Introducción
La iglesia de San Martín de Tours se
ubica en el lado norte de la peña Ayllón, en la
localidad aragonesa de Uncastillo, un bello municipio de
las Cinco Villas de Zaragoza que cuenta, según algunos
especialistas como G. Borrás, con el mejor conjunto románico
del siglo XII de toda España.

En
efecto, Uncastillo, con algo más de 600 habitantes en la
actualidad, tiene seis iglesias románicas datadas entre
los siglos XI y XIII d.C. y que son las que siguen: San Lorenzo,
San Juan, San Felices, San Miguel, Santa María y la que
nos ocupa en este artículo, San Martín.
Además, muchos de estos templos cuentan con
una magnífica decoración escultórica en sus
capiteles, portadas y canecillos, con temáticas como diversos
pasajes bíblicos de gran calidad escultórica. Además,
la reforma realizada en el siglo XVI, que modificó gran
parte del templo, lo convierten en uno de los templos que combina
los dos momentos constructivos más brillantes de la localidad
de Uncastillo: el románico y el periodo renacentista.

La iglesia de San Martín de Uncastillo
San Martín de Uncastillo, cuya construcción
se fecha en el siglo XII, es un importante templo románico
que llegó a ser la segunda iglesia de Uncastillo en dignidad
de su arciprestazgo. La consagración de la cabecera actual
fue oficiada por el obispo de Pamplona, Pedro de París,
en 1179. De este evento da muestras la inscripción bajo
el ventanal central de la cabecera donde podemos leer: ERA MCCXVII.

Sin embargo, la fundación de un templo intramuros
bajo la advocación de San Martín parece remontarse
al siglo XI d.C., durante el reinado de Ramiro I, por lo que parece
que la localidad contaba ya con un templo anterior antes de edificarse
el románico. Además, un documento datado en el siglo
XI d.C., actualmente en paradero desconocido, pero del que se
conserva una copia realizada en la primera del siglo XX, constata
que Pedro I, hijo de Sancho Ramírez, cedió al obispado
de Pamplona dos iglesias de Uncastillo: San Felices y San Martín.
San Martín. Entre el románico y
el periodo renacentista
La iglesia actual consta de tres naves, con la central
más ancha que las otras dos, y todas ellas cubiertas con
bóvedas de crucería estrelladas, además de
disponer de un claustro de planta irregular. La torre, de planta
cuadrada, es de difícil datación, ya que algunos
especialistas creen que el templo original contó con una,
pero otros indican que su construcción se llevó
a cabo a finales de la Edad Media. En ella se observan varias
fases constructivas, pudiendo pertenecer su arranque al periodo
románico, si bien el campanario sufrió una transformación
posterior.
En origen, el templo era de planta rectangular, con
una sola nave cubierta con bóveda de cañón
apuntado, con un ábside semicircular y una torre a los
pies. Esta disposición se perdió con la reforma
que sufrió el templo en el siglo XVI. El templo que se
conserva hoy en día enmascara, bajo su aspecto renacentista,
parte de los restos de época románica.

El ábside, dividido en nueve lienzos, está
dividido en dos tramos: recto y hemiciclo. El primer tramo presentaba
una bóveda de cañón apuntado. El ábside
dispone de tres ventanas de medio punto con arquivoltas de estilo
jaqués y vano aspillerado. Cada una de las arquivoltas
reposa sobre un par de capiteles decorados. Bajo ellas una moldura
horizontal decorada también con taqueado jaqués
que une con las lesenas.
En el siglo XVI se construyó una gran capilla
con bóveda de aristas en el lado de la epístola
de la nave, mientras que a los pies se amplió la nave para
alojar el coro.
La fase románica: El programa escultórico
De la iglesia románica, muy similar a su vecina
Santa María de Uncastillo, se conservan la cabecera, dos
portadas, sus muros y el arranque de la torre (el campanario es
posterior), además de un rico programa escultórico
tanto en el interior como en el exterior del templo.
El templo consta de un interesante programa escultórico
en el que podemos observar la evolución estilística
e iconográfica del románico de la zona durante el
siglo XII d.C. Se distinguen estilos o tendencias; la más
antigua sería aquella en la que se observa la influencia
jaquesa (por ejemplo, en las decoraciones escultóricas
del exterior de la cabecera); la segunda sería aquella
en la que vemos las fórmulas desarrolladas en Uncastillo
a partir de las tradiciones languedocianas; mientras que la tercera
estría en relación con los modelos recibidos a través
de Navarra.

