Entre el 6 y el 9 de noviembre tuvo
lugar la novedosa primera edición del Viaje Guiado ARTEGUIAS
Viaje medieval por el desconocido interior de Portugal,
un ambicioso recorrido por los profundos valles vitívinicolas
del Duero y las históricas ciudades y aldeas que siguen
su caudaloso curso.

El jueves bien temprano salimos de la
madrileña zona de Moncloa, y tras las dos paradas reglamentarias,
llegamos a media mañana al que fuera monasterio cisterciense
de Santa María de Aguiar junto a Castelo Rodrigo.

Visitamos detalladamente la iglesia
del que fuera una de las fundaciones del Císter más
importantes de Portugal, así como otras dependencias interesantes
como la sala capitular.

Tras degustar una estupenda comida típica,
nos dirigimos al núcleo medieval de Castelo Rodrigo, clasificada
como Aldeia Histórica de Portugal por su importancia
estratégica en las continuas guerras peninsulares y por
haber conservado en buen estado su entramado de calles y viviendas
tradicionales. Paseamos tranquilamente por sus pintorescas calles,
visitando algunos de sus hitos, como el castillo y las murallas,
la bonita iglesia de Nuestra Señora de Rocamador o la cisterna;
y dispusimos de un ratito libre para comprar souvenirs en algunas
de las tiendas de productos típicos locales, como sus variados
licores artesanos.

A continuación, nos dirigimos
a la segunda Aldea Histórica de Portugal de
nuestro viaje, Trancoso. Villa muy querida por los monarcas de
la primera dinastía portuguesa, su caserío se ve
dominado por un imponente castillo, protagonista, de nuevo, de
las luchas entre Castilla y Portugal. Tras un agradable paseo
por sus sinuosas callejas, tomamos nuestro autobús hacia
el hotel de Viseu, donde pasaríamos esta primera noche.

Aunque la mañana del viernes
amaneció lluviosa, pronto encontramos refugio en la imponente
Catedral de Viseu, un robusto edificio que conjuga perfectamente
elementos góticos, manuelinos y renecentistas. Su interior
destaca por su fina ornamentación manuelina, como pudimos
admirar en las nervaduras de sus bóvedas en forma de cuerda
y nudos marineros.

Tras estudiar su claustro azulejado
y su iglesia, subimos al Museo del Tesoro, donde tuvimos oportunidad
de contemplar un preciosísimo Evangeliario de plata labrada
y dos arquetas románicas limosinas.
Tras una parada para café, continuamos
hacia la iglesia de Nossa Senhora da Conceiçao de Ermida,
un señero templo premostratense tardorrománico,
que destaca entre los amantes del arte medieval por la inusual
cantidad de inscripciones, marcas de cantero y marcas simbólicas
que cubren la superficie de sus muros.

Llegado el mediodía, nos dirigimos
a Lamego para comer en un céntrico restaurante de la localidad.
Aprovechando la cercanía, por la tarde nos acercamos a
su catedral de Nossa Senhora da Assunçao, un templo en
origen románico, pero fuertemente intervenido en siglos
posteriores. Así, comentamos con atención la notable
fachada gótica del siglo XV, el claustro manierista, y
las llamativas pinturas murales de las bóvedas realizadas
por el italiano Nasoni en el siglo XVIII que inundan de color
el interior del templo.

Desde aquí, tomamos dos minibuses
para alcanzar la escondida capilla de São Pedro de Blasemão,
sin duda, una de las joyas del viaje. Esta misteriosa iglesita
constituye uno de los testimonios más significativos de
la arquitectura cristiana altomedieval peninsular, pues está
datada en época visigótica, aunque fue intervenida
durante la Edad Media y el Barroco, alterando su estructura original.
Podríamos habernos pasado horas intentando desentrañar
los misterios de este pequeño templo.

Aun nos quedaba una última parada
para cerrar tan completo día, la Iglesia Matriz de São
Miguel de Armamar. Aunque se trata de un edificio modesto, nos
sirvió de modelo para entender las bases del románico
popular en la región del Duero.

