La
iglesia de San Vital de Rávena (San Vitale di Ravenna en
italiano) está declarada Patrimonio de la Humanidad por
la UNESCO en 1996 y es junto al Mausoleo de Gala Placidia y San
Apolinar Nuevo uno de los monumentos del arte paleocristiano y
bizantino más importantes del mundo.
Está ubicada en el corazón de la ciudad,
a muy poca distancia de otros monumentos relevantes de Rávena
como el Mausoleo de Gala Placidia, el Museo Nacional y muchos
otros.

Testigo de la grandeza del Imperio Bizantino, el
edificio destaca por el refinamiento y la preciosidad de sus decoraciones
y de los materiales utilizados, pero también por la originalidad
de las soluciones espaciales adoptadas que encuentran válidas
comparaciones con la Iglesia de los Santos Sergio y Baco de Constantinopla.

La iglesia de San Vital fue encargada construirla
bajo el dominio de los ostrogodos en tiempos del arzobispo Eclesio
(525-526 d. C.) gracias a la considerable suma de 26.000 monedas
de oro puesta a disposición por el banquero Giuliano Argentario.
Pero fue terminada casi veinte años después, durante
el gobierno bizantino del Emperador Justiniano.

Fue consagrada por el obispo Maximiano en el año
547 d.C. y dedicado a San Vital, mártir de los primeros
siglos del cristianismo. De hecho se piensa que en el lugar de
su construcción había anteriormente una capilla
del siglo V d.C. que albergaba las reliquias de San Vital.

Arquitectura
La iglesia de San Vital de Rávena no
es una basílica de estructura paleocristiana con sus tres
naves alargadas y horizontales como San Apolinar in Classe y San
Apolinar Nuevo, sino un edificio de planta centralizada y, por
tanto, tiene soluciones estructurales propias.
El edificio se levanta sobre dos cuerpos prismáticos
de ladrillo, uno superior y otro inferior, de planta octogonal.
Alrededor del tambor de la cúpula central discurre un deambulatorio
(pasillo) de dos plantas con un sector superior reservado a las
mujeres (matroneum).

Orientado hacia el este, el ábside poligonal
está flanqueado por dos sacristías rectangulares
mientras que en el lado opuesto el pórtico de entrada (nártex),
curiosamente situado en ángulo con respecto al ábside,
muestra en su extremo dos exedras que permiten el acceso a las
dos torres y a los sectores superiores.
Exterior
El exterior de San Vital vuelve a ser muy severo
ornamentalmente. Observamos los muros del cuerpo octogonal que
se articulan en dos pisos con ventanales de sencillísimos
arcos de medio punto separados por pilastras. Por encima, también
se llega a observar el cimborrio de planta octogonal, también
con simples ventanales rodeados por un arco de ladrillo.

Se accede al interior a través de dos puertas:
una alineada y otra oblicua al ábside
La cabecera es muy particular. Su ábside central que es
semicircular al interior, es trifacetado al exterior con tres
grandes ventanales. A los lados están los dos absidiolos
(prótesis y diacónicon) que son al principio semicilíndricos
pero rematan en capillas rectangulares más bajas.

Hay que observar el buen número de arbotantes
sencillos o de dos niveles de arcos que apuntalan en varios puntos
el exterior del edificio y que debieron construirse posteriormente
para poder contrarrestar el empuje de la bóveda central.

Interior
Al entrar en la iglesia de San Vital de Rávena,
la mirada queda inmediatamente cautivada por la perfecta arquitectura
simbólica de su planta y alzados (especialmente las arquerías
triples y la enorme cúpula) y, sobre todo, por las estupendas
decoraciones en piedra, mármol y mosaicos.

Cuando observamos los muros laterales de este espacio
octogonal vemos que están dispuestos en dos pisos superpuestos.
En el paso de uno a otro existen exedras perforadas por un doble
orden de tres arcos rodeados de otros arcos mayores sostenidos
por pilares esquineros, que producen una expansión radial
multidireccional. Sobre ellos se encuentra la cúpula.

Tanto los tímpanos como las bóvedas
de horno formados por los citados arcos, como las columnas con
sus capiteles bizantino de tallos vegetales de grades cimacios
aportan una amplísima ornamentación.

Además de los famosos mosaicos de los que
luego nos ocuparemos, la decoración interior se completa
con mármoles policromados, estucos y las balaustradas finamente
perforadas de la galería de mujeres.
Es una experiencia mística la que se vive
observando el juego de luces que se crea, efecto que debió
ser mayor cuando la basílica aún estaba completamente
cubierta de mosaicos (hoy sólo lo está parcialmente).
Lamentablemente, la cúpula central no conserva
los mosaicos originales, su decoración pictórica
es del siglo XVIII.

