Guía de la Seu de Manresa (Colegiata Basílica
de Santa María), Barcelona
Introducción
Manresa
es una populosa ciudad de la provincia de Barcelona con sus 78.000
habitantes. Pertenece a la Comarca de Bages y se encuentra a una
altura sobre el nivel del mar de 250 metros.
Ubicada en la cima del Puigcardener, la Basílica
de Santa María de la Seu (conocida popularmente como la
Seu de Manresa) es todo un icono y una joya del gótico
catalán, además del símbolo de la ciudad.
Con el término seu (sede en catalán)
podríamos pensar que se trata de una catedral. No es así,
pero las grandes dimensiones del templo y la importancia de la
ciudad, hace que los manresanos la consideren su catedral.

El lugar donde se levanta esta basílica
ha sido un punto estratégico desde la antigüedad,
albergando un poblado íbero, una fortaleza romana un templo
prerrománico y otro románico.

Sin embargo, la construcción actual,
iniciada en 1322, es un claro ejemplo del gótico catalán,
con sus grandes dimensiones, bóvedas de crucería
y ventanales que permiten la entrada de abundante luz natural.
No obstante, aunque la estructura principal
es gótica, la fachada principal y la torre del baptisterio
presentan un estilo neogótico, diseñadas por Alexandre
Soler i March bajo la influencia de Antoni Gaudí.

Historia
La Seu de Manresa es un imponente edificio
que domina el paisaje de la ciudad. Su construcción se
inició en el siglo XIV bajo la dirección de Berenguer
de Montagut, el mismo arquitecto de Santa Maria del Mar en Barcelona.
La Basílica de Santa María de
Manresa es uno de los mejores templos góticos construidos
en Cataluña, además de haber conservado restos de
la anterior iglesia románica de los que luego nos ocuparemos.
Su valor se acrecienta debido al numeroso repertorio de obras
de arte mueble que atesora.
Hacia el año 947 se consagró
una iglesia prerrománica en el lugar que hoy ocupa la basílica
de la Seo de Manresa. En la actualidad tan sólo queda un
capitel conservado en el museo histórico de la Seu. La
primitiva iglesia prerrománica fue destruida en el siglo
XI.
A finales del siglo XI se supone que se inició
la construcción de la iglesia románica, de la que
quedan fragmentos reutilizados en la iglesia gótica, especialmente
la puerta exterior del claustro con un tímpano en la que
aparece La Virgen María y el Niño flanqueados por
cuatro ángeles con incensarios.
También hay una arquería románica
con arcos de medio punto sobre parejas de columnas pareadas que
pudo pertenecer al claustro románico o a una galería
porticada.

Desde 1296 existen referencias del intento
de construir una iglesia dedicada a Santa María, mucho
más larga y ancha que la existente entonces.

En 1322 se procedió a la recaudación
de dinero para las obras y el 30 de junio de ese año encargaron
el proyecto a Berenguer de Montagut, que empezó las obras
a continuación, aunque oficialmente se ha dicho que la
primera piedra se puso el segundo domingo de octubre de 1328,
y se prosiguió a pesar de los obstáculos propios
de las catástrofes del siglo XIV, entre las que destaca
la peste negra de 1348. La destrucción de gran parte del
archivo de la sede en 1714, hace que las fechas sean definidas
por los historiadores con notables diferencias cronológicas.

