Guía de la Catedral de Trieste, Italia
Introducción
La Catedral de Trieste, dedicada al patrón de la ciudad
San Justo Mártir, está situada sobre la colina homónima,
desde época romana epicentro de un importante asentamiento.
Su fama se justifica fundamentalmente por los mosaicos
bizantinos que se han conservado en dos de sus ábsides.
Los hallazgos arqueológicos más antiguos
en la colina de San Giusto son los restos de un propileo que data
del siglo I d.C., probablemente financiado por Publio Palpilio
Clodio Quirinal, que comenzó su carrera como centurión
en la Legio XX Valeria Victrix y terminó como prefecto
de la flota de Rávena bajo Nerón.

Medía 17 metros de largo y 5 metros de ancho,
y sus vestigios pueden verse hoy a través de una reja incorporada
al campanario de la catedral. Se desconoce qué había
detrás de esta monumental puerta, aunque las excavaciones
apuntan que se trataría de un templo capitolino.
También se han encontrado vestigios de una gran basílica
de cerca de 100 metros de largo por 20 de ancho, de la que solo
quedan los arranques de las columnas. Sus enormes dimensiones
sugieren que daría servicio a una gran comunidad.
Los estudios arqueológicos señalan
que las estructuras y los materiales de ambos edificios fueron
reutilizados en la construcción de un primitivo templo
paleocristiano alrededor del siglo V. De él solo nos han
llegado fragmentos de mosaico rojo, blanco y negro que han sido
integrados en el suelo de la catedral actual, así como
la base del campanario. Se presupone que fue derribada durante
las invasiones bárbaras, y sobre ella se construiría
una nueva iglesia dedicada a Santa María. Pero se trata
sobre todo de reconstrucciones históricas, pues hasta el
siglo XI no encontramos datos fiables. La única prueba
es una inscripción que atestigua la restauración
de la iglesia que tuvo lugar en 547 tras la intervención
de Frugifero, el primer obispo conocido de Trieste.

En una época indeterminada, pero algo posterior
a la construcción de Santa María, se levanta junto
a esta la capilla de San Justo, construida específicamente
para albergar las reliquias del patrón de la ciudad. Los
historiadores no se ponen de acuerdo sobre la fecha exacta de
su construcción, pero la sitúan a partir del siglo
X.

El aspecto actual de la catedral de Trieste
es el resultado de la fusión de estos dos templos preexistentes,
unificados por el obispo Roberto Pedrazzani da Robecco entre 1302
y 1320 para dotar a la ciudad de una imponente catedral. Se demolieron
las dos naves contiguas; se construyó la gran nave central
y un nuevo ábside y se añadió una nueva y
sencilla fachada de sillares de roca arenisca, adornada con un
rosetón de mármol blanco.

Los primeros documentos relativos a la Catedral datan
de 1337, cuando el campanario se recubrió con un grueso
muro para sostener el nuevo edificio. Las obras del campanario
concluyeron en 1343, pero las de la iglesia se prolongaron casi
hasta finales de siglo.
A la izquierda del campanario se encuentra el baptisterio, construido
en 1380 y dedicado a San Juan Bautista, con una pila bautismal
hexagonal del siglo IX.
Arquitectura y decoración
Exterior
La catedral de Trieste cuenta con una austera fachada
triangular asimétrica, realizada en piedra arenisca de
las cercanas canteras de Muggia. Como decíamos, está
dominada por un gran rosetón del siglo XIV de mármol
blanco kárstico, labrado in situ por maestros canteros
traídos expresamente desde Cremona, de donde era el obispo
Robecco.

Como comentamos anteriormente, para la fachada se
utilizó material de acarreo de época romana. Por
ejemplo, el marco de la puerta principal proviene de una lápida
funeraria del siglo I d.C.: todavía se aprecian en él
los retratos de seis miembros de la familia patricia Barbi.
Sobre ella, se colocaron en 1862 tres pedestales obtenidos de
un zócalo hallado durante las excavaciones arqueológicas
para sujetar los bustos de personajes ilustres de la ciudad: Enea
Silvio Piccolomini, obispo de Trieste de 1447 a 1450 y más
tarde Papa Pío II, Rinaldo Scarlicchio (1622-1630), descubridor
de las reliquias de San Justo, y Andrea Rapicio (1567-1573), humanista
del siglo XVI, a los que se añadió en 2020 la efigie
de Monseñor Antonio Santin.

