Entre el 10 y el 13 de julio tuvo lugar
la segunda edición del esperado Viaje Guiado ARTEGUIAS
por Santiago de Compostela y el Camino en A Coruña.
El jueves tomamos el tren AVE matutino desde la madrileña
estación de Chamartín rumbo Ourense, donde nos recogió
nuestro autobús privado para iniciar la ruta. Muy cerca
de allí se encuentra la iglesia parroquial de Santa Baia
de Beiro, un destacado ejemplar del románico rural gallego
construido con la típica sillería de granito gris
que veremos en la mayoría de los templos a lo largo del
viaje. Tras comentar sus singularidades, prestando especial atención
a sus mochetas zoomórficas, continuamos nuestro recorrido
hacia la próxima visita.

Llegamos así al monasterio cisterciense de
Santa María la Real de Oseira, apodado el "Escorial
Gallego" por su magnitud y por su riquísima historia.

Nosotros visitamos algunas de sus dependencias más
importantes, empezando por su sobria iglesia románica,
de dimensiones casi catedralicias; así como por su pintoresca
sala capitular, elevada sobre bellísimas columnas palmiformes.
También paseamos por sus tres claustros, cada uno de distinta
época; el refectorio, la botica y el pequeño museo
arqueológico.

A la salida, dedicamos un rato a comprar los licores
tradicionales preparados por sus monjes, y aprovechamos para tomar
un refrigerio antes de dirigirnos a nuestro hotel en Padrón,
donde cenamos y descansamos de cara al siguiente día.
El viernes lo dedicamos por completo a la ciudad
compostelana. Salimos bien temprano para visitar con tranquilidad
la señera Catedral de Santiago. Comenzamos visitando su
interior, comentando con detenimiento sus etapas constructivas
y la configuración del edificio actual. También
tuvimos ocasión de presentar nuestros respetos al Apóstol,
bajando a la cripta y abrazando su imagen como manda la tradición
peregrina.
A continuación, salimos al exterior para contemplar
la magnífica Puerta de Platerías, donde se agolpan
importantes relieves románicos de los primeros años
del siglo XII procedentes de la Puerta Francígena y la
Puerta de la Transfiguración.

Con esto, llegó el momento que todos estábamos
esperando, la visita al sublime Pórtico de la Gloria. Siguiendo
estrictos protocolos de seguridad para preservar este valioso
espacio, tuvimos la oportunidad de comentar su detalladísima
iconografía, basada en el Apocalipsis de San Juan y en
la teología cristiana sobre la identidad de Cristo; aunque
bien nos habrían hecho falta horas para asimilar esta magna
obra.

Desde aquí, ascendimos hasta el Palacio de
Gelmírez, antigua sede episcopal y uno de los mejores ejemplos
de arquitectura civil románica conservados en nuestro país,
que en la actualidad presenta un pequeño espacio museográfico.

A media mañana, nos repartimos por los bares
aledaños a la Plaza del Obradoiro para tomar un café,
y después, entramos en el Museo Catedralicio, cuyos nutridos
fondos resultan esenciales para comprender la gestación
del fenómeno compostelano. Como no podía ser de
otra forma, hicimos una extensa visita, empezando por la recreación
del célebre coro pétreo del Mestre Mateo.
A continuación, entramos en las salas románicas,
que, a través de bocetos y restos arquitectónicos,
nos permitió hacernos una idea del aspecto del templo en
el siglo XII. Visitamos también las colecciones góticas
y barrocas, y otros espacios destacados como el Claustro, la capilla
de Reliquias o el Tesoro y el Museo de Tapices.
Tras esta prolija visita al complejo catedralicio,
disfrutamos de una comida tradicional en un céntrico restaurante,
donde cargamos pilas de cara a la jornada vespertina.
Por la tarde, nos acercamos a la Colegiata del Sar,
generalmente omitida de los circuitos turísticos habituales
por encontrarse a las afueras de la ciudad. Se trata de un singular
templo románico de gran porte, marcado por la acusada desviación
de sus pilares. Paseamos por su agradable claustro y aprovechamos
para visitar su pequeño museo antes de regresar a la capital.

Para cerrar el día, propusimos una breve visita
al interesante Museo de Peregrinaciones, que nos ofreció
una perspectiva nueva sobre este fenómeno religioso y nos
ayudó a comprender el papel de Santiago en la configuración
de la identidad espiritual europea medieval.

El sábado por la mañana nos dirigimos
al pueblo de Melide, ubicado a los pies del propio camino jacobeo,
donde se unen el Camino Francés y el Camino Primitivo.
Aquí se levanta la iglesia de Santa María, un templo
aparentemente sencillo que, sin embargo, acoge dos bonitas portadas.
Interiormente, nos llamaron la atención sus pinturas murales,
algo tardías, así como el altar románico
y el fragmento de reja románica custodiada en la sacristía.
Nuestra próxima parada fue la antiquísima
aldea de Iria Flavia, de sobra conocida por ser sede episcopal
en tiempos del descubrimiento de la tumba de Santiago y, además,
la cuna del renombrado escritor Camilo José Cela. Aquí
visitamos la basílica de Santa María, que, si bien
ha sido sucesivamente reconstruida a lo largo de los siglos, conserva
un interesante tímpano gótico decorado con la Adoración
de los Magos.

Aprovechando la cercanía, visitamos también
la iglesia de Santa María de Herbón, que se alza
solemne entre las plantaciones de pimientos típicos de
la región. Se trata de un templo elegante y elevado, que
bien rompe con el mito del románico como un arte achaparrado.

Tras una estupenda comida familiar, dedicamos la
tarde a conocer sosegadamente el conjunto monumental de Noia,
un agradable municipio costero de dilatada historia. Sus templos
más significativos son el de Santa María a Nova
y el de San Martiño.

El primero, desacralizado, acoge el Museo de Laudas
Gremiales. Del segundo, podemos destacar su bella portada principal,
profusamente historiada y marcada por un enorme rosetón
calado. Después de las visitas, dispusimos de tiempo libre
para pasear por su casco histórico a los pies de la ría
o tomar una merecida cerveza fría.

Para terminar la jornada, nos acercamos a Ponte Maceira,
elegido como uno de los pueblos más bonitos de España.
Ubicado en un entorno natural de gran belleza, surcado por el
río Tambre, históricamente también fue un
punto clave para aquellos peregrinos que decidían continuar
su viaje hacia Finisterre cruzando su bello puente levantado en
el siglo XIII.
Aprovechamos la mañana del domingo para hacer
un par de visitas más antes de regresar a Madrid. La primera
de ellas fue a la iglesia románica del antiguo monasterio
de Santa María de Mezonzo, un bonito templo apenas reformado
que posee una llamativa cabecera triabsidial. La imagen que ofrecía
era tan armoniosa que pasamos un buen rato frente a ella realizando
infinidad de fotografías.

Tras la mandatoria parada para café, nos adentramos
en los bosques coruñeses para contemplar la idílica
iglesia de San Antolín de Toques, una pequeña construcción
de los siglos X y XI encajada en un salto de agua, ofreciendo
una imagen de postal. Sin duda, esta combinación de arte
y naturaleza exuberante fueron la forma perfecta de cerrar este
viaje.
Dejamos atrás este entorno idílico para regresar
a Ourense, donde celebramos una última comida familiar
antes de tomar el tren hacia Madrid.

Gracias a todos por acompañarnos una vez más,
esperamos veros de nuevo muy pronto.