Entre el 10 y el 16 de marzo tuvo lugar
la reclamadísma segunda edición del Viaje Guiado
ARTEGUIAS "Joyas del Arte Paleocristiano y Bizantino en el
Adriático", un completo recorrido por la excepcional
herencia arquitectónica y artística que los últimos
emperadores romanos dejaron en el nordeste italiano.
El lunes bien temprano nos encontramos
en el Aeropuerto Madrid-Barajas con destino Bolonia, donde nos
recogió nuestro autobús privado para iniciar la
ruta. Nuestra primera parada fue la pequeña localidad de
Classe, antaño una importantísima ciudad portuaria,
razón por la que allí se encuentra la imponente
basílica de San Apolinar. Tras una primera comida familiar,
dedicamos la tarde a explicar este sereno templo y sus simbólicos
mosaicos alusivos a la Transfiguración. También
estudiamos exhaustivamente su magnífica colección
de sarcófagos de los siglos V-VIII d.C. y su primitiva
iconografía paleocristiana.

Tras esta primera toma de contacto,
y muy cansados por el madrugón, nos retiramos a nuestro
lujoso hotel en Rávena para cenar y descansar.
El martes lo dedicamos por completo
a la pintoresca ciudad de Rávena, cabeza del Imperio Romano
de Oriente, que posee un excepcional conjunto de ocho monumentos
paleocristianos de los siglos V-VI.
Comenzamos en el Mausoleo de Gala Placidia,
el más antiguo de todo el conjunto. Construido como capilla
funeraria para la hermana del emperador Honorio a principios del
siglo V, su coqueto interior está cubierto por un bellísimo
cielo estrellado y numerosos símbolos escatológicos,
destacando el mosaico del Buen Pastor. Sin duda, la atmósfera
de este pequeño templo invita al recogimiento y a la contemplación.

En el mismo complejo se encuentra la
inigualable iglesia de San Vital, el mejor ejemplo de la grandiosidad
y la finura de los artistas bizantinos. Todos quedamos cautivados
por su singular disposición arquitectónica: la envoltura
marmolada, su elevadísimo matroneo, y por supuesto, sus
minuciosos mosaicos absidiales cristológicos, sin olvidarnos
de las archiconocidas representaciones cortesanas de Justiniano
y Teodora. Bien podríamos habernos pasado el día
entero contemplando cada una de sus teselas.

Tras un "latte macchiato"
para reponer fuerzas, continuamos la mañana en la Domus
dei Tappeti di Pietra, considerado uno de los descubrimientos
arqueológicos más importantes de la última
década en Italia. Estos restos, que corresponden a un enorme
complejo residencial palatino, se hallaron bajo la iglesia barroca
de Santa Eufemia, formando un ecléctico complejo arquitectónico.
Sus mosaicos de suelo, especialmente el de la Danza de las Estaciones,
de altísimo valor, nos acercan a la vida y las creencias
de las clases altas de la sociedad bizantina.
Tras una deliciosa comida en un exclusivo
restaurante, iniciamos la jornada de la tarde en la Catedral de
Rávena. Aunque en la actualidad es un templo barroco consagrado
a la Resurrección de Nuestro Señor, en origen se
construyó como una espléndida basílica de
cinco naves. De esta época queda un bonito ambón
decorado con un bellísimo bestiario cristológico
en bajorrelieve, así como tres impresionantes sarcófagos
romanos de marcada identidad cristiana que nos pasamos un buen
rato comentando.
A continuación, nos dirigimos al Museo Arciviscovile.
Ubicado en el antiguo Palacio Episcopal, en su interior se encuentra
la capilla de San Andrés, el oratorio privado del obispo
de Rávena. De entre todos sus mosaicos, sin duda destaca,
por su simbolismo y por su fina manufactura, el del Cristo guerrero
portando la Cruz y pisando a las fieras. También tuvimos
la oportunidad de contemplar la icónica Catedra de Marfil,
una obra maestra de la eboraria constantinopolitana, así
como de recorrer las salas de epigrafía del museo.

A pesar de la lluvia, fuimos paseando por las calles
de Rávena, que a esta hora de la tarde empezaban a animarse.
Nos dirigimos a la llamada zona dantesca de la ciudad, un rincón
de referencia cultural para todos aquellos amantes del dramaturgo
Dante Alighieri. Entramos en la Basílica de San Francisco,
donde se celebró el funeral del literato en 1321, y contemplamos
su particular cripta inundada habitada por coloridas carpas. Justo
en el pequeño jardín anexo al templo se encuentra
el túmulo que acogió los huesos del entonces Fraile
Menor, así como el cenotafio neoclásico construido
en su honor por encargo del cardenal Gonzaga.
Con esto, dimos por terminadas las visitas del día
y disfrutamos de un buen rato libre para callejear por el centro
histórico, comprar recuerdos o degustar de un Campari en
las animosas terrazas de la Piazza del Popolo.
El miércoles continuamos explorando la ciudad
de Rávena. Nuestra primera parada fue el Baptisterio Neoniano,
construido a instancias del obispo Neon como lugar de bautismo
para los cristianos ortodoxos, en oposición a los herejes
arrianos. Es considerado por la UNESCO como el ejemplo mejor conservado
de su tipo, con una significativa arquitectura octogonal y una
profusa decoración que aún retiene las características
grecorromanas figurativas. En su cúpula pudimos admirar
el evocador mosaico de San Juan bautizando a Cristo en el Jordán.