Los mosaicos de San Vital de Rávena
La zona más espectacular de mosaicos se encuentra
en el presbiterio y ábside central. En el trasdós
del arco del ábside dos ángeles voladores sostienen
un clípeo solar cristológico. A los lados están
las ciudades de la Jerusalén celeste y de Belén.

Sobre la bóveda de cuarto de esfera del ábside
aparece Cristo con cabello corto y sin barba. Está vestido
de púrpura y sentado sobre un gran globo azul que simboliza
el universo.

Al lado hay dos arcángeles con el rollo de
los siete sellos en una mano mientras que en la otra ofrece la
corona triunfal a San Vital que avanza por la izquierda con las
manos cubiertas por su misma rica clámide, mientras que
el protozobispo Ecclesio, a la derecha, está presente con
la maqueta de la iglesia que fundó.

En el intradós del arco de embocadura a este
ábside hay unas cornucopias entrelazadas que culminan en
otro clípeo cristológico.
Sobre la bóveda de arista del presbiterio
que antecede al ábside, hay cuatro ángeles que sostienen
un clípeo con el Agnus Dei (tema ya utilizado en Rávena
en la Capilla Arzobispal) inmerso entre espirales habitadas, que
está poblado en este caso de flores estilizadas. En el
intradós del arco triunfal hay un clípeo con Cristo
(en esta ocasión con cabello largo y barba) acompañado
de los apóstoles también en clípeos.

A los lados del presbiterio hay dos pares de ventanales
triples con otro envolvente, en cada una de las cuales hay un
tímpano o luneto que alberga mosaicos con las representaciones
de los sacrificios de Abel y Melquisedec (a la derecha) y una
escena en dos partes que representa la teofanía del Encinar
de Mambré y el Sacrificio de Isaac.

Las enjutas y las bandas laterales de todos estos
arcos se aprovecharon para colocar mosaicos que también
son historiados: ángeles en vuelo sosteniendo cruces con
alfa y omega, las imágenes de Jeremías y Moisés,
Moisés custodiando el rebaño de Jetro y Moisés
preparándose para quitarse los zapatos antes de entrar
en la Zarza Ardiente. Moisés ascendiendo al Monte Sinaí
para recibir las Tablas de la Ley.

En el orden superior se abre a cada lado una nueva
ventana más estrecha de tres luces, con los símbolos
de los evangelistas (Mateo y Marcos a la derecha, Juan y Lucas
a la izquierda).

Son muy famosos los mosaicos de San Vital de Rávena
realizados entre 546 y 548 y colocados dentro de dos paneles bajo
los lunetos del orden inferior, con las procesiones del emperador
Justiniano y de su esposa Teodora con toda la pompa que su estatus
político y religioso requería.

Justiniano (regalis potestas) aparece nimbado, con
corona y ricamente ataviado con túnica púrpura,
llevando en sus manos una patena de oro. A sus lados, hay seis
personajes eclesiásticos y también un grupo de soldados
de su guardia. De los clérigos destaca un subdiácono
que porta un incensario, un diácono que porta el libro
del Evangelio y especialmente el obispo Maximiano (sacrata auctoritas),
que es el único identificado por una inscripción,
por lo que puede ser que fuera también el supervisor de
las obras, después de haber sido nombrado primer arzobispo
de Rávena. Hay que fijarse que ya comienza a emplearse
la perspectiva inversa de modo que Justiniano aparece simultáneamente
delante y detrás del arzobispo.

En el mosaico de la emperatriz, Teodora se manifiesta
con nimbo de santidad y ricamente enjoyada, incluyendo su corona.
En su túnica púrpura lleva un bordado dorado que
representa a los Reyes Magos con sus regalos. (La comparación
es obvia: así como los Reyes Magos trajeron regalos a Jesús,
así Justiniano y Teodora ofrecen presentes a Cristo).

La Basilisa (emperatriz) está precedida por
dos dignatarios civiles y seguida por un grupo de damas de la
corte. A la izquierda de la emperatriz y su séquito hay
una fuente sobre una columna corintia, símbolo de la salvación
cristiana mediante el bautismo.

Las escenas de los dos paneles con Justiniano y Teodora
son una representación de la oblatio Augusti et Augustae,
es decir, la ofrenda (oblatio) de los vasos litúrgicos
que los emperadores bizantinos hacían a menudo a los más
importantes iglesias presentes en el territorio de su jurisdicción.

Por último, también hay que fijarse
en el suelo del presbiterio. Delante del altar está representado
un laberinto circular realizado íntegramente en mármol,
que simboliza el laberinto del alma, el difícil camino
del alma hacia la santificación.
