Iglesia
de San Pedro ad Vincula de Perorrubio, Segovia
Introducción
Perorrubio es una pequeña aldea
segoviana perteneciente en la actualidad al municipio de Sepúlveda,
muy próxima ya a las primeras montañas de la Sierra
de Guadarrama que se yerguen al sur.

La iglesia de Perorrubio -parroquial
dedicada a San Pedro ad vincula- constituye una magnífica
referencia que permite seguir el hilo conductor de muchas de las
más importantes iglesias rurales segovianas gracias a las
relaciones estilísticas que traza con diversas corrientes
y talleres que trabajaron el románico rural de la comarca
de Sepúlveda en los últimos años del siglo
XII y los primeros del XIII.

Además, después de la perfecta
restauración de finales de los ochenta del pasado siglo,
luce hermosísima siendo un ejemplo destacado del mejor románico
rural segoviano y con todo merecimiento fue declarada Monumento
Histórico-Artístico.

Conserva razonablemente bien su
estructura original salvo algunos elementos añadidos como
la torre, la sacristía, el baptisterio y la trastera. La
decisión de crear un pequeño baptisterio a los pies
de la iglesia obligó a cerrar el costado occidental de la
galería porticada que, de ese modo, perdió parte de
su aspecto primitivo.

La
planta no presenta novedad, puesto que reproduce el habitual modelo
de templo rural, constituida por una pequeña nave rectangular
-más bien tendríamos que decir trapezoidal en este
caso- engarzada a una cabecera formada por presbiterio y ábside.
La fábrica es de mampostería -calicanto- con gruesas
capas de enfoscado de arena y cal que se está deteriorando
en algunas zonas, amenazando la integridad física y química
de los muros.
La Galería Porticada
Lo más destacable de la iglesia
de Perorrubio es la belleza de la galería porticada. Llama
la atención -aunque no es el único caso en el románico
rural del sur de Castilla- que la fábrica del pórtico
utiliza una mejor técnica y material constructivos -sillería
perfectamente cortada y escuadrada- que el templo de humilde mampostería.

En su costado meridional tiene el vano de ingreso y
seis arcos -dos a su derecha y cuatro a su izquierda- sobre columnas
dobles de capiteles de buena elaboración.

Pos su parte, del modificado tramo oeste del pórtico
han sobrevivido tres de los arcos originales y una amplia arquivolta
de baquetones en zigzag que debió pertenecer a la antigua
puerta de acceso -hoy tapiada- a la galería en este flanco
occidental.

Rápidamente llama la atención del observador
el magnífico cuidado de algunos capiteles que representan
hojas de acanto de gran delicadeza y que se verán en otros
templos de esta comarca del este de la provincia de Segovia, en
la antigua Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda.
También hay esculpidas cestas figuradas con
temas zoomorfos como parejas de leones y de aves.

Interesante es el capitel que nos muestra mascarones
grotescos de cuyas bocas salen tallos con hojas. Estamos ante los
famosos "Green Men", iconografía de origen pagano
pero que prendió con fuerza en la escultura románica.

Otro capitel interesante es aquél en que emergen
cabezas humanas en medio de grandes hojas carnosas.
Por último, citaremos una escena donde dos demonios
arrastran a un condenado.

Hay que fijarse también en los ábacos
de los capiteles ornados mediante roleos vegetales de maravillosa
factura.

En el podium podemos apreciar perfectamente diversas
incisiones formando tableros de alquerques.

El exterior de la cabecera
El ábside es semicilíndrico, de moderada
altura como corresponde a un templo rural. Como el resto del edificio
se levantó con paredes de piedra mampuesta cementada mediante
mortero de cal y arena. La superficie del tambor es liso, sin columnas
ni cenefas, salvo por el ventanal que aparece en el centro.

Esta ventana dispone de la acostumbrada disposición
de una aspillera rodeada de una arquivolta de baquetón con
chambrana ajedrezada sobre dos columnitas. Los dos capiteles son
figurados, siendo representados parejas de cuadrúpedos y
sirenas de doble cola.

El alero del ábside está soportado por
canecillos figurados muy deteriorados, incluso muchos mutilados.
No obstante se adivinan formas antropomorfas entre los cuales no
faltan los de tipo exhibicionista sexual. También hay animales
como un ave agarrando con su pico y patas a su presa. Entre los
canecillos también se colocaron metopas con figuras florales.


La puerta de la iglesia
La puerta a la nave se abre sobre el tradicional cuerpo
saliente rematado en un tejaroz de cornisa decorada con motivos
vegetales, ocho canecillos -la mayoría de figuración
antropomorfa y de animales- y metopas geométrico-vegetales.

Tiene tres arquivoltas -dos lisas y le central baquetonada-
de perfecto medio punto. Los capiteles del par de columnas tienen
respectivamente cuatro grifos y una pareja de personajes de largas
túnicas labrados por el maestro de los "jinetes y las
arpías" del ábside de San Miguel de Fuentidueña.

Interior
En el interior encontramos la habitual estructura de
cabecera con bóveda de horno y medio cañón,
arquerías laterales en el presbiterio y un ventanal oculto
por el retablo.

El arco triunfal, de medio punto como es habitual en
el románico segoviano, presenta motivos interesantes y de
aceptable labra en sus capiteles, como un cuadrúpedo en escorzo
y una escena de cetrería rodeada de grandes aves, del mismo
autor que el de las puertas.

Parte del espacio del tramo oeste de la galería
porticada se cerró para crear una sala de función
baptisterial. Se accede a ella desde el muro occidental de la nave.
Una vez en su interior podemos apreciar restos de lo que fuera el
pórtico románico, una pila bautismal y una puerta.

La pila bautismal románica ocupa el centro de
la sala. Es de forma caliciforme, estando decorada con grandes gallones.
Ha perdido la basa.

Por su parte, la humilde puerta citada a la que nos
referíamos no es otra que la que comunicaba el templo con
este tramo de la galería.
Conclusiones estilísticas
Este templo de Perorrubio destaca por ser el crisol
donde se combinan maestros e influencias de diverso tipo que ayudan
a comprender mejor la evolución del románico segoviano.

De un lado, el artífice que trabajó en
los canecillos del ábside de San Miguel de Fuentidueña
es el mismo que realiza los capiteles de portada y cabecera de este
templo, relacionando directamente el románico de la cuenca
alta del Duratón con el taller de Fuentidueña, y equiparando
fechas de construcción alrededor de finales del siglo XII
o comienzos del XIII.

La galería debe ser contemporánea o muy
poco posterior al resto del templo porque aunque su decoración
recae sobre un distinto maestro (el de los capiteles de hojas de
acanto), ambos volverán a trabajar juntos en Santa Marta
del Cerro.
Este otro maestro que cincela magníficos capiteles
vegetales relaciona Perorrubio, no sólo con Santa Marta,
sino con otros templos importantes de la comarca como Sotillo y
Duratón.

Por último, la arquivolta en zigzag
relaciona Perorrubio con otras iglesias pedrazanas y sepulvedanas
como San Pedro de Gaíllos, El Arenal, etc.

La conclusión de estas relaciones cruzadas parece
apuntar a que muchas de las iglesias que se levantan en las tierras
de Pedraza, Sepúlveda y Fuentidueña lo hacen en un
intervalo no demasiado amplio de tiempo, posiblemente coincidiendo
con el auge constructivo que vivió casi toda Castilla durante
el fértil reinado de Alfonso VIII, motivo por el cual pueden
compartir elementos estilísticos comunes.
