La
iglesia de San Pedro de la Nave es una de las
joyas (posiblemente la más importante de todas, por su
buena conservación arquitectónica y escultórica)
de todo el panorama de la arquitectura visigótica ibérica.

Breve historia de un traslado ejemplar
Como
es sabido, este anciano templo de San Pedro de la Nave del siglo
VII se encontraba en una pequeña aldea homónima
de la comarca zamorana de Tierra del Pan.
Este tranquilo lugar fue amenazado por el Pantano
de Ricobayo que se iba a construir en el curso del río
Esla -poco antes de su desembocadura en el Duero- como complejo
hidroeléctrico allá por el año 1929.
Que se salvase este sobresaliente monumento altomedieval
de ser anegado por las aguas de dicho embalse fue fundamentalmente
por el celo y prestigio de Manual Gómez Moreno.

El insigne catedrático, historiador y arqueólogo
había hallado por casualidad este edificio en 1906 como
iglesia parroquial de la pequeña localidad de San Pedro
de la Nave. Inmediatamente reconoció la importancia de
la obra y la fechó, por el tipo de letra de las inscripciones,
en el periodo de la monarquía hispanovisigoda.
Sólo seis años después, la iglesia
de San Pedro de la Nave fue declarada monumento histórico
artístico de carácter nacional.
Por ello, cuando se adjudicó la obra del enorme
complejo hidroeléctrico a la compañía Saltos
del Duero (hoy Iberdrola) se obligó al traslado del monumento.
Como los habitantes de la aldea de San Pedro de la Nave fueron
trasladados a El Campillo, el obispo decidió que ése
fuera el lugar de su nueva instalación , que tras su llamada
de alerta permitió su reconstrucción en un lugar
a salvo de las aguas.

De este modo fue reconstruido en El Campillo por
el arquitecto Alejandro Ferránt entre los años 1930
y 1932. La tarea de desmontaje y reconstrucción permitió
conocer mejor las técnicas de construcción de la
arquitectura visigoda como, por ejemplo, el uso de espigos de
madera para trabar los sillares de los muros.

En esta tarea de reconstrucción se trató
de devolver su aspecto altomedieval original, eliminando añadidos
más modernos y reconstruyendo las partes que se habían
destruido en ladrillo.

Historia de la construcción
Como es bastante habitual en los monumentos prerrománicos,
los historiadores y arqueólogos no se ponen de acuerdo
en las fechas y proceso constructivo.

Dada la escasez de edificios bien conservados que
se conservan no sólo en España sino en toda del
periodo que abarca de la caída de Roma hasta la irrupción
unificadora del románico (nada menos que 500 años),
los historiadores trabajan con muestras casi insignificantes donde
es muy complicado establecer relaciones y llegar a conclusiones
definitivas.

En el prerrománico español se da la
dificultad añadida de la peculiar historia hispana marcada
por la supresión del Reino Hispanovisigodo por los árabes
en el siglo VIII.
Si bien Manuel Gómez Moreno certificó
que San Pedro de la Nave fue construido en el siglo VII, como
iglesia de un monasterio durante la monarquía goda de Toledo,
pronto otros eruditos retrasaron en varios siglos su erección
llevándola a los siglos IX o X, momento en que el Reino
de Asturias comienza la repoblación del Valle del Duero
en plena confrontación con el Emirato musulmán de
Córdoba. Siguiendo a estos autores estaríamos ante
una iglesia mozárabe o de repoblación.

Edificio visigodo realizado en dos etapas
En la actualidad constituyen mayoría quienes
siguen las opiniones de Gómez Moreno. Sin embargo, ya este
sabio granadino advirtió que el edificio se realizaría
en dos etapas sucesivas pero distintas. La primitiva consistiría
en la cabecera más las dos estancias laterales, fruto del
trabajo del "primer maestro". Este primer proyecto buscaría
construir una iglesia con planta de cruz, similar a las que se
construían en algunos ambientes bizantinos con evidente
simbolismo cristiano.

Poco después, llegaría un segundo taller
que se encargaría del resto de la iglesia, especialmente
de las columnas del crucero magníficamente trabajadas y
de los tramos más occidentales del templo que ya se concibió
con planta y estructura basilical.

Dos etapas: visigoda y de repoblación
Otros autores coinciden en diferenciar las dos partes
del templo que observó Gómez Moreno, pero retrasan
los tramos más occidentales así como la decoración
de las columnas a una adición del siglo X.
Una sola etapa visigoda
Otros piensan que la iglesia se realizó de
una sola vez en el siglo VII y que las diferencias escultóricas,
por ejemplo, se deben a la dotación de diferentes simbolismos
según el tipo de público que ocupase según
qué espacios.

