El fin de semana del 6 y 7 de abril
Viajes ARTEGUIAS celebró la IV edición de la solicitadísima
"Ruta por el Románico de Zamora, San Pedro de la Nave
y los Arribes del Duero", un recorrido por la ciudad del
románico por excelencia y los pueblos de la mal llamada
España Vaciada, pues rebosan historia y arte.

El sábado por la mañana
salimos bien temprano desde la madrileña Moncloa para aprovechar
el día en la ciudad de Zamora, importante enclave de la
monarquía leonesa medieval que presume de tener el mayor
número de iglesias románicas del país.

Iniciamos nuestro paseo en la catedral,
coronada por un impresionante cimborrio gallonado. También
contemplamos su "Puerta del Obispo", la delicada portada
sur, cuyas arquerías, impostas y esculturas de influencia
aquitana dejaron su impronta en el resto de templos zamoranos.

Atravesamos el casco histórico
hacia la esbelta iglesia de La Magdalena, que resulta de las más
galanas de la ciudad por su profusa decoración escultórica.
En su interior encontraremos un sepulcro románico en baldaquín,
con relieves preciositas que podemos poner en relación
con el coro del Maestro Mateo de la Catedral de Compostela.

Para cerrar la mañana visitamos
San Cipriano, posiblemente la iglesia más antigua de Zamora,
según atestiguan su cabecera de ábside plano y su
decoración epigráfica primitiva.
Camino del restaurante nos acercamos
a la Plaza de Viriato a conocer la estatua de este caudillo lusitano
que freno en numerosas ocasiones las acometidas romanas de conquistar
la Península Ibérica.

Tras una rica comida en un restaurante
céntrico, dimos un paseo por las principales calles de
la ciudad y conocimos algunos de sus hitos históricos y
monumentales imprescindibles, como la legendaria Puerta de Doña
Urraca, desde donde la reina negoció el Cerco de Zamora
con El Cid.

Nuestra siguiente parada fue la Iglesia
de Santa María la Nueva, escenario del mítico Motín
de la Trucha de 1158 entre la nobleza y el vulgo. Aunque en sus
esculturas se aprecian aun vestigios prerrománicos, sin
duda lo más remarcable de esta iglesia son sus pinturas
murales góticas de temática apócrifa escondidas
en la sacristía.

Muy cerca se encuentra la Plaza Mayor,
donde pudimos contemplar el exterior de la preciosa iglesia de
San Juan de Puerta Nueva. Su característico rosetón
en forma de rueda de carro se considera el más bello de
toda Zamora. De paso, aprovechamos para tomarnos un refresco y
descansar al sol en los animados bares de la plaza.

Continuamos la tarde en la iglesia de
Santo Tomé, reconvertida en Museo Diocesano en 2012. Gracias
a su buen diseño museológico, aun podemos contemplar
la estructura primigenia de la misma y disfrutar del espectacular
capitel románico de la Epifanía, además de
la preciosa colección de tallas medievales y renacentistas
que custodia.

Para rematar el día, nos acercamos
a Santiago de los Caballeros. Su situación extramuros y
su aparente sencillez exterior contrastan enormemente con su gran
arco triunfal y sus peculiares capiteles interiores. Desde luego
que esta legendaria iglesia, donde se dice que El Cid veló
sus armas, no dejó indiferente a nadie.

Tras una cena estupenda en el hotel,
nos retiramos a descansar y reponer fuerzas para el día
siguiente.
Dejamos para el domingo por la mañana
la última iglesia zamorana: San Claudio de Olivares. Iglesia
parroquial de un barrio extramuros, sorprende por su ambicioso
programa escultórico: desde un calendario agrícola
en la portada hasta capiteles profusamente esculpidos con centauros,
nereidas, sirenas-ave, etc.

Abandonamos la capital rumbo a La Hiniesta,
una humilde población de 300 habitantes que, sin embargo,
posee una enorme iglesia gótica de fundación real.
Destaca su riquísima portada sur de finales del siglo XIII
de temática cristológica que aún conserva
la policromía y sus bonitas tallas marianas vinculadas
con la Colegiata de Toro.

Nos dirigimos ahora a la joya del viaje:
San Pedro de la Nave. Por más veces que la visitemos, nunca
deja de sorprendernos. Y no es para menos, porque nos encontramos
ante el mejor ejemplo de arquitectura visigótica ibérica.

Su sereno interior, altamente compartimentado
de acuerdo a la liturgia hispánica, y su simbólica
decoración escultórica siempre provoca el sobrecogimiento
de aquel que la visita.

Terminamos el viaje en la Villa de Fermoselle,
bonita población fronteriza declarada Conjunto Histórico
Artístico. Tras una contundente comida casera visitamos
su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que
conserva las dos portadas tardorrománicas originales así
como un soberbio Cristo crucificado barroco. Desde allí,
descendimos por el casco histórico y nos asomamos a uno
de los numerosos miradores sobre el río que bien le han
valido el apelativo de "El Balcón del Duero".
Tras esta panorámica maravillosa,
regresamos a Madrid, donde llegamos sobre la hora prevista.
¡Os esperamos en próximos
viajes!