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Crónica e imágenes del Viaje Guiado: Joyas del Arte Paleocristiano y Bizantino en el Adriático. Del 10 al 16 de marzo de 2025



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Autor de la imagen del Mosaico de Torcello: Sailko

Crónica e imágenes del Viaje Guiado: Joyas del Arte Paleocristiano y Bizantino en el Adriático. Del 10 al 16 de marzo de 2025

Entre el 10 y el 16 de marzo tuvo lugar la reclamadísma segunda edición del Viaje Guiado ARTEGUIAS "Joyas del Arte Paleocristiano y Bizantino en el Adriático", un completo recorrido por la excepcional herencia arquitectónica y artística que los últimos emperadores romanos dejaron en el nordeste italiano.

El lunes bien temprano nos encontramos en el Aeropuerto Madrid-Barajas con destino Bolonia, donde nos recogió nuestro autobús privado para iniciar la ruta. Nuestra primera parada fue la pequeña localidad de Classe, antaño una importantísima ciudad portuaria, razón por la que allí se encuentra la imponente basílica de San Apolinar. Tras una primera comida familiar, dedicamos la tarde a explicar este sereno templo y sus simbólicos mosaicos alusivos a la Transfiguración. También estudiamos exhaustivamente su magnífica colección de sarcófagos de los siglos V-VIII d.C. y su primitiva iconografía paleocristiana.

En San Aploninar in Classe

Tras esta primera toma de contacto, y muy cansados por el madrugón, nos retiramos a nuestro lujoso hotel en Rávena para cenar y descansar.

El martes lo dedicamos por completo a la pintoresca ciudad de Rávena, cabeza del Imperio Romano de Oriente, que posee un excepcional conjunto de ocho monumentos paleocristianos de los siglos V-VI.

Comenzamos en el Mausoleo de Gala Placidia, el más antiguo de todo el conjunto. Construido como capilla funeraria para la hermana del emperador Honorio a principios del siglo V, su coqueto interior está cubierto por un bellísimo cielo estrellado y numerosos símbolos escatológicos, destacando el mosaico del Buen Pastor. Sin duda, la atmósfera de este pequeño templo invita al recogimiento y a la contemplación.

Fotografiando los mosaicos de Gala Placidia

En el mismo complejo se encuentra la inigualable iglesia de San Vital, el mejor ejemplo de la grandiosidad y la finura de los artistas bizantinos. Todos quedamos cautivados por su singular disposición arquitectónica: la envoltura marmolada, su elevadísimo matroneo, y por supuesto, sus minuciosos mosaicos absidiales cristológicos, sin olvidarnos de las archiconocidas representaciones cortesanas de Justiniano y Teodora. Bien podríamos habernos pasado el día entero contemplando cada una de sus teselas.

La maravillosa experiencia de entrar en San Vitale de Rávena

Tras un "latte macchiato" para reponer fuerzas, continuamos la mañana en la Domus dei Tappeti di Pietra, considerado uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de la última década en Italia. Estos restos, que corresponden a un enorme complejo residencial palatino, se hallaron bajo la iglesia barroca de Santa Eufemia, formando un ecléctico complejo arquitectónico. Sus mosaicos de suelo, especialmente el de la Danza de las Estaciones, de altísimo valor, nos acercan a la vida y las creencias de las clases altas de la sociedad bizantina.

Tras una deliciosa comida en un exclusivo restaurante, iniciamos la jornada de la tarde en la Catedral de Rávena. Aunque en la actualidad es un templo barroco consagrado a la Resurrección de Nuestro Señor, en origen se construyó como una espléndida basílica de cinco naves. De esta época queda un bonito ambón decorado con un bellísimo bestiario cristológico en bajorrelieve, así como tres impresionantes sarcófagos romanos de marcada identidad cristiana que nos pasamos un buen rato comentando.

