Iglesia
de San Juan de Baños
Introducción
La
iglesia de San Juan de Baños se ubica al sur de la provincia
de Palencia, de cuya capital dista apenas una decena de kilómetros.
Pertenece a la localidad de Baños de Cerrato, una población
de orígenes antiquísimos pero que, en la actualidad,
no es más que una modesta pedanía de apenas 400 habitantes
anexionada al populoso municipio de Venta de Baños, notablemente
desarrollado urbanísticamente al constituirse como núcleo
ferroviario de primer orden.

Declarada Monumento
Nacional en 1897, se jacta San Juan de Baños de ser, según
muchos especialistas, la iglesia cristiana (al menos conservada
íntegra) más antigua de España, siendo, junto
a la zamorana de San Pedro de la Nave, la obra cumbre del arte visigótico
español.

Breve
aproximación histórica
Como todo el
Cerrato palentino, especialmente la zona situada en el entorno de
la confluencia de los ríos Carrión y Pisuerga, el
paraje en el que se levanta San Juan de Baños fue de enorme
riqueza cerealista desde tiempos de los romanos, proliferando en
el entorno, tal y como han atestiguado numerosos hallazgos arqueológicos,
las villas tardorromanas agrícolas y de recreo.

Debido a las
propiedades curativas de sus aguas, el actual Baños de Cerrato,
conocido durante la dominación romana como "Balneos",
se constituiría también como un importante establecimiento
termal, constando referencias de la existencia de un templo consagrado
al dios Esculapio. Precisamente del entorno de la iglesia de San
Juan procede un ara dedicado a las ninfas hoy depositado en el Museo
Arqueológico Nacional de Madrid.
Los orígenes
cristianos de la iglesia de San Juan de Baños, ya durante
la época de la Monarquía Visigoda, hay que remontarlos
al año 661, cuando, por orden del rey Recesvinto y según
consta en una lápida de consagración aparecida en
el propio templo, fue mandada construir bajo la tutela de la sede
episcopal palentina.
En dicha inscripción,
que no deja lugar a dudas pese a estar escrita en un latín
no demasiado puro, aparece mencionado el año 699, que vendría
a corresponderse con el 661 de nuestra era.
La inscripción
original se encuentra hoy en el Museo Arqueológico Nacional
de Madrid, habiendo sido colocada una réplica en el interior
del templo, sobre el arco triunfal de ingreso a la cabecera.
La tradición
popular cuenta que la iniciativa del rey Recesvinto de fundar el
santuario se debió a que, regresando el monarca junto a su
comitiva de una exitosa campaña contra los vascones, paró
a descansar en estos pagos cerrateños al sentirse algo indispuesto
aquejado de una dolencia renal, la cual, tras beber agua del manantial
que brotaba en el lugar, se sintió totalmente curado, levantando
como agradecimiento un templo en honor de San Juan Bautista.

Sea literal
o no la leyenda, lo cierto es que nos hallamos ante una fundación
de carácter real, en la cual, además, se cumple el
axioma, tan común a muchos edificios cristianos medievales,
de erigirse en un lugar de culto o de especial significación
para antiguas religiones politeístas con el fin de ser cristianizado.
Pocas décadas
después de su consagración y debido a la conquista
y posterior dominación musulmana de la Península Ibérica,
el templo quedaría en desuso, aunque, afortunadamente, quizás
por el respeto a la figura de San Juan Bautista que profesaba el
Islam, nunca llegó a ser destruido.

Tras la reconquista
cristiana de todo el Valle del Duero, a partir del siglo IX y tras
ser reparada, la iglesia perteneció a la reina Doña
Urraca primero y al monasterio de San Isidro de Dueñas después,
pasando en lo sucesivo a funcionar como parroquia hasta el siglo
XVII en que se edificó en la localidad una iglesia más
moderna que acabó por relegar a San Juan de Baños
a la categoría de ermita.
Objeto de varias
intervenciones a lo largo de los siglos que a continuación
detallaremos y que modificaron sustancialmente su morfología
original, la ya ermita llegó al siglo XIX en un estado bastante
lamentable de conservación, siendo sometida a una oportunísima
restauración que la salvó de la ruina y en la que
le fue añadida la modesta espadaña que hoy corona
su pórtico occidental.