En el campanario también se reutilizó
material de las estructuras romanas preexistentes. Hacia la mitad
de la torre se incrustó una cornisa derivada del antiguo
propileo y en ella se colocó un nicho gótico para
albergar una estatua de San Giusto, que sujeta la maqueta de la
ciudad en una mano y la palma del martirio en la otra. Nótese
que la cabeza del santo tiene un tamaño diferente al cuerpo,
pues también ha sido reutilizada.

Interior
Apenas hay documentación contemporánea
sobre el proceso de decoración del interior de la catedral
de Trieste, aunque si se conserva el contrato de obra de los frescos
del ábside central: en 1423 se encarga a los artistas Domenico
Lu Domine y Antonio Baietto una Coronación de la Virgen.
Sin embargo, en 1843 las pinturas fueron destruidas y tapadas
por un artesonado neoclásico. En las restauraciones de
comienzos del siglo XX, se retiró el artesonado y se sustituyó
por un mosaico que retoma el tema de la Coronación.

Sin embargo, como ya anunciamos, además de
la curiosa configuración de cinco naves como consecuencia
de la fusión de dos templos independientes, el mayor aliciente
artístico de la catedral de Trieste es, sin duda, el conjunto
de mosaicos bizantino plenomedievales de dos de los ábsides
laterales

Tampoco son despreciables los frescos románicos
que encontramos en la cabecera y de los que os ocuparemos posteriormente.
Como decíamos, los dos ábsides laterales
están decorados con magníficos mosaicos.

Mosaico de la Virgen Kiriotissa
El ábside de la izquierda presenta una bellísima
Madre de Dios sobre fondo dorado, que aparece sentada en un trono
con el Niño en brazos (Kiriotissa) y dos arcángeles
en déesis a los lados.

Se trata de una obra de origen constantinopolitano
datada en la primera mitad del siglo XII. En el hemiciclo inferior
encontramos otra pieza contemporánea: una idílica
representación en mosaico de los Apóstoles.

Sin embargo, este conjunto se ha atribuido a un taller
veneciano, tales son las similitudes con los mosaicos encontrados
en Rávena o Torcello.

Mosaico de Cristo y los santos Justo y Servolo
En la bóveda de cuarto de esfera del ábside
derecho sobresale un Cristo de cuerpo entero que se encuentra
de pies sobre un escabel. Se encuentra portando el Libro en la
mano izquierda y bendice con la derecha.

Esta representación cuenta con la particularidad
de que Jesús está pisando dos bestias maléficas:
un dragón y un basilisco.

Se encuentra flanqueado por los santos Justo y Servolo,
el otro patrón de la ciudad, cuya alabarda se conserva
en el Tesoro de la Catedral. Los rasgos esbeltos y severos de
los personajes sitúan la elaboración de este mosaico
a principios del siglo XIII, por artistas bizantinos.

En el hemiciclo absidal, entre las columnas
hay un conjunto de pinturas románicas sobre el martirio
de San Justo, donde se relata el arresto del santo, su flagelación,
así como el santo dirigiéndose a la barca con pesas
de plomo en manos y pies y, una vez ahogado, la vuelta del cuerpo
a la orilla del mar.

Posteriormente se describe el
sueño del sacerdote Sebastián para que encuentre
el cuerpo del mártir en la playa para darle un digno entierro
y, por último, la elevación del alma al cielo y
el funeral.

Otros aspectos interesantes de la Catedral de
Trieste
En el interior de la catedral de Trieste se conservan
numerosas obras de arte y elementos interesantes. Una de esas
obras es un relieve románico de la Virgen con el Niño
empotrada en un pilar de la nave meridional. También hay
dos "Piedades" de los siglos XV - XVI.
Hay que añadir la existencia de un políptico
atribuido a Paolo Veneziano, importante artista italiano que personifica
la transición entre la pintura bizantina y el naturalismo
de Giotto.

También hallamos el tesoro de la catedral
tras una reja barroca donde se guarda, entre otras muchas obras,
la alabarda de San Sergio, símbolo de la ciudad y un Cristo
románico de bronce.

Por último diremos que en la nave meridional
se encuentran las tumbas de personajes relevantes de la historia
de España. Nos referimos a la de Carlos María Isidro
de Borbón (aspirante a monarca en el siglo XIX en relación
con las Guerras Carlistas) y sus dos esposas: María Francisca
y María Teresa de Braganza, además de su hijo "Carlos
VI" y su nieto "Carlos VII".