A continuación, nos dirigimos al Museo Arciviscovile. Ubicado en el antiguo Palacio Episcopal, en su interior se encuentra la capilla de San Andrés, el oratorio privado del obispo de Rávena. De entre todos sus mosaicos, sin duda destaca, por su simbolismo y por su fina manufactura, el del Cristo guerrero portando la Cruz y pisando a las fieras. También tuvimos la oportunidad de contemplar la icónica Catedra de Marfil, una obra maestra de la eboraria constantinopolitana, así como de recorrer las salas de epigrafía del museo.

Capilla de San Andrés

A pesar de la lluvia, fuimos paseando por las calles de Rávena, que a esta hora de la tarde empezaban a animarse. Nos dirigimos a la llamada zona dantesca de la ciudad, un rincón de referencia cultural para todos aquellos amantes del dramaturgo Dante Alighieri. Entramos en la Basílica de San Francisco, donde se celebró el funeral del literato en 1321, y contemplamos su particular cripta inundada habitada por coloridas carpas. Justo en el pequeño jardín anexo al templo se encuentra el túmulo que acogió los huesos del entonces Fraile Menor, así como el cenotafio neoclásico construido en su honor por encargo del cardenal Gonzaga.

Con esto, dimos por terminadas las visitas del día y disfrutamos de un buen rato libre para callejear por el centro histórico, comprar recuerdos o degustar de un Campari en las animosas terrazas de la Piazza del Popolo.

El miércoles continuamos explorando la ciudad de Rávena. Nuestra primera parada fue el Baptisterio Neoniano, construido a instancias del obispo Neon como lugar de bautismo para los cristianos ortodoxos, en oposición a los herejes arrianos. Es considerado por la UNESCO como el ejemplo mejor conservado de su tipo, con una significativa arquitectura octogonal y una profusa decoración que aún retiene las características grecorromanas figurativas. En su cúpula pudimos admirar el evocador mosaico de San Juan bautizando a Cristo en el Jordán.

Explicaciones en el Baptisterio de los Ortodoxos

De camino a nuestra siguiente visita, paramos a desayunar en el Mercato Coperto, un tradicional mercado de abastos reconvertido en espacio gastronómico gourmet.

Desde allí, continuamos hacia el Museo Nacional, una riquísima institución que recoge obras artísticas desde el periodo romano hasta la Edad Media. Aunque habríamos deseado quedarnos aquí todo el día deambulando por las innumerables salas, nos centramos en las piezas de epigrafía romana, como la estela de Augusto; la escultura y los marfiles bizantinos, los bellos iconos cretenses o los frescos de la antigua iglesia de Santa Chiara, entre otros.

Llegada la hora de la comida, regresamos al mismo restaurante del día anterior, abierto en exclusiva para nosotros, y cargamos pilas de cara a la tarde.

Visitamos entonces la Basílica de San Apolinar Nuevo, parada imprescindible en cualquier recorrido por Rávena. Datada en el siglo VI, fue mandada construir por Teodorico como iglesia arriana palatina. Comentamos con detenimiento sus bellísimos mosaicos que representan cortejos de santos y santas, y frente a sus famosísimos Reyes Magos, nos tomamos una simpática foto de familia.

Foto de familia en San Aplolinar Nuovo

Aprovechando la parada de la tarde, nos detuvimos en la fantástica tienda de recuerdos que hay a la salida de la misma, y dimos rienda suelta a nuestras tarjetas comprando regalos para nuestros seres queridos.

De paseo por el centro histórico, nos encontramos con los restos del llamado palacio de Teodorico y nos detuvimos frente a ellos para comentar su leyenda, a sabiendas de que se trata de un antiguo cuerpo de guardia.

Dada la cercanía, nos pareció oportuno pasar también por la Basílica de Santa María in Porto. Aunque se trata de una iglesia barroca, es clave para entender el devenir de Rávena, pues es el santuario de su patrona, la Madonna Greca. Aunque la tarde estaba lluviosa, volvimos a disfrutar de un rato de libre disposición antes de volver al hotel para cenar y descansar.

