Guía de la Ermita de la Concepción
de Treviana, La Rioja
Introducción
Treviana
es una localidad dentro de la Comarca de La Rioja Alta, subcomarca
de Haro (en ocasiones se la cita como perteneciente a "La
Obarenia").
Toda esta zona tiene como protagonista al río
Tirón, si bien, por Treviana pasa el río Ea (o río
Aguanal), que es afluente del citado río Tirón.
Es un territorio fértil cuyos campos están repletos
de viñedos.
Como veremos, su ubicación en la esquina
noroeste de La Rioja, algo al sur de los Montes Obarenes que separan
La Rioja de Burgos y Álava, va a crear vínculos
estilísticos muy estrecho en su arquitectura románica
con La Bureba burgalesa.

Treviana se halla a una altura de 597 metros
sobre el nivel del mar y cuenta aproximadamente con una población
censada de 140 habitantes.
Al parecer Treviana ya es citada en documentos
de redacción próxima al año 900 por la existencia
del Monasterio de San Andrés de Trepeana.
En 1052 dicho cenobio fue incorporado al de
Santa María la Real de Nájera, dependencia confirmada
por el monarca Alfonso VII "el Emperador" en 1155 y
por Alfonso VIII de Castilla en 1175. Sin embargo, unas décadas
más tarde, en 1199, dicho monasterio trevianés aparece
como propiedad del monasterio de San Millán de la Cogolla.

Treviana debió tener cierta relevancia
durante los siglos XI y XII pues aparece mencionada con frecuencia
en diversos documentos de aquellas centurias. Por ejemplo, sabemos
que en la segunda mitad del siglo XII era alcalde de Treviana
Sancho Díaz, pariente del poderoso Diego López I
de Haro, señor de Vizcaya.

Entre 1151 y 1152 el monarca Alfonso VII el
Emperador incluyó a Treviana en el fuero de Cerezo de Río
Tirón, por lo que pasó a formar parte de su alfoz.
Las mortandades de las pestes del siglo XIV
causaron que numerosos núcleos de población cercanos
fueran deshabitándose, desapareciendo Junquera y San Pedro,
topónimos donde actualmente se ubican sus dos ermitas románicas.

Ermita de la Concepción de Treviana
En Treviana, la iglesia parroquial es un voluminoso
templo del siglo XVI dedicado a Nuestra Señora de la Asunción
y que se encuentra en pleno entramado urbano de la localidad.
Sin embargo, desde el punto de vista medieval, interesan más
las ermitas de la Concepción y la de Nuestra Señora
de Junquera. Hoy son ermitas pertenecientes a Treviana, pero a
buen seguro fueron templos parroquiales de aldeas construidas
en los siglos XII ó XIII y que más tarde se despoblarían
a partir de las calamidades acaecidas en el XIV.

Tradicionalmente, se habla de que en Treviana o es
sus inmediatos alrededores existieron otras muchas iglesias desaparecidas
como las de San Juan, La Magdalena, San Miguel, San Andrés,
Santa Lucía, San Millán, San Julián y San
Roque.
La llamada Ermita de la Concepción de Treviana
se ubica al suroeste, a las afueras de la localidad, sobre un
pequeño promontorio en el llamado Pago de San Pedro, población
que se deshabitó con las pestes del siglo XIV. Para algunos
esta ermita de la Concepción se corresponde con la parroquial
de San Pedro. Para otros, la iglesia de San Pedro fue otra diferente,
pero no estaría demasiado alejada de la de la Concepción.
Se trata de una iglesia del tardorrománico
rural que debió comenzarse alrededor del año 1200
pero que no llegaría a culminarse Probablemente, en la
campaña románica se haría la cabecera completa
incluido su abovedamiento y se levantarían los muros norte
y oeste pero sin ninguna cubrición.
Quizás entre los siglos XVI y XVII, se levantaría
el muro meridional y se cubriría la nave con modestas bóveda
de arista de ladrillos y yeso.
En el siglo XIX (año de 1821) coincidiendo
con la obligación de llevar los cementerios a recintos
alejados de los núcleos de población, se derrumbaron
parte de los muros y quizás la nave citada para acondicionar
el templo como capilla del cementerio local.

Habiendo llegado a nuestros tiempos muy deteriorada
y arruinada, la Capilla de la Concepción de Treviana gozó
de restauraciones en los años 70 y 90 del siglo XX.
Igualmente, se benefició de una importante
intervención con la colaboración del ayuntamiento
local, el Gobierno de La Rioja y el Ministerio de Fomento en el
año 2012 como reza una placa conmemorativa. En estas obras
se resguardó la cabecera con la construcción de
una cubierta metálica ligeramente sobreelevada y se consolidaron
los muros.

Arquitectura
La parcial construcción románica está
edificada completamente con sillares de piedra arenisca de color
ocre, un tanto blanda.

