Entre el 17 y el 23 de febrero tuvo
lugar la esperadísima primera edición del Viaje
Guiado ARTEGUIAS "Joyas del Arte Paleocristiano y Bizantino
en el Adriático", un completo recorrido por el nordeste
italiano siguiendo los pasos de los últimos emperadores
romanos de Occidente y de Oriente, cuyos maestros de obras supieron
fusionar maravillosamente la tradición grecorromana, la
nueva iconografía cristiana imperante y los estilos paleocristiano
y bizantino.

Así, el lunes bien temprano nos
reunimos en el Aeropuerto Madrid-Barajas rumbo Bolonia, donde
nos esperaba nuestro autobús privado para iniciar la ruta.
Nuestra primera parada fue la localidad de Classe, a escasos 15
minutos de Rávena. Tras una primera degustación
de la célebre comida italiana, nos dirigimos a la serena
basílica de San Apolinar, que tuvimos el privilegio de
tener para nosotros solos. Gracias a esto, pudimos dedicar más
de dos horas a comentar sus mosaicos cargados de profundo simbolismo,
muy probablemente alusivos a la Transfiguración. No podemos
olvidarnos tampoco de la magnífica colección de
sarcófagos de los siglos V-VIII d.C. que alberga, plagados
de iconos cristianos como estaurogramas, corderos o crismones,
que estudiamos cuidadosamente.

Tras esta primera toma de contacto,
y cansados por el madrugón, nos retiramos a nuestro lujoso
hotel en Rávena para cenar y descansar.
El martes lo dedicamos por completo
a la coqueta ciudad de Rávena, última capital del
Imperio Romano de Occidente y sede del Imperio Romano Oriental
durante los siglos VI-VIII d.C.
Empezamos la mañana en el Mausoleo
de Gala Placidia, probablemente el edificio paleocristiano más
importante del mundo, construido como capilla funeraria para esta
importante dama a comienzos del siglo V. Su recogido interior
está cubierto por coloridos y brillantes mosaicos de alto
valor escatológico, creando una atmosfera mística
y espiritual.

Justo a su lado se encuentra la incomparable
iglesia de San Vital, un clarísimo ejemplo de la grandiosidad
y el refinamiento del Imperio Bizantino. Todos quedamos cautivados
por su particular arquitectura, sus recubrimientos de mármoles,
sus altísimas balaustradas, y por supuesto, por sus detalladísimos
mosaicos absidiales de temática cristológica, sin
olvidarnos de las archiconocidas representaciones de Justiniano
y Teodora. Podríamos habernos pasado el día entero
contemplando cada una de sus teselas.

Tras un breve descanso para degustar
un cappuccino, pudimos visitar la Domus dei Tappeti di Pietra,
uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes
de las últimas décadas. Ubicado bajo la iglesia
de Santa Eufemia, se trata de un gran complejo residencial, en
uso desde el siglo I al VI d.C., cuyos mosaicos pavimentados,
de gran valor decorativo, nos acercan a la vida de las clases
privilegiadas de la sociedad bizantina.
Tras una fantástica comida en un céntrico
restaurante, iniciamos la jornada de la tarde en el Museo Arciviscovile.
Ubicado en el antiguo Palacio Episcopal, alberga en su interior
la Capilla de San Andrés, el oratorio privado del obispo
de Rávena. Su construcción comienza en el siglo
V, mediante planta de cruz griega y recubrimiento de mármoles
y mosaicos, entre los que destaca el del Cristo guerrero portando
la Cruz y pisando a las fieras. También tuvimos la oportunidad
de ver la icónica Cátedra de Marfil de Maximiano,
una obra maestra de la eboraria constantinopolitana.

Después nos acercamos a la Catedral de Rávena,
que, si bien en la actualidad es esencialmente barroca, alberga
en su interior tres impresionantes sarcófagos romanos con
bellísimos bajorrelieves de marcada identidad cristiana.
También custodia un bonito ambón, ubicado originalmente
en la primitiva Basílica Ursiana, decorado con un bestiario
cristológico.

Como el tiempo jugaba de nuestro lado, fuimos paseando
por las animadas calles de Rávena hasta la Basílica
de San Francisco, datada en el siglo IX. Nos encontramos en la
llamada zona dantesca de la ciudad, un lugar de referencia histórica
y cultural.
Esta iglesia, que cuenta con una particular cripta
inundada, acogió el funeral del literato en 1321, y justo
a sus pies se encuentra el túmulo que guardó sus
huesos, así como un cenotafio neoclásico construido
en su honor.
Con esto, dimos por terminadas las visitas del día
y dispusimos de un buen rato de tiempo libre que empleamos en
callejear por el centro histórico, comprar souvenirs o
disfrutar de un Aperol Spritz en las populosas terrazas de la
Piazza del Popolo.
El miércoles continuamos explorando la ciudad
de Rávena. Nuestra primera visita fue el Baptisterio Ortodoxo,
construido a mediados del siglo V d.C., como lugar de bautismo
para todos aquellos cristianos trinitarios, en oposición
a los arrianos. Se trata del ejemplar mejor conservado, con una
significativa arquitectura octogonal y una profusa decoración
con frescos, estucos y mármoles, así como un evocador
mosaico del Bautismo de Cristo en el Jordán.

