Introducción
La
catedral de Santa María de la Asunción de Barbastro
no es de las más conocidas ni de España ni de la
mima comunidad autónoma de Aragón.
Posiblemente pasa más desapercibida que otras
por su aspecto exterior austero y un tanto caótico como
consecuencia de las capillas y otras dependencias que fueron abriéndose
paso a lo largo de su historia. Lo que sí destaca exteriormente
es su gran torre de planta poligonal.
A pesar de este desconocimiento, la catedral de
Barbastro es un precioso edificio del gótico final
construida en la primera mitad del siglo XVI, intervinieron maestros
arquitectos de la talla de Juan de Segura o Juan de Sariñena
y fue completada en el año 1536.
De
inspiración del último gótica en combinación
con las nuevas corrientes renacentistas conserva, entre otras
joyas, el magnífico retablo del altar mayor esculpido por
Damián Forment, uno de los mejores escultores del renacimiento
en España.
También se puede visitar una capilla anexa
donde se encuentran instaladas las preciosas pinturas tardorrománicas
procedentes de la iglesia sobrarbense de San Vicente de Vió
(Fanlo)
La
catedral de Santa María de la Asunción se comenzó
a construir auspiciada por el Concejo municipal en el año
1517. Tan sólo dieciséis años más
tarde las obras ya habían finalizado, aunque posteriormente
se hicieron importantes intervenciones que modificaron la estructura
original. Entre 1517 y 1533 se sucedieron en la dirección
de las obras los maestros Luis de Santacruz, Juan de Sariñena
y Juan Segura.
Fueron varios los edificios que se levantaron previamente
en el solar que hoy ocupa la Catedral. El lugar fue ocupado por
la mezquita aljama, que posiblemente se derribó para construir
un templo románico a mediados del siglo XII, del que se
ha conservado algún resto, y que en el siglo XIV fue sustituido
a su vez por un edificio gótico, que recibió la
dignidad de colegiata.
El exterior
El exterior de la catedral de Barbastro presenta
una gran sobriedad tanto en su estructura como en sus formas decorativas.
La decoración se concentra fundamentalmente en las dos
portadas de acceso, la situada en el costado nororiental, y la
que se abre a los pies del templo.
La fachada de los pies está construida en
ladrillo se encuentra encajonada entre las capillas del Cristo
de los Milagros y de san Carlos Borromeo, construidas en el siglo
XVIII. La portada de acceso tiene un arco de medio punto, enmarcado
por dos pilastras. Por encima hay un friso con metopas, y en el
centro el escudo episcopal. Cerrando el conjunto un frontón
partido y una hornacina que albergaba una imagen de la Virgen.
Por encima de la portada hay un alero, y en la parte superior,
un rosetón.

En la cabecera, en el costado nororiental, se encuentra
la portada de la plaza de Palacio, que recibe este nombre porque
se abre al palacio episcopal, sede actual del Museo Diocesano
Barbastro-Monzón. Esta portada tiene un arco de medio punto
enmarcado por una arquivolta con cabezas de querubines y decoración
floral, que se sostiene sobre dos pilastras acanaladas y capiteles
con un friso que recorre toda la fachada. A ambos lados del extradós
del arco hay dos hornacinas, y una tercera en la parte superior
de la fachada, flanqueada por dos tondos con San Pedro y San Pablo.
Por encima, rematando el conjunto, el escudo de la ciudad.

La
torre campanario es una construcción exenta, situada junto
a la portada de la plaza de Palacio, en la cabecera de la catedral.
Esta construcción es el principal vestigio de la colegiata
gótica, y seguramente ocupe el mismo lugar del primitivo
alminar de la antigua mezquita aljama. Tiene planta hexagonal
con cuatro cuerpos superpuestos en altura. Los dos inferiores
son la obra original, construida en la Edad Media, y se separan
por una imposta que recorre la torre en todo su perímetro.
Por encima se construyó, en el siglo XVII, un pequeño
torreón que se remató en el XVIII con un chapitel.
La torre guarda semejanzas con otros campanarios de la zona de
Lérida, particularmente el de la Seu Vella, el de la iglesia
de San Lorenzo, también en la ciudad del Segre, y el del
templo de Santa María, en Cervera.
El interior
El interior ofrece una gran sensación de amplitud
pues se compone de planta de salón (concepción renacentista
de las hallenkirchen) de tres naves a la misma altura de cuatro
tramos, separadas por elegantes pilares fasciculados muy esbeltos
que prosiguen en arcos y nervios en forma de palmera creando bóvedas
de crucería estrelladas muy complejas. Las claves estás
profusamente decoradas.

En la parte superior de los muros laterales se abren
vanos apuntados que filtran la luz al interior del edificio, cuyas
vitrales fueron destruidas en la última Guerra Civil.
A ambos lados de las naves se abren tres capillas
laterales, y dos más a los pies del templo. Todas ellas
fueron añadidas entre los siglos XVII y XVIII. En el lado
sur se encuentran las del Santo Cristo de los Milagros, San Francisco
Javier, la Asunción, y la de Santiago; y en el lado norte
la de San Carlos Borromeo, San José, la capilla del Rosario,
y la de los Reyes.

