Guía de la Catedral de Béziers,
Francia
Introducción
Emblema
de Béziers, en la región costera de Hérault,
se alza orgullosa la catedral de Saint-Nazaire-et-Saint-Celse.
El monumento fue consagrado en honor a estos
dos hombres piadosos unidos por su actividad predicadora, que
posteriormente serían elevados al rango de santos tras
su martirio. Celso fue discípulo de Nazario, ambos fueron
decapitados en el año 56 d.C. durante el reinado del emperador
Nerón.
Visible desde muy lejos por su situación
privilegiada sobre una alta colina y circundada por las murallas
romanas y medievales de la antigua ciudad, completa la preciosa
estampa occitana el Pont Vieux románico sobre el río
Orb.

La reconstrucción gótica de la
catedral de Saint Nazaire de Béziers tras la cruzada de
1209 dejó, afortunadamente, intactos algunos elementos
importantes del edificio románico anterior.
Todavía hoy podemos observar su nave
única abovedada, posiblemente una de las primeras naves
anchas de la arquitectura languedociana tardía (mediados
del siglo XII). Su construcción marca el culmen de la escuela
propia de Béziers, de gustos arcaizantes.

Historia
La primera mención que conservamos de
la catedral de Béziers data del 889, pero es probable
que ya existiera una sede episcopal desde época romana
consagrada a San Afrodisio, cuyo martirio tuvo lugar en esta ciudad
alrededor del año 70 a.C. Otros especialistas señalan
que podría tratarse de un templo consagrado a Augusto y
su esposa Livia.
De este primer edificio carolino no queda ningún
resto. Todo lo que sabemos es que en 977 el vizconde Guillaume
de Béziers dona la villa de Lignam y ordena que sus recaudaciones
sean destinadas en su totalidad a la construcción de San
Nazario.
En 1130, según queda recogido en un
cartulario del archivo de la catedral, el obispo Bermond y el
cabildo hicieron cuantiosas donaciones para continuar las obras;
mientras que en 1154 el noble Raymond dona los diezmos de sus
feudos de Aureillac y Maureillan. Así pues, para mediados
del siglo XII la construcción del edificio románico
debía estar bastante avanzada.

Sin embargo, será quemado por las tropas
de Simón de Montfort durante la cruzada contra los albigenses
en julio de 1209. En su "Canción de la Cruzada",
Guillermo de Tudela recoge este cruento episodio y nos revela
el nombre del maestro de obras del edificio destruido: "La
ciudad ardió a lo largo y ancho. También la catedral,
obra del maestro Gervais, fue incendiada. Se partió por
la mitad y se derrumbó".

Las obras de reconstrucción comenzaron
inmediatamente, ya en un estilo gótico interpretado de
forma castrense pues se fueron construyendo numerosas estructuras
defensivas, resultado del escarmiento por la destrucción
dramática y traumática del edificio anterior. En
1215 el obispo Raimundo II donó su fortuna para la reparación
del crucero y del coro, seguidos del ábside y la capilla
de la Virgen a finales del siglo XIII. Los trabajos se reanudan
en 1300 con la continuación de la nave y las capillas laterales
y se terminan el claustro y la sala capitular.
El edificio que conservamos es, por tanto, una construcción
del gótico meridional.

Afortunadamente las huellas del periodo románico
de la Catedral de Béziers no desaparecieron por completo,
siendo integradas en este nuevo edificio de época cruzada.
Sin duda, la relativa pobreza del obispado de Béziers también
definió el proyecto gótico incompleto.

Las restauraciones realizadas a principios
del siglo XX nos han permitido identificar y estudiar sin dificultad
los restos románicos, dejándonos saber cómo
sería originalmente la obra del Mestre Gervais.
En esencia, se conservan restos del antecoro,
tramos parciales de la nave hasta los capiteles y una pequeña
puerta desprovista de tímpano datada en el siglo XII, tapiada
e integrada en el muro en el siglo XIV. En 1932 se descubrió
una cripta de principios del siglo XIII de planta heptagonal,
aunque su mal estado de conservación y la falta de prospecciones
nos impiden profundizar en su estudio.

Arquitectura
Exterior
Exteriormente, la catedral tiene el aspecto
de una fortaleza, con elementos arquitectónicos que nos
recuerdan más a un baluarte que a un templo.
El edificio está dominado por una torre
maciza cuadrangular de casi 50 metros de altura coronada por un
campanario del siglo XV sujeto por columnas cuyas basas se transforman
en rostros humanos. Numerosas gárgolas adornan sus cornisas.
En su interior acoge seis campanas, la más antigua datada
en 1788.

La fachada principal está flanqueada
por dos grandes torres almenadas rematadas por falsos matacanes.
Se advierte una tercera torre circular retranqueada que bien se
asemeja a una atalaya de vigilancia.

En el centro de la composición se abre
un imponente rosetón de 10 metros de diámetro. Bajo
él encontramos la portada principal original, hoy en desuso,
a base de pronunciadas arquivoltas apuntadas. A cada uno de los
lados encontramos dos estatuas femeninas, prácticamente
la única decoración que ha llegado hasta nosotros.

A la derecha vemos a una mujer joven coronada,
que sonríe y parece abrir los brazos. Se trata de la personificación
de la Iglesia, dispuesta a acoger a todos los que deseen abrazarla.
En cambio, a la izquierda, otra joven gira la cabeza en actitud
de rechazo. Se trata de la Sinagoga, que lleva los ojos vendados
en representación de la "ceguera espiritual"
del pueblo judío al no reconocer a Cristo como su Mesías.
Esta alegoría del triunfo de la Cristiandad
frente a la decadencia del judaísmo fue muy popular en
la Alemania y Francia medievales, pudiendo encontrar más
ejemplos en las grandes catedrales de Reims, Burdeos y Estrasburgo.
En el siglo XVII se abre una nueva puerta de
acceso en la fachada norte coronada por un dintel de madera del
siglo XVI que representa el martirio de los santos Nazario y Celso.
Interior
El interior de la Catedral de Béziers
tiene planta de cruz griega, con unas dimensiones de 50 metros
de largo, 14 de ancho y 33 de alto.

