Entre el 6 y el 9 de junio tuvo lugar
la primera edición del Viaje Guiado ARTEGUIAS "Viaje
paisajístico y románico: Iglesias Lombardas y Claustros
Románicos en los bosques de Cataluña", nuestra
primera incursión en las comarcas septentrionales barcelonesas
del Bagès, Berguedá y Osona, repletas de monasterios
y canónicas construidos en ese característico estilo
propio, tan equilibrado y austero.

Así, el jueves cogimos el AVE
bien temprano desde la madrileña Puerta de Atocha y en
menos de tres horas llegamos a Barcelona, donde nos esperaba nuestro
autobús para iniciar la ruta. Nuestra primera parada fue
la iglesia del antiguo monasterio de Sant Cugat del Racó,
que si bien es poco conocida, constituye un ejemplo excepcional
del románico lombardo gracias a su cimborrio de planta
circular.
Volvimos al autobús para continuar
la jornada, no sin antes disfrutar de una reconfortante comida
en un restaurante de Cardona. Precisamente a esta histórica
localidad dedicaríamos el resto de la tarde.
Empezamos la visita en el imponente
Castillo, sede de una de las familias más poderosas del
momento, los vizcondes de Cardona, quienes jugaron un papel clave
en el desarrollo histórico y social de la Cataluña
medieval. El conjunto monumental está integrado por la
legendaria Torre de la Minyona, la soberbia colegiata lombarda
de Sant Vicenç, de dimensiones catedralicias, y su claustro
gótico parcialmente restaurado, en el que muy acertadamente
se han reconstruido las pinturas murales que una vez lo decoraron.

Tras una breve parada técnica,
descendimos a la Villa y recorrimos sus señoriales calles
plagadas de palacetes, que dan cuenta de la importancia que tuvo
esta ciudadela en época condal. Visitamos algunos de sus
monumentos más célebres, como la capilla de Santa
Eulalia y la Iglesia gótica de Sant Miquel.

Tras este agradable paseo, dimos por
finalizado el día y nos retiramos a nuestro hotel en Sabadell
para cenar y descansar.
El viernes lo dedicamos por completo
a visitar los tres grandes centros religiosos de la región.
A primera hora de la mañana, nos dirigimos a la pequeña
localidad de L'Estany, donde se encuentra el antiguo cenobio de
Santa María.

De época medieval solo queda
la iglesia, que responde al típico esquema de cruz latina
y bóveda de cañón; y el claustro, el elemento
más sobresaliente de todo el conjunto por la enorme variedad
de capiteles historiados que presenta y su excepcional estado
de conservación. Podríamos habernos pasado horas
comentando y admirando cada uno de ellos.

Nuestra siguiente parada fue la Canónica
de Santa María de Lluçá, otra de las grandes
desconocidas catalanas aunque de enorme importancia patrimonial
por los numerosos elementos arquitectónicos, escultóricos
y pictóricos que atesora, como su magnífico claustro
del siglo XII o la colección de pinturas del XIV que se
custodia en el pequeño museo anexo.

A la hora de la comida paramos en un
acogedor restaurante en Tavérnoles, donde pudimos probar
algunos platos típicos antes de continuar nuestro periplo.
Por la tarde nos acercamos a Sant Pere
de Casserres, ubicado en una península sobre el río
Ter a la que solo se puede acceder a pie, por lo que disfrutamos
de un relajante paseo por el frondoso bosque.

El recinto monástico está
presidido por la magna iglesia basilical lombarda, cuyas enormes
proporciones nos hablan de la riqueza que alcanzó Sant
Pere en el siglo XII. A su alrededor se dispone un coqueto claustro
y las dependencias de los monjes musealizadas, así como
un antiguo cementerio y un hospital, donde hoy se proyecta un
interesante audiovisual con la historia del lugar.

