Entre el 24 y el 27 de abril tuvo lugar
la primera edición del esperado viaje "Románico
en los pueblos y paisajes mágicos del Ripollès",
un completo recorrido por los profundo valles de la histórica
comarca gerundense, a los pies del Pirineo Catalán, y sus
maravillosos conjuntos monumentales medievales.

Así pues, el jueves por la mañana
tomamos el tren desde Madrid-Atocha hasta la estación AVE
Figueres-Vilafant, donde nos esperaba nuestro autobús privado,
no sin antes celebrar una primera comida familiar.

Con las pilas cargadas, nos dirigimos
a la localidad de Sant Joan les Fonts, así llamada por
la afluencia de manantiales que surcan el pueblo. Para conocerlo
en profundidad, elegimos hacer una ruta en un divertido trenecito
turístico, que nos acercó a la bonita iglesia del
monasterio homónimo. Sant Joan destaca entre el verde paisaje
por su característico color rosado, sin embargo, es su
misteriosa pila bautismal románica la que hizo las delicias
de todos los viajeros.

Continuamos nuestro agradable recorrido
por este parque natural volcánico y nos detuvimos a contemplar
las milenarias coladas de lava. También tuvimos oportunidad
de bajar al río y disfrutar de sus cascadas, salvadas por
un elegante puente medieval frente al que nos hicimos una primera
foto de grupo.

Finalizamos el paseo en una animada
terraza, donde pudimos tomar una merecida cerveza en buena compañía.
Con esto dimos por finalizado el día, y nos dirigimos a
nuestro céntrico hotel en Figueres a cenar y descansar.
El viernes amaneció un espléndido
día, perfecto para la jornada paisajística que nos
esperaba. Nos dirigimos a la localidad de Camprodón, uno
de los destinos de montaña favoritos de los catalanes.
Aquí visitamos el solemne monasterio
de Sant Pere, una austera fundación benedictina que se
remonta al siglo XII. Vinculada a él, encontramos también
la iglesia de Santa María, un enorme templo gótico
cuyo principal interés reside en el conjunto de capiteles
románicos zoomórficos que sostienen el altar, y
que comentamos detenidamente.

Tras una parada para tomar un café,
nos adentramos en el corazón del pueblo. Paseamos por su
calle principal, admirando las residencias modernistas que la
flanquean, hasta llegar al elegantísimo puente medieval
sobre el Ter, sin duda, la imagen más representativa de
la villa, frente al que nos tomamos numerosas fotos.

A continuación, disfrutamos de
una comida en un céntrico restaurante de la localidad,
para después tomar unos minibuses que nos acercarían
a nuestro próximo destino, el coqueto pueblo de Beget.

Enclavado en lo profundo de la montaña,
la primera mención de este pintoresco lugar aparece en
el año 965, aunque su iglesia de San Cristóbal data
del siglo XII. Se trata de una auténtica joya del románico
internacional que conserva in situ una de las obras maestras de
la imaginería de Cataluña, una solemne Majestat
del siglo XII bellamente policromada.

Tras un paseo por este encantador pueblecito
de montaña, finalizamos el día en una idílica
terraza a la orilla del río, bañados por un suave
sol primaveral.
El sábado madrugamos para visitar
el conjunto medieval de Sant Joan de les Abadesses. Nada más
llegar, nos detuvimos a comentar las ruinas de la iglesia románica
de Sant Joan y Sant Pau, cuya fachada occidental resulta especialmente
notable por su tímpano, en el que aparece una Traditio
Legis.
Aunque empezaba a llover, nos acercamos
al llamado Pont Vell, un enorme puente gótico de 66 metros
marcado por un gran arco central apuntado, que antaño salvaba
las distancias entre la villa y Francia.

Desde aquí nos dirigimos al célebre
cenobio de origen femenino de Sant Joan de les Abadesses, uno
de los monumentos más emblemáticos de la tradición
monástica catalana. No solo posee una equilibrada iglesia
románica, sino un delicado claustro gótico del siglo
XV con una fina arquería de columnillas. Pero sin duda,
las joyas de Sant Joan son su emotivo grupo escultórico
del Descendimiento y su bellísimo retablo de alabastro
presidido por una Virgen María.

A continuación, nos dirigimos
al cercano monasterio de Santa María de Ripoll para contemplar
su renombrada portada románica del siglo XII, toda una
Biblia en piedra en regla. Nos pasamos un buen rato comentando
y fotografiando cada detalle, con especial atención a los
poco habituales pasajes veterotestamentarios de Caín y
Abel, Jonás, Moisés, David y Salomón; así
como el variado bestiario y el interesantísimo mensario.

No podíamos olvidarnos de su
claustro, un espacio de gran belleza ordenado en dos pisos que
combinan forma románicas y góticas.

A este también le dedicamos más
de una hora, explorando sus variados capiteles, que muestran desde
los habituales animales fantásticos, hasta personajes de
la sociedad, objetos, episodios de la Leyenda Áurea, etc.

Tras una rica escalivada tradicional,
encaramos la jornada de la tarde. Ascendimos la Vall de Núria,
hogar de la virgen milagrosa, hasta llegar al recóndito
pueblo de Queralbs, plagado de casitas de pizarra negra y sinuosas
cuestas, que recorrimos con tranquilidad.

Aquí visitamos la excepcional
iglesia de Sant Jaume, un ejemplar porticado del siglo XII nada
habitual en esta región, cuyos capiteles presentan motivos
vegetales y zoomorfos.

Antes de regresar al bus para volver
al hotel de Figueres, dispusimos de un tiempo para comprar embutidos
típicos en la tiendita del pueblo y tomamos un café
para entrar en calor.
Aprovechamos la mañana del domingo
para hacer las últimas visitas antes de coger el AVE de
vuelta a Madrid. Nuestra primera parada fue la basílica
de Santa María de Castelló d'Empúries, cuyas
dimensiones le han valido el sobrenombre de "Catedral del
Empordà".

Se trata de un templo gótico
con una monumental portada esculpida en mármol blanco,
con arquivoltas apuntadas y tallas de ángeles músicos,
santos y profetas, así como una Adoración de los
Magos. En su interior, nos quedamos maravillados ante el detalladísimo
retablo de alabastro de la Virgen de la Candelaria, así
como por sus curiosas pilas bautismales románicas unidas.
A continuación, nos acercamos
a la vecina Vilanova de Muga, para contemplar las bonitas pinturas
del siglo XII ubicadas en su iglesia de Santa Eulalia, todo un
tesoro. Al sol de mediodía, disfrutamos de un aperitivo
en una animada terraza en la plaza central de este pueblo.

Para finalizar, visitamos el claustro
exento de Peralada, perteneciente al antiguo Convent del Roser,
derribado a comienzos del siglo XX. Tan solo se conservan sus
cuatro pandas, cuyas columnas y capiteles historiados poseen una
innegable fuerza expresiva, llenando rápidamente nuestras
cámaras y móviles. Sin duda, el broche de oro para
un viaje tan cargado de naturaleza y arte.

Llegada la hora de la comida, regresamos
a Figueres para un último almuerzo familiar antes de volver
a Madrid, a donde llegaríamos puntuales.
Gracias a todos por acompañarnos
en este nuevo viaje, nos vemos pronto.