Entre el viernes día 24 y el
domingo 26 de junio tuvo lugar la II edición del Viaje
Guiado ARTEGUIAS "La Ciudad de Ourense y los Monasterios
Románicos de la Ribeira Sacra", una ruta que ya realizamos
siete años atrás y que nos trasladó a uno
de esos lugares emblemáticos de nuestra geografía
en los que parece imposible encontrar una mejor conjunción
entre románico y pasaje.

Puntuales como de costumbre, el viernes
salimos desde el madrileño Paseo de Moret (frente al Intercambiador
de Moncloa) para, a través de la autovía A6 y con
las paradas técnicas preceptivas, llegar a tierras gallegas
para comer en la preciosa villa de Allariz, más concretamente
en un encantador restaurante situado frente a la iglesia románica
de Santiago, la cual sirvió para ir calentando nuestras
cámaras fotográficas de cara a lo que estaba por
venir.
El primer monumento de la ruta propiamente
dicha fue la iglesia de Santa Mariña de Augas Santas, una
monumental construcción que contrasta llamativamente con
la pequeña aldea en que se asienta, declarada conjunto
histórico y que constituye uno de los enclaves de mayor
sabor y tipismo de Galicia.

En Augas Santas tuvimos ocasión
de comentar su preciosa cabecera, su fachada occidental y, sobre
todo, su interior, con una serie de particularidades arquitectónicas
que la emparentan con la catedral compostelana.

Desde Augas Santas, tras una parada
técnica y a través de las típicas carreteras
gallegas tan verdes como curvilíneas, nos adentramos propiamente
en la Ribeira Sacra para conocer el Monasterio de San Pedro de
Rocas, uno de los más antiguos establecimientos cenobíticos
documentados en Galicia.

En San Pedro de Rocas, divididos en
dos grupos por cuestiones de espacio, visitamos tanto la iglesia
rupestre excavada en la roca como el Centro de Interpretación
habilitado en la casa rectoral contigua. Ya desde allí,
todos juntos, descendimos hasta la famosa Fuente de San Benito
situada en un paraje boscoso de gran belleza.

Finalizando la tarde, regresamos a nuestro
hotel de las cercanías de Ourense para repartir las habitaciones,
cenar y descansar de cara a la interesante jornada que nos aguardaba.
La mañana del sábado la
iniciamos visitando el Monasterio de Santa Cristina de Ribas de
Sil, enclavado en un entorno espectacular literalmente colgado
sobre los cañones abancalados que caen vertiginosamente
sobre las aguas del río Sil. Tan escarpado es su emplazamiento
que, para poder llegar a él, es necesario fletar un microbús.

Una vez en el monasterio, nos detuvimos
en su fachada occidental presidido por un original rosetón,
en su cabecera y, por supuesto, en su interior, donde llamó
la atención su verticalidad que rompe con ciertos tópicos
falsos que tienden a asignarse al románico.
Por último, atravesando una preciosa
portada románica, accedimos a su claustro, ya de cronología
posterior pero integrado de tal manera en el entorno que en absoluto
desmerece.
Tras regresar a nuestro autobús,
continuamos paralelos a las aguas del Sil por una carretera de
espectacular trazado hasta llegar al Mirador das Cabezoás,
balcón privilegiado sobre los cañones y una de las
imágenes que no faltan en ningún folleto promocional
de la Ribeira Sacra.

Para terminar las visitas matutinas,
llegamos a otro de los lugares emblemáticos de la zona
como es el Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, hoy convertido
en lujoso Parador de Turismo en el que, antes de continuar con
la explicación aprovechamos para hacer la parada técnica
sentados en las mesas de su cafetería, dispuestas en uno
de sus claustros.

La visita al conjunto monumental la
empezamos por la iglesia abacial, donde, como no podía
ser de otra manera, todos los focos se centraron en el relieve
escultórico con el apostolado procedente más que
probablemente de un tímpano.

A continuación, tras comentar
también su cabecera, finalizamos la visita recorriendo
sus claustros, con especial atención al claustro de los
Obispos, uno de los más antiguos de Galicia.

Tras la comida en la localidad de Luintra,
nos dirigimos a la ciudad de Ourense, a cuya visita dedicamos
íntegramente la jornada de tarde, aprovechando la Plaza
del Campo para introducir, con la ayuda de nuestra guía
oficial, la historia de la ciudad.
Desde ahí, atravesando una animadísima
Plaza Mayor debido a que la ciudad se encontraba en fiestas, llegamos
al plato fuerte de la tarde, que no era otro que la Catedral,
una de las mejores no solo del románico gallego, sino de
toda la Península.

Comentados algunos aspectos arquitectónicos,
buena parte de la visita la absorbió el recientemente rehabilitado
Pórtico do Paraíso, una preciosa secuela del famoso
Pórtico de la Gloria compostelano del Maestro Mateo.

Tras ello, visitamos las diferentes
capillas de la seo orensana para acabar en el pequeño pero
interesantísimo Museo Diocesano habilitado en un espacio
abierto a la nave sur, donde se conservan piezas de enorme valor.

Tras un tiempo de libre disposición
para tomar un refrigerio, ascendimos a la parte alta de la ciudad
para conocer el claustro de San Francisco, un precioso claustro
gótico de estética muy románica que suele
pasar desapercibido para muchos visitantes y que sorprendió
a todos nuestros amigos por la variedad y la originalidad de su
iconografía.

De vuelta al centro de la ciudad y ya
camino del autobús, no podíamos dejar de hacer una
parada frente a las Burgas, uno de los símbolos de Ourense
y cuyas aguas, como algún valiente pudo comprobar, brotan
a altísimas temperaturas.

Por último, la jornada de domingo
abandonamos tierras ourensanas y la dedicamos íntegramente
a la Ribeira Sacra Lucense, cambiando el río Sil por el
Miño, donde la primera parada fue el Monasterio de Santo
Estevo de Ribas do Miño, accesible a pie a través
de una agradable carretera que serpentea entre bosques y viñedos.

En Santo Estevo buena parte de la explicación
se centró en su portada románica, de sabor mateano
y cuya escultura ha dado a lugar a diferentes interpretaciones.

A continuación nos adentramos
en el Concejo de Pantón para conocer el Monasterio de Santa
María y el Divino Salvador de Ferreira, único de
nuestra ruta aún en activo ya que está habitado
por una comunidad de monjas cistercienses.

En él, pudimos saborear su preciosa
cabecera tanto al exterior como al interior cuajada de escultura
figurada y posteriormente, tras visitar su coqueto claustro ya
renacentista, pudimos pasar por la tienda para, quien así
lo deseó, adquirir algunos de los afamados dulces que realizan
las monjas.

Para terminar el programa de visitas
y muy cerca de Ferreira de Pantón visitamos otro monasterio,
esta vez más pequeño en dimensiones y que hoy, exclaustrado,
funciona como templo parroquial. Nos referimos a San Miguel de
Eiré, donde de nuevo el repertorio escultórico no
nos permitió dar tregua a nuestras cámaras fotográficas.

Antes de iniciar nuestro viaje de regreso,
comimos en una agradable pulpería de Monforte de Lemos
que, junto al conjunto de monumentos visitados durante el fin
de semana, nos dejó un inmejorable sabor de boca.
Muchas gracias a todos por acompañarnos.