Entre los días
24 y 28 de abril tuvo lugar la esperadísima III edición
del Viaje Guiado ARTEGUIAS "Occitania, Patrimonio de la Humanidad:
Carcassonne, Albi, Toulouse, Conques y Moissac", una ruta
por el llamado País Cátaro, rebosante de historia
y arte medieval.

Con el fin de acortar
las considerables distancias que nos separan del país galo,
tomamos el AVE desde Atocha y en apenas cuatro horas llegamos
a Girona, donde nos esperaba nuestro bus para llevarnos al restaurante
reservado para la ocasión.

Antes de cruzar la
frontera hicimos la primera visita del viaje a la canónica
agustiniana de Santa María de Vilabertrán, un edificio
puramente románico que destaca por su bello campanario
lombardo, su claustro y su cruz procesional; sin duda un buen
aperitivo para empezar el viaje.

Precisamente, en el interior del citado
claustro nos hicimos la primera fotografía de grupo del
viaje.

Desde Vilabertrán,
nos dirigimos a nuestro hotel, ya en Perpignan, donde pudimos
descansar tras tantas horas de recorrido.

El jueves por la mañana
nos desplazamos hacia Carcassonne, una preciosa ciudadela medieval
magníficamente conservada, en parte gracias a la intervención
del polémico arquitecto decimonónico Eugène
Viollet-Le-Duc y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Caminamos por el entramado de callejuelas hasta su
basílica de Saint-Nazaire, una construcción que
aúna, de forma elegantísima, las formas románicas
y góticas.

Por supuesto, entramos también en el Castillo
Condal, recorriendo el paseo de ronda hasta desembocar en el interesantísimo
museo lapidario que custodia en su interior.
Tras la comida en un restaurante de la ciudad moderna,
conocida como La Bastida de San Luis, aprovechamos para visitar
la iglesia gótica de Saint-Michel, reconvertida en catedral
en 1803.

Desde aquí, nos desplazamos escasos 30 kilómetros
hasta la poco conocida pero muy interesante abadía románica
de Saint-Papoul, que en su día fue un próspero centro
de peregrinaje medieval. En su cabecera se conservan magníficos
capiteles y canecillos del genial taller de Cabestany, con su
particular forma de trabajar los cuerpos y rostros.

También agradó a nuestros acompañantes
la monumentalidad de su claustro de transición entre los
románico y lo gótico.

Con esto, dimos por finalizado el segundo día
y nos dirigimos hacia nuestro nuevo hotel en el centro de Toulouse,
donde nos alojamos durante el resto del viaje.
La mañana del viernes la pasamos en la histórica
ciudad de Albi, importante sede episcopal tras la cruzada albigense.
Su conjunto monumental se articula en torno a la imponente catedral
de Sainte-Cecile, construida en ladrillo en estilo gótico
mediterráneo.

Su impresionante volumen, su rica policromía
mural renacentista y su coro gótico flamígero dejaron
boquiabiertos a todos.

Albi posee otro peculiar edificio medieval, la colegiata
de Saint-Salvi. Presenta una estructura compleja, fruto de las
múltiples intervenciones que ha sufrido a lo largo de distintas
épocas por lo que una parte es románica y otra gótica.
También ha sabido conservar una de las arquerías
del claustro románico.

En su interior pudimos admirar el soberbio conjunto
escultórico tardomedieval que conserva, formado por un
Calvario, una Piedad, un Ecce Homo...

Continuamos paseando por el encantador centro histórico
de Albi, ciudad natal del renombrado Henri Toulouse-Lautrec, hasta
su mirador sobre el río Tarn, que nos ofreció una
panorámica incomparable de la ciudad medieval.
Tras una comida tradicional propia de la región
del Aveyron, nos dirigimos a la preciosa localidad de Conques,
donde se levanta la Abadía de Santa Fe, uno de los templos
románicos más importantes de toda Europa y parada
obligada de las rutas jacobeas.

Su merecida fama le viene especialmente por la portada
occidental y su singular tímpano. Éste, dividido
en tres registros, narra el pasaje apocalíptico de la Parusía
y el Juicio Final, con una minuciosidad y un detalle preciosista.
Muchos de nuestros viajeros quedaron impactados ante su belleza.

No podíamos irnos sin visitar su Tesoro, un
pequeño museo que suele pasar desapercibido al visitante
pero que custodia auténticas joyas de orfebrería
medieval, destacando el relicario de la propia Santa Fe, cuajado
de gemas y camafeos. Regresamos al hotel en Toulouse maravillados
ante tanta belleza.
Aprovechando nuestra estancia en la capital de Occitania,
el sábado por la mañana visitamos algunos de sus
monumentos más importantes.

Comenzamos por la basílica de Saint-Sernin,
prototípica iglesia de peregrinación del camino
compostelano de enormes dimensiones, con cinco naves, girola y
cripta cuajada de reliquias. Cuenta con un riquísimo programa
artístico en el que trabajó, entre muchos otros,
el célebre maestro de Platerías y también
Bernard Gilduin.

Siguiendo la Calle del Toro, una de las principales
arterias de Toulouse, llegamos a la Plaza del Capitol, centro
neurálgico de la misma. Aprovechamos para tomarnos un café
en las animadas terrazas que la flanquean.

A continuación, nos dirigimos al que fuera
convento dominico de Toulouse, conocido como el Convento de los
Jacobinos, uno de los mejores ejemplos del gótico meridional
de la región.

Su iglesia, de una sola nave, está sostenida
por la llamada "palmera", una única columna que
se abre en 22 nervaduras y permite abrir gran cantidad de vanos
con bellísimas vidrieras que nos pasamos largo rato fotografiando.
Pasamos también a su claustro y a la capilla de San Antolín,
cubierta por pinturas murales del siglo XIV.

Tras una riquísima comida en un céntrico
restaurante, nos dirigimos a la insigne Abadía románica
de Saint-Pierre de Moissac, declarada Patrimonio Mundial de la
Humanidad en 1998. Su claustro del año 1100 es lo que la
ha conferido su fama.

Afortunadamente, también su portada románica
ha sobrevivido, dejándonos tallas tan soberbias como los
veinticuatro ancianos del Apocalipsis mirando al Cristo en Majestad
o el relieve del profeta Jeremías. Verdaderamente una joya
que nos pasamos más de una hora comentando ensimismados.

El domingo por la mañana nos acercamos a la
pequeña población de Rieux-Minervois, donde se encuentra
la peculiar iglesia de Sainte Marie. Este místico lugar
cuenta con una planta heptagonal, y, como bien saben nuestros
viajeros, el numero 7 en el cristianismo alude a la perfección.
Desde luego, consideramos que fue el cierre perfecto para nuestro
viaje.

Cogimos nuestro autobús hacia La Junquera,
ya en España, para una última comida familiar, y
poco tiempo después, subimos al AVE de vuelta a Madrid,
donde llegaríamos a la hora prevista.
Ha sido un viaje precioso, gracias a todos por acompañarnos.
¡Nos vemos pronto!