Dimos por finalizado la jornada y nos
dirigimos a un nuevo hotel donde pasaríamos las dos noches
restantes, esta vez ubicado en el centro de la ciudad de Vila
Real.
El sábado nos acercamos al soberbio
Palacio Mateus, un magnífico edificio barroco rodeado de
bellos jardines, sede del antiquísimo Mayorazgo Mateus.
El madrugón mereció la pena, ya que pudimos recorrer
sus estancias tranquilamente y conocer de primera mano cómo
vivían las clases altas del siglo XVIII. También
dispusimos de un rato libre para pasear por los extensos jardines,
disfrutar de un vino rosado o recogernos en la solemne capilla
que preside la finca.

A media mañana, tomamos otros
dos minibuses para visitar la recóndita iglesia de São
Pedro das Águias, uno de los monumentos más sugestivos
del románico rural portugués. Solamente su portada
occidental, plagada de leones, aves y motivos vegetales y geométricos,
hace que el viaje por el escarpado valle merezca la pena. El carácter
eremítico del lugar es su otro gran atractivo, sumiéndonos
a todos en un momento de pausa y contemplación.

Tras una estupenda comida familiar en
Lamego, nos acercamos al emblemático santuario que corona
la ciudad, el de Nossa Senhora dos Remédios. El complejo
actual se inició en el siglo XVIII, coincidiendo con uno
de los momentos de auge del culto mariano en la Península.
Nos encontramos con un edificio marcadamente barroco, presidido
por una soberbia escalinata simbólica de más de
600 escalones, que nosotros recorrimos parcialmente.

La jornada vespertina la dedicamos por
completo a la ciudad de Vila Real. Empezamos por su Catedral,
también conocida como iglesia de São Domingos, uno
de los ejemplos más representativos del gótico tardío
de esta región. Tanto su exterior como su interior son
muy sobrios, casi minimalistas, pero resultan en un edificio equilibrado
y proporcionado. Nosotros prestamos especial atención al
conjunto de capiteles historiados del siglo XV, en los que conseguimos
reconocer varios personajes eclesiásticos, así como
un cazador o un vendimiador.
También pasamos por delante del
pelourinho (rollo jurisdiccional) de la villa, y terminamos el
recorrido en la llamada Capela Nova, otro templo barroco atribuido
al italiano Nasoni, cuyo juego de volúmenes nos impresionó
a todos.
Finalmente, dispusimos de un buen rato
libre para pasear por las calles de Vila Real, hacer algunas compras
o tomarnos un café en una de las numerosas pastelerías
tradicionales de la calle principal.
El domingo por la mañana, ya
encaminándonos hacia España, aprovechamos para hacer
las últimas visitas.
Comenzamos por la coqueta Capela de
Granjinha, un pequeño templo románico del siglo
XIII con una curiosa portada plagada de leones tumbados y figuras
antropomórficas un tanto misteriosas, que comentamos animadamente.

A tan solo tres kilómetros se
encontraba la histórica Chaves, la antigua Aquae Flaviae
romana. De esta época conserva el maravilloso Museo de
las Termas, uno de los complejos balnearios mejor conservados
del mundo, así como el sólido puente de Trajano.

También tuvimos oportunidad de
visitar su castillo y subir a su icónica Torre del Homenaje,
que nos ofreció unas maravillosas vistas 360º de la
localidad. Junto a él se encuentra la iglesia de Santa
María Mayor, que visitamos, engalanada, coincidiendo con
una de las fiestas mayores de la localidad.

Tras un agradable paseo por el colorido
casco histórico de la localidad, terminamos nuestro periplo
por tierras portuguesas con la bonita iglesia de Nossa Senhora
de Azinheira, en la cercana freguesía de Outeiro Seco.
Comentamos su sencilla arquitectura románica, deteniéndonos
como siempre en los canecillos y en su discreta portada, y centramos
nuestra atención en las pinturas murales del interior del
siglo XVI.

Poco después, cruzamos la frontera
con Ourense, donde nos detuvimos a comer, y tras las dos paradas
reglamentarias, conseguimos llegar a Madrid antes de la hora prevista.
Gracias a todos por uniros al último viaje del año,
esperamos que lo hayáis disfrutado. ¡Nos vemos en
2026!