Está probada documentalmente una primera
inauguración de la parte construida, el 12 de mayo de 1353,
la demolición de la iglesia vieja en 1364 y la consagración
del nuevo altar mayor en 1371, cuando Berenguer de Montagut había
sido sustituido por otros maestros como Arnau de Vejeros o Pedro
Ermengou. En 1372 fueron trasladados a la sede los "santos
cuerpos" de los mártires Mauricio, Fruitós
y Agnès, procedentes de Sant Fruitós de Bages, y,
en 1578, se bendijo la cripta en la que fueron depositados y donde
continúan después de muchas vicisitudes. También
del siglo XVI es el campanario de planta cuadrada, situado en
la parte norte de la iglesia. El claustro se realizó a
partir de 1628 y sufrió muchos cambios durante los siglos
XVII y XVIII.
La Seu de Manresa obtuvo el título de
Basílica en 1886 otorgado por el papa León XIII.
Finalmente, en 1931 fue declarada Monumento Nacional.
Arquitectura
Actualmente, la Seu de Manresa es un amplísimo
templo construido completamente con buena sillería. Mide
68 metros de largo, 33 de ancho y unos 30 de alto. La anchura
de la nave, 18,5 metros, la convierte en una de las más
amplias del gótico europeo y nos trae a la memoria la anchura
de su homóloga de Girona.

Su planta es de tres naves (mucho más ancha
la central) de tres tramos cada una, transepto no acusado en planta,
con un pórtico o nártex al oeste y al este una cabecera
con un ábside poligonal de siete lados rodeado por capillas
que son la extensión natural de las naves colaterales.
Exterior
La cabecera conserva bien sus hechuras góticas
mediante grandes muros en dos niveles de altura (capillas y ábside
central) que constituyen la mitad de un polígono de 14
lados. En cada uno de estos lados hay ventanales góticos
elegantes con parteluz y tracerías tri y tetralobuladas.

El nártex, es su fachada occidental, es un
añadido historicista neogótico constituido mediante
tres grandes arcos agudos sobre columnas y rematados por gabletes.
En la esquina suroeste aparece un edificio poligonal que ejerce
la función de baptisterio y que también corresponde
al proyecto neogótico de comienzos del siglo XX.

La puerta gótica que nos interesa, sin embargo,
es la del costado septentrional, de dimensiones monumentales.
Especial interés tiene la escultura pétrea de la
Virgen María con el Niño Jesús. Está
situada en su tímpano y es obra del escultor catalán
Berenguer Ferrer en el siglo XIV.

De la construcción románica de la Seu
de Manresa nos la llegada una puerta que está en el exterior
del claustro, pero cuyo tímpano original, muy erosionado
se llevó al interior y se reemplazó por una reproducción.

Esta puerta tiene arquivoltas semicirculares, una
lisa, otra de baquetón anillado y la intermedia de gran
baquetón entorchado. Cuenta con el citado tímpano
que es una réplica del primitivo con la Virgen María
y el Niño flanqueados por cuatro ángeles turiferarios.
La portada también tiene un dintel actualmente liso.

Los apoyos son dos largas columnas con capiteles
figurados que representan dos hombres abrazados en lo que podría
ser un combate al estilo pancracio griego (iconografía
muy habitual en el románico) y el Pecado Original seguido
de la Reprensión de Dios.

El campanario de la torre es de planta cuadrada,
tiene una altura de 50,5 metros y estaba coronado por una balaustrada,
después sustituida por una barandilla neogótica
diseñada por Alexandre soler i March.
Interior
Al entrar en la Seu de Manresa la primera impresión
de encontrarnos es un amplísimo espacio, debido a su altura,
pero especialmente a la anchura de la nave central.

Esta nave se separa de las colaterales mediante arcos
formeros apuntados sobre pilares de sección poligonal.
Encima no hay triforio pero si un elevado piso de claristorio
donde en cada tramo se abrió un gran ventanal gótico
que hoy cuenta con vidrieras coloreadas modernas.

Las bóvedas las tres naves, así como
del ábside y de las capillas es de crucería simple.
El aspecto austero de la arquitectura de la Seu de
Manresa contrasta con el numeroso repertorio de obras de arte
mueble.