De esta manera, observamos tres talleres. El primero,
fechado a finales del siglo XI y primera mitad del siglo XII,
lo vemos en el tímpano decorado con el crismón y
los capiteles situados en la entrada actual. El tímpano,
originariamente situado en la portada occidental del templo, está
ribeteado por una cenefa de lacería y muestra un crismón
trinitario centrado en su parte superior flanqueado por dos fieras
de formas primitivas que asemejan a leones. Se trata de una representación
que encontramos también en el tímpano occidental
de la Catedral de Jaca, si bien los relieves de San Martín
son más toscos.

El repertorio iconográfico de este primer
momento está vinculado a la muerte, la redención,
siguiendo las tendencias de la zona. Precisamente, los capiteles
que encontramos en el mencionado tímpano dan muestra de
estos programas. Así, el capitel izquierdo muestra unos
animales cuyas formas están poco definidas pero que se
asemejan a perros; están atados y son sujetos por otros
dos personales. El capitel derecho nos ofrece el tema de la avaricia,
representada a través del personaje del ávaro con
una bolsa colgada del cuello y de sirenas con cola de pez. Este
último es un tema muy recurrente en la iconografía
románica.
Este tipo de representaciones también las
encontramos en el vecino templo de Santa María de Uncastillo,
en el que se registran personajes que se estiran con las manos
las comisuras que harían alusión a los mentirosos
y embusteros. A este primer periodo escultórico pertenecen
también los capiteles de la portada, actualmente cobijada
bajo el pórtico del siglo XVI.

En el exterior del templo observamos la influencia
jaquesa en la decoración del ábside, si bien aquí
el tambor añade arquillos ciegos de muy lejana tradición
lombarda en la parte superior y lesenas a las que se adosan semicolumnas,
quedando dividido el ábside en nueve lienzos verticales.
Además, las arquivoltas de las ventanas están decoradas
con un bonito taqueado jaqués.

Decorando el ábside también encontramos
media docena de canecillos historiados en cada lienzo. Entre algunas
de las representaciones podemos destacar la del hombre sosteniendo
un barril, un contorsionista-onanista junto a otro canecillo donde
se representa un músico, un hombre haciendo muecas o el
ávaro, motivos que siguen en consonancia con las representaciones
del periodo y del arte cincovillés, encontrando muchas
similitudes con algunos de los canecillos de la vecina Santa María.
Del segundo taller dan muestra algunos capiteles
de la nave que muestran características técnicas
similares a los talleres de la zona de Uncastillo y que fechamos
a mediados del siglo XII, muestran formas propias del denominado
maestro de Uncastillo. Dicho personaje parece haber sido el artífice
de tres capiteles de la nave. En uno de ellos se representa a
San Martín a caballo que parte su capa para compartirla
con un pobre necesitado, otro muestra una pareja de aves que se
picotean mutuamente las patas y otro presenta decoración
vegetal. La temática de las aves picándose las patas
es muy recurrente en el románico, localizándolo
también, por ejemplo, en el monasterio de Silos por tener
un fuerte simbolismo espiritual. Las aves representan el alma
capaz de elevarse como ellas, pero a las que sus patas, que representan
lo terrenal, sujetan pegadas al suelo. En un sentido moral, representa
al hombre que intenta liberarse de las ataduras terrenales.
El tercer taller, fechado en la segunda mitad del
siglo XII y directamente vinculado al taller del Maestro Leodegarius
que realizá gran parte de Santa María la Real de
Sangüesa (Navarra), nos ofrece esculturas atribuidas al periodo
de consagración del templo, de influencia languedociana.
Encontramos ejemplos de esta fase en los capiteles del interior
del ábside. Se localizaron varias esculturas ocultas tras
el retablo mayor. Los capiteles que ornan el interior del ábside
fueron mencionados por primera vez a mediados del siglo XX y no
se llevó a cabo un estudio exhaustivo de los mismos hasta
1963.