En la cabecera, en el costado meridional, se sitúa
la Sala Capitular, el locutorio y el vestuario, y por detrás
de la Capilla Mayor, la sacristía.
A finales del siglo XVI se instaló en el centro
de la nave mayor la sillería de un coro, que fue realizada
por los mazoneros Jorge Comón y Juan Jubero. El órgano
fue realizado por Pedro Lázaro de Ambel. Este último
se destruyó en la Guerra Civil. El órgano actual
se realizó en la década de los 50 del pasado siglo,
y se encuentra situado frente a la capilla de la Asunción.
El retablo mayor
El
retablo mayor es de unas las obras maestras de la escultura renacentista
aragonesa. El banco, realizado en alabastro, es obra de Damián
Forment y su discípulo, Juan de Liceyre. El cuerpo superior
es de madera policromada, y fue esculpido a comienzos del siglo
XVII por los maestros Juan Miguel de Urliens, Pedro de Armendia
y Pedro Martínez de Calatayud.
Su iconografía gira en torno a la Asunción
de la Virgen. En el sotobanco se encuentran las imágenes
de los obispos san Poncio y san Ramón, sobre las cuáles
hay dos hornacinas con María Magdalena y san Jerónimo.

En el basamento hay diferentes escenas del ciclo
de la Pasión: la Oración en el Huerto, el Prendimiento,
la Resurrección, el Ecce Homo, el camino del Calvario,
el Descendimiento, la Piedad y la Purificación. En los
extremos se encuentran las efigies de los santos Pedro y Pablo.
El cuerpo del retablo se articula en torno a dos pisos con tres
calles y sus correspondientes entrecalles. En el centro del primer
piso puede verse representada la Asunción de la Virgen,
y en las calles laterales la Anunciación, la Natividad,
la Circuncisión y la Adoración de los Magos. En
las entrecalles cuatro representaciones de santos: en la de la
izquierda san Lorenzo y san Vicente Mártir y en la derecha
Juan el Bautista y santa Catalina.

En el segundo nivel, en el centro, se encuentra la
Trinidad coronando a la Virgen, bajo el óculo expositor
eucarístico, enmarcado por figuras de ángeles. En
las calles laterales se representa la Ascensión y el Pentecostés,
y en las entrecalles los santos Roque, José, Magdalena
y Lucia. En el ático, cerrando el conjunto, hay una Crucifixión,
y en los extremos, las figuras de san Miguel arcángel y
el santo Ángel Custodio.

El retablo de San Ramón
El retablo de san Ramón se encuentra en la
cabecera de la nave del evangelio. Fue realizado en el segundo
tercio del siglo XVII, y su iconografía gira en torno a
este santo, segundo obispo de la diócesis y patrón
de la ciudad. Tiene un banco, tres calles, entrecalles con tres
pisos, y un ático.

El retablo de San Pedro Apóstol
En el ábside de la nave de la epístola
se encuentra el retablo de san Pedro apóstol, que fue realizado
a mediados del siglo XVIII. En las capitulaciones se estipuló
que su estructura debía guardar semejanzas con la del retablo
de san Ramón, como efectivamente se realizó. Al
igual que éste, está formado por un banco, tres
calles, entrecalles con tres pisos, y un ático.

Pinturas murales de la iglesia de San Vicente
de Vió
Como
extensión de la colección del Museo Diocesano de
Barbastro hay que destacar las pinturas románicas murales
procedentes de la iglesia de San Vicente Mártir de Vió
y que se exhiben en la actualidad en la Capilla del Ángel
Custodio de la Catedral.
Se trata, en concreto de parte de las pinturas que
cubrían su ábside y que son datables en el siglo
XIII (románico tardío).
Se representa la escena descrita por San Juan Evangelista
en el Apocalipsis como la Parusía o venida en gloria de
Cristo. De este modo se pintó un Maiestas Domini perfectamente
conservado. Está rodeado por la habitual mandorla, su cabeza
está rodeada por su nimbo crucífero, bendice con
la mano derecha y porta el Libro con la izquierda. Está
rodeado de los símbolos de los Evangelistas.

Por encima se aprecia la Psicostasis, dos reyes músicos
que a buen seguro son sólo una breve muestra de los veinticuatro
ancianos relatados en la Parusía del Apocalipsis y, por
último, dos ángeles que anuncian con sus trompetas
el Juicio Final mientras los fallecidos resucitan de sus tumbas
abiertas.

En el lado derecho -según el observador- también
quedan restos de una bien conservada escena que corresponde a
la Adoración de los Reyes Magos.
En la franja o registro inferior se pintaron flores
de lis, estrellas y varias cruces patadas alisadas y redondeadas
sobre fondos azul y rojo. En el registro más bajo, ya muy
maltrecho, se aprecian cortinajes y animales en medallones: leones
y grifos.

Autores del texto del artículo
de ARTEGUIAS:
Víctor López Lorente y David de la Garma)
