Iglesia
de Santo Domingo de Soria
Introducción
Situada en uno de los barrios altos al norte de la
ciudad, la iglesia de Santo Domingo (antiguamente dedicada
a Santo Tomé) fue una de las nada menos que 35 parroquias
con que contaría la Soria medieval, siendo en la actualidad
el verdadero icono del románico soriano gracias a su monumental
e incomparable fachada occidental, para muchos, la mejor del románico
español.
Fue declarada Monumento Histórico Artístico
en 1931.
Breve contexto histórico
Tierra fronteriza y en continua disputa entre cristianos
y musulmanes durante los siglos X y XI, no sería hasta 1119
cuando, de la mano del monarca aragonés Alfonso el Batallador,
la actual Soria caería definitivamente en manos cristianas,
procediéndose rápidamente a su repoblación
en torno a una potente muralla defensiva de la que aún queda
algún vestigio.

Tras la muerte del rey Batallador, Soria pasaría
a manos de la Castilla de Alfonso VII, estableciéndose la
ciudad como centro de una de las principales comunidades de villa
y tierra en que se estructuraban entonces las llamadas Extremaduras
Castellanas.

Ya en tiempos de Alfonso VIII y con la amenaza de la
frontera musulmana alejada, la capital soriana viviría durante
la segunda mitad del siglo XII y principios del XIII sus momentos
de mayor esplendor, en parte gracias a los numerosos privilegios
otorgados por el monarca, criado y educado en Soria durante su niñez
hasta llegado el momento de su coronación.

Así pues, la entonces conocida como iglesia
de Santo Tomé sería una de las 35 parroquias urbanas,
siendo muy escasas las noticias documentales conocidas sobre ella,
de manera que, en parte, su devenir histórico ha venido siendo
construido en base a la tradición.

Debido a esa predilección del rey Alfonso VIII
por Soria, se ha barajado la hipótesis de un posible patrocinio
regio, teoría que se vería reforzada por las propias
características de su fantástica fachada, de más
que posibles influencias ultrapirenaicas justificadas en virtud
del matrimonio del monarca con Leonor de Plantagenet, hija de Enrique
II de Inglaterra y Leonor de Aquitania y a la que se le atribuyó
un notable influjo cultural francés en la corte castellana.

Sea como sea, la iglesia de Santo Tomé funcionaría
como parroquia hasta que, en el año 1556, fue levantado junto
a ella un convento dominico que, quizás por falta de medios,
no pudo contar con iglesia propia, de manera que fue utilizada como
tal por su comunidad, pasando entonces y hasta nuestros días
a ser conocida como Santo Domingo.

A finales del siglo XVI y principios del XVII fue objeto
de una profunda remodelación consistente en la reconstrucción
de su cabecera y en la adición de varias capillas laterales
de gusto clasicista. Ya en el XIX los dominicos abandonaron el convento
anejo, instalándose en él una comunidad clarisa que
hasta día de hoy es la principal custodia del templo.

Reconocido el valor de su fachada y decretada por ley
su protección como tal desde finales del siglo XIX, sería
objeto de una primera restauración en el año 1917,
datándose la última intervención en ella acometida
entre 1990 y 1994.

La iglesia de Santo Domingo de Soria
Pese a quedar eclipsada por el indiscutible valor y
riqueza de su fachada occidental, la hoy conocida como iglesia de
Santo Domingo, pese a las reformas sufridas durante la Edad Moderna,
es un templo románico de notable valor.

Levantada en dos fases no muy alejadas entre sí
en el tiempo, su origen se remontaría a mediados del siglo
XII, siendo entonces concebida como una sencilla iglesia de nave
única, torre adosada al norte y ábside semicircular.

Coincidiendo con el reinado de Alfonso VIII a finales
de la duodécima centuria y siguiendo cánones ya tardorrománicos,
la iglesia sería ampliada hasta su actual apariencia de tres
naves separadas por arcos ligeramente apuntados que descansan sobre
pilastras cruciformes.

Mientras que la nave central cubre con bóveda
cañón apuntado, las laterales hacen lo propio mediante
soluciones de medio cañón sencillo, aunque las huellas
existentes en el arranque de los soportes dan a entender una posible
intención primigenia de abovedar en crucería que,
a la postre, por motivos que se desconocen, no llegarían
a materializarse.