En efecto, el interior, presidido por una talla
de la Virgen de Alba (copia de una de finales del siglo XIV, destruida
por un incendio "intencionado" en 1979), guarda una
valiosa muestra de pintura gótica catalana: el retablo
de San Marcos y San Aniá, obra de Arnau Bassa (1346); el
monumental retablo del Espíritu Santo, obra de Pere Serra
(1394); el de San Miguel y San Nicolás, obra de Jaume Cabrera
(1406); una larga predela del desaparecido retablo de San Antonio
Abad, obra de Lluís Borrassà (1411) y el retablo
de la Trinidad, obra de Gabriel Guardia (1501), seguidor de Jaume
Huguet.

De todos ellos, probablemente el más valioso
es el retablo del Espíritu Santo de Pere Serra, que es
una de sus obras maestras. Hay que recordar que Pere Serra fue
uno de los pintores más importantes de la pintura gótica
italianizante o italo-gótica (Escuela de Siena) del siglo
XIV, en el que los elementos todavía se disponen bidimensionalmente,
con escasa perspectiva.

En este retablo predominan los dorados y el color
rojo aterciopelado. Las escenas bíblicas se representan
mediante personajes en actitudes serenas, amables, líricas,
sin asomo del dramatismo que protagonizarála pintura gótica
en su etapa final. Se considera que Serra se autorretrató
en una de las pinturas del extremo inferior derecha.

La pintura inferior central, correspondiente al Santo
Entierro, es de otro importante artista: Lluis Borrasá,
que fue el introductor del estilo gótico internacional
en Cataluña. En esta obra se percibe ya un creciente dramatismo.

No podemos obviar el llamado Frontal Florentino.
Hasta hace muy poco tiempo, sólo se podía contemplar
ver bajo petición, pero afortunadamente se ha colocado
en el costado meridional de la Seu y se puede visitar libremente.

Se trata de un precioso frontal de altar gótico
de tela bordada. Sabemos que fue encargado por el jurista manresano
Ramón Saera al bordador florentino Geri di Lapo como atestigua
un texto en el antipendio:
Por tanto es una maravillosa obra textil medieval
confeccionada en Florencia durante la primera mitad del siglo
XIV y elaborada con hilos de seda, oro y plata dorada, sobre un
doble lienzo. En las zonas donde no se ha conservado el bordado
puede apreciarse el dibujo preliminar, de una calidad excepcional.
En la parte central está representado el Calvario
y en la sección derecha las escenas completan el ciclo
de la Pasión, mientras que a la izquierda se representan
escenas de la infancia y de la vida pública de Cristo.
A los pies de la Seu de Manresa, en la esquina meridional
está el baptisterio de factura neogótica que fue
construido siguiendo fielmente las pautas del templo en sus arcos,
bóvedas y ventanales.

Lo que deja constancia de que estamos ante una obra
contemporánea es en los capiteles de las columnas, exageradamente
expresivos, con profusión de animales dramáticamente
esculpidos.

No podemos abandonar la Seu de Manresa sin visitar
el denominado "Espacio Oliba" al que se accede desde
uno de los rincones del claustro.
Además de poder ver el tramo del claustro
románico se accede a un espacio donde se han hecho grandes
excavaciones arqueológicas y han aparecido diferentes niveles
y restos de los distintos templos que se fueron erigiendo sucesivamente.

A pesar de la mezcla de estructuras, el subsuelo
del claustro refleja fielmente los orígenes de la Seu y
de Manresa. Bajo los cimientos rústicos de la capilla de
los Favets se ve cómo el terreno se eleva hacia el sureste:
es la pendiente natural del Puig Cardener, donde estaba el primer
núcleo habitado de la ciudad. Las excavaciones de 1991
detectaron algunos restos de poblamiento íbero. Antes del
año 1000 se realizaron inhumaciones, algunas ya en los
siglos V y VI, seguramente alrededor de un lugar de culto cristiano.

Además, este espacio arqueológico es
un verdadero museo lapidario, con columnas, capiteles, dovelas,
claves de bóveda, etc. de dichos periodos. Además
hay interesantes paneles informativos y maquetas que nos ilustran
acertadamente de la evolución constructiva del complejo.
