Entre el 23 de febrero y el 1 de marzo
tuvo lugar la esperadísima tercera edición del Viaje
Guiado ARTEGUIAS "Joyas del Arte Paleocristiano y Bizantino
en el Adriático", un completo recorrido por el nordeste
italiano para descubrir el excepcional legado histórico-artístico
que nos brindó el glorioso Imperio Bizantino.

La madrugada del lunes nos reunimos
en el Aeropuerto Madrid-Barajas con destino Bolonia, donde nos
recogió nuestro autobús privado para iniciar la
ruta. Enseguida nos dirigimos a la pequeña localidad de
Classe, un importantísimo enclave portuario que daba servicio
a Ravenna en época imperial. Tras una primera comida familiar,
dedicamos la tarde a explicar la imponente basílica de
San Apolinar, comentando con detenimiento sus trascendentales
mosaicos, así como su magnífica colección
de sarcófagos de los siglos V-VIII d.C, que ya anuncian
una primitiva iconografía paleocristiana.

Tras esta primera toma de contacto,
nos retiramos a nuestro estupendo hotel en Rávena para
cenar y descansar del madrugón.
El martes lo dedicamos por completo
a la recoleta ciudad de Rávena, sede del Imperio Romano
de Oriente desde el siglo V, que conserva un excepcional conjunto
monumental paleocristiano que recorrimos que avidez.
Empezamos por el Mausoleo de Gala Placidia,
el más antiguo de todos ellos. Construido como capilla
funeraria para esta distinguida dama, hija, hermana y nieta de
emperadores, de su cálido interior, cubierto por una bellísima
bóveda estrellada y numerosos símbolos escatológicos,
se desprende una atmósfera altamente mística, que
ciertamente invita al recogimiento y la reflexión espiritual.

A su lado se encuentra la incomparable
iglesia de San Vital, quizás el mejor ejemplo del fasto
y el refinamiento bizantinos. Todo en este edificio es abrumador,
desde su envoltura marmolada hasta su altísimo matroneo,
y por supuesto, sus minuciosos mosaicos absidiales cristológicos,
sin olvidarnos tampoco de las archiconocidas representaciones
cortesanas de Justiniano y Teodora.

A media mañana hicimos una pausa
para tomarnos un cappuccino antes de continuar hacia la Domus
dei Tappeti di Pietra, uno de los descubrimientos arqueológicos
más importantes de las últimas décadas en
Italia. Se trata de un enorme complejo áulico que conserva
unos excepcionales mosaicos pavimentados con temáticas
alegóricas, una experiencia que nos permitió adentrarnos
en la vida de las clases pudientes de la sociedad bizantina.
Tras una estupenda comida típica
en un céntrico restaurante, continuamos la tarde en el
Museo Episcopal, donde pudimos contemplar, a puerta cerrada, sus
dos mejores piezas, la sublime Cátedra de marfil de Maximiano,
una obra maestra de la eboraria constantinopolitana; y la Capilla
de San Andrés, el oratorio privado del obispo, un recogido
espacio cubierto por finísimos mosaicos, destacando el
del Cristo Guerrero portando la Cruz y venciendo a las fieras.

Pasamos también por la vecina
catedral, un edificio barroco levantado sobre la antigua Basílica
Ursiana. De esta época conserva un bonito ambón
decorado con un bestiario cristológico, así como
tres impresionantes sarcófagos romanos con bajorrelieves
de marcada identidad cristiana que comentamos con detenimiento.
Iniciamos entonces un paseo por las
calles principales de Rávena para dirigirnos a la llamada
zona dantesca, un rincón de referencia cultural para todos
aquellos amantes del laureado dramaturgo Dante Alighieri. Entramos
en la Basílica de San Francisco, un particular edificio
datado en el siglo IX con una bucólica cripta inundada
por las aguas freáticas del suelo, donde se celebró
el funeral del literato en 1321. En el pequeño jardín
anexo al templo se encuentra el túmulo que acogió
sus huesos, así como un cenotafio neoclásico erigido
en su honor por el cardenal Gonzaga.
Con esto, dimos por terminadas las visitas
del día y disfrutamos de un buen rato libre para callejear
por el centro histórico, comprar recuerdos o merendar en
las animadas terrazas de la Piazza del Popolo.
El miércoles continuamos nuestro periplo por
la ciudad de Ravena. Nuestra primera visita fue el Baptisterio
Ortodoxo, construido en el siglo V d.C. por el Obispo Neón
para combatir el impulso arriano. Señalado por la UNESCO
como el ejemplo más significativo y mejor conservado, posee
una marcada arquitectura octogonal y una exuberante decoración
de mosaicos, sobresaliendo el evocador episodio del Bautismo de
Jesús en el Jordán por San Juan que corona la cúpula.

