Cripta de San Antolín de la Catedral de
Palencia
Introducción

La
Cripta de San Antolín es uno de los no demasiados monumentos
prerrománicos que quedan en España, por lo que su
visita se hace inexcusable para culaquier amante del arte medieval.
Lo primero que hay que decir es que la Catedral de
Palencia (tildada no sin razón como "La Bella Desconocida")
es fruto de una secuencia de edificaciones de un arco temporal de
muchos siglos. Debajo de las bóvedas de crucería de
la catedral gótica se guarda una de las joyas de la arquitectura
altomedieval española: la Cripta de San Antolín,
compuesta por dos partes engarzadas. La más antigua es visigótica,
del siglo VII y la segunda protorrománica, del siglo XI.
Para algunos autores este lugar, a su vez, acogió antes un
templo pagano romano y una basílica paleocristina.

La obra visigótica del siglo VII
Tradicionalmente se viene diciendo que la edificación
visigoda, datable de la segunda mitad del siglo VII, es consecuencia
del traslado de los restos del mártir narbonés San
Antolín (San Antonino) de Pamiers a Palencia por iniciativa
del rey Wamba durante el manadato del obispo Ascario.
Hay que recordar aquí que San Antolín
fue un noble visigodo nacido en Pamiers perteneciente a familia
real, quizás nieto del mismísimo Teodorico, ejecutado
por no abrazar la herejía arriana.

En este caso, lo que Wamba mandaría construir
sería un martyrium o iglesia funeraria para conservar y dignificar
las reliquias del santo.

La construcción consiste en un pequeño
espacio rectangular con tres arquillos en su cabecera. Hacia los
pies, un ligero ensanchamiento a modo de corto transepto, comunica
con la obra posterior del siglo XI.
Un tramo de esta cripta tiene arquerías murales
ciegas. Se ha especulado con que ello supusiera la existencia de
naves laterales, aunque en la actualidad tal hipótesis ha
quedado descartada.

La cubierta es de piedra con losas planas y bóveda
de medio cañón. Hay arcos fajones de medio punto y
de herradura.

Los tres arquillos citados de la cabecera son de herradura,
y el central -de menor luz- se apoya en columnas con basas constituidas
por capiteles clásicos invertidos. A su vez, dichas columnas
lucen rudos capiteles que vagamente imitan los romanos corintios
puesto que llevan unas pequeñas hojas de acanto en su parte
inferior más unas esquemáticas volutas por encima,
resultando completamente liso y desornamentados el espacio triangular
del medio. Uno de ellos cuenta con una especia de cilindros sogueados
en su remate superior.

Los dos capiteles se rematan con unos cimacios en tronco
de pirámide invertido, con decoración geométrica
típica de lo visigodo. El del izquierdo tiene unas estrellas
de ocho puntos con los brazos de las diagonales terminados en doble
voluta. El cimacio del capitel derecho -siempre desde el punto de
vista del observador- está decorado con una serie de róleos
muy desgastados.
Llama la atención la tan irregular sillería
en que está edificada toda la primitiva Cripta de San Antolín
visigoda, afectando a los paramentos de los muros así como
a las dovelas de los arcos y las bóvedas.
Fase del siglo XI
Una leyenda cuenta que Sancho el Mayor en una cacería
en tierras palentinas halló una cueva (la cripta visigoda)
con las reliquias del santo, atribuyéndolo a un milagro,
lo que impulsaría al monarca a construir un templo en el
mismo lugar, para lo que añadiría una nave algo más
ancha anexa al oeste de la cripta visigótica.

Al margen de esta tradición, lo que es evidente
es que la construcción de esta antecripta de 1034 obedeció
a los deseos de Sancho el Mayor de dar digno asiento a la diócesis
palentina.
En numerosos textos se califica a la construcción
de Sancho el Mayor como la primera obra románica de Castilla.
Tal consideración hay que tomarla con extremo cuidado y gran
número de matizaciones.
Lo que encontramos en esta nave abovedada con medio
cañón y refuerzo de fajones, más que una construcción
románica auténtica es una traslación a la Meseta
Castellana de formas arquitectónicas heredadas de la Arquitectura
Prerrománica Asturiana.
Se sabe que el monarca encargó al obispo Ponce
de la nueva diócesis palentina la erección del edificio.
Precisamente Ponce era también obispo de Oviedo, por lo que
conocía las soluciones con que se habían erigido dos
siglos antes la cripta de Santa Leocadia de la Cámara Santa
de Oviedo y el piso bajo de Santa María del Naranco.

Es más que probable que el obispo, ante la necesidad
de abovedar este espacio, acudiera a ejemplos plenamente fiables
como los asturianos.
Arquitectónicamente, este espacio que prolonga
el de época visigótica tiene planta rectangular de
doble longitud que anchura terminado en un ábside que no
llega a semicircular. El abovedamiento es medio cañón
que arranca del suelo, cuya fábrica es irregular sillería.
Como refuerzo hay arcos fajones. Hay que decir que el suelo actual
está algo sobreelevado con respecto al original, lo que acentúa
la sensación de espacio angosto y bajo.

Posteriormente, encima de la Cripta de San Antolín
se construyó un edificio ya sí románico con
funciones de templo catedralicio que se cubriría con techumbre
de madera. Dos siglos después se iniciaría la actual
iglesia gótica.