El jueves por la mañana hicimos nuestras últimas visitas en Rávena. No podíamos irnos sin visitar el soberbio Mausoleo de Teodorico, un sobrio edificio monolítico de planta decagonal del que sobresale una imponente cúpula de más de 300 toneladas de peso. Tras sufrir innumerables modificaciones a lo largo de los siglos, en su interior, hoy diáfano, pudimos contemplar el sarcófago de mármol en el que reposó el soberano.

También visitamos el Baptisterio Arriano, otro simbólico edificio octogonal mandado construir por Teodorico para llevar a cabo los bautizos de los ostrogodos, cuyo culto arriano fue considerado herético por negar la naturaleza divina de Cristo.

Otra foto de familia en el Mausoleo de Teodorico, Rávena

Antes de marcharnos, caminamos hacia la Basílica de San Juan Evangelista para contemplar los numerosos fragmentos de mosaicos que conserva en su interior, datados en torno al siglo XIII, y comentamos el evidente cambio en el estilo y la iconografía de estos.

Así, nos despedimos de esta antiquísima ciudad y pusimos rumbo a Codigoro, en la región de Ferrara, para visitar la impresionante Abadía de Pomposa. Se trata de un floreciente monasterio benedictino que llegó a albergar a más de cien monjes, y que fue clave en el desarrollo de la cultura plenomedieval en el norte de Italia.

Campanario lombardo de la Abadía de Pomposa

Es señero su espigado y elegante campanario de casi 50 metros de altura, pero sin duda es su iglesia abacial lo más sobresaliente del conjunto monástico, pues su interior está completamente cubierto por frescos de temática bíblica y hagiográfica. Cuenta también con un bellísimo piso con mosaicos e incrustaciones de mármol.

Pasamos la tarde recorriendo el resto de las dependencias monacales: la sala capitular, también pintada al fresco por un discípulo de Giotto; el refectorio, que presenta un ciclo con la vida de San Guido; y el dormitorio, que actualmente acoge el Museo Pomposiano, con obras pictóricas y escultóricas provenientes del complejo y sus alrededores. En este soberbio lugar nos tomamos una nueva foto de grupo.

Tras pasar por los servicios, nos dirigimos a nuestro segundo hotel del viaje, ubicado en la ciudad de Treviso, donde cenaríamos y descansaríamos los siguientes tres días.
Aunque de nuevo amaneció lluvioso, cogimos el viernes con ganas, pues nos tocaba visitar San Marcos de Venecia. Madrugamos para embarcarnos en el "Tintoretto", nuestro vaporetto privado que nos llevó cómodamente por los canales de esta bellísima ciudad.

Mosaico de San MArcos de Venecia

La lluvia jugó de nuestro lado, pues pudimos recorrer Venecia y San Marcos sin las habituales mareas de turistas. A pesar de la escasa luz natural, pudimos contemplar con calma las sobrecogedoras cúpulas doradas hasta llegar a la soberbia Palla d'Oro, el resplandeciente retablo del altar mayor, que tuvimos la suerte de fotografiar con cierto desahogo.

Visitamos San Marcos de Venecia

Finalmente, subimos al Museo, donde se custodia la famosa cuadriga del hipódromo de Constantinopla. También nos asomamos a la terraza y dimos rienda suelta a nuestras cámaras fotográficas, haciéndonos incontables selfies frente a la Plaza y el Palacio Ducal.

Terminada la visita, disfrutamos de una hora libre para pasear por las bucólicas calles de Venecia, ahora bañadas por una suave lluvia que caía graciosa sobre los canales.
Pronto regresamos al vaporetto para dirigirnos a la pequeña isla de Torcello, a donde llegamos tras un delicioso paseo por la laguna veneciana.

Tras una degustación del pescado típico isleño, entramos en la modesta iglesia de Santa Fosca, que desde el siglo XII custodia las reliquias de las mártires Fosca y Maura. De nuevo, apreciamos en ella la simbología del octógono, así como un bonito y sencillo nártex arqueado.

