Introducción
La Adrada es una población abulense que supone
prácticamente la entrada al pintoresco y bello Valle del
Tiétar en su extremo oriental.

Su
principal monumento es, sin duda, su castillo, que a pesar de
encontrarse bastante arruinado hace tan solo unas décadas,
ha gozado de una sobresaliente restauración para orgullo
de los amantes del patrimonio medieval. Además, en las
dependencias de esta fortificación del siglo XV se ha integrado
el Centro de Interpretación Histórica del Valle
del Tiétar. Su completa puesta de largo fue inaugurada
en el año 2004.

Como adelanto y de forma muy resumida, diremos que
la fortaleza de La Adrada es un enorme castillo gótico
y renacentista palaciego construido alrededor de una iglesia tardorrománica
de tres naves, de origen precedente (de mediados del siglo XIII).

Aunque tal extremo pueda parecer extraño,
hay otros casos semejantes en la historia de la arquitectura medieval
en España como los castillos de Turégano (Segovia)
y el de Manzanares el Real (Madrid).

Hasta finales del siglo pasado su estado de conservación
era pésimo, pero ha sido perfectamente rehabilitado y se
ha añadido un más que interesante museo de interpretación
de la historia de los pueblos y civilizaciones que han habitado
desde tiempo inmemorial las tierras del Valle del Tiétar.

Historia
El arranque de la historia del castillo de La Adrada
no es militar ni siquiera señorial. Lo primero que sabemos
de este lugar es que en el siglo XIII se construyó una
iglesia cristiana orientada canónicamente al oeste compuesta
por una cabecera de tambor cilíndrico seguida de tres naves.
Poco se sabe de esta iglesia, aunque lo más probable es
que se trate del templo parroquial del viejo núcleo de
La Adrada. De todas formas, no es tampoco descartable su origen
monástico efímero, dado el gran tamaño de
su construcción a base de tres naves.

El Castillo
aunque hasta hace unos años esta fortificación
se encontraba en ruinas, se ha intervenido con acierto y luce
actualmente un excelente aspecto. Es visitable y por una módica
cantidad se puede disfrutar de la exposición del Centro
de que se ha ubicado en algunas de sus habitaciones.

Se suele atribuir su construcción, a finales
del siglo XIV, a Don Ruy López Dávalos y ya en el
siglo XV a Don Álvaro de Luna, dueños del Señorío
de La Adrada. Sin embargo, para algunos autores, el edificio actual
no sería erigido hasta finales de esta última centuria
por Don Beltrán de la Cueva, Duque de Alburquerque que
adquiere este y otros señoríos por donación
regia.

La planta es aproximadamente cuadrada, si bien en
la esquina noroeste se construyó una torre pentagonal saliente
del cuadrilátero (en proa) que es considerada por algunos
como albarrana.
Sobreelevando el ábside románico mudéjar
de la iglesia del siglo XIII se alzó la torre principal
a modo de torre del homenaje.

Alrededor se edificó un antemuro exterior
más bajo (barbacana o falsabraga) de planta aproximadamente
pentagonal irregular que dispone de los principales elementos
defensivos, si bien hay que hacer notar que estamos más
ante una fortificación señorial de tipo palaciego
y propagandístico que una fortaleza verdaderamente castrense.
En la actualidad, los visitantes pueden hacer un
completo recorrido por las estancias principales del castillo.
Se empieza por la habitación del alcaide, en la planta
baja del patio, actualmente decorada con mobiliario de los siglos
XVI y XVII.

A continuación se pasa a la iglesia de la
que luego nos ocuparemos. Subiendo una escalera de piedra en la
esquina noroeste se sube hasta la estancia de acceso a la mazmorra
y de ahí a la torre albarrana. Dada la altura y orientación
de esta estructura se pueden divisar preciosas vistas del Valle
del Tiétar que se abre y profundiza hacia la provincia
de Cáceres.

Por el paso de ronda norte se accede a la Torre del
Homenaje y desde allí se baja al segundo piso del patio
donde se han habilitado dos salas de exposiciones.

Patio renacentista
El interior muestra el uso palaciego del castillo
pues en el lugar del patio de armas nos encontramos con un coqueto
recinto cuadrado porticado renacentista de dos pisos. Aunque uno
de sus cuatro galerías no existe al haber estado adosado
a la iglesia mencionada.

Esta estructura se ha reconstruido modernamente en
parte con materiales originales y siguiendo su original estética.

Contrasta la severidad de la piedra granítica
en que se construyó con las delicadas formas que muestra.
Las galerías del piso inferior se abren al patio mediante
grandes arcos de medio punto apoyados sobre columnas de fustes
ochavados. El piso superior tiene barandilla calada y las columnas,
del mismo tipo que las inferiores, sujetan la techumbre adintelada
de madera.

Centro de Interpretación Histórica
del Valle del Tiétar

Es en las dependencias de este piso superior donde
se ha ubicado las espectaculares salas de exposiciones que muestran,
mediante paneles y maquetas, la historia y las civilizaciones
que han pasado por el Valle del Tiétar desde la prehistoria
y los pueblos prerromanos hasta la modernidad pasando por Roma,
el Reino Hispanovisigodo y la repoblación de la Baja Edad
Media, etc.

Muy recientemente se ha habilitado un nuevo espacio
museístico donde se exponen estelas funerarias que abarcan
desde época romana (siglos I y II d.C.) hasta estelas cristianas
medievales.

Además se expone la losa con la inscripción
que data la antigua torre, fragmentos cerámicos del siglo
XVI, así como facsímiles de antiguos documentos
que se custodian en los archivos municipales.
Ruinas de la iglesia del Castillo de La Adrada
Aunque en diversas documentaciones y guías
se insiste en el carácter gótico del primitivo templo
(imaginamos que por razones cronológicas al pertenecer
a mediados del siglo XIII y por la existencia de algunos arcos
apuntados) el hecho es que esta iglesia se debe adscribir a la
tradición tardorrománica y mudéjar que siguió
imponiéndose en la mayoría de los territorios rurales
cristianos durante el siglo XIII. Un templo relacionable directamente
con éste lo tenemos en estas mismas tierras abulenses como
es la iglesia abacial de Burgohondo.

La tradición románica de este templo
queda patente en el arranque de los pilares que se conservan.
Están compuestos por un machón de sección
cuadrada al que se adosan cuatro medias columnas en sus caras.
Los capiteles supervivientes son lisos. No se conservan los arcos
formeros completos, salvo los salmeres y las primeras dovelas,
pero imaginamos que debieron ser ligeramente apuntados y que sostendrían
una techumbre de madera y no una bóveda pétrea,
como se deduce de la falta de prolongación de columnas
para apoyo de nervios o arcos en el arranque de los mismos.

Interesante es la buena y variada colección
de marcas de cantero que encontramos en los sillares que constituyen
los apoyos de esta iglesia.

La nave central terminaba en un ábside que
se conserva en buen estado. El arco triunfal es apuntado y cae
sobre columnas similares a las citadas. Tiene este ábside
planta semicircular con bóveda de horno, de fábrica
de mampostería con hiladas de ladrillo (la parte superior
de la bóveda de horno es exclusivamente de ladrillo).

Este ábside se aprovechó 200 años
para recrecer sus muro perimetral y convertirlo en un enorme torreón
defensivo.

En el muro septentrional, se ha conservado una modesta
portadita de arco ojival y también restos de una torre
campanario edificada en 1309 como queda confirmada por una inscripción
expuesta en el Centro de Interpretación.