La belleza del entorno es indiscutible,
por lo que dispusimos de un largo tiempo libre para dar rienda
suelta a nuestras cámaras y pasear a nuestro ritmo por
el complejo. Antes de volver al autobús paramos a tomar
un refresco en la agradable terraza del monasterio, desde donde
contemplamos una panorámica sin igual del río mientras
charlamos animadamente. Sin duda, fue una forma estupenda de cerrar
el día.
El sábado por la mañana
nos acercamos a la vecina ciudad de Manresa para conocer su Basílica
de Santa María, unos de los mejores templos góticos
de Cataluña que además ha sabido conservar y musealizar
los restos del templo románico sobre el que se asienta.

Sin embargo, su valor reside sobre todo
en la magnífica colección de retablos góticos
que posee, como el del Espíritu Santo de Pere Serra. Pero
nosotros nos quedamos como preferido con el llamado Frontal Florentino
del siglo XIV, una obra maestra del bordador italiano Geri di
Lapo que nos fascinó a todos por su intrincada delicadeza.

Después de un aperitivo en la
Plaza Mayor de Manresa y una rica parrillada típica, encaramos
la jornada de la tarde rumbo Berga. A las afueras de este pueblo
encontramos la aparentemente humilde iglesia de Sant Quirze. Enclavada
en lo profundo del bosque, recorrimos un bonito sendero parejo
a un río cristalino y cruzamos un puente medieval para
llegar hasta ella.

Sant Quirze es una de las manifestaciones
artísticas más importantes de Cataluña, tanto
por su antigüedad, ya que es prerrománica; como por
la decoración mural de su interior que llegó a crear
una escuela propia, y que hoy podemos admirar en el Museo Episcopal
de Solsona y en el MNAC. Para muchos de nuestros viajeros, esta
ha sido una de las joyas del viaje al combinar perfectamente paisaje,
historia y arte.

Nuestra última parada del día
fue el coqueto municipio de Sant Jaume de Frontanyà. Esta
pintoresca localidad se ha hecho famosa entre los amantes del
arte medieval por su iglesia, templo de una antigua canónica
agustiniana. Espectacular por su volumen y armoniosas formas,
destaca por su inusual cimborrio de doce caras.

Tras haber contemplado tan bellos paisajes,
dimos por finalizado el día y regresamos a Sabadell para
descansar de cara al día siguiente.
El domingo salimos temprano para aprovechar
el día antes de coger el AVE de vuelta a Madrid. Nos dirigimos
hacia Vic pero antes hicimos una parada para conocer la gallarda
iglesia de Santa Eugenia de Berga, que aúna el estilo lombardo
con el románico internacional, como apreciamos en su profusamente
decorada portada occidental.

Una vez llegamos a Vic paseamos por
su rico conjunto histórico-monumental, que abarca desde
la época romana hasta nuestros días. Así,
visitamos el Templo Romano y la catedral, un ecléctico
edificio neoclásico que reutiliza estructuras anteriores.

Sin embargo, nuestro principal objetivo
era el fantástico Museo Episcopal, que alberga una valiosísima
colección de arqueología, artes suntuarias, esculturas
y pinturas desde el Románico hasta el siglo XVIII.

Aunque podríamos habernos pasado
horas recorriéndolo y comentando todas sus piezas, centramos
nuestra atención en aquellas románicas y góticas,
como las pinturas murales de Sant Martí del Brull y Sant
Sadurní d'Osomort, las tablas del altar de herencia ortodoxa
de Lluçà o el finísimo retablo de alabastro
proveniente de Sant Joan de les Abadesses.

Consideramos que el MEV fue el broche
de oro para este viaje cargadísimo de arte. Tras una última
comida familiar en la propia localidad de Vic, cogimos nuestro
autobús hacia la estación de Barcelona Sants y embarcamos
a la hora prevista, llegando puntuales a Madrid.
¡Gracias por viajar con nosotros una vez más, nos
vemos pronto!