Los capiteles interiores se centran en temática
vegetal y enimales como leones, dragones y grifos.


La torre campanario, adosada al muro norte, conserva
la estructura y varias huellas bien visibles de su primitiva obra
románica, mientras que la cabecera original, que a juzgar
por la calidad del resto del edificio debió ser magnífica,
fue sustituida en siglos posteriores por la existente hoy en día,
de planta poligonal y estética tardogótica.

La portada occidental
Si por un elemento es universalmente conocida la antigua
parroquia de Santo Tomé (hoy Santo Domingo) de Soria es por
su soberbia fachada occidental, casi unánimemente catalogada
como la mejor de todo el románico español y capaz
por sí misma de eclipsar cualquier otro detalle del templo.

Se trata de una fachada única en el románico
soriano que suele ser relacionada con el románico de las
regiones francesas orientales del Poitou y Aquitania, pudiendo explicarse
su razón de ser en los remotos contextos de las extremaduras
castellanas en base al matrimonio del rey Alfonso VIII con Leonor
de Plantagenet.

Levantada durante la segunda fase de construcción
de la iglesia a finales del siglo XII, presenta una estructura de
dos registros de arcos ciegos pareados que flanquean su monumental
vano de ingreso, configurado a base de arquivoltas de medio punto
que abrazan un tímpano escultórico.

El cuerpo superior, rematado a modo de frontón
triangular cuyas alturas vienen a coincidir con las de las naves
central y laterales, aparece presidido por un elegantísimo
rosetón justo en el eje de simetría con la puerta.

La arquería ciega del registro inferior se dispone
en dos grupos de arcos de medio punto ciegos y pareados a cada uno
de los lados de la puerta, presentando mayor esbeltez que los del
inmediatamente superior.

Descansan sobre finas columnas adosadas al muro y rematadas
en capiteles decorados; pudiendo distinguirse, además de
las recurrentes composiciones vegetales, varias escenografías
figuradas narrativas como el Banquete de Salomé y la Decapitación
de San Juan Bautista, un muy desgastado Daniel en el foso de los
leones, la Adoración de los Magos, la muerte de un avaro,
así como varias cestas animadas con grifos o arpías.

En el cuerpo superior, de idéntica disposición
aunque las arquerías acusen un mayor achaparramiento, llama
la atención la presencia de varias cestas decoradas con escenografías
de combates tanto a pie como a caballo, sobre todo en las situadas
hacia el muro norte que, por otra parte, son las que más
han sufrido los efectos de la erosión. Las del sector sur
de la misma, a excepción de dos cestas en la que aparecen
personajes individualizados bajo arquillos, predominan los motivos
vegetales y teriomórficos.

Justo en el centro del cuerpo alto de arcos, en el
espacio de las enjutas de la portada aparecen dos personajes -uno
masculino y otro femenino- entronizados bajo sendos arquillos de
herradura. Estas enigmáticas figuras han suscitado todo tipo
de interpretaciones, desde que pudieran ser una sibila y un profeta,
hasta que fueran representaciones de los reyes Alfonso VIII y Leonor
retratados como promotores de la obra. En cualquier caso, ambas
teorías resultan imposibles de contrastar.

La portada principal presenta cuatro arquivoltas de
medio punto abocinadas que descansan sobre ábacos decorados
a base de entramados vegetales entre los que aparecen aislados algún
personaje o animal fantástico.

Los capiteles de la portada se decoran en su totalidad
mediante escenas alusivas al Ciclo del Génesis, distinguiéndose
de izquierda a derecha los pasajes de la separación de las
aguas, la Creación de los astros, Creación de Adán
y Eva, Pecado y Expulsión del Paraíso; para concluir
con el Ciclo de Caín y Abel.

Abrazadas por una chambrana decorada con zarcillos
ondulantes de los que brotan sencillas fórmulas vegetales,
las cuatro arquivoltas que perfilan la portada constituyen uno de
los ciclos narrativos más interesantes del románico
español.