A lo largo del
siglo XX fueron realizadas en su entorno varias campañas
arqueológicas de excavación que han acabado por aportar
interesantísimas revelaciones acerca de su evolución
arquitectónica.
La
iglesia de San Juan de Baños
El templo de
San Juan de Baños, llegado a nuestros días en bastante
buen estado, conserva buena parte de su estructura visigótica,
aunque, como veremos a continuación, con algunas modificaciones
que, a finales del gótico, alteraron sustancialmente su planimetría
original sobre todo en la zona de la cabecera.

Construida a
base de grandes sillares perfectamente labrados y aparejados a hueso
(sin argamasa), la iglesia presenta en la actualidad, tras un pórtico
o nártex abovedado a los pies, una planta ligeramente trapezoidal
que va ensanchándose a medida que se aproxima a la zona presbiteral.
El cuerpo del
templo se estructura en tres naves -la central más alta y
ancha- separadas por arcos de ligera herradura apeados sobre ocho
columnas romanas que, en número de cuatro a cada lado, quedan
coronadas por diferentes capiteles entre los que encontramos tanto
romanos reaprovechados como de factura visigótica.

Cubierta en
la actualidad mediante una techumbre de madera a dos aguas añadida
en época moderna, remata directamente el cuerpo de naves
en una estructura de tres ábsides de testero recto, de los
cuales, sólo el central, cubierto con bóveda de cañón,
es de factura original; siendo los dos colaterales de época
tardogótica y presentando los abovedamientos de crucería
nervada típicos del momento.
Diferentes estudios
en forma de excavaciones arqueológicas acometidas en el entorno
del templo durante el siglo XX han acabado por concluir que, en
origen, las tres naves desembocaban en un marcado crucero al que
abrían tres estancias cabeceras separadas e independientes
entre sí. Este tipo de remates cabeceros serían bastante
comunes en la arquitectura visigótica, pudiendo aún
apreciarse en construcciones como Santa Lucía del Trampal
(Cáceres).
En un momento
dado, en tiempos del gótico, se optaría por "integrar"
las dos estancias cabeceras extremas -denominadas "próthesis"
y "diakonikon"- mediante la erección de dos nuevas
capillas absidiales anejas a la cabecera, de manera que, muy probablemente,
las absidiolas laterales originales acabarían por perder
su función litúrgica y, por consiguiente, desaparecer.
Por ello, de la triple cabecera que se observa en la actualidad,
solo el ábside central pertenece a su construcción
original.

La
portada de acceso al templo, situada en el cuerpo avanzado a modo
de pórtico o nártex a los pies, se compone de un vano
de ligera herradura sobrepasada un tercio de la longitud del radio,
quedando perfilado por un arco dovelado en cuya clave fue tallada
una cruz patada que, en cierta manera, recuerda en su forma a las
cruces votivas típicas de los tesoros que enriquecían
el interior de las iglesias visigóticas.

Abrazando el
trasdós del arco se despliega, a modo de guardapolvo, una
encantadora cenefa labrada a bisel formando cuatripétalas
que, unidas entre sí por sus extremos, conforman discos tangentes;
una formula decorativa que se repite tanto en las jambas de la propia
portada, como dibujando frisos que recorren horizontalmente los
muros exteriores de la fábrica en convivencia con otras piezas
decorativas recolocadas a lo largo y ancho del paramento externo
del edificio.
La pequeña
espadaña de un único hueco de campanas y piñón
triangular que corona el imafronte del pórtico fue añadida
en una intervención tardía, concretamente en 1865.
La iluminación
interior de naves y cabecera se consigue mediante distintos vanos
distribuidos por todo el conjunto. Además de varias aspilleras,
merecen ser destacados tres ventanales de idéntica morfología
en herradura que el vano de ingreso, quedando además enriquecidos
con finísimas celosías de tracería.

Las tres naves
que conforman el cuerpo principal del templo quedan divididas mediante
arcos de ligera herradura que, en número de cuatro a cada
lado, descansan sobre columnas cilíndricas de mármol
reaprovechadas de construcciones romanas del entorno desaparecidas.
Dichas columnas
rematan en interesantísimos capiteles de cestas troncopiramidales,
de los cuales, llama poderosamente la atención el más
próximo a la cabecera hacia el lado norte; un capitel tardorromano
de la más pura tradición corintia y que, probablemente,
sería reaprovechado del templo de Esculapio.

