Entre el 30 de marzo y el 6 de abril
tuvo lugar la primera edición del esperadísimo Viaje
Guiado ARTEGUIAS "El Color de las Iglesias Bizantinas en
Ática, Beocia y Peloponeso, Patrimonio de la Humanidad",
un completo recorrido por el legado arquitectónico del
grandioso Imperio Bizantino a lo largo de la Grecia meridional.

El domingo bien temprano nos encontramos
en el Aeropuerto Madrid-Barajas con destino Atenas, donde nos
recogió nuestro autobús privado para iniciar la
ruta.

Tras una breve parada para contemplar
el impresionante Canal de Corinto, llegamos a la pequeña
localidad de Agia Triada, cuyo principal monumento es su encantadora
iglesia del siglo XII de Koimisi Theotokos, que nos sirvió
de ejemplo modélico para entender los principios básicos
de la arquitectura bizantina.

Tras una pausa para un café en
una concurrida pastelería de la zona, pusimos rumbo al
céntrico hotel de Esparta, que sería nuestra sede
durante los próximos cuatro días para cenar y descansar
de tan largo viaje.
El lunes por la mañana nos acercamos
al pueblo de Skala para contemplar su iglesia de Agios Georgios,
un humilde pero sereno templo, muy querido por sus vecinos.

Desde aquí continuamos hacia
el bonito pueblo de Monemvasía, una ciudadela medieval
erigida sobre un peñón que domina toda la costa
del Egeo. Pasemos tranquilamente por sus pintorescas calles y
disfrutamos de la gastronomía local en un bonito restaurante
con vistas al mar.

La jornada de la tarde la dedicamos
por completo a Geraki, un pueblo que alberga numerosas iglesias
bizantinas, muchas de las cuales conservan sus pinturas murales.
Nosotros nos centramos en algunas de las más importantes:
Agios Atanasios, Agios Sozon, la pequeña Evangelistria,
y especialmente, Agios Ioannis Chrysostomos, cubierta por completo
por un bellísimo ciclo mariano datado en el siglo XIV,
que nos sumergió de lleno en el color de estos templos.

Finalizamos el día con un café en los
bares de la plaza mayor antes de regresar a nuestro hotel de Esparta.
El martes nos dirigimos a la remota península
de Mani, bordeando la azulada costa mediterránea para llegar
hasta el monasterio de Dekoulou, ubicado en el idílico
pueblo de Itilo. Es este uno de los monumentos posbizantinos más
destacados de la región por su riqueza tanto histórica,
pues en él se acordó la revolución contra
los turcos, como artística: desde su delicado iconostasio
tallado en madera hasta su célebre zodiaco cristológico.

De camino a nuestra siguiente visita, paramos en
una agradable terraza soleada a desayunar y coger fuerzas para
ascender las empinadas cuestas de Kastania.
Se trata de un pueblecito de montaña que acoge
un total de 10 iglesias, de las cuales nosotros visitamos tres.
Empezamos por la encantadora Agios Ioannis, tan pequeña
y coqueta que parece una maqueta. Con paciencia, fuimos subiendo
hasta la renombrada iglesia de Agios Petros, datada en el siglo
XII y recientemente galardonada con el premio Europa Nostra por
su dedicada restauración. Nos detuvimos un buen rato en
ella, analizando cuidadosamente su ciclo pictórico del
dodekaorton. Finalmente, bajamos hasta Agios Nikolaos, una de
nuestras favoritas por lo naif de sus pinturas.

Llegada la hora de la comida, nos acercamos a la
bonita localidad costera de Stoupa, donde disfrutamos de una deliciosa
parrillada de marisco fresco frente al mar.
Al acabar, nos encaminamos hacia Esparta, que se
encontraba a cierta distancia. Cuando llegamos al hotel, muchos
aprovechamos para dar una vuelta por esta mítica ciudad
antes de reunirnos para cenar.
Iniciamos el miércoles visitando el monasterio
de Tessarakonta, en la cercana localidad de Crisafa. Consagrado
a los Santos Cuarenta Mártires, se trata de uno de los
principales centros espirituales del Peloponeso, cuya iglesia
presenta un sobresaliente conjunto pictórico realizado
en el siglo XVII por el célebre pintor cretense Georgios
Moschos. Al tratarse de un monasterio vivo, pudimos observar la
rutina y la liturgia de sus monjes, que amablemente nos prepararon
un rico desayuno para darnos la bienvenida. Sin duda, una experiencia
muy enriquecedora.

A continuación, visitamos la iglesia rural
de Samarinas, dedicada a la Virgen como Fuente de Vida. Ubicado
en un paraje incomparable, aislado en medio de un bosque de olivos,
este antiguo katholikon del siglo XI hizo las delicias de todos
los fotógrafos del grupo, pues ofrecía una bellísima
instantánea que conjugaba perfectamente arquitectura y
naturaleza en estado puro.

Después de una estupenda comida en el propio
hotel de Esparta, nos acercamos a la ancestral ciudad de Mistras.
Se trata de un conjunto monumental, Patrimonio de la Humanidad
por la UNESCO desde 1989, que conserva importantes monumentos
de los siglos XIII al XV claves para la historia helénica,
como murallas, residencias palatinas de la dinastía Paleólogo
y numerosas iglesias bizantinas, muchas de las cuales visitamos.