Justo al lado se encuentra la Basílica de Santa María Asunta, cuya construcción comienza en el 639 como catedral, cuando la entonces pujante Torcello rivalizaba con Venecia por convertirse en el centro de la región. Nos quedamos maravillados frente a su bonita Virgen Odighitria, pero fue el espectacular mosaico de la fachada occidental el que nos cortó la respiración, no solo por la maestría artística, sino por profundo fundamento teológico.

El célebre mosaico de Santa Asunta de Torcello

Terminadas las visitas, paseamos a orillas del canal principal y nos detuvimos a tomar un reconfortante café antes de regresar al vaporetto, y finalmente, al hotel de Treviso.

El sábado por la mañana nos dirigimos a la histórica ciudad de Trieste. Aunque de nuevo fue una mañana lluviosa, la afluencia turística fue notable, pues la catedral de San Justo Mártir goza de cierto estatus entre los amantes del arte medieval. Comentamos su peculiar arquitectura, fruto de la fusión de dos iglesias anteriores, así como su marcada herencia romana, de la que todavía se pueden admirar los restos de una basílica y un propileo anexo.

Mosaico bizantino de la Catedral de Trieste

También admiramos sus dos fantásticos mosaicos con la Theotokos y Cristo con los santos, y nos dejamos sorprender por el mausoleo carlista que acoge una de sus capillas.
Regresamos al autobús hacia la mítica ciudad de Aquileia, donde pasaríamos el resto de la tarde. Antes de entrar en materia, disfrutamos de una excelente comida en un conocido restaurante de la localidad y desde allí, caminamos al soberbio complejo basilical designado Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Maravilloso mosaico paleocristiano de Aquilea

Iniciamos la visita en su baptisterio, pero rápidamente entramos en la iglesia y nos quedamos asombrados ante los fabulosos mosaicos romanos que cubren la totalidad del suelo, que explicamos y fotografiamos con ansias.

A continuación, repasamos sus bonitos frescos absidiales, y después, bajamos a la cripta, donde nos divertimos reconstruyendo la historia de los Santos Hermágoras y Fortunato, y finalmente estudiamos atentamente los interesantes mosaicos gnósticos de la llamada cripta excavada.

Tras un rato para café y compras, volvimos a nuestro hotel de Treviso, para cenar y descansar de tan pleno día.

El domingo madrugamos para aprovechar nuestras últimas horas en Italia. Dedicamos la mañana a la señorial ciudad de Padua, cuyos ciclos pictóricos del Trecento han sido designados Patrimonio Mundial por la UNESCO. Nosotros visitamos dos de sus más significativos edificios: la Capilla de los Scrovegni y el Baptisterio de San Juan.

Capilla de los Scrovegni, Padua

Divididos en dos grupos y siguiendo un estricto protocolo para preservar la delicada capilla de Giotto, nos perdimos bajo su brillante bóveda azul y desentrañamos cada una de las detalladas escenas del ciclo mural, prestando atención al primer beso representado en la Historia del Arte.

Tras un grato paseo por el centro de la ciudad, esta vez bañados por un agradable sol de invierno, llegamos al baptisterio. Es este un lugar que, inevitablemente, conmueve a todo aquel que lo visita, pues irradia una profunda fuerza expresiva. Sin duda, fue el broche de oro para cerrar un viaje tan cargado de color y arte como éste.

Baptisterio de la catedral de Padua

Tras el tiempo libre, que unos aprovecharon para visitar San Antonio y otros para ir de terrazas, nos reunimos en un céntrico restaurante para una última comida familiar antes de dirigirnos al aeropuerto. Después de un vuelo sin tranquilo, llegamos a Madrid antes de lo previsto.

¡Muchas gracias a todos por acompañarnos en esta nueva aventura internacional, esperamos volver a veros muy pronto!

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