A media mañana hicimos un alto en el Mercato
Coperto, un tradicional mercado de abastos que ha sido restaurado
como espacio gastronómico gourmet. Desde allí, continuamos
hacia el Museo Nacional, una riquísima institución
que recoge obras artísticas desde el periodo romano hasta
la Edad Media. Aunque habríamos deseado quedarnos aquí
todo el día deambulando por las innumerables salas, nos
centramos en las piezas de epigrafía romana, como la estela
de Augusto; la escultura y los marfiles bizantinos, o los frescos
de la antigua iglesia de Santa Chiara, entre otros.
Llegada la hora de la comida, regresamos al mismo
restaurante del día anterior, abierto en exclusiva para
nosotros, y cargamos pilas de cara a la tarde.
Como no podía ser de otra forma, visitamos
la Basílica de San Apolinar Nuevo, cuya construcción
se la debemos a Teodorico, quien lo erigió como capilla
palatina de culto arriano en el siglo VI d.C. Frente a su famosísimo
mosaico de los Reyes Magos, que se encuentra en excelente estado
de conservación, nos tomamos la primera foto de familia
del viaje.

A la salida de la misma hay una fantástica
tienda de recuerdos a la que dedicamos un buen rato, aprovechando
la parada de la tarde.
De paso, nos encontramos con los restos del palacio
de Teodorico, según relata una popular leyenda. Nos detuvimos
frente a ellos para comentar su veracidad, ya que hoy sabemos
que se trata de los vestigios de un antiguo cuerpo de guardia.
Aprovechando la cercanía, pasamos a ver la
Basílica de Santa María in Porto. Aunque se trata
de un edificio barroco, es clave para entender la historia de
Rávena pues es el santuario de su patrona, la Madonna Greca.
De nuevo, disfrutamos de un rato de libre disposición
antes de volver al hotel para cenar y descansar.
La mañana del jueves hicimos nuestras últimas
visitas en Rávena, ya que no podíamos abandonar
la ciudad sin visitar el Mausoleo de Teodorico, una de las construcciones
funerarias más famosas de la Antigüedad Tardía.
Se trata de un sobrio edificio monolítico de planta decagonal,
del que sobresale una imponente cúpula de más de
300 toneladas de peso. Aunque está totalmente vacío
en su interior, aún conserva el sarcófago de mármol
que acogió los restos del soberano.

A continuación, visitamos el Baptisterio Arriano,
un sencillos edificio octogonal que acogía los bautizos
de los ostrogodos. Estos profesaban una fe herética que
negaba la naturaleza divina de Cristo. Observamos que en los mosaicos
de la cúpula también se representa su Bautismo en
el Jordán y una espectacular procesión de apóstoles
de inigualable belleza y fuerza expresiva.

Antes de irnos, tuvimos tiempo de acercarnos brevemente
a la Basílica de San Juan Evangelista, que custodia numerosos
fragmentos de mosaicos de principios del siglo XIII.
Con esto, abandonamos esta antiquísima ciudad y pusimos
rumbo a Ferrara, para visitar la impresionante Abadía de
Pomposa. Se trata de un floreciente monasterio benedictino que
llegó a albergar a más de cien monjes, y que fue
clave en el desarrollo de la música y la cultura plenomedieval
en el nordeste italiano.
Es llamativo su espigado y elegante campanario de
casi 50 metros de altura, pero sin duda es su iglesia abacial
lo más sobresaliente del conjunto monástico, pues
su interior está completamente cubierto por frescos de
temática bíblica y hagiográfica. Cuenta también
con un bellísimo piso con mosaicos e incrustaciones de
mármol.

Pasamos la tarde recorriendo el resto de las dependencias
monacales: la sala capitular, también pintada al fresco
por un discípulo de Giotto; el refectorio, que presenta
un ciclo con la vida de San Guido; y el dormitorio, que actualmente
acoge el Museo Pomposiano, con obras pictóricas y escultóricas
provenientes del complejo y sus alrededores. En este soberbio
lugar nos tomamos una nueva foto de grupo.
Tras pasar por los servicios, nos dirigimos a nuestro
segundo hotel del viaje, ubicado en la ciudad de Treviso, donde
cenaríamos y descansaríamos los siguientes tres
días.
Esperábamos el viernes con ansias, pues era
el día destinado a la incomparable San Marcos de Venecia.
Salimos bien temprano del hotel para embarcarnos en el "Donatelllo",
nuestro vaporetto privado que nos llevó por los canales
de esta bellísima ciudad. El madrugón bien mereció
la pena, pues pudimos recorrer San Marcos sin las habituales mareas
de turistas.