Preside la nave el coro barroco con una pomposa
alegoría de la ascensión de las almas de Nazario
y Celso al Paraíso, que se elevan sobre nubes alboradas
ayudados por ángeles. Este exuberante trabajo en piedra
se ve realzado por las estatuas de los cuatro evangelistas y sobre
todo, por el abundante uso del mármol rojo de Caunes-Minervois.

Además, el antecoro está decorado
con seis grandes lienzos del siglo XVII: tres de ellos representan
escenas de la vida de Moisés y los otros tres ilustran
la vida de Constantino y su madre Santa Elena, estos últimos
firmados por el célebre pintor francés Jean Raoux.
Los vitrales del ábside también datan de esta misma
época, aunque se han reutilizado fragmentos góticos.
Observaremos que a lo largo de esta nave única
se abre la sacristía construida en el siglo XV por el obispo
Guillaume de Monjoie, así como una sucesión de capillas
familiares que conservan restos de pinturas murales de temática
religiosa, puestas en relación con los talleres toscanos
que intervinieron en Aviñón, dándonos una
idea del refinamiento que debió poseer este templo.
Es en este espacio donde encontraremos algunos
restos románicos de la primera catedral. Se trata de seis
capiteles de la época del maestro Gervais, cuatro en la
nave y otros dos en el brazo izquierdo del transepto. Presentan
motivos historiados, figurativos o puramente vegetales.

El primero de ellos muestra la adoración
de los Reyes Magos. En el centro aparece la estrella representada
a través de un simple disco. A la derecha de esta vemos
a la Virgen como trono de Dios, es decir, sentada y con el Niño
en las rodillas. A su lado, San José reposa en un trono
similar, y detrás de ellos un ángel ocupa todo el
espacio. A la izquierda de la estrella, los tres Reyes Magos aparecen
vestidos con largas túnicas y coronados. Tanto María
como el Niño miran de frente, indiferentes a la adoración
de la que son objeto.

Sin embargo, no se ha podido identificar el
tema representado en el otro capitel historiado. Vemos tres figuras
de pie con rostros ovalados e inexpresivos. Dos de ellos extienden
y abren las manos mientras que el tercero las cruza sobre el pecho.
Se atisban las vestiduras de una cuarta persona.
Los capiteles figurados presentan un collarino
foliado, cuyas hojas trepan y se enredan en la composición.
En ambos se muestra una lucha entre bestias y hombres, tema de
gran calado simbólico en el arte Románico.

En uno de ellos se aprecian fieras cabezas
de león que abren sus mandíbulas, mientras que en
el otro se yerguen hombres que parecen estrangular unos monstruos
de cuerpo escamado que enroscan su larga cola en las alas, posiblemente
dragones.

Existen otros dos capiteles con decoración
exclusivamente vegetal, ambos presentan los mismos motivos: ramas
de gruesos tallos entrelazados que crean una corona de frutos
en torno al ábaco.

La tosquedad con la que han sido trabajados
los dos capiteles bíblicos, de formas excesivamente geométricas
y un tanto arcaizantes en comparación con la relativa calidad
que presentan el resto ha llevado a algunos especialistas a señalar
la posible intervención de varios talleres escultóricos.
Remata el espacio el gran órgano del
siglo XVII estilo Luis XIII instalado sobre una tribuna renacentista,
hoy en día todavía en funcionamiento.

El Claustro
El claustro moderno fue construido a finales
del siglo XIV. Sin embargo, las excavaciones de 1949 realizadas
en los muros de contención y la galería meridional
confirmaron la existencia de un claustro románico anterior,
probablemente del siglo XI, construido al mismo tiempo que los
muros de la catedral original. Todavía se conservan restos
arquitectónicos del mismo, vestigios que nos hablan de
una sala alargada, sujetada por arcos diafragma y muros toscos,
cuyos arranques aún pueden verse, y que conformaban un
espacio irregular.

Situado en el costado sur de la iglesia, el
complejo actual del siglo XIV descansa sobre una imponente base
consistente en un muro con matacanes sostenido por arcos apuntados
entre los contrafuertes, que carecen por completo de la tracería
que caracteriza al gótico.
La decoración de las galerías
interiores se limita a los pequeños capiteles adosados
al muro que rematan los haces nervados de las bóvedas de
crucería. Todos son diferentes entre sí, y en su
mayoría, representan animales fantásticos del bestiario
medieval.

Por otro lado, la galería superior nunca
llegó a construirse. Esto, junto a la falta de decoración,
nos hace hablar de un espacio inacabado.

El claustro fue usado por los canónigos
hasta la Revolución Francesa, cuando el país se
tornó anticlerical. Entonces quedó desnudo, como
demuestra la fuente que adornaba su centro y que fue trasladada
a la plaza de la ciudad conocida como Place de la Révolution.
En el siglo XIX, se utilizó como depósito
lapidario para guardar a buen recaudo las piezas encontradas durante
las excavaciones realizadas en el entorno de la catedral. En la
actualidad sólo quedan algunos vestigios, entre ellos un
busto romano, así como lápidas inscritas con epigrafía
medieval y moderna. Los demás hallazgos arqueológicos
se han reunido en el Museo del Biterrois (Béziers).