La iglesia
La planta
Lo que si queda meridianamente claro es que San Pedro
de la Naves cuenta con una planta que es combinación de
cruz griega (mitad oriental) y basilical (mitad occidental) con
gran compartimentación de espacios, como era preceptivo
en la liturgia hispánica antigua que exigía un espacio
para el sacerdote, otro para el resto de eclesiásticos
y un tercero para los laicos.
Podemos decir que es un edifico construido con sillería
de piedra arenisca rojiza aparejada a hueso (sin cementación),
Los fustes de las columnas interiores son de mármol

La planta es a base de tres naves separadas por pilares
más una nave de transepto con dos pórticos que lo
amplían, un anteábside o coro, el ábside
y dos salas adyacentes de las que nos ocuparemos posteriormente,
dado su interés. No existió pórtico a los
pies.
De este modo la planta es un rectángulo a
excepción del único ábside que sobresale
en planta y dos pórticos que sobresalen al norte y al sur
como extensión del transepto.

¿Ergastulae?

Más interesantes son otras dos cámaras
ubicadas a los lados del anteábside. Estos espacios laterales
también han sido objeto de debate intenso sobre su funcionalidad.
La opinión generalizada es que se trata de "ergastulae"
es decir, celdas cerradas para monjes penitentes o con ánimo
de aislamiento ascético. Sin embargo, en la actualidad,
parece más probable que se tratase de auténticas
sacristías o cámaras para la custodia del tesoro
sagrado (libros y utensilios para la liturgia, objetos de valor
donados al monasterio, etc.)

Estos habitáculos se comunican con el presbiterio
mediante un gran arco de medio punto cuyo diámetro es muy
superior que la luz de las jambas que lo soporta. También
se cuenta con un triple vano dividido por dos columnitas parteluz.

Cabecera y transepto

El ábside es cuadrado y se comunica con el
resto del edificio mediante un arco triunfal de herradura de características
típicamente visigodas, sostenidas por dos columnas con
capiteles trapezoidales.

Si las naves están cubiertas por techumbre
de madera, el transepto y la cabecera lo hace con bóvedas
de medio cañón de ladrillos.
En el crucero existe un cimborrio cubierto por armadura
de madera.
Espacio basilical de los pies

Como ya hemos indicado, si la zona oriental tiene
un diseño claramente centralizado en forma de cruz, la
parte occidental cuenta con estructura basilical de tres naves,
más ancha la central que las colaterales. Llama la atención
que el tramo de la laterales más próximo al transepto
no se comunica diáfanamente sino mediante dos arcos pequeños.
La explicación podría estar relacionada con la liturgia
hispánica, donde los laicos recibirían la Eucaristía
sin ocupar el espacio dedicado en exclusividad al clero, a través
de estos vanos.
La escultura
Uno de los aspectos más sobresalientes y controvertidos
de San Pedro de la Nave es el conjunto de escultura en relieve
que existe en el templo y que, para muchos, no es de origen visigodo,
sino una adición de los siglos IX o X.

La escultura más cualificada aparece en los
capiteles de las cuatro columnas con basas y capiteles piramidales
que se encuentran en los vértices del crucero. Las representaciones
más importantes pertenecen a dos de ellas: Daniel confinado
en el foso flanqueado por los dos leones que se someten a sus
pies y la del Sacrificio de Isaac por parte de su padre Abraham.

En los cuatro laterales aparecen las figuras de:
San Pedro portando un cruz en su mano derecha y
un libro con la inscripción "LIBER" en la izquierda.
San Pablo, que se muestra con un rollo de cartas
o epístolas. en su mano derecha.

Santo Tomás con un libro o inscripción
que lleva el texto "EMMANUEL" en referencia a su declaración
"Señor mío y Dios mío" cuando se
le aparece Jesús tras su duda de la Resurrección.

San Felipe. Su representación iconográfica
es la más controvertida pues el apóstol aparece
sujetando un objeto sobre su cabeza de difícil identificación.
Algunos estudiosas conjeturan que se trata de una corona pero
otros opinan que se trata de una nave o barco.

Los capiteles de las otras dos columnas
se engalanan con motivos claramente simbólicos y espirituales
a base de aves picando frutos.

El resto de cenefas que recorren los
paramento con secuencias de temas simbólicos y alegóricos
como cruces patadas inscritas, racimos de uvas (Eucaristía),
círculos con radios curvos, aves, etc.