Del conjunto escultórico original sólo
se conservan las estatuas-columna correspondientes a la ventana
central del ábside y que formaba parte de una composición
del apostolado. En los capiteles historiados se representan diversos
pasajes de la infancia de Cristo, como los temas de la Anunciación,
la Visitación, la Natividad o la Epifanía.

Finalmente, conviene dedicar algunas líneas
al arte mueble de este periodo románico-gótico.
Destacamos la cruz procesional en bronce dorado sobre alma de
madera con esmaltes datada entre finales del siglo XII e inicios
del siglo XIII. En el anverso encontramos una representación
de Cristo crucificado y en su parte posterior piezas esmaltadas.

La fase renacentista y posterior
Como ya hemos indicado, el templo sufre una importante
reforma en el siglo XVI. Las obras de remodelación se llevaron
a cabo entre 1554 y 1559, bajo la dirección, supuestamente,
por Juan de Landerri, "escultor del siglo XVI, discípulo
y ayudante de Froment en la obra del retablo de la catedral de
Huesca" , quien es también autor del claustro de la
iglesia de Santa María de Uncastillo.

Durante esta reforma la nave central se elevó,
añadiéndose además nuevos tramos y capillas
a ambos lados del ábside. Las bóvedas de cañón
fueran sustituidas por bóvedas de crucería estrellada
y se construyó un pequeño claustro junto al muro
norte del edificio. Además, de este periodo hay que resaltar
los retablos, datados en el siglo XVI y de los que destacamos
el central. El retablo mayor, como no podía ser de otra
manera, está dedicado a San Martín y muestra diversas
escenas de la vida del santo. Está fechado a principios
del siglo XVI y estilísticamente se atribuye a Martín
García. La iglesia cuenta con otros dos retablos más,
uno dedicado a la Virgen del Rosario y el otro a San Blas. También
se datan en este periodo la pila bautismal y el órgano.
Destacamos también la hermosa sillería del coro
realizada entre 1554 y 1556.

Finalmente, no conviene olvidar las piezas de arte
mueble que se conservan, casi en su totalidad expuestas en el
interior del templo gracias al espacio expositivo con el que cuenta
esta iglesia. Así, en el interior del templo se encuentra
el Centro de Interpretación del Arte Religioso del Prepirineo
de Uncastillo, que ofrece una visión muy completa del patrimonio
artístico religioso de esta zona de Aragón. A este
espacio expositivo se accede a través del claustro, donde
también se localiza la Oficina de Turismo. En este centro
podemos disfrutar de un audiovisual en el que se presenta el arte
religioso del prepirineo pero también contemplar la colección
de arte mueble de la iglesia de San Martín y de otros templos
de las localidades prepirenaicas. Destacan entre ellas el busto
relicario de San Martín, fechado en 1701 o la cruz procesional
de Jerónimo de la Mata.
Actualmente desacralizado, el templo está
en perfecto estado de conservación gracias a la restauración
iniciada en 1969 bajo la dirección de Francisco Pons Sorolla
y que se alargó hasta entrados los años setenta
del siglo XX. En momentos más recientes se han realizado
también restauraciones puntuales y se ha llevado a cabo
una correcta señalización del edificio. San Martín
se divisa en la lejanía gracias a su torre.
Otras iglesias románicas de Uncastillo

Uncastillo es una de las localidades españolas
con mayor número de iglesias románicas mejor o peor
conservadas de toda España: Santa María, San Juan,
San Felices, San Miguel, San Lorenzo y de la que nos hemos ocupado
en este artículos: San Martín.

Santa María es la más importante de
las iglesias románicas de Uncastillo, al haberse conservado
muy bien. Sobresale la escultura de toda su iglesia y su exuberante
portada meridional.

La iglesia de San Juan se encuentra en un alto que
domina la población, junto a una antigua necrópolis.
Son de gran interés sus pinturas murales interiores.

La iglesia de San Felices es un edificio sobrio y
monumental pero conserva sus interesantes portadas con el pasaje
del martirio del santo titular y un Crismón sostenido por
dos ángeles.

De la iglesia de San Lorenzo queda partes del muro
meridional con su puerta dedicada al santo. También quedan
dos grandes capiteles de este templo, recolocados junto a una
de las ventanas de una casa camino del ayuntamiento.

Peor destino sufrió el templo de San Miguel
cuya puerta fue a parar al Museo de Boston.
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