Durante el fin de semana
del viernes 25 al domingo 27 de octubre tuvo lugar la segunda edición
del Viaje Guiado ARTEGUIAS "Rutas de las Ermitas y los Monasterios
de Ensueño por las Sierras de Navarra", una visita que
ya realizamos durante la primavera pasada y que, ante el interés
suscitado, repetimos en estas fechas otoñales.

Como estaba establecido, salimos desde la Plaza de
Castilla para, tras la parada técnica obligatoria a la altura
de Lerma y las explicaciones introductorias, llegar a comer a la
localidad de Viana, punto de partida más que idóneo
para acercarnos a la Sierra de Codés, protagonista de nuestra
primera jornada de viaje.
La primera visita de la tarde tuvo como escenario la
ermita de San Bartolomé de Aguilar de Codés, único
resto de un posible hospital de peregrinos a pie de un ramal secundario
de la Ruta Jacobea. En ella, tuvimos ocasión de comentar
el primero de los muchos crismones que veríamos durante el
fin de semana, así como de disfrutar del maravilloso paraje
en el que se levanta.

A poca distancia de Aguilar, llegamos al antiguo monasterio
de Azuelo, convertido hoy en parroquia de la localidad y que conserva
buena parte de su estructura del románico pleno. Aprovechando
además la maravillosa jornada en lo climático, no
perdimos la ocasión de ascender a una pequeña elevación
contigua para disfrutar de toda su fotogenia.

Tras una parada técnica en la población
de Los Arcos, la última visita de la tarde fue a la iglesia
de San Andrés de Learza, parroquia de una localidad deshabitada
y convertida hoy en un señorío privado de carácter
agropecuario. Desde allí, regresamos dirección Logroño
a nuestro hotel para recuperar fuerzas de cara a la intensa jornada
de sábado que nos aguardaba.

Con un tiempo más propio de primavera, salimos
el sábado del hotel para adentrarnos durante toda la mañana
en el Valle de Yerri, comenzando por el Monasterio de Santa María
la Real de Iranzu, uno de los más bellos de la orden cisterciense
en España y cuyas estancias fuimos recorriendo de la mano
del canónigo teatino Manolo.


Desde allí nos dirigimos a la solitaria ermita
de Santa Catalina de Azcona, parroquia de un viejo despoblado medieval
que hoy se yergue solitaria en medio de campos de labor, haciéndola
de lo más fotogénica.

En ella, lo que más llamó la atención
entre los asistentes fue encontrar una escultura de tal calidad
en una construcción tan modesta y remota, una riqueza escultórica
que se explica porque en ella trabajaron los mismos maestros que
en Estella o el Monasterio de Irache.
Igualmente, en la iglesia de Santa María de
Eguiarte, otra población prácticamente deshabitada,
pudimos disfrutar de un segundo conjunto escultórico de primera
calidad en su portada, frente a la cual, además, pudimos
degustar una cata de sales ecológicas de la mano de su guía
Charo.

Desde Eguiarte, abandonamos el Valle de Yerri para
adentrarnos durante la tarde en la Cuenca de Pamplona, donde tras
comer en un restaurante de Zuasti, visitamos la iglesia de Añézcar,
una construcción que ya avanza el gótico pero cuya
portada hizo las delicias de la concurrencia por su variada y original
iconografía.

A continuación, con la capital pamplonesa a
la vista, nos acercamos a la iglesia sanjuanista de San Miguel de
Cizur Menor, en la actualidad regentada por la Orden de Malta y
funcionando como albergue de peregrinos durante buena parte del
año, como tuvimos ocasión de conocer de boca de uno
de los responsables de la orden.

Como broche de oro a una jornada de lo más interesante,
visitamos la iglesia de Gazólaz, la más interesante
de ese pequeño foco de iglesias porticadas en torno a Pamplona
y, en la cual, pudimos comprobar sobre el terreno los diferentes
cambios de planes que fueron produciéndose durante la construcción
del mismo en los albores del siglo XIII.


Para finalizar, el domingo nos esperaba otro itinerario
de lo más atractivo, empezando por el antiguo monasterio
de Zamartze, a pies de la sierra de Arakil y donde contamos con
las privilegiadas explicaciones de la Hermana Guadalupe, custodia
del antiguo cenobio.


Tras una parada técnica visitamos la ermita
de Santiago de Itxasperri, una construcción que entre su
sencillez y el encanto de su entorno rodeado de verdes praderías,
hizo las delicias de todos los asistentes.


Y para finalizar nos quedaba uno de los platos fuertes,
que no era otro que la iglesia de San Vicente de Larumbe, a la cual
ascendimos todos sin excepción para admirar la maravillosa
galería porticada gótica auténticamente cuajada
de motivos figurativos cuya interpretación sobre el terreno
fue de lo más interesante.

Finalizada la ruta y tras la comida en un restaurante
de Irurtzun, iniciamos nuestro viaje de regreso a Madrid subsanando
incluso un pequeño contratiempo mecánico sufrido por
nuestro autobús.
Muchas gracias a todos por vuestra compañía.