Introducción
El Castillo de Burgalimar, también
conocido como Castillo de Baños de la Encina, es
una fortaleza situada en la localidad jienense homónima,
localizada en la comarca de Sierra Morena, al norte de la provincia.

La
fortaleza se encuentra emplazada en lo alto de un pequeño
cerro (Cerro del Cueto), en un lugar estratégico para tener
una amplia perspectiva del horizonte. Se trata de un recinto fortificado,
con autonomía del pueblo. Desde aquí se controlaba
el importante emplazamiento del Valle del Guadalquivir, que suponía
una vía de comunicación fundamental para al-Andalus.
Fue declarado Monumento Nacional en 1931.

Historia
Aunque el castillo de Baños de la Encina es
conocido por ser uno de los mejor conservados de la etapa de dominio
musulmán en la Edad Media hispana, sus inicios son muy
anteriores. Excavaciones arqueológicas han demostrado que
su origen es prehistórico. Ya estaba ocupado en la Edad
del Bronce (cultura argárica). Más tarde fue un oppidum
íbero del siglo IV. Dada la fuerte romanización
posterior de esta zona, como demuestra la existencia de la no
muy lejana ciudad de Cástulo, no extraña que haya
restos romanos en el castillo, probablemente perteneciente a un
mausoleo o edificio funerario.

Pero el recinto amurallado actual tiene su origen
en los tiempos del califato Omeya. Su construcción se remonta
a la segunda mitad del s. X (IV de la Hégira), y fue realizado
por decisión de al-Hakam II (961-976). Es uno de los ejemplos
mejor conservados en toda la Península Ibérica de
la arquitectura militar andalusí. Conocemos esta cronología
por una lápida fundacional conservada en el Museo Arqueológico
Nacional (nº de inventario 1907/32/101), en la que puede
leerse la siguiente inscripción:
Por tanto, las obras comenzaron en el año
967 de la era cristiana (357 de la Hégira). La fortaleza
comparte similitudes con otros castillos árabes levantados
por los mismos años, como el de Gormaz, en la provincia
de Soria o El Vacar, en Córdoba.

Tras la caída del califato el castillo fue
disputado por los cristianos en varias ocasiones, debido al emplazamiento
estratégico que suponía para éstos en su
avance hacia el sur. De hecho fue tomado efímeramente pos
distintos reyes cristianos como Alfonso VII en 1147, Alfonso VIII
de Castilla y Alfonso IX de León en 1189 y las tropas aliadas
tras la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212.

Hay que esperar, sin embargo, al año 1225
cuando el Castillo de Burgalimar de Baños de la Encia fue
tomado de forma definitiva por las tropas de Fernando III (1217-1252).
De esta forma se incorporó a la Corona de Castilla. A partir
de este año engrosó las posesiones de la orden de
Santiago. En el s. XIV se acometieron algunas reformas en su interior
para adaptarlo a un alcázar. La orden militar custodió
el castillo hasta 1454, año en el que Enrique IV (1454-1474)
lo entregó a su condestable, don Miquel Lucas de Iranzo,
y se realizaron importantes intervenciones en el edificio, como
la construcción de la torre del Homenaje.

Tras distintos avatares, el castillo de Burgalimar
de la Encina fue restaurado y abierto al público. Es actualmente
propiedad del Ayuntamiento de Baños de la Encina.

El recinto fortificado
La fortaleza se encuentra en el interior de un recinto
fortificado formando un paralelepípedo de siete lados que
mide, aproximadamente, 100 m. de largo y 40 de ancho. El lienzo
de la muralla se interrumpe por catorce torreones de menor tamaño,
a los que hay que sumar la Torre del Homenaje, que se sitúa
en el extremo nororiental, y fue construida sobre un antiguo bastión
musulmán. Estos torreones son de planta cuadrada y sobresalen
por encima de la muralla, adelantándose al lienzo.

Las murallas están realizadas mediante bloques
de tapial superpuestos, constituidos a base de pequeños
cantos rodados de río embebidos en masa de mortero de arena,
arcilla, cal y agua.

Estas murallas se abren al exterior mediante pequeñas
ventanas saeteras. Tanto las torres como las murallas se rematan
con merlones salvo el lienzo meridional, en donde se encuentra
el acceso principal. En la parte noroccidental tiene otra puerta
de entrada. La mayoría de las almenas tienen formas prismática
y están realizadas en hormigón, siendo fruto de
una restauración realizada en el s. XX. Se han conservado
algunas originales, tanto en los torreones como en los lienzos.

Los torreones menores
En la parte interior de los torreones menores puede
verse vanos de los antiguos accesos a los diferentes pisos. El
nivel inferior se encuentra a la altura del patio de armas. Por
encima se abre un otro piso y sobre éste, había
una tercera planta a la altura del paseo de ronda, la única
que ha conservado las cubiertas, que son bóvedas de cañón
apuntadas realizadas en ladrillo. Los suelos debían ser
de madera, pues todavía hoy son visibles los huecos de
las vigas en los que debían apoyarse.

La torre del Homenaje
La torre del Homenaje o "Almena Gorda"
es la construcción más imponente del conjunto, destacando
tanto por su anchura como por su altura. Ya pertenece a la época
de dominio cristiano y su material es distinto al resto de la
fortificación: mampostería concertada y tramos de
sillería.

Tiene una planta semicircular en el exterior, aunque
en la parte interior se cierra con un muro recto. En el exterior
sobresalen tres barbacanas. Está almenado, al igual que
el resto del conjunto, y es la única torre que conserva
en su interior la división en dos alturas, dado que en
los torreones menores esto se ha perdido. Se accede a la sala
del piso inferior por una escalera de factura moderna y un arco
de medio punto de ladrillo. La escalera que comunica sus diferentes
estancias tiene una bóveda realizada mediante aproximación
de hiladas.

En el segundo piso hay una sala que se cubren con
bóveda de cañón y se abre al exterior por
medio de saeteras. La construcción se remata con una azotea
desde la que se divisa una impresionante panorámica.

Las puertas de acceso
El castillo dispone de dos accesos, situados de forma
enfrentada. La puerta principal, situada al sureste, está
formada por un arco de herradura, protegido por otro arco que
en origen era de medio punto, aunque en una restauración
realizada en el siglo pasado se le dio forma de herradura, y que
funciona a modo de hornacina.
Está flanqueada por dos torreones, y enfrente
se conservan los restos de una barbacana, que es posible que también
sea de época califal.

Hasta hace poco se venía repitiendo que esta estructura
resultaba excepcional, dado que permitiría un acceso directo,
no teniendo el característico recodo defensivo tan propio de la
arquitectura militar musulmana. Sin embargo, las excavaciones
arqueológicas han permitido conocer la existencia de edificaciones
justo enfrente de la entrada y que obligarían a girar en ángulo
recto a los posibles asaltantes.

La otra puerta se sitúa en el lienzo noroccidental
y debía estar destinada tan sólo al paso de personas.
Se trata de un vano adintelado, de una altura reducida, que debía
contar con una puerta de madera.
En el patio de armas pueden observarse los restos
de un torreón circular que se une por un muro al lienzo
de la muralla que hay junto a la torre del Homenaje. En
el centro se encuentra el aljibe, estructurado en torno a dos
naves cubiertas con una bóveda de cañón.
También existen numerosos
arranques de muros diversos, consecuencia de las edificaciones
acumuladas desde sus remotos orígenes hasta tiempos modernos.

(Autores del texto del artículo
de ARTEGUIAS:
Víctor López Lorente y David de la Garma)