Antes de la siguiente visita, paramos a desayunar
en el Mercato Coperto, un tradicional mercado de abastos reconvertido
en espacio gastronómico gourmet. Pronto nos encontramos
en el Museo Nacional. Este posee una nutrida colección
que podríamos haber recorrido durante días, sin
embargo, nos centramos en las piezas de epigrafía romanas
y en los deliciosos marfiles bizantinos.

Llegada la hora de la comida, regresamos al mismo
restaurante del día anterior, abierto en exclusiva para
nosotros, y cargamos pilas de cara a la tarde.
A continuación, visitamos la renombrada basílica
de San Apolinar Nuevo, construida en el siglo VI d.C por Teodorico
como capilla palatina de culto arriano. Antes de entrar en materia,
nos tomamos una foto de familia frente a sus Reyes Magos, para
pasamos un buen rato explicando sus bellísimos mosaicos
con cortejos de santos y santas. Aprovechamos para hacer la parada
técnica de la tarde en su fabulosa tienda, donde compramos
innumerables recuerdos de este bonito viaje.

De vuelta al centro histórico, nos detuvimos
brevemente a contemplar los restos del llamado palacio de Teodorico,
según las leyendas populares. Dada la cercanía,
también entramos en la Basílica de Santa María
in Porto. Aunque se trata de un templo barroco, es el santuario
de la Madonna Greca, patrona de la ciudad, a quien presentamos
nuestros debidos respetos.
Finalizadas las visitas, de nuevo disfrutamos de un rato de libre
disposición antes de regresar al hotel para cenar y descansar.
Dejamos para la mañana del jueves las últimas
dos visitas imprescindibles de Rávena. Bien temprano nos
acercamos al Mausoleo de Teodorico, una de las construcciones
funerarias más impresionantes de la Antigüedad Tardía,
y especulamos sobre la construcción y el transporte de
su tremenda cúpula de más de 300 toneladas. Aunque
el edificio está vacío en la actualidad, pudimos
reunirnos en torno al soberbio sarcófago de mármol
rojo que acogió el cuerpo del soberano, último testigo
de la grandeza de este personaje.

A continuación, visitamos el Baptisterio Arriano,
un sencillo edificio octogonal que acogía los bautismos
de los ostrogodos, quienes profesaban una fe herética que
negaba la naturaleza divina de Cristo. Curiosos, observamos que
en la cúpula también se representa su Bautismo en
el Jordán, aunque la estética difiere de la que
vimos en el Neoniano.

Antes de abandonar la ciudad, tuvimos tiempo de visitar
un último monumento, la Basílica de San Juan Evangelista,
que custodia numerosos fragmentos de mosaicos de principios del
siglo XIII, en los que ya se aprecian nuevos rasgos estilísticos
e iconográficos.

La jornada de la tarde la dedicamos a la impresionante
Abadía de Pomposa, ya en la región de Ferrara. Se
trata de un floreciente enclave benedictino, cuna de la música
y de la cultura en la Italia plenomedieval. Visitamos con calma
todas sus estancias, desde su espigada torre lombarda, hasta el
esmerado refectorio, decorado con pinturas que honran la vida
de San Guido. Admiramos también la bonita sala capitular,
cuyos frescos se deben a un discípulo de Giotto, y dejamos
lo mejor para el final, la bellísima iglesia abacial, cubierta
por completo con ciclos bíblicos y hagiográficos,
y una delicada alfombra musiva con incrustaciones de mármol
que cubre la totalidad del suelo.

Tras tomar un café en una agradable terraza
junto al templo, aprovechando el sol primaveral, nos dirigimos
al segundo hotel del viaje, ubicado en la ciudad de Treviso, donde
pasaríamos las tres noches restantes.

Aunque amaneció nublado, cogimos el viernes
con ganas, pues nos tocaba visitar la incomparable San Marcos
de Venecia. Madrugamos para embarcarnos en nuestro vaporetto privado,
que nos llevó cómodamente por los canales de esta
ciudad mágica. El madrugón bien mereció la
pena, pues pudimos recorrer la basílica sin las habituales
mareas de turistas y pudimos contemplar con cierto desahogo las
doradas cupulas plagadas de mosaicos. Nos quedamos maravillados
con la soberbia Pala d'Oro, y finalmente, subimos al Museo para
ver la famosa cuadriga de Constantinopla, y nos asomamos a las
terrazas para hacernos incontables selfies frente a la Plaza y
el Palacio Ducal.