De camino a nuestra siguiente visita, paramos a desayunar
en el Mercato Coperto, un tradicional mercado de abastos reconvertido
en espacio gastronómico gourmet.
Desde allí, continuamos hacia el Museo Nacional,
una riquísima institución que recoge obras artísticas
desde el periodo romano hasta la Edad Media. Aunque habríamos
deseado quedarnos aquí todo el día deambulando por
las innumerables salas, nos centramos en las piezas de epigrafía
romana, como la estela de Augusto; la escultura y los marfiles
bizantinos, los bellos iconos cretenses o los frescos de la antigua
iglesia de Santa Chiara, entre otros.
Llegada la hora de la comida, regresamos al mismo
restaurante del día anterior, abierto en exclusiva para
nosotros, y cargamos pilas de cara a la tarde.
Visitamos entonces la Basílica de San Apolinar
Nuevo, parada imprescindible en cualquier recorrido por Rávena.
Datada en el siglo VI, fue mandada construir por Teodorico como
iglesia arriana palatina. Comentamos con detenimiento sus bellísimos
mosaicos que representan cortejos de santos y santas, y frente
a sus famosísimos Reyes Magos, nos tomamos una simpática
foto de familia.

Aprovechando la parada de la tarde, nos detuvimos
en la fantástica tienda de recuerdos que hay a la salida
de la misma, y dimos rienda suelta a nuestras tarjetas comprando
regalos para nuestros seres queridos.
De paseo por el centro histórico, nos encontramos
con los restos del llamado palacio de Teodorico y nos detuvimos
frente a ellos para comentar su leyenda, a sabiendas de que se
trata de un antiguo cuerpo de guardia.
Dada la cercanía, nos pareció oportuno
pasar también por la Basílica de Santa María
in Porto. Aunque se trata de una iglesia barroca, es clave para
entender el devenir de Rávena, pues es el santuario de
su patrona, la Madonna Greca. Aunque la tarde estaba lluviosa,
volvimos a disfrutar de un rato de libre disposición antes
de volver al hotel para cenar y descansar.
El jueves por la mañana hicimos nuestras últimas
visitas en Rávena. No podíamos irnos sin visitar
el soberbio Mausoleo de Teodorico, un sobrio edificio monolítico
de planta decagonal del que sobresale una imponente cúpula
de más de 300 toneladas de peso. Tras sufrir innumerables
modificaciones a lo largo de los siglos, en su interior, hoy diáfano,
pudimos contemplar el sarcófago de mármol en el
que reposó el soberano.
También visitamos el Baptisterio Arriano,
otro simbólico edificio octogonal mandado construir por
Teodorico para llevar a cabo los bautizos de los ostrogodos, cuyo
culto arriano fue considerado herético por negar la naturaleza
divina de Cristo.

Antes de marcharnos, caminamos hacia la Basílica
de San Juan Evangelista para contemplar los numerosos fragmentos
de mosaicos que conserva en su interior, datados en torno al siglo
XIII, y comentamos el evidente cambio en el estilo y la iconografía
de estos.
Así, nos despedimos de esta antiquísima
ciudad y pusimos rumbo a Codigoro, en la región de Ferrara,
para visitar la impresionante Abadía de Pomposa. Se trata
de un floreciente monasterio benedictino que llegó a albergar
a más de cien monjes, y que fue clave en el desarrollo
de la cultura plenomedieval en el norte de Italia.

Es señero su espigado y elegante campanario
de casi 50 metros de altura, pero sin duda es su iglesia abacial
lo más sobresaliente del conjunto monástico, pues
su interior está completamente cubierto por frescos de
temática bíblica y hagiográfica. Cuenta también
con un bellísimo piso con mosaicos e incrustaciones de
mármol.
Pasamos la tarde recorriendo el resto de las dependencias
monacales: la sala capitular, también pintada al fresco
por un discípulo de Giotto; el refectorio, que presenta
un ciclo con la vida de San Guido; y el dormitorio, que actualmente
acoge el Museo Pomposiano, con obras pictóricas y escultóricas
provenientes del complejo y sus alrededores. En este soberbio
lugar nos tomamos una nueva foto de grupo.
Tras pasar por los servicios, nos dirigimos a nuestro
segundo hotel del viaje, ubicado en la ciudad de Treviso, donde
cenaríamos y descansaríamos los siguientes tres
días.
Aunque de nuevo amaneció lluvioso, cogimos el viernes con
ganas, pues nos tocaba visitar San Marcos de Venecia. Madrugamos
para embarcarnos en el "Tintoretto", nuestro vaporetto
privado que nos llevó cómodamente por los canales
de esta bellísima ciudad.

