.

Tumba del obispo Afonso Pires
Pero el elemento más importante del arte mueble
de la Capilla de San Pedro de Balsemão es la tumba del
obispo Afonso pires, colocada allí a petición suya.
Hay relatos que aseguran la estancia del obispo en Portugal entre
1358 y 1371, recorriendo las tierras de Régua, Lamego y
Balsemão.
El prelado eligió este lugar para su enterramiento
y erigió una "capilla" o altar en honor a Santa
María, cuya construcción y consagración,
en 1362, está marcada por una inscripción en una
piedra en caracteres góticos, colocada junto al arco.

En 1371, ya anciano y enfermo debido a la vida de
penitencia y privaciones que había soportado, falleció
en Régua tiempo después.
Actualmente, la tumba se encuentra en el centro de
la nave central, desplazada hacia el extremo occidental. En uno
de los lados largos del sarcófago hay una escultura que
representa el descendimiento de Cristo de la cruz. En el lado
opuesto hay una representación de los Apóstoles,
enmarcada entre arcos.