Por supuesto, disfrutamos de una hora libre en esta
ciudad de cuento antes de embarcarnos nuevamente en el vaporetto
rumbo a la pequeña isla de Torcello.

Tras una deliciosa comida isleña, entramos
en la modesta iglesia de Santa Fosca, donde comentamos nuevamente
la simbología del octógono. Pero nuestro verdadero
interés residía en la Basílica de Santa María
Asunta, construida en pleno siglo VII en una época de pujanza
económica de Torcello. Nos interesa especialmente el espectacular
mosaico del interior, que verdaderamente nos dejó sin aliento
por su profundidad teológica y su delicadeza y detallismo.
Especialmente llamativo para nosotros fue la Anástasis
o Bajada de Cristo a los infiernos, donde le vemos rompiendo las
puertas del Hades para rescatar a Adán, Eva, San Juan Bautista,
etc.

Terminadas las visitas, atravesamos nuevamente la
laguna veneciana en el vaporetto y regresamos al hotel de Treviso.
El sábado por la mañana nos dirigimos
a la animada ciudad de Trieste, tan al norte que hace frontera
con Croacia y Eslovenia. La particular arquitectura de su catedral
de San Giusto, fruto de la fusión de dos iglesias previas,
la convierte en un atractivo para los estudiantes y amantes del
arte medieval. Efectivamente, pasamos un buen rato comentando
su destacada herencia romana, así como los mosaicos absidiales
del interior con la Madre de Dios y Cristo con los santos, y antes
de irnos, nos dejamos sorprender con el tesoro y el mausoleo carlista
que cobijan sus capillas.

Regresamos al bus para adentrarnos en la región
de Friuli-Venetia-Julia, rumbo Aquileia. Antes de entrar en materia,
comimos en un distinguido restaurante de esta pequeña ciudad,
y desde allí, caminamos al soberbio conjunto basilical
designado Patrimonio Mundial de la UNESCO, donde pasaríamos
toda la tarde.

Tras un rápido vistazo a su baptisterio con
una curiosa piscina hexagonal, entramos en la iglesia, quedándonos
sin palabras ante los magníficos mosaicos romanos que cubren
la totalidad del suelo, plagados de animales y pasajes bíblicos.
Después, descendimos hasta la iglesia baja, cuyas paredes
están recubiertas por primitivos frescos que nos cuentan
la historia de los santos Hermágoras y Fortunato, impulsores
del cristianismo en la región.

Finalmente, debatimos el origen y significado de
los misteriosos mosaicos de la cripta excavada, que alguno consideran
cristianos gnósticos.
Tras una pausa para compras y café, regresamos
al hotel de Treviso para pasar nuestra última noche en
Italia.
El domingo salimos temprano para visitar la elegante
ciudad de Padua, que alberga un excelente conjunto pictórico
del Trecento Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. De los
ocho edificios que lo componen, nosotros visitamos los dos más
destacados, la capilla Scrovegni y el Baptisterio.

Divididos en varios grupos, y siguiendo un estricto
protocolo para proteger la delicada capilla de Giotto, pronto
nos vimos inmersos en su brillante bóveda azulada, y nos
emocionamos al encontrarnos frente al primer beso documentado
en la Historia del Arte occidental.
Tras un agradable paseo por el centro histórico
de Padua, donde visitamos, entre otras cosas, la insigne facultad
de Derecho y Medicina, llegamos al baptisterio. La fuerza expresiva
del Cristo que corona la cúpula, auspiciado por la Virgen
y por un imponente cortejo angélico, nos sobrecogió
enormemente. Sin duda, fue el broche de oro para cerrar un viaje
tan cargado de arte, historia y color como éste.

Tras el tiempo libre, que aprovechamos para tomarnos
un Aperol Spritz en las soleadas terrazas de la Piazza del Duomo,
disfrutamos de una última comida familiar antes de dirigirnos
al aeropuerto. Después de un vuelo tranquilo, llegamos
a Madrid antes de lo previsto.
¡Muchas gracias a todos por acompañarnos
en esta nueva aventura internacional, esperamos veros de nuevo
muy pronto!
¡Muchas gracias a todos por acompañarnos
en esta nueva aventura internacional, esperamos volver a veros
muy pronto!