En la arquivolta interna aparecen representados en
posición radial y en composiciones de a dos por dovela los
24 Ancianos del Apocalipsis; sedentes, nimbados y cada uno de ellos
tocando un instrumento musical. En la dovela clave, sin embargo,
fue dispuesto un ángel con sus alas desplegadas.

La siguiente arquivolta está dedicada en toda
su longitud al episodio de la Matanza de los Inocentes, tratado
con gran sentido narrativo, expresividad y sin escatimarse en presentar
el pasaje en toda su crudeza y dramatismo. En la clave, justo al
lado de una representación de Herodes entronizado y aconsejado
por un ser diablesco, aparece Abraham en su seno flanqueado por
dos ángeles que portan las almas en forma de cabecitas de
los infantes ejecutados.

La tercera de las roscas presenta en una sucesión
narrativa el Ciclo de la Infancia de Cristo, comenzando con la Anunciación
y la Visitación, y continuando con la Natividad, la Adoración
de los Pastores, la Epifanía, el Sueño de los Magos,
la Presentación en el Templo y la Huída a Egipto.

Entre los diversos pasajes canónicos, resulta
llamativa alguna escena inspirada en textos apócrifos cuya
representación en el románico es bastante poco frecuente,
como por ejemplo, la del Baño del Niño por parte de
unas parteras. Destacable también como una de las imágenes
icónicas de esta portada es la representación casi
en la clave de la mano derecha de Dios bendiciendo, fórmula
iconográficamente denominada "Dextera Domini".

La mayoría de escenas se presentan individualizadas
bajo pequeños arquillos de medio punto, con la única
excepción de la Anunciación a la Virgen por parte
del Arcángel, el anuncio de la buena nueva a los pastores
y, en la última dovela, la Huída a Egipto, escena
ésta que, a diferencia del resto de composiciones de la portada,
se presenta en disposición longitudinal.

La más externa de las arquivoltas está
dedicada monográficamente al Ciclo de la Pasión, Muerte
y Resurrección de Cristo, reconociéndose de izquierda
a derecha las siguientes escenas: Oración en el Huerto (representado
como un entramado vegetal), el pasaje de Pedro cortando la oreja
a Malco, el Beso de Judas, Prendimiento, Flagelación, Crucifixión
(casi en la clave), Entierro, Resurrección, las Santas Mujeres
primero ante el sepulcro vacío de Cristo y a continuación
transmitiéndoles la noticia a los Apóstoles y, por
último, el "Noli me Tangere".

Por último, presidiendo la portada sobre el
vano de acceso se dispone un magnífico tímpano escultórico
en cuyo centro, dentro de una mandarla perlada, aparece representada
la "Trinidad Patérnitas", conformada por Dios Padre
coronado y entronizado, Cristo Hijo en su regazo con los brazos
extendidos, y la paloma del Espíritu Santo descendiendo desde
el vértice superior de la almendra mística.

Flanqueando la mandarla encontramos a los cuatro Evangelistas
personificados en sus símbolos animales, los cuales, aparecen
sostenidos por otros tantos ángeles cuyas alas se despliegan
adaptándose al marco.

Por último, en los dos extremos del tímpano,
completan la composición la Virgen a un lado, y una figura
masculina al otro que, según varios especialistas, podría
tratarse del profeta Isaías, aunque existen diversas opiniones
al respecto.

Por último, en el cuerpo superior de la fachada
y en perfecta simetría con la portada se abre, abrazado por
un guardapolvo de puntas de diamante, un monumental rosetón
de ocho arquillos de medio punto cuyas columnas acaban por converger
en un disco o botón central. Perfilando todo el diámetro
del mismo aparece plasmado un interesante muestrario de animales
reales, seres imaginarios y figuras de apariencia demoníaca.

En definitiva y como ha podido comprobarse, la monumentalidad
y la profusión escultórica de la fachada occidental
de Santo Domingo (o Santo Tomé) de Soria la convierten en
una de las manifestaciones románicas más relevantes
de la Península Ibérica.
Una auténtica biblia pétrea que en su
momento serviría para la pedagogía del cristiano medieval
iletrado, y en la actualidad constituye un auténtico deleite
para el visitante que se presenta ante ella para su detenida contemplación.

(Autor del texto del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