El resto de
cestas, sin alcanzar la perfección técnica de la anteriormente
descrita, siguen en el modelo hispanorromano a base de pencas y
fórmulas avolutadas, como queriendo imitarla.
Tan solo los
dos capiteles más próximos a los pies del templo,
de factura claramente visigoda, se alejan de la tradición
técnica clásica y, aunque pretenden copiarla, no alcanzan
su perfección formal, quedándose en formas vegetales
bastante esquemáticas.

Al igual que
en los paramentos exteriores, todo el perímetro interior
del templo aparece recorrido por distintos tipos de frisos decorativos
geométricos y vegetales; algunos originales y otros reaprovechados
de obras tardorromanas anteriores y recolocados de forma algo arbitraria
en la iglesia.

Como la portada
principal, el arco triunfal que da a paso a la capilla mayor despliega
un arco de ligera herradura abrazado por una moldura exterior decorada
a base de zarcillos vegetales, siendo destacada la dovela clave
del arco mediante un relieve de una cruz de brazos rematados en
formas avolutadas que también vendría a recordar a
los tesoros votivos visigodos.

Descansa el
dovelaje de dicho arco triunfal sobre una imposta animada con rosetas
que, formando una cenefa horizontal, se prolonga por todo el perímetro
interior del muro cabecero.
Por encima del
arco triunfal encontramos, incrustada en el muro y enmarcada por
cuatro ménsulas de decoración discoidea en espiral,
una réplica de la lápida fundacional por la que el
rey Recesvinto dedicaba la fundación de la iglesia a San
Juan Bautista. En la inscripción, realizada a base de caracteres
incisos de trazo algo irregular, puede leerse, según traducciones
de los especialistas, los siguientes versos:
"Precursor
del señor, mártir Juan Bautista posee esta casa, construida
como don eterno, la cual, yo mismo, Recesvinto rey, devoto y amador
de tu nombre, te dediqué, por derecho propio, en el año
tercero, después del décimo como compañero
ínclito del reino. En la Era seiscientos noventa y nueve"

La fecha de
699 reflejada en la lápida vendría a corresponderse
con el 661 de nuestra era. La lápida original se encuentra
en la actualidad en el Museo Arqueológico de Madrid, pudiéndose
admirar además una segunda réplica en yeso colocada
a una altura mucho más accesible al alcance de la vista de
cualquier visitante.
Flanqueando
al ábside central, del que pende una réplica de la
corona de Recesvinto hallada en el Tesoro de Guarrazar, las dos
capillas laterales góticas presentan bóveda de crucería,
habiéndose habilitado en una de ellas el espacio baptisterial
al colocarse una gran pila bautismal de tipo cuba, propia de los
ritos por inmersión.
Fuente
de San Juan
A pocos metros
de la iglesia y, sin duda, principal artífice de que el lugar
sobre el que se asienta el templo fuera un lugar de especial relevancia
telúrica y sagrada desde tiempos inmemoriales, se conserva
la fuente-manantial de San Juan, conocida también como Fuente
de Recesvinto en honor al monarca que, tras beber de ella, vio como
sanaba de su afección renal, mandando erigir por ello en
el lugar una iglesia también dedicada a San Juan.

En torno a la
fuente y debido a las propiedades de sus aguas, ya conocidas entonces,
se crearía en época romana un establecimiento de tipo
balneario, del cual, consta la existencia de un templo dedicado
al dios Esculapio, algunas de cuyas piezas fueron reaprovechadas
en la erección de la iglesia. También apareció,
como comentábamos en la introducción histórica,
un fragmento de altar dedicado a las ninfas, diosas protectoras
de la fuente, hoy custodiado en el Museo Arqueológico de
Madrid.
Contemporáneamente
a la construcción de la iglesia una vez comprobadas por parte
del propio monarca sus propiedades curativas, se procedería
a canalizar el manantial, siendo en consecuencia, pese a conservarse
también restos de infraestructuras romanas alrededor, una
de las escasas obras públicas hidráulicas existentes
en la Península Ibérica junto a la fuente ovetense
de La Foncalada.
(Autor
del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