La lluvia jugó de nuestro lado,
pues pudimos recorrer Venecia y San Marcos sin las habituales
mareas de turistas. A pesar de la escasa luz natural, pudimos
contemplar con calma las sobrecogedoras cúpulas doradas
hasta llegar a la soberbia Palla d'Oro, el resplandeciente retablo
del altar mayor, que tuvimos la suerte de fotografiar con cierto
desahogo.

Finalmente, subimos al Museo, donde
se custodia la famosa cuadriga del hipódromo de Constantinopla.
También nos asomamos a la terraza y dimos rienda suelta
a nuestras cámaras fotográficas, haciéndonos
incontables selfies frente a la Plaza y el Palacio Ducal.
Terminada la visita, disfrutamos de una hora libre
para pasear por las bucólicas calles de Venecia, ahora
bañadas por una suave lluvia que caía graciosa sobre
los canales.
Pronto regresamos al vaporetto para dirigirnos a la pequeña
isla de Torcello, a donde llegamos tras un delicioso paseo por
la laguna veneciana.
Tras una degustación del pescado típico
isleño, entramos en la modesta iglesia de Santa Fosca,
que desde el siglo XII custodia las reliquias de las mártires
Fosca y Maura. De nuevo, apreciamos en ella la simbología
del octógono, así como un bonito y sencillo nártex
arqueado.
Justo al lado se encuentra la Basílica de
Santa María Asunta, cuya construcción comienza en
el 639 como catedral, cuando la entonces pujante Torcello rivalizaba
con Venecia por convertirse en el centro de la región.
Nos quedamos maravillados frente a su bonita Virgen Odighitria,
pero fue el espectacular mosaico de la fachada occidental el que
nos cortó la respiración, no solo por la maestría
artística, sino por profundo fundamento teológico.

Terminadas las visitas, paseamos a orillas del canal
principal y nos detuvimos a tomar un reconfortante café
antes de regresar al vaporetto, y finalmente, al hotel de Treviso.
El sábado por la mañana nos dirigimos
a la histórica ciudad de Trieste. Aunque de nuevo fue una
mañana lluviosa, la afluencia turística fue notable,
pues la catedral de San Justo Mártir goza de cierto estatus
entre los amantes del arte medieval. Comentamos su peculiar arquitectura,
fruto de la fusión de dos iglesias anteriores, así
como su marcada herencia romana, de la que todavía se pueden
admirar los restos de una basílica y un propileo anexo.

También admiramos sus dos fantásticos
mosaicos con la Theotokos y Cristo con los santos, y nos dejamos
sorprender por el mausoleo carlista que acoge una de sus capillas.
Regresamos al autobús hacia la mítica ciudad de
Aquileia, donde pasaríamos el resto de la tarde. Antes
de entrar en materia, disfrutamos de una excelente comida en un
conocido restaurante de la localidad y desde allí, caminamos
al soberbio complejo basilical designado Patrimonio Mundial de
la UNESCO.

Iniciamos la visita en su baptisterio, pero rápidamente
entramos en la iglesia y nos quedamos asombrados ante los fabulosos
mosaicos romanos que cubren la totalidad del suelo, que explicamos
y fotografiamos con ansias.
A continuación, repasamos sus bonitos frescos
absidiales, y después, bajamos a la cripta, donde nos divertimos
reconstruyendo la historia de los Santos Hermágoras y Fortunato,
y finalmente estudiamos atentamente los interesantes mosaicos
gnósticos de la llamada cripta excavada.
Tras un rato para café y compras, volvimos
a nuestro hotel de Treviso, para cenar y descansar de tan pleno
día.
El domingo madrugamos para aprovechar nuestras últimas
horas en Italia. Dedicamos la mañana a la señorial
ciudad de Padua, cuyos ciclos pictóricos del Trecento han
sido designados Patrimonio Mundial por la UNESCO. Nosotros visitamos
dos de sus más significativos edificios: la Capilla de
los Scrovegni y el Baptisterio de San Juan.

Divididos en dos grupos y siguiendo un estricto protocolo
para preservar la delicada capilla de Giotto, nos perdimos bajo
su brillante bóveda azul y desentrañamos cada una
de las detalladas escenas del ciclo mural, prestando atención
al primer beso representado en la Historia del Arte.
Tras un grato paseo por el centro de la ciudad, esta
vez bañados por un agradable sol de invierno, llegamos
al baptisterio. Es este un lugar que, inevitablemente, conmueve
a todo aquel que lo visita, pues irradia una profunda fuerza expresiva.
Sin duda, fue el broche de oro para cerrar un viaje tan cargado
de color y arte como éste.

Tras el tiempo libre, que unos aprovecharon para
visitar San Antonio y otros para ir de terrazas, nos reunimos
en un céntrico restaurante para una última comida
familiar antes de dirigirnos al aeropuerto. Después de
un vuelo sin tranquilo, llegamos a Madrid antes de lo previsto.
¡Muchas gracias a todos por acompañarnos
en esta nueva aventura internacional, esperamos volver a veros
muy pronto!