Dado su estado muy fragmentario nos interesa especialmente
su cabecera que posee un ábside de planta semicircular
que estaba unido a un presbiterio rectangular más ancho
y en parte destruido por su ala meridional.
A pesar de que no queda mucho más, la citada
cabecera es de lo mejor del románico rural riojano y, como
explicaremos a continuación, ofrece un estrechísimo
vínculo con algunas iglesias de la vecina comarca burgalesa
de La Bureba, especialmente con la iglesia parroquial de Nuestra
Señora de la Asunción de Navas de Bureba.

Exterior
El ábside del edificio ofrece un monumental
aspecto, aunque éste también ha sufrido mutilaciones
en su flanco meridional como veremos a continuación. El
otro espacio que conserva su factura románica es el muro
presbiterial norte.

El hemiciclo del ábside contaba con dos haces
de tres columnas, más ancha la central que las colaterales.
Sin embargo el grupo columnario sur ha desparecido. También
contaba con una columna acodillada en los rincones entre ábside
y presbiterio. Nuevamente sólo se conserva la columna septentrional.
Los haces de triple columna con las colaterales más delgadas
que la central es un rasgo de un románico tardío
hispanolanguedociano que encontramos en otras iglesias riojanas:
Ermita de la Junquera de Treviana o la Ermita de la Ascensión
de Santasensio de los Cantos. En Burgos lo hallamos en Navas de
Bureba, Los Barrios de Bureba o Soto de Bureba.
Los capiteles del haz absidal de columnas están
bastante erosionados pero se aprecian dos cabezas humanas, un
brazo y algunos elementos tallados que pudieron pertenecer a una
escultura más compleja desaparecida.

Cuando observamos este ábside llama la atención
el enorme y monumental ventanal -al menos en comparación
con el tamaño del muro en que se abre- que ocupa una gran
superficie del hemiciclo exterior. Posee dos arquivoltas semicirculares
achaflanadas y decoradas con un fino baquetón, además
de una chambrana con flores de ocho pétalos y botón
central horadado en el centro, motivo ornamental que también
veremos en otros lugares de la construcción.

Los capiteles llevan esculpidos sencillas arpías
tocadas con bonete cuya cola se recoge en espiral, dos leones
de cabeza común y una composición vegetal a base
de piñas (no es del todo descartable que sean racimos de
uvas). Los cimacios de estos capiteles van decorados con el mismo
tipo de flores ya descrito de la chambrana.

De la corona de canecillos de este ábside
sólo han sobrevivido un total de cinco: una grotesca cabeza
con la boca abierta y grandes dientes, un hombre que originalmente
podría mostrar su sexo, otra cabeza humana de rasgos más
relajados pero con la boca abierta, un hombre que podría
estar haciendo sonar un dolio y una cabeza animal.

En el tramo recto presbiterial, orientado al norte,
se abre, entre dos potentes contrafuertes, otro ventanal de similares
características al del ábside aunque está
algo más deteriorado, posiblemente por su orientación
septentrional.

En los cuatro capiteles de las dos parejas de columnas
tenemos sirenas-pajaro (no se esculpieron las colas de serpiente
propias de las arpías), un rostro humano entre piñas
y una composición vegetal a base palmetas.

Completa la decoración exterior de este muro
presbiterial un total de cuatro canecillos enormemente desgastados
aunque en uno de ellos se aprecia una nacela, en otro se intuye
una cabeza animal, etc.

Interior
Al interior, la nave se encuentra sin cubrición,
mientras que la cabecera está completamente abovedada.
El ábside queda cubierto mediante bóveda de de cuarto
de esfera apuntada, mientras que el tramo recto presbiterial hace
lo propio con medio cañón también apuntado.

El arco triunfal es apuntado y tiene tres arquivoltas
planas hacia la nave y dos hacia la cabecera. Dichas arquivoltas
se apoyan en pilastras encapiteladas y dos parejas de semicolumnas.
Toda esta franja de capiteles lleva piñas y las mismas
palmetas invertidas vistas en un capitel del ventanal presbiterial.

Muy llamativos y especiales son también los
dos ventanales en su conformación interior. De aspecto
más modesto en tamaño que al exterior, coinciden
en tener como arquivolta un polilóbulo de cinco con moldura
abocelada. El mejor ejemplo de este tipo de ventanas en el ámbito
riojano es el grupo de tres que hay en el interior del ábside
de la iglesia de de Nuestra Señora de Tres Fuentes de Valgañón.
Sus capiteles son de palmetas y de rostros humanos
entre volutas y hojas.

Muchos de los elementos constructivos y escultóricos
enlazan la Ermita de la Concepción de Treviana con el románico
de La Bureba burgalesa, muy especialmente con Navas de Bureba.

En efecto en esta iglesia castellana hallamos haces
de tres columnas en el ábside, ventanales lobulados y hasta
arpías esculpidas de manera muy semejante a las aquí
vistas.