Aunque el ascenso estuvo marcado por una fuerte lluvia,
bien mereció la pena llegar hasta la joya de Pantanassa,
la última iglesia aquí construida y la que mejor
ha sabido conservar sus antiguos frescos.

Regresamos por última vez a Esparta para cenar
y hacer las maletas, pues al día siguiente emprenderíamos
el camino hacia la región de Beocia.
Dedicamos la mañana del jueves al Conjunto
de Epidauro. Empezamos visitando su Museo Arqueológico,
que alberga variadas piezas desde la época arcaica hasta
la romana: inscripciones, instrumentos médicos, cerámicas,
relieves, capiteles, estatuas y exvotos, etc.

Frente a su célebre teatro nos hicimos la
mandatoria foto de grupo, y pusimos a prueba su acústica
perfecta. Continuamos recorriendo el recinto hacia el Asklepeion,
uno de los principales santuarios de carácter curativo
de la Antigüedad, y visitamos los restos que formaban de
este complejo: tholos, fuentes, gimnasios, baños, altares,
templos...

A la hora de la comida, nos dirigimos a otro bonito
pueblo costero, la animada Nafplio, plagada de encantadoras callejuelas,
tiendecitas y flores. Pronto volvimos a la carretera, pues pasaríamos
las siguientes dos noches en un lujoso hotel ubicado en el puerto
de montaña de Arachova.

El viernes por la mañana nos acercamos al
monasterio de Osios Loukas, sin duda, el monumento más
importante de toda la Grecia medieval. Perfectamente conservado,
recorrimos con detenimiento todas sus estancias, empezando por
la delicada cripta pintada de Santa Bárbara. Sobre ella,
se erigió en el siglo X la iglesia de Panagia Theotokos,
un precioso ejemplo de la arquitectura constantinopolitana. Pero
sin duda, lo que más nos impresionó fueron los suntuosos
mosaicos del nártex del katholikon, que bien le han valido
la calificación de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Al finalizar nuestra visita, dispusimos de un rato
libre para deambular por el monasterio, comprar los bellísimos
iconos pintados por sus monjes y degustar los cafés que
muy amablemente habían preparado para nosotros.

Tras una fantástica comida tradicional en
un restaurante de la ciudad moderna de Delfos, pasamos la tarde
en el fantástico Conjunto Arqueológico homónimo.
Empezamos por el interesantísimo museo, que disfrutamos
enormemente pues tuvimos la oportunidad de contemplar de cerca
piezas tan icónicas como la Esfinge de Naxos, los kouroi
de Kleobis y Bitón, y por supuesto, el delicado Auriga
de Delfos, frente al que nos tomamos una foto de familia.

A continuación, nos adentramos en el Santuario,
que en su tiempo fue el principal centro de poder político
y espiritual de toda la Hélade. Visitamos, maravillados
por la magnitud del lugar, algunas de sus estructuras más
importes, como el Tesoro de los Atenienses, la fuente de Kastalia,
el teatro, y por supuesto, los restos del Templo Oráculo
de Apolo, sede de la insigne Pitia.
Con esto, dimos por finalizada la jornada del viernes
y nos retiramos al hotel de Arachova a cenar y descansar.
El sábado por la mañana pusimos rumbo
a Atenas, pues nos esperaban dos de sus principales monasterios.

El primero de ellos fue el de Dafni, una exquisita
fundación imperial del siglo XI, aunque muy modificado
en épocas posteriores, cuya importancia histórica
y coloridos mosaicos le merecieron el calificativo UNESCO en 1990.

En el extremo opuesto se encuentra el monasterio
de Kaisariani, ubicado en una zona boscosa bañada por limpios
arroyos. Es su eclecticismo lo que le ha dado la fama, pues se
trata de un antiquísimo complejo en el que encontramos
estructuras de época griega, paleocristiana, medieval,
e incluso postbizantina.

Tras una riquísima comida en un moderno restaurante
de la zona, nuestro autobús nos dejó en la plaza
de Monastiraki, en el corazón de Atenas. Cada uno aprovechó
la tarde libre a su antojo: visitando museos, paseando por el
centro histórico, comprando souvenirs en los bazares...
Al caer la noche, nos reunimos para dirigirnos todos juntos a
un nuevo hotel en las cercanías de la capital, donde celebramos
una última cena familiar antes de regresar a España.
Aprovechando nuestras últimas horas en el
país heleno, el domingo madrugamos para visitar la popular
iglesia de Kapnikarea, ubicada en una de las arterias comerciales
de Atenas. Nos llamó la atención el contraste entre
este sencillo templo medieval y los modernos comercios y edificios
de oficinas que lo rodean. Aquí pudimos presenciar, siempre
desde el respeto, una misa ortodoxa, ofreciéndonos una
nueva perspectiva de la liturgia bizantina.

No muy lejos se encuentra la Pequeña Metrópoli,
una controvertida construcción que resulta muy difícil
de datar, ya que su exterior está completamente forrado
por relieves de acarreo, que pasamos un buen rato tratando de
desentrañar.
Como había salido el sol y las calles empezaban
a llenarse de vida, nos sentamos a desayunar en las numerosas
terrazas de la calle Evangelistria, antes de dirigirnos hacia
el aeropuerto. Tras un vuelo sin complicaciones, llegamos puntualmente
a Madrid. Muchas gracias a todos por acompañarnos en este
viaje tan cargado de arte, esperamos veros de nuevo muy pronto.