Nada más entrar, nos detuvimos en los mosaicos
del nártex, que pudimos contemplar con cierta cercanía
y desahogo. Una vez en el interior, deambulamos sobrecogidos bajo
las cúpulas doradas, hasta llegar a la soberbia Palla d'Oro,
el retablo del altar mayor, tan cuajado de gemas que resulta imposible
de fotografiar sin reflejos. Finalmente, subimos al Museo, donde
pudimos contemplar la famosa cuadriga traída desde el hipódromo
de Constantinopla. Desde allí, nos asomamos a la terraza
sobre la plaza homónima y dimos rienda suelta a nuestras
cámaras fotográficas, haciéndonos incontables
selfies frente al Palacio Ducal.

Pronto regresamos al vaporetto, no sin antes participar
brevemente de las festividades del carnaval. Nuestro destino era
la pequeña isla de Torcello, a donde llegamos tras un delicioso
paseo por la laguna veneciana.
Tras una típica comida isleña, nos
dirigimos a la Basílica de Santa María Asunta, construida
en el 639 por el exarca de Rávena y renovada repetidamente
en los siglos posteriores hasta alcanzar el estatus de catedral.
Nos interesa especialmente el espectacular mosaico del interior
de la fachada occidental, verdaderamente nos dejó sin aliento
su profundidad teológica y su delicadeza y detallismo.
Especialmente llamativo para nosotros fue la Anástasis
o Bajada de Cristo a los infiernos, donde le vemos rompiendo las
puertas del Hades para rescatar a Adán, Eva y San Juan
Bautista, entre otros.

Aprovechando la cercanía, entramos en la humilde
iglesia de Santa Fosca, que alcanza su aspecto actual en el siglo
XII cuando llegan a ella las reliquias de las mártires
Fosca y Maura. De nuevo, apreciamos en ella la simbología
del octógono, así como un bonito y sencillo nártex
arqueado.
Terminadas las visitas, paseamos por la bonita isla,
surcada de canales, y compramos algunos souvenirs de la cercana
Murano, antes de regresar al vaporetto, y finalmente, al hotel
de Treviso.
El sábado por la mañana madrugamos
para dirigirnos a la histórica ciudad de Trieste. Afortunadamente,
los vientos norteños que suelen asolar la ciudad fueron
benévolos y pudimos comentar con tranquilidad su catedral
de San Justo Mártir, de marcada herencia romana, así
como los restos de una basílica y un propileo anexos. Después
de admirar sus dos fantásticos mosaicos con la Theotokos
y Cristo con los santos, disfrutamos de un reconfortante café
en un coqueto kiosko frente al complejo religioso.

Volvimos a nuestro autobús hacia la ciudad
friulana de Aquileia, donde pasaríamos el resto de la tarde.
Antes de meternos en materia, disfrutamos de una excelente comida
en un conocido restaurante de la localidad y desde allí,
caminamos al soberbio complejo basilical designado Patrimonio
Mundial de la UNESCO. El magnetismo de Aquileia es innegable.
Tras una rápida visita a su baptisterio, entramos y nos
vimos absorbidos por sus fabulosos mosaicos del siglo IV, que
fotografiamos con detenimiento.

Después pasamos a la cripta con frescos, donde
nos divertimos con la historia del Santo Hermágoras, y
finalmente estudiamos atentamente los interesantes mosaicos zoomorfos,
posiblemente gnósticos, de la llamada cripta excavada.

Tras un rato para café y compras, volvimos
a nuestro hotel de Treviso, para cenar y descansar de tan pleno
día.
El domingo volvimos a madrugar para visitar la señorial
ciudad de Padua, que alberga un preciosísimo conjunto pictórico
del Trecento. Nosotros visitamos dos de sus más señeros
edificios: la Capilla Scrovegni y el Baptisterio de San Juan.

Divididos en dos grupos y siguiendo un estricto protocolo
para preservar la delicada capilla giottesca, nos sumergimos bajo
su brillante bóveda azul y no pudimos evitar emocionarnos.
A continuación, y tras un agradable paseo
por el centro paduano, llegamos al baptisterio. Es este un lugar
sobrecogedor, pues el visitante se siente irremediablemente juzgado
por los cientos de rostros que lo contemplan desde las alturas.
Sin duda, fue el broche de oro para cerrar un viaje tan cargado
de arte como éste.

Tras el tiempo libre, nos reunimos en un céntrico
restaurante para disfrutar de una última comida familiar
antes de dirigirnos al aeropuerto. Después de un vuelo
sin sobresaltos, llegamos a Madrid antes de lo previsto.
¡Muchas gracias a todos por acompañarnos
en esta primera aventura internacional, esperamos veros de nuevo
muy pronto!