El fin de semana del 20 y 21 de julio
tuvo lugar la ansiada ¿segunda/tercera? edición
del Viaje Guiado ARTEGUIAS "Viaje paisajístico y románico
por la Montaña Palentina", un recorrido por los verdes
valles del norte de Palencia y sus pintorescos pueblos, que acogen
algunos de los templos románicos rurales más hermosos
del país.

El sábado salimos puntuales desde
la Moncloa madrileña y tras dos paradas técnicas
reglamentarias, llegamos a la icónica ermita de Santa Cecilia
en Vallespinoso de Aguilar.

Este templo lo tiene todo: desde una
ubicación privilegiada, pues se alza sobre una ladera rocosa
enclavada en un bosque, hasta un magnífico repertorio escultórico.

Llegada la hora de la comida nos acercamos
a la vecina Aguilar de Campoo para disfrutar de un riquísimo
almuerzo, antes de proseguir con nuestras visitas de la tarde.
A continuación, nos dirigimos
a Santa Marina de Villanueva de la Torre, una iglesia sencilla
pero con una elegantísima cabecera. Es remarcable, sobre
todo, por ser uno de los pocos templos en todo el norte de Palencia
con un campanario en forma de torre. Esta peculiaridad, unida
al paisaje de colinas infinitas que lo rodea, hizo que nos pasáramos
un buen rato dando rienda suelta a nuestras cámaras fotográficas.

A media tarde hicimos un alto en el
camino en una pintoresca posada para tomar un café, antes
de dirigirnos a nuestra última iglesia del día.
No podíamos olvidarnos de la
célebre iglesia de San Cornelio y San Cipriano en Revilla
de Santullán, pues esta modesta iglesia tiene una de las
mejores portadas del Románico palentino, excepcionalmente
firmada por el Maestro Michaelis. Su delicada representación
de la Última Cena y sus finos capiteles hicieron las delicias
de todos los viajeros. Sin duda fue la forma perfecta de cerrar
un día cargado de Románico.

Desde allí, retrocedimos hasta
Palencia capital para hacer noche en el hotel y descansar de cara
a la jornada siguiente.

El domingo nos esperaba otro día
repleto de visitas, por lo que salimos pronto rumbo a Santa María
la Real de Cillamayor. Nos encontramos con un templo armonioso
y de formas clásicas, que esconde en su interior una de
las pilas bautismales más enigmáticas del repertorio
castellano. Firmada por Pedro de Cilla y decorada con un indescifrable
laberinto, este ejemplar nos dejó maravillados por el misterio
que le rodea.
Muy cerca de allí se encuentra
la iglesia de San Juan Bautista de Villavega de Aguilar, caracterizada
por una portada de formas geométricas y algunos capiteles
curiosos, como el del "glouton" que parece engullir
el fuste de su propia columna.

Tras una parada técnica para
desayunar, nos dirigimos a la peculiar iglesia de Santiago Apóstol
en Cezura, un templo ecléctico de origen románico
pero fuertemente intervenido en época renacentista. No
nos dejó indiferentes por la singular disposición
de sus naves y su colorido interior.

Con esto, volvimos a Aguilar de Campoo
para disfrutar de una estupenda comida familiar en el mismo restaurante
del día anterior antes de proseguir nuestro viaje.
Aunque no estaba previsto inicialmente,
no podíamos pasar por el norte de Palencia sin visitar
la maravillosa portada de la iglesia de San Juan Bautista en Moarves
de Ojeda. Nos detuvimos unos minutos, que bien podrían
haber sido horas, a contemplar y fotografiar el soberbio friso
esculpido de los Apóstoles que engalana su fachada sur.

Con esta preciosa imagen aún
en la retina, nos marchamos hacia nuestra última visita
del viaje, la iglesia de Nuestra Señora de las Candelas
en la vecina Calahorra de Boedo. No vinimos aquí tanto
para admirar su iglesia, muy reconstruida, sino su bellísima
pila bautismal románica, en cuya copa se tallaron detalladamente
la Resurrección y el Descenso de Cristo a los Infiernos.

Co esto, emprendimos el viaje de vuelta
a Madrid, y tras las dos paradas técnicas reglamentarias,
llegamos a la hora prevista.
Ha sido un viaje fantástico,
gracias por acompañarnos de nuevo ¡Feliz verano!